viernes, 10 de agosto de 2018

Mía es la venganza (Friedrich Torberg)

Título original: Mein ist die Rache
Traductora: Lidia Álvarez Grifoll
Páginas: 114
Publicación: 1943 (2011)
Editorial: Sajalin
Sinopsis: En una brumosa mañana de noviembre de 1940, un hombre espera en el muelle de Nueva Jersey la llegada de unos amigos procedentes de Europa. En más de una ocasión su mirada se detiene en la figura frágil y encorvada de un extranjero que arrastra inquieto su pierna izquierda por la sala de espera y el muelle. Cuando el hombre le pregunta a quién espera, el extranjero le responde que son muchos, exactamente setenta y cinco, aquellos que deberían llegar. Y sin embargo, nunca llega nadie. Luego, en una larga conversación, el extranjero evoca con todo detalle el estremecedor recuerdo de lo sucedido años atrás en el campo de concentración de Heidenburg, cerca de la frontera holandesa, y el dilema planteado entre los judíos allí encerrados: Abandonar toda resistencia y conceder la venganza a Dios, o morir ejecutando al verdugo.
… y aquella miserable búsqueda convulsiva de algo que pareciera un punto luminoso… ¡y qué no parecería una luz en esa oscuridad!
Dentro de la literatura sobre la IIGM, busco especialmente la de aquellos que la vivieron, que la sufrieron. Porque siempre tienen algo nuevo que añadir, porque necesito desmontar explicaciones simplistas y monolíticas que den una falsa sensación de seguridad, de creencia de que lo que ocurrió es pasado, que no hay que removerlo y que no volverá a suceder. Extraer las raíces de lo sucedido, identificar cada serpiente que crece entre los rizos de Medusa.

Mía es la venganza fue escrito por Torberg en 1943, y es uno de los primeros textos antinazis conocidos. Torberg, perseguido por los nazis, huyó primero a Francia y luego a EEUU, a donde llegó gracias a PEN Club Internacional (una asociación mundial de escritores), que le consideraba uno de los diez eminentes escritores antinazis. Finalizada la guerra, volvería a Austria. Será en EEUU donde, en 1943, escribiera Mía es a venganza.
Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado. (Deuteronomio 32:35)
Una de las cosas que más llamaron mi atención es cómo, ya en 1943, Torberg tenía una visión tan lúcida y profunda de lo que sucedía en los campos de concentración. El campo de concentración, ficticio, en el que se desarrolla Mía es la venganza, es un campo considerado “no tan malo” (incluso en el infierno, cuando uno está dentro, hay categorías). Pero solo será así hasta que llega a él el jefe de la SS Hermann Wagenseil.

El sádico e inhumano Wagenseil promoverá terribles e insidiosas torturas a los judíos hasta llevarlos al suicidio, robándoles la dignidad, el consuelo y toda posibilidad de esperanza sin necesidad de hacerlos pasar por una cámara de gas o un pelotón de ejecución. Incluso les arrebata el “nosotros” al pulverizar todo sentimiento de solidaridad. Wagenseil consigue inocular el miedo, las dudas, el terror entre los prisioneros.

Ojo, este libro no va sobre la masacre y el exterminio… va sobre las raíces del mal y la barbarie, y también es una reflexión profunda y lúcida sobre la venganza, los conflictos internos y las decisiones. Pero también muestra cómo llevar a un ser humano a sus propios límites, dejarle sin fortaleza física y a partir de ahí destrozar los cimientos mentales que nos sostienen. Quienes se hayan preguntado el porqué muchos judíos no lucharon, no se rebelaron, aquí encontrarán respuestas.
Mientras alguien aún tenga la esperanza de que les tocará a todos, pero a él no; mientras tanto, nos seguirá tocando a todos.
En las primeras páginas, Torberg, en boca del hombre que espera en el muelle, un día y otro, a 65 personas (qué imagen más brutal y simbólica, una vez terminado el relato) ya nos advierte: No es una historia que se explica para pasar el rato y se escucha para pasar el rato. Y así es, aunque te puedes quedar ahí, como con todas las lecturas, pasando el rato. Pero es innegable el afán reflexivo y de resistencia de Mía es la esperanza, un libro despiadado, duro, que justifica la no violencia en un sorprendente final.

El libro contiene también otro relato corto, El regreso del Golem, que aborda el mismo tema (¿cómo luchar contra la barbarie: usando la violencia o confiando en la venganza del Señor?), y aunque lastrado por el magistral relato que da título al libro, lo complementa añadiendo argumentos a la reflexión de fondo.
Es nuestra venganza y nos vengamos constantemente: porque existimos y todavía seguimos existiendo.
No es tan sólo conociendo la historia como podemos evitar tropezar de nuevo en la misma piedra. Es sobre todo conociendo sus raíces, aquello que provocó sucesos que deberían avergonzar a los seres humanos de por vida. Y la única forma es desmenuzar el alma humana, tan compleja, hecha de mimbres personales, sociales, religiosos, miedos, creencias, verdades y mentiras. Tantas cosas.

En definitiva, muy impactante cómo Torberg construye dos relatos (especialmente Mía es la venganza) en los que no sólo ahonda en las raíces del nazismo, sino también en cómo enfrentarse a ellas: existiendo (y  no se refiere tanto al existir personal como al existir de algunos valores).


8 comentarios:

  1. Hola Ana!! Por todo lo que cuesta es un libro que me llevo anotadísimo, me llama mucho y creo que es una lectura que disfrutaría mucho. ¡Gran reseña! Nos leemos!! Besos!!

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    1. Hola! No sé si estas lecturas se "disfrutan", pero desde luego se reflexionan mucho.

      Un abrazo

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  2. Desde luego, debe de ser cierto lo que dices de que no basta conocer la historia para evitar repetirla porque, de lo contrario, o bien hay mucha ignorancia o el mundo no estaría como está. La literatura (la buena literatura) siempre me ha parecido una herramienta muy efectiva para reflexionar sobre las raíces de muchas cosas. Y me parece enorme y maravillosa la idea de existir (y de elegir cómo llevar a cabo esa existencia) como venganza.
    Un abrazo

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    1. Viendo lo visto parece evidente que no sólo tropezamos dos veces con la misma piedra, es que la buscamos para ir a tropezar con ella las veces que haga falta. Y la literatura me parece a veces mucha mejor (y más certera) información que las hemerotecas de la época...

      Un abrazo

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  3. Brutal tiene que ser este libro por lo que cuentas. Anotado me lo llevo, que no lo conocía.
    Besotes!!!

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    1. Brutal como muchas realidades pasadas (y presentes).

      Un abrazo

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  4. Cuando la gente dice que ya está harta de historias sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la Guerra civil, yo siempre digo que nunca me harto porque necesito entender y aunque sé que nunca voy a conseguirlo del todo, con cada libro (buen libro) y película (buena película) avanzo un poquito más en ese difícil camino.
    Sí, lo importante es conocer las causas, las raíces que pudieron dar lugar a tales barbaridades en un mundo que se creía (que se cree) civilizado; y lo terrible, ver, como dice Lorena, que parece que nada se aprende.
    Me han fascinado Zweig y Primo Levi en sus relatos de lo que sucedió y ahora me fascinará este autor al que no conocía.
    Un beso.

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    1. Nunca se cuenta lo mismo de la misma manera. No todas las realidades de la realidad se han contado, así que cerrarse a leer sobre el tema, sobre todo si son testimonios directos o personas que lo han vivido, me parece un error.

      Si lo lees, ya contarás.

      Un abrazo

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En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer