viernes, 31 de mayo de 2019

Sobre el acantilado y otros relatos (Gregor von Rezzori)


“Las cosas cambian más deprisa de lo que podemos corresponderle con las palabras o desde el punto de vista semántico”

Con un lenguaje exuberante, florido, lúdico y lúcido, Rezzori hace una feroz crítica social a través de tres seductores relatos. Muy irónico, casi cínico pero sin despeñarse, rompe estructuras narrativas clásicas, juega con la forma para destacar un “qué”. Preciso con los personajes y con los momentos que viven, en la línea de la literatura erudita y con lenguaje extenso y cultivado, Rezzori refleja la descomposición de un mundo sensible, noqueada la supremacía de un imperio.
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Ese tránsito entre distintas sociedades/épocas/culturas es contemplada como un sonoro eco que desliga de sí mismos a aquellos que la viven, una abstracción del momento, la historia que diluye lo concreto y convierte en leyenda el tiempo (todavía) presente. Tiempos oscuros en los que transcurre el amor, la vida que reclama concretarse, visualizar las relaciones entre lo que vive cada uno y las circunstancias, aferrarse a la pureza del paisaje y la tierra.
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Cuando tu mundo estalla en mil pedazos buscas una nueva realidad para convertirla en hogar (casa, nido). Pero en el tránsito, en la ruptura... ¿dónde habitas? ¿En qué vacío? Estés donde estés lo que anida en el alma es siempre la irreversible sensación de carencia.
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Detrás de la prosa exquisita y elegante de Rezzori hay un fondo notable: cómo la realidad impone su propia verdad. Rezzori es fino, fino.
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“Es preciso sacar lo mejor de lo inevitable”

miércoles, 29 de mayo de 2019

El archipiélago del perro (Philippe Claudel)


“Codiciáis oro y sembráis ceniza. Ensuciáis la belleza, destruís la inocencia […] Vuestras emociones son efímeras, como mariposas calcinadas por la luz del día cuando apenas ha salido del capullo […] La soledad os devora. El egoísmo os engorda […] ¿Cómo juzgarán vuestra época los siglos futuros”
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El arranque del libro es tremendo, Claudel nos echa una bronca que consigue que el libro te dé calambre. Sabes que te la mereces, pero también es cierto que luego consigue el efecto contrario del pretendido: te distancia ligeramente de la culpa. Quiero intentar explicarlo.

Claudel es un escritor exquisito que maneja los ardides de las tramas como pocos. Admiro el espacio en el que se mueve, con una escritura ágil, envolvente, capaz de llegar a muchos lectores con su lenguaje cercano. Su prosa cinematográfica, directa, kinestésica, el toque de intriga con el que envuelve sus narraciones, consigue que devores el libro en un pis pás, con esa forma de thriller social y psicológico que este autor maneja con precisión.

La técnica de Claudel es la que llamo “huevo Kinder”: Su apariencia externa te promete una sorpresa en su interior. La sorpresa está dentro de un sabroso y reconocible huevo de chocolate que engulles con fruición, es una sorpresa que intuyes pero no sabes exactamente cuál será. Claudel normalmente guarda una sorpresa dentro de otra sorpresa que consigue enriquecer notablemente la historia que nos transmite. Pero en este libro va a saco y se le olvida sacar un conejo de la chistera. Así que la sorpresa del huevo Kinder resulta previsible. Y la previsibilidad distancia del compromiso que quiere arrancarnos.
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Claudel escribe una fábula sobre el drama de la inmigración que pretende no dejarnos indiferentes, señalando algunas de las razones de nuestra indiferencia: “no es mi culpa”, “tengo mis problemas”, “no puedo cambiar nada”. Razones varias que nos alejan de la responsabilidad y aligera el peso de nuestra conciencia. La realidad está ahí y si querías esquivarla Claudel te la pone delante sin tapujos y, en mi opinión, de una forma demasiado explícita y no quiero pensar que oportunista. Pero hay que leerlo, esto es así y allá cada cual con su conciencia.

lunes, 27 de mayo de 2019

Cárdeno adorno (Katharina Winkler)


“A veces camino descalza y me tumbo junto a las ciruelas reventadas. Luciendo mi cárdeno adorno, yazgo entre frutos cárdenos”

Cuidar a quienes nos cuidan, cuidarnos de quienes no. Pero cuidas a los corderos y vives con el enemigo. Si el honor no tiene nombre de mujer ¿quién nos cuidará si lo humano es tan escaso? Tantas mujeres cárdenas y sin palabras donde solo hay el sonido primitivo de la violencia escrita y tallada por las manos de los hombres.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe… Y la luz al otro lado de las montañas, la posibilidad de bañarse en el rio, las letras, los números, todo está al otro lado. Lejos. Aquí, las puertas son paredes que no puedes atravesar y el miedo una piel imposible de mudar. Las fiestas son siempre ajenas y el dolor cercano No te rías, no te rías, hasta la risa le pertenece. No supliques, no anheles más golpes, no anheles caricias. Todo se arreglará. Todo se arreglará. Ponte unos vaqueros y busca la casa que te salve, tú eres la casa.

