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martes, 10 de diciembre de 2019

Clarice Lispector


El universo de Lispector es exacerbado, profundo e intensamente inquisitivo. Un universo en el que escribir era un pozo al que arrojarse, una cúpula sin límites y desordenada que requiere explorar y combinar rompiendo las reglas. El lenguaje para ella era como un nacimiento al que puedes traicionar para dar sentido a un nuevo idioma, el sentido lispectoriano de la vida y el universo. Lispector apostató del lenguaje común y normativo porque sabía que la vida es irreductible.

Estruendosa hasta en los saltos de línea, los silencios y los márgenes, Lispector tenía el poder de una diosa que se precipita a la escritura cavando abismos hacia los que luego se arroja como quien tira una piedra a la superficie del agua para solidificarla o como quien dispara rayos al firmamento para que en su desgarro alguna nube rompa a llorar o a suplicar un cielo que sea germen y colofón de su existencia.

Lispector era como el Agua viva que fluye muy Cerca del corazón salvaje, surcando los espacios intersticiales que hay entre latido y latido, el lugar Donde se enseñará a ser feliz Para no olvidar que La ciudad sitiada puede ser un encuentro tan revelador como devastador con una cucaracha o tal vez con La araña que teje en Silencio El libro de los placeres y Todos los cuentos a los que las almas inquietas acudimos buscando la Revelación de un mundo que nos aporte Un soplo de vida, una respiración más, necesaria para no olvidar los Descubrimientos que nos precipitan hacia el frío de la madrugada.

Porque, Queridas mías, siempre estamos Aprendiendo a vivir, y la vida es una búsqueda de La lámpara que ilumine La manzana en la oscuridad para poder morderla con el ansia de quien sabe que ya es La hora de la estrella. Clarice es como una religión para la cual no necesito más fe que la de acudir a sus páginas para que me salve dándome el misterio de la vida: el Por qué este mundo.

Hoy Clarice Lispector cumpliría 99 años.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La pasión según G.H. (Clarice Lispector)


Vivir es una gran bondad para con los demás. Basta vivir, y por sí mismo esto se convierte en gran bondad

No hay guía para leer a Lispector. Es un viaje que inicias siempre a ciegas, buceando hacia una fosa abisal, un agujero negro de cuyo campo gravitatorio no podrás escapar. Pero quién va a querer escapar de esa singularidad llamada Clarice Lispector, que crea significados, que crea un lenguaje propio y único a partir del existente y lo lleva a límites inimaginables, una entropía que conduce al equilibrio a partir del caos. O tal vez nos lleva al caos a partir del equilibrio, una especie de epifanía reveladora en donde, desde el desorden y lo incontrolable, se llega a la raíz de todas las raíces, la cosmología inalcanzable, el big bang de lo humano que es lo no humano. Lo neutro.

No pasa nada, solo es la vida, me digo mientras leo atónita, rendida y bendecida por la comprensión. No huyas, usa la indefensión, abísmate en ella, coge la mano de Lispector como si fuera tu propia mano. La verdad asusta porque no existe, no tal y como la concibes. Déjate desorganizar, el caos es el origen.

Déjate remorir una vez más.

Confía, confía en Lispector, es la creación de todo. Pierde lo esencial sin miedo y desmonta las mentiras. Hay que comprenderlo todo para vivir, el destino solo es una probabilidad y para encontrar tienes que perderte en ti misma.

Soledad es tener solamente el destino humano

Inventa una mano, Ana, no para que te sostenga sino para comprender. Es Lispector, lo sabes, ese torrente que hace aflorar todos los arroyos subterráneos. ¿Lloras? No pasa nada, es la comprensión. Es duro aceptar esta conmoción, Clarice es pura fantasía semántica, ella tiene el lenguaje para contarlo, aunque tú no tengas un nombre que usar. Buscaba un “yo” y Lispector me dio el “no yo”, la esencia pura de lo inenarrable, la repetición del enigma, la puerta abierta a lo que creía infranqueable.

Me encontré con una cucaracha. Cuatro veces. O tal vez fueran cuatro cucarachas. No sé narrarlo ni nombrarlo. Sucedió. Y Lispector ya lo había escrito todo y yo solo sé explicar lo sucedido con una evidencia: Dios es mujer y se llama Clarice Lispector.

