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viernes, 28 de marzo de 2025

La hierba roja (Boris Vian)

 


A la gente inteligente no se la quiere


Las razones por las que he elegido esta cita del libro para iniciar mi comentario son lo bastante variopintas como para que ni se me ocurra exponerlas aquí. Pero sí me gustaría matizar que, aunque hay muchos tipos de inteligencia y por tanto una gran diversidad de personas inteligentes, en gran medida estoy bastante de acuerdo con la cita.


Boris Vian era una persona inteligente, con vastos conocimientos sobre distintas disciplinas. Un polímata que se dice. Novelista, poeta, ingeniero, periodista, traductor, músico de jazz. Apenas vivió 39 años y tuvo 37 identidades (27 contrastadas y el resto supuestas). No es que padeciera personalidad múltiple, eran heterónimos (Pessoa llegó a utilizar 70). Lo cierto es que la versatilidad de Vian hace difícil quedarse únicamente con su faceta de escritor y no considerar sus distintas dimensiones a la hora de leerle.


Me pregunto quién lee a Boris Vian hoy en día. Releerle seguro lo hacemos unos cuantos. Pero no tengo tan claro que haya muchos lectores que se acerquen actualmente a Vian por primera vez. Cierto que tampoco va a aparecer como novedad editorial, aunque haya editoriales dedicadas (o que tienen un apartado destinado para ello) a autores considerados “clásicos”. Tampoco voy a meterme en este berenjenal, únicamente lo dejo aquí.


El caso es que mi camino lector últimamente camina entre los libros que sé con certeza que me van a encantar, los que es probable me puedan gustar entre bastante y mucho y volver a los ya leídos. Releer libros es releerme a mí y también comprender porqué soy el tipo de lectora que soy. En ese camino de libros y autores que me han hecho esta lectora que soy estaba Boris Vian. Hola de nuevo, Boris.


Un resumen tramposo de “La hierba roja” sería el siguiente: El ingeniero Wolf construye, junto a su ayudante Folavril, una máquina del tiempo que le permite volver a su pasado y de esta forma enfrentarse a sus recuerdos, no tal como los recuerda, sino tal y como sucedieron. Y así, exorcizando y borrando esos recuerdos podría disfrutar más de los instantes de felicidad que la vida nos ofrece (generosa ella).


Digo que sería un resumen tramposo porque ávidos lectores de ciencia ficción y viajes en el tiempo podrían lanzarse a leer “La hierba roja”. Tranquilidad. Casualmente, hice esta relectura a la vez que vi la serie Materia oscura (Dark Matter) (que sí recomiendo a esos lectores de ciencia ficción y viajes en el tiempo), lo cual me ralló bastante la cabeza. Sobreviví.


La maquina del tiempo de “La hierba roja” no deja de ser como el sofá del psicoanalista. Venga, a hundirte en tu pasado y tus recuerdos. Eso sí, Vian no se eterniza en ellos, quiere finiquitarlos. Pero aprovecha esos viajes a su pasado para cuestionar los propios recuerdos (cómo los recordamos, cómo sucedió realmente aquello que recuerdas) y satirizar sobre la educación, los conocimientos, la religión, la familia, las mujeres…


No es spoiler, es realidad: intentar olvidar está destinado al fracaso más absoluto. Recordar no está mal, nada mal, si miras directamente a los ojos de eso que recuerdas. Gracias Boris Bian por enseñarme algo que tardé años en poner en práctica. 


La hierba roja” es el libro más autobiográfico de Vian, lo escribió mientras se separaba de su mujer (que le era infiel con Sartre). Como escritor, Vian se caracterizaba (entre otras cosas) por su humor mordaz y su surrealismo. De ambos (ese humor corrosivo y aspectos absurdos) está lleno “La hierba roja”, también de filosofía e introspección, pero siempre teñido por esa irrealidad surrealista típica de Vian: la hierba es roja, los perros hablan, los lugares son bizarros, las pitonisas son olientes y a la entrada de sus casas los cuervos ofrecen ratas a los visitantes, se disparan cerbatanas a niñas y jóvenes, un negro baila en una caverna custodiada por un guardián.. Todo así.


Si entre tus lecturas no te planteas el género del absurdo y del surrealismo como una de las múltiples herramientas de ahondar en el existencialismo ni se te ocurra acercarte a este libro ni a este autor. Si disfrutas de meterte en camisa de once varas, dejar de lado la lógica racional y aceptas la juguetona, experimental y provocadora narrativa de Vian, adelante.


Todos los profetas comenten el mismo error: tener razón


Gracias, Vian.


©AnaBlasfuemia

viernes, 9 de diciembre de 2016

El marino que perdió la Gracia del mar (Yukio Mishima)

Título original: Gogo no eiko
Traductor: Jesús Zulaika Goicochea
Páginas: 192
Publicación: 1963 (1980)
Editorial: Bruguera
Sinopsis: Mishima retrata en esta breve novela a través de su protagonista, Noboru, el abismo insalvable que se abre como una herida entre el desesperado intento de un clan de adolescentes de hallar su ubicación en el mundo mediante un código de conducta fuera de uso, y una sociedad ya irremediablemente convulsionada y despojada de su armonía tras la traumática derrota en la Segunda Guerra Mundial.

