martes, 29 de septiembre de 2026
Job (Joseph Roth)
De Ana Blasfuemia
Leí “Job” con esa predisposición amable que se guarda para los libros que vienen precedidos por cierta reputación. Aprecié la limpieza narrativa, el ritmo y la cadencia de parábola que sostiene el relato. Entendí perfectamente las razones por las que es un libro valorado: es contenido, simbólico, respetable, está escrito con mucho oficio y su estructura es clara. Todo estaba donde debía… excepto yo. Pasé por sus páginas como quien camina por una sinagoga vacía sin saber muy bien si puede sentarse, ni siquiera si tiene derecho a estar allí.
Joseph Roth reescribe la historia bíblica de Job a través de Mendel Singer, un maestro judío que lo pierde todo y que atraviesa su desgracia como quien camina por un mundo que ya no le pertenece. La emigración le arrebata patria y lengua, después vienen las pérdidas, una tras otra. Al final (como quien cambia de tonalidad sin previo aviso) todo parece restituirse: Menuchim reaparece. El hijo le es devuelto, aunque no le devuelven el mundo. Una alegoría cerrada (yo diría bruscamente) en ese último gesto. Es posible que Roth lo escribiera en plena “borrachera creativa” (a veces se necesita un pequeño vértigo para darle a un relato una salida que altere de golpe el tono y la continuidad narrativa).
El propio libro había dicho que todo lo repentino es malo y que lo bueno llega siempre lentamente, pero en este caso lo bueno irrumpe al final con una rapidez que a mí me resultó difícil de incorporar al resto. Entiendo perfectamente la lógica de la parábola y también la fidelidad al modelo bíblico; mi resistencia se debe a que hasta entonces Roth había mantenido una contención extrema, una desgracia acumulativa y compacta, sin desbordamiento emocional. Pero el final modifica el tono del relato. Puedo comprender el sentido simbólico pero lo siento menos convincente dentro del movimiento que el propio libro había construido.
Tal vez no era el momento o tal vez no era mi libro. El libro me trató con corrección, me dejó pasar y nunca levantó la voz, pero no encontré dónde sentarme y quedarme. Quizá necesitaba otra clase de intensidad, algo menos equilibrado y más torcido. Como en la primera sinfonía de Mahler: una marcha que parece solemne y, de pronto, se desvía ligeramente. Me habría bastado con eso, una ruptura leve en el tono, ese movimiento inesperado que desarma el orden sin destruirlo. Quizá yo no supe escucharlo.
Me consuela pensar que incluso Joseph Roth habría comprendido que yo saliera de su libro como quien se levanta de una sinagoga vacía, sin saber del todo si debería haber entrado.
Gracias, Joseph Roth. Gracias, Bernabé Eder (traductor)
viernes, 28 de marzo de 2025
La hierba roja (Boris Vian)
De Ana Blasfuemia
“A la gente inteligente no se la quiere”
Las razones por las que he elegido esta cita del libro para iniciar mi comentario son lo bastante variopintas como para que ni se me ocurra exponerlas aquí. Pero sí me gustaría matizar que, aunque hay muchos tipos de inteligencia y por tanto una gran diversidad de personas inteligentes, en gran medida estoy bastante de acuerdo con la cita.
Boris Vian era una persona inteligente, con vastos conocimientos sobre distintas disciplinas. Un polímata que se dice. Novelista, poeta, ingeniero, periodista, traductor, músico de jazz. Apenas vivió 39 años y tuvo 37 identidades (27 contrastadas y el resto supuestas). No es que padeciera personalidad múltiple, eran heterónimos (Pessoa llegó a utilizar 70). Lo cierto es que la versatilidad de Vian hace difícil quedarse únicamente con su faceta de escritor y no considerar sus distintas dimensiones a la hora de leerle.
Me pregunto quién lee a Boris Vian hoy en día. Releerle seguro lo hacemos unos cuantos. Pero no tengo tan claro que haya muchos lectores que se acerquen actualmente a Vian por primera vez. Cierto que tampoco va a aparecer como novedad editorial, aunque haya editoriales dedicadas (o que tienen un apartado destinado para ello) a autores considerados “clásicos”. Tampoco voy a meterme en este berenjenal, únicamente lo dejo aquí.
El caso es que mi camino lector últimamente camina entre los libros que sé con certeza que me van a encantar, los que es probable me puedan gustar entre bastante y mucho y volver a los ya leídos. Releer libros es releerme a mí y también comprender porqué soy el tipo de lectora que soy. En ese camino de libros y autores que me han hecho esta lectora que soy estaba Boris Vian. Hola de nuevo, Boris.