Prescindir de la esperanza significa que tengo que pasar a vivir, y no solo a prometerme la vida. Y este es el mayor miedo que puedo sentir

“Permite que te diga que Dios no es bello. Y esto porque Él no es ni un resultado ni una conclusión, y todo lo que la gente considera bello es generalmente solo porque ya está terminado”

«La humanidad está impregnada de humanización, como si fuese necesario; y esa falsa humanización estorba al hombre y a su humanidad. Existe algo que es más ancho, más sordo, más profundo, menos bueno, menos ruin, menos bello. Aunque también ese algo corra el peligro de llegar a transformarse, en nuestras manos groseras, en “pureza”, nuestras manos, que son groseras y están llenas de palabras»

lunes, 17 de septiembre de 2018

Agua viva (Clarice Lispector)

Título original: Agua viva
Traductora: Elena Losada
Páginas: 114
Publicación: 1973 (2013)
Editorial: Siruela
Sinopsis: ¿Dónde están los límites del lenguaje? Agua viva es una vivencia –no una reflexión– sobre esos límites. Para avanzar más allá, en busca de la «entrelínea», la voz femenina que nos habla deberá pedir auxilio a la música y sobre todo a la pintura para acercarse al it, ese punto central de lo vivo que Clarice Lispector persiguió en todas sus obras. Vaga epístola a un destinatario mudo, Agua viva supera en todo momento las fronteras de esa amplia familia de las cartas de desamor a la que en parte pertenece. Más allá de la pasión, el texto apunta –con todas las armas: palabra, color y nota– al centro de la vida y desafía a la muerte con su defensa de la alegría.
Puedes empezar a leer las primeras páginas AQUÍ
Confío en mi incomprensión que me ha dado una vida libre del entendimiento, he perdido amigos, no entiendo la muerte. Horrible deber es el de ir hasta el fin. Y no contar con nadie. Vivirse a uno mismo. Y para sufrir menos embotarme un poco. Porque no puedo cargar más con los dolores del mundo. ¿Qué hacer cuando siento totalmente lo que otros son y sienten? Los vivo pero ya no tengo fuerzas.
¿Por qué leo? Por momentos como este: vuelve Clarice Lispector, me clava el cuchillo de Agua viva en el centro de mi corazón, me abre en canal y por ese desgarro se escapan como duendes liberados todo lo enclaustrado, lo silenciado, lo no pronunciado, lo sintiente, lo doliente. Y Lispector atrapa todo lo que emana de mí y le va dando forma, palabras, poniéndome voz, vocablo, imágenes, entrelíneas, sentido. Y yo, os lo juro, lloro hasta la extenuación de agradecimiento. De amor. Por eso leo.

Habla Lispector en este libro del soplo de vida, ese boca a boca que se hace a alguien que ha dejado de respirar. Se une boca con boca, se sopla y esa boca respira. Un soplo de vida. Y dice que ese intercambio de respiración es lo más bello y deslumbrante que conoce. Pues bien, desde ya lo digo: eso hace Lispector conmigo, ese soplo de vida. Me mata y me revive. Muerte y resurrección. Belleza y deslumbramiento. 
Yo soy antes, yo soy casi, yo soy nunca. Y todo eso lo he obtenido al dejar de amarte.
La parte sencilla sería decir que Agua viva es una carta que una mujer, tal vez Lispector, escribe a un alguien que amó, pero que también la dañó. Pero eso no solo sería sencillo: sería también un embuste. Esa es la apariencia, digamos el hilo conductor. Un intento de trama para un libro destramado. Es la excusa, la excusa para liberar a Lispector, para captarse a sí misma, para fijar el it (la esencia de las cosas), el núcleo de los instantes-ya, lo inasible del tiempo, el presente que se escabulle constantemente, sin dejarse atrapar, sin poder retenerlo.

Lispector profundiza en las palabras, las quiere, las esboza, las mira, las experimenta y respeta, se deja poseer por ellas. No juega con las palabras sino que se es (a sí misma) a través de ellas. Se encarna y libera en las frases, en las entrelíneas, entrechocando sílabas, palabras y frases.
Antes de organizarme tengo que desorganizarme del todo. Para experimentar el primer y pasajero estado primario de libertad. De la libertad de errar, caer y levantarme.
Escribir como lo hacía Lispector es un milagro y Agua viva, al igual que Un soplo de vida, son de una generosidad que estremece, pues en ella despliega su paisaje interior, una acuarela íntima, delicada, profunda y cicatrizante que acaricia por dentro al lector.

En Agua viva Lispector quiere captar el presente, el instante-ya, el it (eso) que es la esencia de la vida. Pero como el agua, esa que está viva y en continuo fluir, no puedes asirla con las manos, es inaprensible. Inasible como la vida, por movimiento y flujo constante. Pero ella es maga y la moldea con palabras. Crea una cuarta dimensión. Está la incapacidad humana para experimentar esa cuarta dimensión, pero está la magia de Lispector para recrearla, hasta abrir con palabras una puerta tetradimensional. Bienvenidos/as al universo único de Clarice Lispector.
La vida difícilmente se me escapa, aunque me asalte la certeza de que la vida es otra y tiene un estilo oculto.
Lispector rompe todos los cánones habituales en la literatura, así que no se puede esperar (ni desear) una estructura narrativa tradicional, ni siquiera lineal. Agua viva es una deriva exploratoria en donde la palabra adquiere toda su resonancia y magnitud, también su certeza. No hay más trama que la de un alma sintiendo, observándose, y plasmándolo todo en un fluir de párrafos y espacios en blanco en donde todo es exacto y refulgente. Escribe tan poderosamente…, es palabra y su eco, luz y reverberación. 