Cuánto y qué fuerte he querido que lo que leía fuera ficción, ciencia ficción, o novela histórica. Pero no. Y leo y lloro, y grito, lloro, leo. Una aldea turca donde la violencia no se cuestiona, es tan habitual como los silencios. Normalizar la cosificación y deshumanización de la mujer, la mujer como un objeto que pertenece al hombre, la mujer como esclava del hombre. La intensidad de la violencia se me hace insoportable, me obligo a no soltar, a no mirar a otro lado. Sucede. Sucede.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe. Quiero detenerlos con una fuerza inusitada y una rabia ciclónica, detenerlos, absorberlos todos y vomitarlos en un océano. Cada golpe. Hacerlo pasado, pasado lejano, historia añeja y anticuada.

Es tan difícil lo que has hecho, Winkler, poetizar el dolor. Terminé la lectura agotada, perturbada, sacudida. Aterrada. La violencia nunca, jamás, ha de ser normal ni las mujeres ni los niños propiedad privada de nadie.

jueves, 23 de mayo de 2019

El nacimiento de Eva (Jeanne Hersch)


“Toda hora merece ser celebrada”

La filosofía ha dejado de ser contingente para convertirse, ahora más que nunca, en necesaria. No solo debería ser asignatura obligatoria sino que también debería ser tan cotidiana como un sorbo de café, un trozo de chocolate, lavarse la cara o tomarse una caña. A pequeñas dosis o a sorbitos, como el azúcar, la sal o el vino. O a borbotones, como las estrellas, la mar, el agua fresca, la lluvia o el viento. Plácida o tormencial.

Un pequeño sorbo, delicado y placentero de filosofía bien podría ser este libro de Jeanne Hersch, en el que se reúnen diversos textos de esta reconocida filósofa suiza. Textos elaborados con esmero poético, estilo refinado y filosofía sensata que no provocarán ninguna discordia al lector, sino una sensación agradable y liberadora. Algunos de estos textos son auténticos diamantes que destilan no solo profundidad de pensamiento sino también una calidad literaria certera, cálida y cercana. Las tres ces.

Una prosa viva, cristalina y textos variados cosidos entre sí por el hilo de una filosofía cercana que aborda diversos temas: la creación de la humanidad; Eva y su gesto que finaliza el presente eterno; el tiempo (perdido, salvado, recordado, arruinado, ambiguo) y sus consecuencias en la hora cero; la certeza de que convertir el mundo en atroz o espléndido dependerá bien de nuestras acciones o bien de nuestros descuidos; las fiestas como obras de arte cuya fuerza está en la plenitud del presente, del instante que ya no pertenece al tiempo; cuándo escribir; reclamar la unicidad como una necesidad de que cada persona tenga su lugar en la fiesta “exuberante y trágica del mundo y la historia”.
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Leamos más filosofía, saquemos a la cultura humanista de ese inmerecido espacio en el que los caminos de la servidumbre la han situado: entre la espada y la pared. Abramos las puertas. Toda filosofía debe ser celebrada.
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“Separación contra presencia, basta una simple puerta cerrada. Una puerta cerrada, y ya no sé nada de tu realidad”

martes, 21 de mayo de 2019

Un simple vestido de fiesta (Christian Bobin)


“No eres causa de mi soledad. Dormía ya en mí mucho antes de tu llegada. Eres quien -por haberla despertado- se le parece más”
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Todas las soledades se parecen y a la vez todas son únicas, personales e intransferibles. Somos nada, nadie y esperamos y esperamos. La soledad, tanta soledad impensable, es la eterna herida de la vida. Intentamos aprender a vivir con ella y hasta nos seduce la soledad ajena.

Bovin en estos relatos fortifica sin herir gracias al tono empleado, que no resta un ápice de gravedad a los temas que trata o narra. Consigue conectar sus palabras con nuestros sentimientos. Usa las palabras como notas musicales o como colores en un pincel, transmite imágenes y emociones que nos empujan, amargas y exactas.

