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domingo, 17 de mayo de 2026

El niño de arena (Tahar Ben Jelloun)


Un libro, tal como lo concibo, es un laberinto hecho adrede para confundir a los hombres, con la intención de perderles y situarles en las dimensiones estrechas de sus ambiciones

Jelloun ha hecho de “El niño de arenaun laberinto. Lo leí hace muchos años y mi sensación era de haber salido de ese galimatías por una puerta falsa, sabiendo que necesitaría tiempo y extraviarme en otros muchos laberintos literarios (y no literarios) para desentrañar lo que Dédalo/Jelloun construyó en este libro y  así encontrar una salida más digna para mi orgullo (al menos el literario).


El niño de arena” está tan lleno de simbolismos y matices que necesité varias relecturas para ir identificando todas las claves que abordan temas como la identidad, el género, el patriarcado, las normas sociales, la ficción… 


Todo comienza con una imposición brutal: un padre que, para conservar la herencia familiar en una sociedad patriarcal obsesionada con la herencia y el linaje masculino, decide criar a su octava hija como si fuera un varón. Y así Ahmed, nacida mujer, empieza su existencia con una mentira violenta y con una vida vendada, oculta incluso a sí misma. Un ser escindido que tendrá que atravesar un proceso solitario y contradictorio de autoconocimiento


El cuerpo de Ahmed es un campo de fricción desde el minuto cero. La construcción artificial del género provocará una dramática tensión entre lo íntimo (lo sentido) y lo social (lo esperado). Pero el cuerpo, tarde o temprano, desobedecerá al disfraz y esa fractura solo puede conducir a la descomposición del yo.


La aparición de la menstruación es un golpe demoledor, una traición: el cuerpo no respeta la ficción ni obedece al relato. Y el deseo irrumpe no como alivio, sino como condena (el cuerpo gritando lo que las palabras no pueden resolver). Ahmed, educado como varón, llega a despreciar a las mujeres, rechazando lo que en realidad es, porque necesita negar todo lo que amenaza el papel impuesto.


La prosa de Jelloun tiene poderosas resonancias poéticas y en el diario de Ahmed todo ese simbolismo se multiplica hasta rozar lo hermético, obligándote a volver a algún pasaje para descifrar lo que esconde detrás. En esta relectura entendí que ese juego entre lo explícito y lo velado y onírico forma parte del conflicto de Ahmed: no puede hablar con claridad porque su propia existencia no es clara, está construida sobre una mentira.


Inicialmente hay un narrador que, siguiendo la tradición oral, alterna su voz con el diario del propio Ahmed. Luego la voz se multiplica, se vuelve polifónica, hasta formar un coro disonantes de voces que más que aclarar el relato, lo difuminan. Y esto, que me resultó tan desconcertante la primera vez, he intentado comprenderlo mejor en esta relectura. 


Esa fragmentación no es un artificio gratuito: es reflejo de la fractura de Ahmed/Zahra, cuya identidad se ve disputada, reescrita, falsificada. La escritura fue su refugio pero lo escrito también puede borrarse, deformarse, destruirse. Si se fragmenta la identidad, ¿cómo no habría de fragmentarse el relato? Cada voz cuenta su versión, moldea su verdad. Así se construyen también las identidades: a golpe de relato ajeno.


Pero esta no deja de ser también una historia política. Se describe una sociedad que rechaza a quien se sale del camino (por error, por imposición, por decisión personal, por dignidad, por pasión). El contexto (un Marruecos patriarcal, autoritario y marcado por la hipocresía religiosa) es importante porque es una sociedad que no ofrece anclaje. La represión de las mujeres, la negación del deseo, el silencio, la brutalidad masculina, la censura y la vigilancia impregnan cada gesto, cada rincón del relato. Lo personal es político y lo íntimo es objeto de control. Zahra no solo transgrede una norma de género, sino todo un orden moral.


He leído ahora este libro como una algarabía de la ficción: no importa si lo contado es mentira, verdad, frágil o precario. Lo que importa es si merece ser contado. El manuscrito de Ahmed/Zahra se pierde, se quema, se vacía, porque es una historia que sólo puede existir si alguien la cuenta, la imagina y la reinventa. Si ya es difícil de preservar las vidas normativas, cuanto más las que tienen vidas marginales. Porque ¿qué y quién somos si no podemos ser contados?


