Título original: Alexis ou le traité du vain
combat
Traductor: Emma Calatayud
Páginas: 168
Publicación: 1929 (1994)
Editorial: Alfaguara
Categoría: Epistolar
ISBN: 9788420427072
Sinopsis: La
larga carta que Alexis dirige a su esposa, desmenuzando dolorosamente el inútil
combate sostenido entre sus inclinaciones y su vocación, constituye la
totalidad de estas páginas. Y a través de ella asistimos al retrato de una voz,
como lo ha llamado la misma Marguerite Yourcenar, pero también a la exposición
de un tema del que pocos se atrevían a hablar en 1929, fecha en que fue
publicado el libro. En un país hoy desaparecido, en un momento en que las
circunstancias históricas transforman toda Europa, finalizando con un mundo y
una manera de vivir, Alexis se detiene para rendir cuenta de esas mismas
transformaciones en carne propia, para finalizar con un engaño y para intentar
iniciar un nuevo modo de vida entre millones de seres que, a su vez, también lo
inician.
Esta carta, amiga mía, será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan el pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más.
Este libro es
lo que dice ser: una carta, una larga carta. No hay un intercambio de
correspondencia. No hay una carta escrita en distintos momentos, como si fuera
una especie de diario. No, es sólo una carta. Larga. Tierna. Triste. Una
confesión que se va desplegando poco a poco ante nuestros ojos. Una carta
hermosamente escrita, llena de pudor y sutileza (no esperéis encontrar en ella
nada explícito, ni siquiera aparece la palabra homosexualidad).
Dicen, se
rumorea, que Alexis y Mónica, tenían su versión en la realidad: la pareja
formada por Jeanne y Conrad de Vietinghoff (amante, ella, del padre de
Yourcenar, y aristócrata homosexual, él)
La carta
empieza dubitativa, con miedo a que las palabras escritas no alcancen, no sean
suficientes. Pero nuestro protagonista necesita explicarse, necesita desnudar
su alma. Porque la felicidad de Mónica, su esposa, le importa. Y además, se
siente culpable
soy demasiado culpable para contigo y tengo que obligarme a establecer una distancia entre tu compasión y yo.
Alexis se ha
analizado mucho a sí mismo, Y ha observado con lupa todo su recorrido vital
hasta llegar al momento en que escribe la carta. Recuerda su infancia con
quietud pero reconociendo en ella ciertos toques de alarma (estremecimientos del alma y estremecimientos
del corazón)
Hay ciertos momentos de nuestra existencia en que somos, de manera inexplicable y casi aterradora, lo que llegaremos a ser más tarde.
Cuando el
deseo se convierte en temor está claro que algo no va bien y que la inocencia
deja de ser artífice de la felicidad. Es entonces el momento de irse, tal vez
de huir.
Estamos atados por tantas ligaduras al lugar en que hemos vivido que nos parece que al alejarnos será también más fácil alejarnos de nosotros mismos.
Si hacemos un
recorrido por nuestras vidas es inevitable encontrarse con vacíos, aquellos que
han dejado las ausencias y que en cierta forma condicionan nuestra felicidad.
A medida que van desapareciendo los que hemos amado, disminuyen las razones de conquistar una felicidad que ya no podemos gozar juntos.
Es en la
música donde Alexis encuentra su balón de oxígeno, ese aire puro y dulce que
todos necesitamos para respirar y descansar de las agotadoras luchas internas.
La música, al final, le abre la puerta a la aceptación y con ella, a la
serenidad (y cómo entiendo esa pasión por la música y lo que nos da).
La música me transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transforma en lago.Creo que la música debería ser el desbordamiento de un gran silencio.
La confesión
de Alexis es larga y desplegará ante nosotros (ante su mujer, ante él mismo) su
largo combate, una lucha desigual contra uno mismo. Desigual porque el perdedor
siempre será un parte de ti. Aunque el combate de Alexis se refiere a la
aceptación de su propia sexualidad, todos podemos reconocernos en muchos
aspectos: soledad, miedos, inseguridades, alejarse y acercarse a aquellos que
deseamos/tememos, aceptación, culpas, debilidades,... Es por ello que esta
lectura transciende más allá de la homosexualidad del protagonista y su
confesión. Al fin y al cabo el combate de Alexis es el combate que todos
tenemos con (contra) nosotros mismos, y que tiene que ver más con la aceptación
propia que con la ajena. ¿A quién no le suena ese fregado?
Creíste que bastaba con ser perfecta, para ser dichosa; yo creí que para ser dichoso, bastaba con no ser culpable
Marguerite
Yourcenar publicó este libro en 1929. La escribió cuando tenía 24 años (claro
que a los 8 años leía a Aristófanes, así que no hay de qué sorprenderse…). En
1963 revisó el libro pensando que se habría quedado desactualizado. Nada más
lejos de la realidad, pronto comprendió que seguía siendo un tema que aún en
los sesenta provocaba reacciones que hacían que siguiera siendo un tema de
actualidad. Y qué vamos a decir de 2014, donde después de notables avances
empieza a detectarse un retroceso alarmante (en este y otros muchos derechos
sociales). La otra razón que hizo que Yourcenar en su revisión mantuviera el
texto tal cual (excepto alguna advertencia de estilo) es que la confidencia y
el combate de Alexis está unido a un momento social e histórico concreto y sobre
todo está unida al carácter personal de la confesión de Alexis.
Una lectura necesaria, emotiva y bella, que en mi caso ha sido relectura resaboreada y redisfrutada.Amiga mía, siempre te he creído capaz de comprender, lo que es más difícil que perdonar.



