miércoles, 5 de octubre de 2016

El árbol (John Fowles)

Título original: The Tree
Traductora: Pilar Adón
Páginas: 112
Publicación: 1979 (2015)
Editorial: Impedimenta
Sinopsis: Publicada por primera vez en 1979, El árbol, una de las pocas obras en las que el novelista John Fowles exploró el género ensayística, supone una reflexión enormemente provocativa sobre la conexión entre la creatividad humana y la naturaleza, además de un poderoso argumento contra la censura de lo salvaje. Para ello Fowles recurre a su propia infancia en Inglaterra, en la que se rebela contra las estrictas ideas de su padre, que vive obsesionado con la «producción cuantificable» de los árboles frutales, y en su lugar decide abrazar la belleza de la naturaleza no modificada por el hombre. 
Puedes leer las primeras páginas AQUÍ
Lo que está en verdadero peligro no es tanto la naturaleza como nuestra actitud hacia ella.
No creo en nada. Excepto en una cosa: la naturaleza. Bueno, y en los libros. Algunos libros. Agosto es un mes cruel. Duro, muy duro. Creo que es el mes más feo del calendario. Necesité, aún lo necesito, naturaleza para respirar. Como no podía acercarme a ella acudí a los libros para encontrar un remedo de la misma. Concretamente a esta delicia que nos ofrece Impedimenta, una editorial a la que tengo mucho cariño. Y con traducción de Pilar Adón, a quien le tengo más cariño todavía. 

Yo no sé si existe el “ensayo autobiográfico” como género  literario (sé poco de todo), pero si existe yo diría que estamos delante de uno. Un ensayo sobre la naturaleza atravesado por lo personal, lo autobiográfico. De hecho Fowles inicia esta obra hablando de su padre. Y ahí tengo ya la primera reflexión para darle vueltas: cómo acabamos siendo lo que somos a veces por oposición a lo que fueron nuestros padres, por los desacuerdos, las huidas, como escapándonos de aquello que percibimos casi como una imposición (aunque no lo sea). Quizás porque necesitamos llegar a nosotros mismos sin condicionantes, con libertad, con conocimiento, información y experiencia. Yo que sé. Cosas que se me ocurren, se me ocurrieron, en las primeras páginas de este ensayo.
Somos incapaces de asumir la enorme indiferencia, la ultrahumanidad, de gran parte de la naturaleza.
Más cosas que pensé: las palabras. Nuevamente esa idea (que comparto plenamente) sobre que las palabras acotan, no llegan, vetan, no son suficientes. No bastan. Algo que a Lispector le martirizaba y exploraba continuamente y que de nuevo encuentro en Fowles. Aunque Lispector se refería principalmente a la naturaleza humana (y a los objetos que la rodeaban) y Fowles, aunque en el fondo también, lo plantea en torno a la naturaleza salvaje. 

He asociado naturaleza y salvaje casi como si fueran una sola palabra… Lo salvaje para mí es lo indomesticable por la mano y la voluntad del hombre, lo que se rige por sus propias leyes. O sea: naturaleza. De esa es de la que nos habla Fowles, la naturaleza como una verdad incuestionable, sin dobleces ni múltiples y solapadas intenciones. Inexpugnable. Pero sin más propósito que su propia existencia. Una naturaleza libre e indomable a la que el hombre pretende domeñar constantemente: arrinconándola, destruyéndola, domesticándola (intentándolo), estudiándola y etiquetándola… Cuánto temor al caos…

Hay algo que me ha hecho sentirme bien conmigo misma en esta lectura. Soy una persona bastante ignorante, algo que siempre digo y que muchos creen que es falsa modestia cuando es una realidad impepinable. Leo mucho, tengo interés por muchísimas cosas, intento cosas que no están dentro de mis posibilidades, observo cada minuto, me subyugan los gestos sencillos, los pequeños acontecimientos, intento aprender continuamente… pero no desde el conocimiento, sino desde el sentimiento. Es decir: pocas veces recuerdo el nombre de las cosas, las fechas… los datos en definitiva. No intento retener los datos, sino las sensaciones. No soy una buena jugadora del Trivial, vaya… Así que fue un placer casi orgásmico encontrarme con esto:
Ponerle nombres a las plantas siempre implica categorizarlas y, por tanto, proceder a su recogida en un intento de poseerlas.
¡Aleluya! escribí al margen… Me sentí (un poquitín) menos rara. Para mí la naturaleza no es etiquetarla, ponerle nombre, conocerla enciclopédicamente. La naturaleza (para mí, insisto) es estar en ella desde quien se sabe inferior e ignorante, desde el respeto y la admiración y desde quien se siente privilegiada de poder disfrutar de la belleza, formar parte de ella desde el silencio, un silencio que no es sólo ausencia de sonido o palabras, sino conectar conmigo misma, una Ana Blasfuemia de miles de años, de siglos de edad, la edad de la tierra. La naturaleza me recuerda quién soy, quiénes somos, lo que dejamos atrás, lo que olvidamos. Me recuerda cuánto nos hemos alejado de valores naturales, sanos, limpios, también feroces y brutales y cómo, queriendo domesticar la naturaleza, nos hemos domesticado a nosotros mismos, perdiendo la esencia del alma humana: la libertad, el instinto. Y para eso, no hay palabras. No las hay. 
Pero lo que la naturaleza me aporta en mayor medida queda muy por encima de cualquier  expresión verbal. Tratar de enunciarlo  me situaría de inmediato en el mismo barco en el que viajan todos aquellos que se dedican a etiquetar y aspiran a poseer la naturaleza¸ es decir, me alejaría de lo que más necesito. De lo que quiero aprender.
Sobra decir que tiendo además a no etiquetar tampoco la naturaleza humana, el comportamiento de las personas. Sólo así puedo intentar comprenderlo, yendo más allá del encasillamiento de las etiquetas y de las palabras. Porque las palabras no alcanzan para describir la naturaleza, ni la salvaje ni la humana.