Bovin es un dispensador de frases, de oxímoros, de tic y de tac, como dedos pulsando una tecla (de una máquina de escribir, de un piano, de las teclas que nos rompen o nos juntan con nosotros mismos). Con su ritmo narrativo nos impele a la apnea. Frases cortas, fragmentadas y fragmentarias, respiraciones rápidas, hiperventilar.

La lectura se despliega ante ti como un abanico que se abre con ritmo de seducción, con un movimiento leve y cándido. Las historias se abren y van encontrando su canto, el resto es lenguaje.

Y esa aparente liviandad del tono narrativo resulta feroz como una tormenta de verano: aire caliente, turbulento, luces intensas y raudas, el crepitar de la lluvia, la naturaleza desatada y sus contrastes habitando el asombro con trazos dinámicos y resistentes, como el fulgor de un rayo, el estruendo y el silencio. Y luego la calma, viendo todo y nada simultáneamente.

Hay quien intenta escribir poesía a golpe de interlineado. Y luego está Bobin, que hace poesía sin tabulador
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“Leo para hacerle sitio al dolor”

jueves, 16 de mayo de 2019

El paseo (Robert Walser)


“Al diablo con el ansia miserable de parecer más de lo que se es”

Paseante compulsivo, Walser nos pasea con él y su suave ironía pero fuerte perspicacia. Donde aparentemente no ocurre nada saltan las alarmas. Es todo tan jovial y festivo, todo tan propicio y delicado en este paseo que inevitablemente produce el vértigo de la duda ¿qué hay detrás de un paseo tan cándido?
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Hay búsqueda, hay curiosidad, nostalgia, hay melancolía, libertad y vida intelectual. Hay mucha elegancia en Walser en este inquietante paseo, inquietante porque el idílico paseo, que se desliza como desaliñado, volátil y anticuado, se torna a cada paso más sombrío, más grave, sin renunciar en ningún momento a la belleza.

Paseos, deleitarse con lo sublime de la naturaleza, conectar con ella de forma casi sagrada. Encuentros que son de todo menos triviales y con una carga simbólica importante. Walser paseaba por el mismo motivo que escribía: por supervivencia y desamparo. Walser huyendo del miedo, paseando para escapar pero inevitablemente encontrando aquello de lo que huye al final del paseo.

Una pequeña y delicada joya de un Walser siempre exuberante, frágil y sagaz.
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“Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso otra vez yo”

domingo, 12 de mayo de 2019

Sobre lo azul (WIlliam H. Gass)


“El azul es por tanto el color más apropiado para la vida interior […] Porque el azul se contrae, se retira, es el color de la trascendencia, nos conduce en pos del infinito”
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Este es un libro (bastante metaliterario, por cierto) para personas muy azules y, para Gass, “estar en lo azul es estar aislado y solo”. Si amas el azul (el color, el concepto, el estado de ánimo), las palabras, el lenguaje, la irreverente y erudita literatura experimental de Gass este ensayo es todo una inmersión en la pasión que este autor sentía por la escritura y el lenguaje.
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Todo lo que conoces Gass lo convertirá en azul, abarcando un mundo infinito de posibilidades, como, por ejemplo, que a partir del azul se hable del sexo y lo haga sin caer en la sordidez o en lo grotesco.

No voy a negar que es una obra extraña, un ensayo insólito y asombroso, pero es como una marca de agua de cierto tipo de literatura y que a algunos lectores nos sirve para ir recorriendo una ruta de satisfacción de libro en libro y leo porque me toca.

Gass ha escrito “Sobre lo azul” con mucha libertad y en esa espontaneidad y atrevimiento nos marca la distancia exacta que hay entre lo que decimos realmente y lo que creemos decir y así es como aprenderemos a decir las cosas de forma diferente.
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No os dejéis intimidar: el país del azul está despejado, habítenlo.

Magnífico Ce Santiago que ha debido de sudar tinta china (azul) con esta traducción.
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“…el azul es el color de la mente en préstamo al cuerpo; es el color que la consciencia adopta al ser acariciada; es el interior oscuro de los enunciados, enunciados que siguen sus propios giros que hacia el interior desaparecen como las espiras de una concha, y a los cuales seguimos con cautela”


martes, 7 de mayo de 2019

Bartleby, el escribiente (Herman Melville)


“Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe”

