viernes, 4 de noviembre de 2016

La niña de oro puro (Margaret Drabble)

Título original: The Pure Gold Baby
Traductor: Antonio Rivero Taravillo
Páginas: 296
Publicación: 2013 (2015)
Editorial: Sexto Piso
Sinopsis: Jessica Speight es una joven talentosa que estudia Antropología en el Londres de los años sesenta, pero cualquier previsión sobre su futuro se ve seriamente comprometida cuando, fruto de una relación con un profesor casado, queda embarazada y debe afrontar, en soledad, las repercusiones de su decisión de tener al bebé. Una decisión que cambiará su vida, sobre todo cuando quede patente que su hija Anna no es igual que los demás niños: Anna será una niña eterna, una niña de oro puro, siempre inocente y alegre, aunque necesitada de atenciones y cuidados continuos. Pero también será una presencia benéfica, un nodo que articulará toda una serie de relaciones y afectos tremendamente positivos a su alrededor.
Su hija resultó ser uno de esos niños especiales. Ustedes los conocen, los han visto. Los han visto en parques, en supermercados, en aeropuertos. Son los niños felices, y una se fija en ellos porque son felices. Sonríen a los extraños; cuando una los  mira, reaccionan sonriendo. Nacieron así, se dice una, mientras prosigue pensativa su camino.
Me caen bien los libros que me sorprenden. He trabajado durante mucho tiempo con niños especiales. Ellos me han hecho especial. Me han enseñado muchísimo más de lo que yo nunca podré enseñarles a ellos. Últimamente busco cicatrizar mis heridas cuando leo, trato de aprender y comprender, también de aceptar. Pero necesitaba regresar a mi zona de confort, recordaba tener una y que hace mucho tiempo estoy fuera de ella. Por alguna razón, pensé que este libro, aunque parezca extraño, me devolvería durante unos días a algún lugar de apariencia indolora y cómoda y engañosa tranquilidad. Sí, es extraño, porque la mayoría de las personas pensaréis que la discapacidad (di-capacidad) es un tema doloroso, sobre todo la discapacidad en niños (que algún día llegarán a ser adultos). Pero tengo ideas muy mías sobre este tema. Así que decidí leer este libro, cruzando los dedos para que Drabble no hiciera un dramón sobre Anna y su discapacidad. 
Jess ha entregado la mayor parte de su vida al amor exclusivo, incondicional y necesario. Ésta es su historia, que presuntuosamente me he impuesto intentar narrar.
Decía que me caen bien los libros que me sorprenden. La niña de oro puro me ha sorprendido. Podríamos pensar que nos iba a hablar de Anna. O de la lucha de Jess por su hija. Y sí, pero no. La clave, sin duda, está en Nellie (cuyo nombre sólo aparece una vez en el libro). ¿Quién es Nellie? Una amiga de Jess. Es la narradora que nos va a contar la historia de Jess. Pero en realidad nos miente un poco, o un mucho. No es la historia de Jess que nos cuenta, que también, o la de Jess y la de Anna (y algunos personajes más). Es la historia de todos, la historia de una sociedad que transcurre desde los años sesenta hasta la actualidad. Y es también la historia de la propia Nellie, que escribe sobre la historia de Jess pero que poco a poco cuenta también la suya, quizás porque entre líneas, lo que no cuenta (pero sí), haya otras historias silenciadas (¿de qué me suena esto?).
No tendría que haber escrito nada de esto. No tengo derecho […] No sabe que yo he estado escribiendo esto. No creo que sea capaz de decírselo nunca.
No quiero liarme ni liaros, pero lo voy a hacer (sin querer, pero lo voy a hacer). Drabble escribe de forma brillante y construye un libro inteligente. ¿Sobre qué? Sobre el paso del tiempo y lo que hacemos con nuestras vidas. Y lo que no hacemos con ellas. No hay nada dramático a lo largo de las páginas, nada turbulento. O sí, las hay, pero no hay giros en torno a esos momentos más intensos o tumultuosos. Porque la vida es así: no se detiene, no se para, aunque tu mundo estalle en mil pedazos. Y entonces Drabble, sagaz, tampoco lo hace. La historia no parece ir a ninguna parte. Y no va a ninguna parte (¿o sí?). Como la vida, vaya. Se va, sin más. Con nuestras renuncias, nuestros aciertos, nuestros errores, nuestras cegueras, nuestros riesgos… Se va.
Lo que sentía por aquellos niños, como habría de darse cuenta algunos años después, era una ternura proléptica.
Así empieza el libro y enseguida me llamó la atención la expresión de “ternura proléptica”. Como no lo tenía claro fui a buscar el significado de la palabra “prolepsis”. 