Aunque pueda resultar extraño, esa desestructura que propone, en la que se desdibujan todas las fronteras posibles e incluso las imposibles, convierte Agua viva en una lectura tan indefinible como deslumbrante. Sus reflexiones y descripciones de las flores son para llorar de belleza, al igual que cuando habla de los animales, el ropero, el espejo. Brillante y deslumbrante como el sol reflejado en el mar.

Puede desconcertar a muchos lectores la salvaje e insólita creatividad de Lispector, pero en pocos libros como en los suyos te sumerges en un mundo de percepciones, sensaciones, emociones, revelaciones. Visceral, intensa y sensible, Lispector siempre reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre una misma y los demás. En su búsqueda de sí misma, yo me encuentro una y otra vez en Lispector.
No voy a morir, ¿me oyes, Dios? No tengo valor, ¿me oyes? No me mates, ¿me oyes? Porque es una infamia nacer para morir no se sabe cuándo ni dónde. Voy a estar muy alegre, ¿me oyes? Como respuesta, como insulto. Una cosa te garantizo: nosotros no tenemos la culpa. Es necesario entender mientras estoy viva, ¿me oyes?, porque después será demasiado tarde.
Y si alguien se pierde a la hora de leer a Lispector, concretamente este Agua viva, ella misma nos dice cómo hacerlo: no de cerca, sino sobrevolando por sus líneas y entrelíneas y silencios y espacios en blanco para poder percibir el juego de las islas y los canales y mares. No como un libro con principio y final, sino como una continuación. Lo que te estoy escribiendo no es para leer; es para ser. Desprovista de trama y convenciones, Agua viva es libertad.

Decía Lispector que era una persona muy ocupada porque cuidaba del mundo y que era responsable de todo lo que existe. Ojalá más personas cuidaran del mundo. Ojalá más Lispector en este mundo y su increíble capacidad de introspección hacia ella misma y todo lo que le rodeaba. Es mi diosa, con ella mi ceguera se cura, me recuerda lo importante, el alma se vuelve evanescente y todo es más liviano y bello. Nunca he visto unos textos tan vivos como todo lo escrito por Lispector. Vida, muerte, resurrección, nacer y renacer, sufrir y vivir, alegría e intensidad. La multivida: vida creando vida a cada instante-ya.
Voy a hablar de lo que se llama la experiencia. Es la experiencia de pedir socorro y de que el socorro nos sea dado. Tal vez valga la pena haber nacido para implorar un día calladamente y calladamente recibir.

lunes, 27 de junio de 2016

Un soplo de vida (Clarice Lispector)

Título original: Um sopro de vida: pulsações
Traductor: Mario Merlino Tornini
Páginas: 160
Publicación: 1978 (2011)
Editorial: Siruela
Sinopsis: Escrita poco antes de morir e inédita en castellano, Un soplo de vida es la última indagación literaria de Clarice Lispector y, quizá, su más intensa meditación sobre el sentido de la vida y del acto de escribir libre de toda atadura. Para todos aquellos lectores de esta gran escritora brasileña, esta obra póstuma arrojará, sin duda, una nueva luz sobre lo más íntimo de su escritura.
Podéis empezar a leer las primeras páginas AQUÍ
Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. En este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él saco sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras, ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada en lo hondo del pozo.
De vueltas con la vida, era inevitable llegar a Lispector. Sus pulsaciones. Las mías. Si hay pulsaciones, hay vida. Pero entre pulsación y pulsación ¿qué hay? ¿La ausencia de pulsaciones es ausencia de vida? ¿O es precisamente en ese momento efímero entre pulsación y pulsación cuando realmente la hay? Si algo hace Lispector es buscar, interrogarse. Se interroga y tú con ella. Te arrolla, te arrasa, te rasga. No hay nada que escape de su indagación, de su búsqueda, de su mirada. Nada. Y nada es nada, porque la vida lo es todo y todo es vida.