Si no has leído este libro, te rogaría que lo leyeras. Si ya lo has leído, te pediría que vuelvas a leerlo. Pero preferiría no hacerlo.
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¿Cómo reconocer una obra de arte, una obra literaria magistral? Cada cual tendrá sus sensaciones, las mías pasan por saber que estoy ante algo inolvidable. Cuando conocí a Bartleby sabía que nunca lo olvidaría, que siempre me seguiría pareciendo una obra perfecta en su compleja simplicidad y que me estremecería una y otra vez por la inevitabilidad de lo verdadero.
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Sabemos que es una lectura que deja un poso de tristeza, de esa que cala como la niebla, con la humedad irremediable de reconocerse, de fundirte con Bartleby. ¿De qué territorio viene Bartleby? De la sima de la soledad, de la del hombre que se interroga, de aceptar la imposibilidad del Otro. Y resistir.
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La resistencia pasiva de Bartleby deriva de una lucha genérica, universal y humana, una lucha que reconoce toda persona que se haya visto inmersa en la batalla del desgarro. Todos los vacíos son iguales, lo que diferencia unos de otros es la mirada de quien se enfrenta a ellos: como lo hace Bartleby o como lo hace su jefe (que no puede eludir la clamorosa llamada de Bartleby y su digna lucha contra la soledad y la desesperación). La conducta de Bartleby no puede negarse ni trivializarse, supone en sí misma un enigma irresistible.

Un libro hermoso. Triste, sí, pero terriblemente humano y luminoso. Con una prosa limpia, clara, perfectamente medida; con un ritmo adecuado a la tensión que genera el lenguaje natural y equilibrado de Melville, que transforma el misterio de Bartleby en realidad y la realidad en misterio. Todo en este libro está impregnado de emoción y ética, moviéndose al compás de la vida interior del lector, que no puede evitar conmoverse hasta la reverencia.

El despliegue de posibilidades casi infinitas que ofrece este libro es una de las razones de su grandeza. Pese a su trama sencilla, el significado e implicaciones de esta historia es tan poliédrica que inevitablemente te interpela.

domingo, 5 de mayo de 2019

La máquina sumatoria (WIlliam Burroughs)


“Las palabras siguen siendo los principales instrumentos de control. Las sugestiones son palabras. Las persuasiones son palabras”

No es Burroughs un autor fácil para mí. No porque sea complejo sino porque no me inspira empatía. Era un autor oscuro, impenetrable, pero también inteligente. No atrae al lector porque a él no le importamos, pero muchas veces lo que nos repele también nos deslumbra por alguna misteriosa ley de la atracción. Con Burroughs me concilia su estrambótica originalidad, su lúcida locura, su inconsciente marginalidad.

Si existen las voces es porque todo pensamiento es deseo, las palabras son virus incluso en su caída porque la única verdad es la de la magia. La voz de Burroughs era un enigma que se despeja ligeramente con la lectura de estos textos que ayudan a comprender su escritura experimental, grotesca y simbólica. Ayuda  a destramar la realidad retorcida de Burroughs.

En La máquina sumatoria Burroughs aborda temas como el psicoanálisis, las conspiraciones, el control, la escritura… Sin duda, leerlo es como meterse un tripi en vena: pura psicodelia.

viernes, 3 de mayo de 2019

Voss (Patrick White)


“Solo unas pocas (personas) tienen la terquedad suficiente para abandonar, con mucho esfuerzo, el exuberante mundo de sus pretensiones y adentrarse en el desierto de la mortificación y la recompensa”
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La versión fácil es decir que Voss es una novela de aventuras e incluso de amor. La complicada es reflejar todos los desiertos que atraviesa esta extraordinaria novela, los de arena y dunas y los del alma y el autodescubrimiento casi místico. Es una aventura hacia el interior de la inhóspita Australia, sí, pero también es una aventura hacia el interior del alma humana. Sin duda, una novela dual, en el desarrollo de la trama y en los temas que trata: bien versus mal, razón versus espíritu, civilización versus lo salvaje, religiosidad versus ateísmo. Y todo así.

La narrativa de White es vibrante, descriptiva, densa, trabajada, exuberante y evocadora. El protagonista, Voss, no busca la complicidad, avanza hacia la oscuridad absoluta con paso decidido, solo titubeante ante Laura.
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No podía ser en otro lugar que Australia, tierra propicia para la imaginación, la intensidad y el misterio, donde se desarrollara este viaje de autorrealización y amor obsesivo y alucinado. No, no podía ser en otro paisaje que no fuera Australia donde se desarrollara esta búsqueda de sabiduría y verdades profundas.

Si bien para cada personaje la expedición tenía un sentido y un objetivo distinto, no cabe duda de que para Voss el viaje tenía una dimensión personal y metafísica. Voss, el superhombre nietzscheano que consigue redimirse a través de su conexión con Laura, ambos pertenecientes a esa rama de la humanidad llamada oveja negra.