La palabra prolepsis y proléptico se repite varias veces a lo largo del libro. No me pareció casual que así fuera, siendo una palabra tan al margen de un vocabulario habitual. Drabble la repite intencionadamente, así que a la segunda vez que me encontré la palabrita de marras, tuve a mano todas las definiciones que aparecen en la RAE y me adentré hasta en artículos de filosofía que hablaban de “finalidad proléptica”. Que si no he entendido mal, porque telita con el concepto filosófico, viene a ser una especie de conducta dirigida a un fin. Hasta aquí, fácil. Pero dirigirse a un fin parece que implicaría tener una anticipación mental del futuro. Pero el futuro no es predecible, sólo imaginable. Así que en realidad nos proyectamos hacia el futuro… desde el pasado (desde lo que conocemos). Nos dirigimos hacia quien queremos ser a partir de lo que somos e imaginamos, de lo que llevamos en la mochila con la etiqueta de “pasado”. No quiero enrollarme más de lo necesario, pero no, el uso de la palabra prolepsis no es casual. En ninguna de sus acepciones. Para muestra, un botón:
Al mirar al pasado simplificamos, olvidamos los abismos, las dudas y los arrepentimientos, y sólo vemos el brillante contorno del cuento que nos hemos contado a nosotros mismos para mantenernos vivos y esperanzados, el brillante contorno que nos condujo al futuro. El camino radiante.
¡Ecco! Ahí está. Eso es. 

He dicho que es un libro inteligente. Lo es. Hasta el punto de que cosas que me chirriaban como el exceso de párrafos sobre antropología terminaron resultándome interesantes y muy instructivos. Hay mucha cultura atravesando estas páginas: pintura, literatura, escultura… Se abordan muchos temas (antropología, urbanismo, relaciones de pareja, amistad, cambios sociales, instituciones, sanidad, servicios sociales, maternidad, paternidad, conciliación familiar…) Hay también ironía (“Las familias sabían cómo transferir la culpa antes de saber que los genes existían”) y críticas (no tan) veladas (“Entonces no sabíamos nada del colesterol. No se había inventado”). 
Eso es lo que hacemos: encontramos un pequeño y oscuro rincón de terreno cómodo y familiar, nos acurrucamos en él y morimos. O intentamos morir. Retrocedemos, nos mecemos hacia adelante y hacia atrás, volvemos a subir a la cuna, a la cabaña de juegos, a la casita de juegos. Nos convertimos en niños pequeños y tratamos de gatear hasta un lugar seguro, hasta un lugar conocido que no sea necesario explorar. Perdemos nuestro espíritu aventurero, nos apartamos con miedo de los bosques inexplorados y las aguas resplandecientes, y buscamos la comodidad y el consuelo de un pequeño espacio conocido, donde nos aferramos a nuestra manta chupeteada, a nuestro viejo y gastado conejo, cerdito u oso de lana. Una zona de confort, ahora la llamamos así.
Desafortunadamente, dirán algunos, hace tiempo que mi zona de confort saltó por los aires. Afortunadamente, digo yo (y dolorosamente, añado).

Un libro sólido, de elaboración entramada, lenta, fuerte, con poco dejado al azar. No me ha arañado, no, Drabble pone una evidente distancia sentimental en pro de la construcción narrativa. Pero quién va a reprocharle eso, si yo quise zona de confort durante unos días. Adiós, zona de confort. Hola, intensidad alocada. Hola, vida.
Estamos a merced de lo que suceda. Creemos que hay un hilo, una historia, pero estamos a merced de lo que suceda.

33 comentarios:

  1. Creo que saldría demasiado de mi zona de confort, y últimamente siempre que lo hago la experiencia acaba en desastre, así que no sé yo... De momento lo dejo pasar.

    Un besito.

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    1. Xavier, cada cual sabe su zona de confort y qué dejar dentro y qué fuera. Las lecturas en las que está inmerso cada cual es tan personal que nunca me atrevería a decirle a nadie que lea algo que siente que no encaja en ese momento ;)

      Un abrazo

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  2. No termina de convencerme esta vez lo dejo pasar.
    Un beso ;)

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    1. Tampoco trato de convencer a nadie, solo lo cuento ;)

      Un abrazo

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  3. No me atrae, la verdad. No encuentro el qué, y dices muchas cosas que me suelen apartar de las lecturas, como ese no ir a ninguna parte aunque al final sí se le vea el sentido. Es muy sí pero no todo el tiempo. De lo que me alegro es de que no montara el dramón barato.
    Un abrazo

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    1. Tal vez la expresión de que no va a ninguna parte no sea la adecuada. Lo que quiero decir que cuando se cuenta una vida, una época, no se trata de llegar a ningún lado, sino de exponer un tiempo y unas vivencias.