¿Qué hago yo aquí hablando de Lispector? Ella es de otra galaxia, de otra dimensión. Su prosa es poesía irreductible. Intento ordenar ideas y sensaciones, pero no se dejan, son inaprensibles. Y leer a Lispector es estremecimiento. Leer siempre es personal. Constantemente lo que lees te dice algo a ti. No a uno ni al otro ni al de más allá. No. A ti. Da igual lo que lea. Sé que me va a arañar. Y llega Lispector. Del tirón. Sin respirar. Y lo cotidiano, lo insignificante, transciende.
Vivir es mi código y es mi enigma.
Desarmada completamente (es una elección). Mi única “arma” para enfrentarme a este soplo de vida es mi alma inquieta y un lápiz. Subrayo sin parar. Cada párrafo. Cada línea. No hay respiro. Hasta los espacios en blanco entre párrafo y párrafo están llenos de sacudidas. Todo es transversal en Un soplo de vida: atraviesa, cruza, corta. Ramifica y expande. No hay línea en la que no te detengas, párrafo en el que no reflexiones, sombra en la que Lispector no ponga luz ni luz en la que no ponga sombra. Es campana y vibración. Absolutamente sublime.

Introspección. Pulsación. Movimiento. Vida. Si alguien ha sido capaz de escudriñar todas las caras poliédricas de la realidad, esa es Lispector, consciente de que no hay una sola realidad ni una verdad única y que las palabras encierran, acotan, limitan, son insuficientes. ¿Cómo apresar la percepción, el pensamiento, el sentimiento, la marea interior, las intimas sensaciones, el desgarro? ¿Cómo apresar la VIDA? No se puede.

Qué crujido.
Este libro es una paloma mensajera. Escribo para nada y para nadie. Si alguien me lee será por su propia cuenta y riesgo. No hago literatura: sólo vivo el paso del tiempo. El resultado fatal de que yo viva es el acto de escribir. Hace tantos años que me perdí de vista que vacilo en intentar encontrarme. Me da miedo comenzar. Existir me da a veces taquicardia. Me da tanto miedo ser yo. Soy tan peligroso.
Marisma, ciénaga, miasma… Es lodo. Y a partir del barro se origina la vida. Eso es Lispector y eso hace: Abiogénesis, el proceso natural por el que se origina la vida a partir de la no existencia de la misma, es decir, de la materia inerte. Lispector exprime las palabras hasta límites asombrosos para reflexionar sobre el proceso de creación, el lenguaje, la vida…
Cada libro es sangre, es pus, es excremento, es corazón recortado, es nervios fragmentados, es choque eléctrico, es sangre coagulada que se escurre después como lava hirviendo montaña abajo.
¿Qué es Un soplo de vida? Para cada lector será un libro distinto, muchos libros en un libro. Tenemos dos personajes: un escritor y su personaje (Ángela). Un yo y su otro yo. Una metaLispector. Una Lispector desdoblada que es a la vez maza y pájaro, puño y brisa, buitre y mariposa, la creadora y la creada. Un diálogo interior brutal, una introspección feroz. Una reflexión magistral sobre la vida, la muerte, el lenguaje y la escritura. Es el canto de la moneda, ese que deja ver las dos caras al mismo tiempo. Tres, si pensamos que el canto es también otra cara de la moneda (y tres es el número: Lispector -1- creando al personaje llamado “autor” -2- que, a su vez, crea al personaje llamado Ángela -3-). Miento. El número es el cuatro: el lector (lectora -4- en este caso) es el cuarto personaje.
Siempre quise alcanzar un estado de paz y de no-lucha. Pensaba que era el estado ideal. Pero ocurre que... ¿qué soy yo sin mi lucha? No, no sé tener paz.
Una autora que crea a un autor que, a su vez, crea un personaje con el fin de concebir un espejo que devuelva una imagen nítida sobre la propia identidad. Imposible, los espejos siempre nos devuelven distorsión. Y los metaespejos una deformación de la distorsión. Y además la vida es aire, es oscilación y es movimiento, no hay una foto fija de nuestra alma y nuestra identidad, somos extranjeros de nosotros mismos. Somos nuestra propia lucha. Lo oculto. La única magia posible es aquella que derrote la incomunicación porque el lenguaje es imposible. Hacer esa magia es el reto, es la vida, es la conexión.

Contexto: Poniendo los pies en tierra (leve, breve y fugazmente) diré que Lispector escribió Un soplo de vida (que no llegó a ver publicado) a la vez que La hora de la estrella y que, según sus propias palabras, fue “escrito en agonía”. Un libro que no pudo detener. Necesitó escribirlo justo en ese momento, al final de su vida, aquejada de un cáncer de ovario. Y sé que estoy diciendo sin decir que si no has leído nada de esta autora mejor dejar Un soplo de vida para el postre.
El desierto es un modo de ser.
Termino el libro derrotada. Felizmente derrotada. ¿He dicho “termino”? Pues miento otra vez, este libro nunca se termina. Nunca. Despego los pies de la tierra, nuevamente (… ¿qué soy yo sin mi lucha?...)