Gracias, Ben Jelloun. Gracias, Alberto Villarba (traductor)


©AnaBlasfuemia



miércoles, 17 de julio de 2013

Mi madre (Tahar Ben Jelloun)




Título original: Sur ma mère
Traductor: Malika Embarek López
Páginas: 318
Publicación: 2008 (2009)
Editorial: El Aleph
Categoría: Biografías y memorias
ISBN: 9788476698693
Sinopsis: Un relato estremecedor sobre el Alzheimer. La memoria quebradiza desde la voz de un hijo escrito con humor y ternura.
Texto de contraportada: «Durante los últimos meses de su vida, escribe Ben Jelloun, mi madre sufrió una pérdida de memoria que la sumió de nuevo en su infancia. Transformada de golpe en una niña pequeña y más tarde en una joven adolescente, mi madre se puso a hablarme, a confiarse, evocando al mismo tiempo a vivos y muertos.

El amor filial, fuerte y apasionado, se reprime a veces por el pudor y los sobreentendidos. Pero al contar su pasado, mi madre se liberó de una existencia de una vida en la que raramente fue feliz. Durante muchos días la escuché, intentando seguir sus incoherencias, y sufría a su lado mientras la descubría de nuevo.

Mi madre ha sido escrito a partir de retazos de recuerdos que ella me entregó en sus confesiones. Me permitieron reconstruir su vida en la vieja ciudad de Fez de los años 30 y 40 del siglo pasado, imaginar sus momentos de alegría, de adivinar sus frustraciones. Una y otra vez tuve que inventar sus emociones y leer –o para ser más exactos- traducir sus silencios. Sobre mi madre es en realidad una novela, ya que es el relato de una vida sobre la cual yo no sabía nada, o prácticamente nada.»
En la portada del libro dice “Un relato estremecedor sobre el Alzheimer escrito con humor y ternura”. Y es cierto en cuanto a que es un relato estremecedor y tremendamente tierno, pero no lo es en cuanto a que esté escrito con humor. Humor hay poco, porque la historia no lo permite, pero sí diría que está escrito con naturalidad, emoción, respeto y cercanía.

Un relato duro, porque todo lo relacionado con el Alzheimer lo es, que requiere tal vez de cierto estado de ánimo (que no era el que yo tenía precisamente) para poder leer sin que se te encoja el estómago. Tahar Ben Jelloun no necesita dramatizar, no necesita ningún artilugio literario, ninguna trampa emocional…, sencillamente narra los últimos meses de vida de su madre, que padecía Alzheimer. Su madre era analfabeta, pero poseía una dignidad y elegancia envidiables y que sólo poseen las personas sabias e integras.

A través del relato sobre su madre, Tahar Ben Jelloun hace también un repaso de la historia reciente de Marruecos, así como de la cultura y los valores de los que vivió rodeado:
En Marruecos nos enseñan, junto al amor de Dios, el respeto casi religioso a los padres… Es una educación, una forma de portarse con los seres queridos. No es que impida los conflictos ni los problemas, pero ante todo, se cultiva el amor…Se llama amor filial. Es un vínculo que no admite ninguna contabilidad. Se vive como un don de la vida y haces lo posible por ser digno de éste y vivirlo con orgullo...
No, no es una lectura fácil. No puede serlo cuando el Alzheimer está por medio y está descrito así, tan real, tan terrible. Pero es también una lectura bella y conmovedora que además nos acerca a la vida de las mujeres del siglo XX (especialmente en su primera mitad) en Marruecos: mujeres (niñas) obligadas a casarse al mejor “postor”; viviendo la vida sin apenas derechos pero que viven su vida con decencia moral, dignidad y fortaleza; supeditadas al hombre, pero siendo la piedra angular que sostiene a la familia; prisioneras de su propia cultura, pero con el coraje suficiente como para ir consiguiendo que poco a poco en Marruecos se vayan produciendo cambios necesarios para que sus derechos no sigan siendo pisoteados.

Un gran libro de un gran escritor.