Una novela inmensa que entretiene, cuestiona, asombra, remueve y enseña, y que merece más difusión y lectores.
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miércoles, 1 de mayo de 2019

Mil grullas (Yasunari Kawabata)


“La muerte solo interrumpe la comprensión. Posiblemente, nadie pueda perdonar eso”

Escapar de los fantasmas que duelen como puñales, del dolor, de la muerte. Hacerlo a través de la belleza. Ese ha sido uno de los objetivos de Kawabata. Elegante, armonioso y poético hasta en los silencios y los pequeños gestos que surgen en las relaciones humanas y que se escenifican en el ritual del té.

Kawabata en “Mil grullas” crea una atmósfera turbadora, sensual y potente. Soledad, nostalgia y erotismo, marca de la casa de Kawabata. Una novela sobre el deseo y la nostalgia, también sobre la belleza entendida como una de las razones de la existencia. Con aparente facilidad, Kawabata crea una historia psicológicamente compleja. La sutil y simbólica ceremonia del té, junto con los personajes, convierten esta historia en una historia única y conmovedora, a través de los conflictos internos y los sentimientos de culpa de los protagonistas (hay muertos que siguen muy vivos).
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Una novela muy lírica y sensual cargada de simbolismo y melancolía, pero no exenta de realismo y transparencia. A través del desorientado protagonista, Kawabata aborda también la importancia del amor, del respeto, del perdón y de las elecciones.

lunes, 29 de abril de 2019

Ojos azules (Toni Morrison)


“El amor nunca es mejor que el amante”

Niña, fea, negra. Negra, fea, niña. Fea niña negra. Negra niña fea. Niña fea negra…. Da igual como lo ponga, en un orden u otro o incluso de forma desordenada. Todo parece ir en contra, junto o por separado: niña (mujer), negra, fea. Una bomba de relojería dentro de otra bomba de relojería que está dentro de otra bomba relojería. El resultado ya os lo podéis imaginar. No has elegido nada: ni nacer mujer, ni la raza, ni tu aspecto físico. Todo te viene dado. Y tienes que sobrevivir. Porque además eres pobre. Y tienes 11 años. Y sabes que lo que necesitas es tener unos ojos azules, porque si te parecieras a Shirley Temple todo el mundo vería tu belleza.

Una lectura que exige implicación del lector, que aceptes el desafío, la crueldad excesiva, los elementos puestos en juego: la rabia, la crueldad, la marginación, la violencia, la comprensión, la ingenuidad, la brutalidad, la tragedia. Todo muy abrumador, pero Toni Morrison nos deja libertad para que desarrollemos nuestras propias ideas, para que cuestionemos los cánones y estándares de la belleza.

Aunque hay varias voces narrativas una de ellas, la de Claudia, es especialmente amable, resabiada, lúcida y alucinada a la vez, como lo son muchos niños. Será esa voz, en muchas ocasiones, la que dé un respiro al lector por su lenguaje fresco y espontáneo y por su mirada ingenua y reflexiva

La narrativa de Morrison es muy seductora pese a lo angustiosa que puede llegar a ser por momentos su lectura. La compleja y fragmentada construcción de Ojos azules y sus múltiples perspectivas narrativas resultan sin duda un atractivo añadido que Toni Morrison iría perfeccionando en sus novelas posteriores. La misma autora reconoce en su epílogo: “Mi solución -fraccionar la narración en partes que deben ser reensambladas por el lector- me pareció una buena idea cuya ejecución hoy no me satisface. Además, no funcionó: muchos lectores quedaron afectados, pero no conmovidos” Exactamente eso. Aun así, brillante.
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P.D.: Las páginas 28 y 29 contienen la mejor descripción que he leído en mi vida de lo que siempre he sentido y pensado respecto a las muñecas.

viernes, 26 de abril de 2019

Cuánto azul (Percival Everett)