Un resumen tramposo de “La hierba roja” sería el siguiente: El ingeniero Wolf construye, junto a su ayudante Folavril, una máquina del tiempo que le permite volver a su pasado y de esta forma enfrentarse a sus recuerdos, no tal como los recuerda, sino tal y como sucedieron. Y así, exorcizando y borrando esos recuerdos podría disfrutar más de los instantes de felicidad que la vida nos ofrece (generosa ella).
Digo que sería un resumen tramposo porque ávidos lectores de ciencia ficción y viajes en el tiempo podrían lanzarse a leer “La hierba roja”. Tranquilidad. Casualmente, hice esta relectura a la vez que vi la serie Materia oscura (Dark Matter) (que sí recomiendo a esos lectores de ciencia ficción y viajes en el tiempo), lo cual me ralló bastante la cabeza. Sobreviví.
La maquina del tiempo de “La hierba roja” no deja de ser como el sofá del psicoanalista. Venga, a hundirte en tu pasado y tus recuerdos. Eso sí, Vian no se eterniza en ellos, quiere finiquitarlos. Pero aprovecha esos viajes a su pasado para cuestionar los propios recuerdos (cómo los recordamos, cómo sucedió realmente aquello que recuerdas) y satirizar sobre la educación, los conocimientos, la religión, la familia, las mujeres…
No es spoiler, es realidad: intentar olvidar está destinado al fracaso más absoluto. Recordar no está mal, nada mal, si miras directamente a los ojos de eso que recuerdas. Gracias Boris Bian por enseñarme algo que tardé años en poner en práctica.
“La hierba roja” es el libro más autobiográfico de Vian, lo escribió mientras se separaba de su mujer (que le era infiel con Sartre). Como escritor, Vian se caracterizaba (entre otras cosas) por su humor mordaz y su surrealismo. De ambos (ese humor corrosivo y aspectos absurdos) está lleno “La hierba roja”, también de filosofía e introspección, pero siempre teñido por esa irrealidad surrealista típica de Vian: la hierba es roja, los perros hablan, los lugares son bizarros, las pitonisas son olientes y a la entrada de sus casas los cuervos ofrecen ratas a los visitantes, se disparan cerbatanas a niñas y jóvenes, un negro baila en una caverna custodiada por un guardián.. Todo así.
Si entre tus lecturas no te planteas el género del absurdo y del surrealismo como una de las múltiples herramientas de ahondar en el existencialismo ni se te ocurra acercarte a este libro ni a este autor. Si disfrutas de meterte en camisa de once varas, dejar de lado la lógica racional y aceptas la juguetona, experimental y provocadora narrativa de Vian, adelante.
“Todos los profetas comenten el mismo error: tener razón”
Gracias, Vian.
viernes, 9 de diciembre de 2016
El marino que perdió la Gracia del mar (Yukio Mishima)
De Ana Blasfuemia
Si yo fuera una ameba -pensaba- con un cuerpo infinitesimal, podría derrotar a la fealdad, pero el hombre no es lo suficientemente diminuto ni gigante para vencer a nada.
Era un gemido de oscura, infinita, imperiosa pesadumbre; negro como boca de lobo y liso como lomo de ballena, cargado con todas las pasiones de las mareas, con la memoria de los viajes sin cuento, con los júbilos, con las humillaciones… Era el grito del mar.
Pero su pureza era tan frágil como una luna nueva.
Cuando coja sus pechos, se acurrucarán contra mis palmas con pesadez sudorosa y magnífica. Me siento responsable de la carne de esta mujer, que me desgarra dulcemente como lo hacen otras cosas que son mías. Me estremece la dulzura de su presencia: cuando me sienta temblar se volcará como la hoja de un árbol sacudido por el viento y dejará que yo vea el lado vacío de sus ojos.
jueves, 6 de diciembre de 2012
La tienda de los suicidas (Jean Teulé)
De Ana Blasfuemia
Traductor: Teresa Clavel
Páginas: 160
Idioma: Español
Publicación: 2007 (2008)
Editorial: Bruguera
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788402420541
Sinopsis: En esta novela enormemente divertida, no exenta de humor negro, el lector penetra en la tienda y en la vida de una familia, los Tuvache, dedicada desde hace generaciones a la venta de toda clase de productos (sogas para ahorcarse, toda clase de venenos, armas, etc.) que cualquier suicida debe tener a mano para el momento en el que decida abandonar este mundo. Los Tuvache se sienten orgullosos de su trabajo y de su reconocida eficacia profesional, hasta que el menor de sus vástagos empieza a dar muestras inquietantes: es un niño alegre, al que le entusiasma la risa.