Si yo fuera una ameba -pensaba- con un cuerpo infinitesimal, podría derrotar a la fealdad, pero el hombre no es lo suficientemente diminuto ni gigante para vencer a nada.
Tanto por leer… pero qué seguridad dan las relecturas. Es volver a zona segura, a los libros que te hicieron lectora, recordar dónde está la literatura y, en el fondo, dónde estás tú, ahí donde encontraste un camino bajo unos pasos inciertos. 

Recuerdo que lo primero que conocí de Mishima fue su vida (y su muerte). Así que comencé a leerle sabiendo de sus obsesiones, todas ellas presentes en sus libros: la muerte, el mar, la exacerbación del cuerpo, la ética samurái, la belleza, los valores tradicionales, la homosexualidad, la violencia, la tragedia…
Era un gemido de oscura, infinita, imperiosa pesadumbre; negro como boca de lobo y liso como lomo de ballena, cargado con todas las pasiones de las mareas, con la memoria de los viajes sin cuento, con los júbilos, con las humillaciones… Era el grito del mar.
Escogido al azar (podría haber sido cualquier otro libro de Mishima) a El marino que perdió la Gracia del mar le llegó su turno de relectura. Encontrarme con subrayados antiguos, mantenerlos y añadir más. Leo ahora traduciendo mi mirada de hace años, aumento mi comprensión ante lo que leo y ante mi propia evolución personal. Percibo que he tenido suerte en mis lecturas, que escogí el camino correcto. No es mi lectura preferida de Yukio (aunque todas las suyas son de altura), pero sin duda es un libro ideal para conocer a este autor y doblar el espinazo ante su escritura. 
Pero su pureza era tan frágil como una luna nueva.
Si algo se ha movido en mí al leer a Mishima ha sido siempre admiración por su forma lírica de escribir, más allá de la historia que cuente hay en su obra una belleza casi pictórica, sensual, tremendamente erótica y sensorial, algo que siempre me ha fascinado de este autor japonés.

Cuando un libro es atemporal, traspasa épocas y se acomoda a la actualidad como si hubiera sido escrito, ya no hoy, sino mañana, sabes que estás ante un libro que transciende y que está en ese remoto lugar llamado literatura, en el olimpo de la literatura. No tengo dudas: El marino que perdió la Gracia del mar refleja, hoy en día, muchas de las brechas de nuestra sociedad enferma. Estremece pensarlo porque los adolescentes son de una fragilidad asombrosa. Eso es lo que hacemos con ellos: nuestra hipocresía les vuelve insensibles, hace saltar por los aires la delgada línea que nos separa de la violencia y la maldad, y arrasa con la no menos frágil línea entre lo subjetivo y lo objetivo.
Cuando coja sus pechos, se acurrucarán contra mis palmas con pesadez sudorosa y magnífica. Me siento responsable de la carne de esta mujer, que me desgarra dulcemente como lo hacen otras cosas que son mías. Me estremece la dulzura de su presencia: cuando me sienta temblar se volcará como la hoja de un árbol sacudido por el viento y dejará que yo vea el lado vacío de sus ojos.
Pese a la violencia soterrada que estalla con frialdad y aparente indiferencia, pese a la desesperanza y la sensación de que algo diabólico se está infiltrando en la humanidad, siempre en Mishima encuentro una belleza y una musicalidad que me convence y me vence. Quizás porque tiene el don de mantenerme a una distancia en la que mi alma no convulsiona, porque Mishima se aleja del sensacionalismo y la proximidad emocional para construir un relato en el que el ritmo, la estructura, la afinación, todo se ajusta como la mar al horizonte.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La tienda de los suicidas (Jean Teulé)





Título original: Le Magasin des suicides

Traductor: Teresa Clavel

Páginas: 160

Idioma: Español

Publicación: 2007 (2008)

Editorial: Bruguera

Categoría: Narrativa

ISBN: 9788402420541
Sinopsis: En esta novela enormemente divertida, no exenta de humor negro, el lector penetra en la tienda y en la vida de una familia, los Tuvache, dedicada desde hace generaciones a la venta de toda clase de productos (sogas para ahorcarse, toda clase de venenos, armas, etc.) que cualquier suicida debe tener a mano para el momento en el que decida abandonar este mundo. Los Tuvache se sienten orgullosos de su trabajo y de su reconocida eficacia profesional, hasta que el menor de sus vástagos empieza a dar muestras inquietantes: es un niño alegre, al que le entusiasma la risa.

Novela muy divertida, con grandes dosis de humor negro e ironía (si bien hay que decir que el humor negro está muy suavizado). No he podido evitar que al leerla surgieran continuamente personajes de Tim Burton por mi cabeza. Cada miembro de la familia tiene el nombre de un suicida famoso, como Marilyn, Mishima..

El argumento es original e ingenioso. Pese al título y la historia que cuenta, no es un libro tenebroso ni su contenido morboso. Le falta maldad, ser un pelín más maquiavélico y retorcido, pero entiendo que la intención del autor era divertir con un tema espinoso. El final es bastante predecible y en tan corto relato no llegas a empatizar con los personajes, aunque sí te resulten simpáticos, al igual que las diversas anécdotas y situaciones.

Le falta algo para ser una novela redonda (se le podía haber sacado más partido y falta algo de esfuerzo por alcanzar cierto nivel literario) pero es tan fácil, entretenida y agradable de leer que no me queda otro remedio que recomendarla porque además es de esos libros desconocidos que es una pena no llegue a más lectores. Tim Burton haría una gran película a partir de este libro (sí es una obra que ha sido llevada al teatro).