“Si te guardas un secreto durante el tiempo suficiente, al final simplemente ya no se puede contar o se niega a ser contado”
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¿Guardar un secreto es mentir?, ¿cuánto mide un secreto, cuál es su tamaño, su dimensión, su estructura?, ¿a quién pertenece un secreto? Los secretos son como muñecas rusas, guardan otros secretos dentro de ellos. Abres uno y encuentras otro que a la vez esconde otro y todo así, hasta que el peso de la gravedad de la culpa tritura a los secretos y, por ende, a quien los guarda.
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La estructura narrativa es diáfana: tres hilos narrativos y muchos secretos. Tres historias en una, lo que hacen un total de cuatro o lo que es lo mismo: distintas versiones de un mismo “yo”, el del protagonista, Kevin Pace.
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La agilidad de los diálogos, el ritmo vivaracho y el humor subyacente no oculta ni confunde la profundidad que hay detrás de la aparente ligereza narrativa. Los diálogos no sólo están como instrumento para favorecer una lectura dinámica, sino que son también una herramienta que utiliza el protagonista para explorar sus propios recuerdos. El entramado narrativo, los distintos hilos argumentales y temporales se sostienen hábilmente gracias al ritmo rápido, los diálogos, la ironía, que van resolviendo las distintas tramas para finalmente hacerlas encajar entre sí, resolviendo la atmosfera de intriga creada.

Quizás los personajes que acompañan a Kevin quedan algo desdibujados, demasiado al servicio de la voz del protagonista. Pero son sus recuerdos, es su memoria la que recorremos para llegar al centro mismo de un Kevin que intenta encontrar las partes necesarias de su propia historia, que se entremezclan con (e impulsan) su proceso creador.

Hay una batalla en curso, la más humana: la del protagonista consigo mismo, con los secretos que arrastra y que va desentrañando para llegar al mayor secreto de todos, aquel que posiblemente él mismo había olvidado o no quería recordar. No saber olvidar nos lastima, pero a cambio se consigue saber quiénes somos, lo que somos, aquello que olvidamos, pero también lo que no podemos olvidar: nuestros secretos (que a veces funcionan con un curioso efecto dominó: se cae uno y arrastra a los demás)

miércoles, 24 de abril de 2019

La compasión difícil (Chantal Maillard)


“¿Y aún seguiréis confundiendo el poema con la sensiblería? ¿A qué llamáis amor, a qué, belleza?”
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Es bastante arduo clasificar este libro, ensayo fragmentado, poesía viva, filosofía introspectiva. Es Maillard, quien la ha leído lo sabe. Qué difícil es hablar de sus libros. Qué complejidad intentar siquiera delinear las punzadas, pormenorizar su inmensidad, la vastedad del precipicio. Qué ajuste de cuentas hace Maillard consigo misma en este libro tan cabal y honrado. Cuánta sufrida generosidad para conseguir esta compasión tan difícil. “MEDEA: ¿Quién te culpa? LA MUJER (balbuciendo): Yo. Yo me culpo. MEDEA: ¿Quién ha de perdonarte? LA MUJER: Yo. MEDEA: Y ¿quién es “yo”?”
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Y en la travesía de esa culpa que no es una causa sino una consecuencia, ese perdón que no es perdón sino compasión, ese saber quién es “yo”, está lograr esa compasión difícil. ¿Qué es la compasión difícil? No aquella que compadece a la víctima, sino la que compadece al verdugo. La compasión que acompaña y que transciende todo código y creencia. Porque si oímos hay que acudir a los abismos, ese lugar en el que víctima y verdugo coinciden.

Disminuir el ansia, el hambre, como acto de rebeldía, encontrar la belleza (¿a qué llamamos belleza?). No, no creáis, creer es delegar en otros aquello que nos importa, no hay que creer en nada para respetar al otro. No hay que creer. Hay que CONFIAR. ¿Cómo conseguir la compasión difícil? A través del conocimiento de una misma. Y a ese conocimiento solo se llega, doy fe, a través de la soledad más estricta y absoluta. Transcender el “yo”. Por eso es tan espinoso lograr esa compasión: porque renunciar a la historia personal, abdicar del “yo”, empaparse en la soledad más severa y profunda requiere de mucho dolor, de trocar de victima a verdugo, de dialogar con tu yo más abismal y recóndito, descender hasta la raíz de las emociones (abajo, abajo, más debajo de mí). Ha sido una lectura intensa, emocionante, conmovedora e impactante que me ha hecho mejor persona. He aprendido porque aprender es reconocer pero también recordar.  La literatura puede ser muchas cosas, pero también es un compromiso con la verdad. Ejerzamos el derecho de pensar, aunque sea leyendo.

lunes, 22 de abril de 2019

Indigno de ser humano (Osamu Dazai)


“Los seres humanos no pueden relacionarse más allá de la rivalidad entre ganar y perder. A pesar de que colocan a sus esfuerzos etiquetas con nombres grandilocuentes, al final su objetivo es exclusivamente individual y, una vez logrado, de nuevo sólo queda el individuo”
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Luchar contra la depresión, la desesperanza, la melancolía, sentirse al margen, es una lucha íntima, silenciosa, incomprendida y siempre personal. También solitaria. No se suele hablar de esos vacíos, esas heridas que portamos no con orgullo, pero sí como algo irreparable. Es más fácil luchar contra algo si se puede comprender su funcionamiento.