      Un abrazo

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  4. Interesante la propuesta, me parece un libro que te da oportunidad de reflexionar sobre lo que vamos haciendo con nuestras vidas.
    Sobre el tema de la discapacidad, he escuchado de familias con hijos discapacitados que la capacidad de amar, de dar y recibir de estos niños es una experiencia única y que tienen mucho que enseñar a aquellos que nos llaman normales o capacitados.
    Un saludo

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    1. Que un libro me enseñe cosas y que además me haga reflexionar es una de las razones por las que leo. No quiero generalizar con el tema de la discapacidad, pero sin duda son personas con una mirada diferente de la que debiéramos de aprender.

      Un abrazo

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  5. No sólo. Estamos a merced de lo q suceda hasta cierto punto. alguien dijo que lo importante o lo interesante no es lo que te sucede sino lo que haces con lo q te sucede. ME lo llevo anotado.

    A veces hay q coger impulso para seguir, para eso están las zonas de confort,como tregua para seguir luchando o resistiendo, o ambas cosas.
    Abrazo.

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    1. Cierto, cuenta lo que hacemos con lo que nos sucede. Pero ese componente inesperado de las cosas que nos pasan sin buscarlas está ahí, obligándonos a reajustarnos constantemente. No tenemos el control de decidir sobre lo que nos pasa. Pero sí, es verdad, de lo que hacemos con ello.

      Hacer de la zona de confort una especie de respiro para impulsarnos se ajusta más a mi idea que la de hacer de esa zona de confort un lugar para vivir.

      Un abrazo

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  6. Creo que este libro no es para mí, pero al menos he aprendido el significado de la palabra prolepsis ;-)

    Besos!

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    1. Uf, lo que me costó a mí la palabrita. No tanto por el significado, sino por meterme a mirar el concepto filosófico. Pero está bien aprender, siempre.

      Un abrazo

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  7. Hola Ana
    Lo que en mi forma de ser es mi lugar de confort, siempre muy (demasiado) protegido, casi encerrado por que así quiero, se convierte en literatura en que no tengo lugar de confort, dentro de los límites de la literatura que admiro (sea poesía, teatro, ensayo, cuentos, novela corta, larga...) Lo recorro todo con placer a veces, con curiosidad las más. Un libro como esté que habla de tantos temas y desde ese punto de vista del narrador me resulta atractivo, el tema si es contado con destreza y sin demasiada decoración teatral trágica, me atrae.
    Un abrazo
    PD; yo también, hoy mismo, he aprendido una palabra gracias a un amigo poeta: Obseder.
    pero no obsedo con ello :)

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    1. Creo que has definido bien las lecturas que yo busco ahora: aquellas que no son precisamente lugar de confort, sino de interrogantes, de expansión, de inquietud, de aprendizaje... Este es un libro curioso, toca muchos temas, es bastante culto, aprendes, te cuestionas. No hay dramatismo, solo expone e inquiere.

      Pues no conocía tampoco la palabra de obseder. El problema que tengo con algunas palabras nuevas que conozco... es que se me olvidan :(

      Un abrazo

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  8. Me gusta, la reseña con todas sus reflexiones, y también creo que podría gustarme el libro... bueno, si le quitamos eso de que va sin rumbo fijo, lo cual no estoy segura de si es bueno o malo. Me has dado qué pensar con la reseña, y con esa selección de citas.
    Un beso.

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    1. El libro es curioso. Como comento, aprendí muchas cosas, y en cierta forma me gustó esa distancia emocional, lo que me permitió una lectura relajada, sin arañazos. Explico arriba lo de que no va a ningún sitio: al contar una época, una vida, pues no tiene necesidad de llegar a ningún lado, a ninguna resolución. Expone unos años, unas vidas...

      Un abrazo

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  9. Leer tus reseñas es ya un placer en sí mismo. Hay reseñas que leo para informarme sobre algún libro, pero leer las tuyas, además de informar,es un fin en sí mismo. Las leo con el placer y la expectativa con que leo las novelas. Lo "malo" es que haces aumentar mi listas a libro por reseña. Esta me parece preciosa y el libro, por lo que cuentas y las citas que introduces, imprescindible.
    Un beso.

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    1. Pues gracias, Rosa. Al menos eso te llevas, porque ya sabes que aquí las reseñas no son tales (ni lo pretenden), sino contarme a través de lo que leo. Las listas que tenemos nos desbordan, yo estoy aprendiendo a gestionar la mía sin que me abrume demasiado.

      Un abrazo.

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  10. Me gustan tus líneas acerca de las reflexiones que dispara el texto, aunque no se si me convence el contenido. Lo tomaré en cuenta, igualmente.
    Gracias por la reseña, Ana.
    Ah! Aprovecho para comentarte que acabo de conseguir el de Angelou.
    Un gran abrazo.

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    1. En caso de duda, ya sabes, Marcelo: que el libro decida por sí mismo. Los libros que nos tienen que llegar, nos llegan aún sin buscarlos.

      El de Angelou te encantará. Es una apuesta segura.

      Un abrazo.

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  11. No conocía el libro pero me has convencido.
    Abrazo!

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    1. Pues presentado el libro, ahora que te convenza la lectura ;)

      Un abrazo

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  12. Parece una lectura muy intensa, para la que hay que estar bien preparada. No sé si es mi momento, pero te agradezco que me la des a conocer. Por cierto, hay que ser muy valiente para hacer frente a la desaparición de esa "zona de confort". Abrazos.

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    1. Yo no diría que es una lectura intensa, al menos emocionalmente. Por ahí puedes estar tranquila. Y tampoco diría que soy valiente por enfrentarme a vivir fuera de la zona de confort: a la fuerza ahorcan, Marisa. Y al final y al cabo, lo he decidido yo.

      Un abrazo

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  13. A mí sí me interesa, no sólo por el tema de la discapacidad (nunca me ha gustado esa palabra, tampoco la de minusvalía) sino también por todos los temas sociales que aborda. Además, me llama mucho la atención que sea una amiga la que narra la historia, creo que pude ser una perspectiva interesante.
    No todos los libros tienen por qué removernos o tocarnos emocionalmente, también están los que nos hacer reflexionar y reconsiderar. Son también necesarios y se agradece también el descanso.
    Un abrazo

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    1. No creo que haya palabra que defina esa situación que nos vaya a gustar... El libro, como cuento, aborda muchos temas y eso, en este momento, me gustó, sobre todo porque no es un libro en el que me implicara emocionalmente ni me removiera. O si lo hacia, era desde una distancia más que prudente.

      Un abrazo

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  14. A mí me han hecho muy feliz muchos niños especiales. Me han enseñado más que mil libros y mil maestros. Sólo por eso creo que ya leería este libro, aunque también, por aquello de divagar en temas tan diversos, esté alejado de mi zona de excursión. Pero oye, cada vez me cuestan menos las excursiones.
    Besos.

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    1. A mí también me han hecho muy feliz. Y he aprendido muchísimo. Me han moldeado en muchos aspectos. El libro no es que divague, es que es como la vida: avanza, sin más (ni menos). Disfruta de las excursiones, algunas no serán acierto, pero otras serán todo un descubrimiento, seguro.

      Un abrazo.

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  15. Me parece muy interesante el papel que asume el narrador y la reflexión sobre el pasado, la memoria y la construcción o proyección del propio futuro. Parece un libro profundo, nada frívolo (¿confort en qué sentido? ¿te refieres a lo emocional?). Pues eso, que me lo llevo anotado.
    Saludos.

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    1. Lo interesante es cómo el narrador termina adquiriendo un papel distintos, no tan objetivo, más implicado en la propia narración, pasando a formar parte de la "trama". El caso es que esto parece que solo lo he visto yo, jajaja, es curioso... Confort en todos los sentidos, Gerardo: emocional, vital...

      Un abrazo.

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  16. Me gusta, además yo disfruto con los libros que distancian el sentimentalismo de la narración y dejan que ese sea el trabajo del lector, para que cada cual recorra laparte que considra necesario sin sentirse empujado de la mano hacia zonas que tal vez jamás transitó.
    Echaré un vistazo
    Besos

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    1. Este libro mantiene esa distancia constantemente, por eso me vino bien en este momento. No todos los libros que me remueven siento que me están empujando a ello (eso ya lo hago yo solita), pero desde luego este no hace ni el amago.

      Un abrazo.

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  17. Creo que lo voy a dejar pasar por el momento, últimamente lo he intentado con lecturas más intensas y el resultado no ha sido el que esperaba, se que es por el momento, así que ya pasará
    Besos

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