Osamu Dazai hace un análisis introspectivo y muy revelador sobre un ser solitario, complejo, marginado por su propia naturaleza, incapaz de asumir la cotidiana hipocresía de una sociedad que le aterra.

Es una lectura incómoda, pese a que la prosa de Dazai es nítida, directa, despejada y muy controlada, muy bien medida. Se me hizo necesario transcender más allá de protagonista (Yozo, un alter ego de Dazai) para avanzar en la lectura, puesto que Yozo me fatigaba, como fatiga una jaula sellada o un laberinto sin salida. También de fondo estaba una misoginia que me repelía. Pero no puedo (ni debo) juzgar, he de leer con los ojos de Osamu y además es cierto que la incomprensión de Yozo no solo era respecto a las mujeres, sino respecto a la humanidad en general.

Es de una crudeza y una sinceridad casi inhumana, tal vez por ser la soledad tan humana. No hay final feliz, no hay luchas heroicas, ni un resurgir cual ave fénix, ni una festividad del ser humano. Es un libro descorazonador y, por tanto, necesario.

miércoles, 17 de abril de 2019

El amor dura tres días (Frédéric Beigbeder)


“La mejor manera de no echar de menos algo es olvidarlo”

Beigbeder es un provocador. Busca serlo deliberadamente. Quizás ese esfuerzo en ser tan fanfarrón es lo que a mí se me atraganta más. Prefiero las bravuconadas espontáneas, las que no necesitan señalarse a sí mismas para que nos fijemos en ellas. Beigbeder es un activista de lo superficial disfrazándolo de frases que resuenan e impactan. O sea, que “El amor dura tres años” ha sido un pinchazo como lectura. Aunque también puedo decir cosas a su favor, como que es un libro que no carece de autocrítica, que caricaturiza al snob francés, que cumple el papel de entretener, que es una lectura divertida, fluida…

Beigbeder no descubre nada nuevo bajo el sol (ni siquiera bajo la luna) y es absolutamente trivial pese a la inserción de frases bonitas, que las tiene. Es como si Houllebeq se hubiera tragado a Coelho. La mejor descripción de este libro la hace el propio Beigbeder (sin pretenderlo) en el título de uno de sus capítulos: “Un cínico de novela rosa”. Eso es autocrítica y lo demás cuento, eh.

La lectura de este libro no dura tres horas. Eso también es una ventaja. Y lo olvidas en tres minutos.

lunes, 15 de abril de 2019

El presentimiento (Emmanuel Bove)


“Nada hay nada más engañoso que las buenas intenciones, porque crean la ilusión de ser el bien mismo”
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¿Se puede combatir el mal con el bien? ¿Cuánto sacrificio requiere hacer el bien? ¿Se puede romper con el pasado? ¿Cómo luchar contra la inevitabilidad del destino?

Bove tenía una gran capacidad para encontrar un sólido equilibro entre prosa y personajes. No es sorpresa que detrás de sus personajes hay una profunda e intrincada psicología que ilumina esos paisajes más brumosos e inexplorados del alma humana.

En este mundo de prisas y vertiginosa información, Bove siempre pone una pausa, una lupa que intensifica las heroicidades invisibles y discretas. Esa imagen del antihéroe que se enfrenta a la mediocridad nunca se nos presenta cara a cara, pero todos los elementos narrativos están al servicio de ella.

El protagonista de esta novela, que nos recuerda levemente al Bartebly de Melville, no soporta la hipocresía, no es un revolucionario ni un personaje estridente ni histriónico, busca un antídoto contra el mal, escapar de la maldad. ¿Puedes rebelarte contra el mal y salir indemne?

Bove, como Beckett, tenía un único personaje, para qué más con ese talento increíble para crear minuciosos cosmonautas del espacio interior humano. “El presentimiento” es un libro muy representativo del universo de Bove, con sus historias sutiles y sus conmovedores antihéroes.

domingo, 14 de abril de 2019

El pensamiento del afuera (Michel Foucault)


“El sujeto que habla no es tanto el responsable del discurso como de la inexistencia en cuyo vacío se prolonga sin descanso el derramamiento indefinido del lenguaje”
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¿Qué sucede cuando no hablo? ¿qué sucede cuando el lenguaje se aleja de sí mismo?: que se convierte en un afuera, desnudando su propio ser y encontrando su vacío. "Afuera" no como exterior sino como intervalo, incluso como dispersión. “Hablo, miento”. En el vacío la palabra se hace a sí misma, ya no hay sujeto que habla, sino la palabra de la palabra.

Situarse fuera y encontrarse al final, más allá de todo, de nada. Si pienso, dentro; si hablo, afuera. Evitar el bucle y despeñarse hacia el interior descifrando el rumor: “que una vez que haya alcanzado el límite de sí mismo, no vea surgir ya la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va a desaparecer; y hacia ese vacío debe dirigirse, aceptando su desenlace en el rumor, en la inmediata negación de lo que dice, en un silencio que no es la intimidad de ningún secreto sino del puro afuera donde las palabras se despliegan indefinidamente”

Leer a Foucault es una experiencia tan inextricable como pura.

viernes, 12 de abril de 2019

Punto Omega (Don DeLillo)


“Cada momento perdido es la vida”

Una vez alcanzado el punto más alto de la evolución de la consciencia, nada queda material y todo es espíritu. El Punto Omega es el final o tal vez un principio, pero todo principio (salvo uno, tal vez) viene precedido de un final. ¿Dónde queda lo espiritual, en un mundo cada vez más material y diligente, apresurado? Corre, corre, no vayas a pararte y te dé por pensar y, sobre todo, por mirar.

Si bien la historia es aparentemente sencilla, la estructura de “Punto Omega” es compleja y profunda. Lo que DeLillo narra está por encima de la trama. Reflexivo en lo que dice pero también en lo que omite. El extrañamiento, lo cotidiano (lo devorador de la rutina), la soledad, el silencio, la mirada, las raíces. La vida, eso que pasa mientras creemos que vivimos.

Una lucidez inquietante la de DeLillo. No os preocupéis por la resolución de la trama (la resolución siempre será el Punto Omega) sino por la ansiedad y la inseguridad provocada. Terminaremos exhaustos, derrotados y quién sabe si a partir de ahí podremos regenerarnos si forzamos la mirada, si nos fijamos mucho y bien, porque las respuestas pueden estar en “la profundidad de las cosas tan fácil de no ser percibida en la costumbre superficial de ver”

Ver/mirar

La vida no se puede reducir a palabras, nunca, porque la verdad transcurre en soledad (“las demás personas son un conflicto”) y la vida transcurre buscándonos a nosotros mismos mientras miramos de reojo a la muerte. Si lo difícil lo es porque lo estamos haciendo mal, tal vez lo fácil sea como un haiku: breve, sencillo, poético. E introspectivo.

Don Don DeLillo, a sus pies.

©AnaBlasfuemia

miércoles, 10 de abril de 2019

Mujeres en la cama (Gina Berriault)


“A eso se reduce todo: a nada”

Parece demoledor que todo se reduzca a nada. Pero si tuviéramos la nítida conciencia de que todo se reduce a nada quizás viviríamos más de acuerdo con cómo y qué queremos vivir.

De un libro de relatos espero que sean microuniversos que comparten una atmósfera en común, una especie de sello personal o marca de la casa de quien los ha escrito. Y espero que los finales de cada relato no descompongan ese microuniverso creado, sino que los enriquezca sin romper la armonía creada.

Dos aspectos destacan en estos relatos: la sutileza narrativa de Berriault y el trato amable, cuidado y profundo de los personajes.  Lo que hay entre líneas, ese espacio intermedio entre quienes somos y quienes queremos ser, lo que deseamos y lo que tenemos, la vida que queríamos y la que realmente vivimos (queriéndola o sin quererla), la necesidad de que nos vean tal y como sentimos que somos, la búsqueda de la identidad... En esa zona se desenvuelve Mujeres en la cama.

Detrás de esa amabilidad con la que Berriault construye sus personajes, está el enigma que somos cada persona, ese filo punzante que nos mantiene siempre alertas, incómodos, conscientes de que algo falta, algo falla, algún desierto que necesitamos poblar o quizás convertir en vergel y no sabemos cómo o quizás no sabemos dónde o quizás pensemos que es una alucinación, algo que no nos pertenece.

Y así, bajo una apariencia calma, fácil, transitas por los relatos sabiendo que hablan de raíces, de heridas, de vacíos e insatisfacciones, de secretos y silencios, de esos espacios en los que se dobla una esquina. Las crisis personales se contemplan como puntos de inflexión, esos momentos cruciales en los que pasamos de ser cóncavos a convexos o viceversa, en cualquier caso ya no volvemos a ser exactamente los mismos.