Fowles conecta el mundo de la naturaleza, los árboles, los bosques, con la ciencia, el arte, el proceso creativo. Claro, ahí está TODO, todas las respuestas: en la naturaleza. ¿No lo vemos? ¿no somos capaces de verlo?

27 comentarios:

  1. Pues gracias por la entrada, me llevo tu recomedación. Y gracias por el video, me ha gustado mucho tanto la música como las imágenes :-)
    Besos.

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    1. El vídeo es precioso ¿verdad? (me encanta la música de piano)

      Un abrazo

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  2. John Fowles, tela, casi nada…

    En mi mesilla, lugar donde tienes esos libros que necesitas al alcance de la mano, tengo su inclasificable “El mago”, una de las grandes obras de la literatura europea, además de “El coleccionista” que anda por mis estanterías.

    Todas tus reflexiones me han recordado mucho a una lectura “La inteligencia de la flores” de Maeterlinck, esa minuciosa observación de lo que nuestra mirada desprecia, ¿quién se fija en un brote de hierba que se abre paso entre el hormigón urbano?

    Por eso Maeterlinck sugería:

    "Los que las flores acaban de ofrecernos (indicios de inteligencia) son probablemente pequeñísimos, comparados con los que nos dirían las montañas, el mar, las estrellas, si sorprendiéramos el secreto de su vida.”

    Hasta donde yo sé, Ana, eres una profunda observadora de la naturaleza, y para quienes detienen el paso y la escuchan, la escrutan, siempre reciben algún mensaje valioso… sabiduría que no está en las enciclopedias…

    ¿Qué tú eres ignorante? Para lo que es importante, no.

    Cuídate

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    1. Tienes al mejor Fowles, por lo que veo :) Soy observadora, creo que va en mis genes, de esa manera inevitable de ser. A veces quisiera ser la observada, pero no es el caso :) Eso siento también en la naturaleza: que me ignora. Y esa sensación me provoca muchas reflexiones, esa invisibilidad ante la naturaleza. En fin, cosas mías.

      Un abrazo (y gracias)

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  3. Hola Ana
    Hay una frase que siempre me atrajo, me incomodó y fascinó a la vez: sé que el concepto naturaleza en Spinoza no es "la naturaleza" de la que normalmente hablamos como salvaje o .., es, en Baruch Spinoza, eso y muchísimo más -tanto como todo lo creado y lo creador- pero aún así encaja y alerta y acierta

    "Todas las cosas que hay en la naturaleza son o cosas o acciones. Ahora bien, el bien y el mal no son cosas ni acciones. Luego el bien y el mal no existen en la naturaleza". (Spinoza 1662)

    un saludo cúidate

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    1. Esa frase que has puesto, Wineruda... ufff... Entiendo perfectamente la incomodidad y la fascinación que te causa, porque me la ha provocado también a mí. Gracias por compartirla.

      Un abrazo.

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  4. No sé si disfrutaría de este libro tanto como lo has hecho tú. Lo que sí he disfrutado es con tu entrada. Con el libro lo intentaré. Y mira, tampoco soy de retener datos, o fechas o nombres. También suelo quedarme con las sensacions que me dejan. Vamos, que no hacemos buena pareja para jugar al trivial...
    Besotes!!!

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    1. Tiene que gustarte el ensayo, la naturaleza y Fowles para disfrutar del libro :)
      Está claro que lo nuestro no es el Trivial, tendremos que buscar otro juego para tener alguna posibilidad, Margari :D

      Un abrazo

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  5. Supongo que me gustará este libro, porque en la descripción que das de tí misma encuentro muchas, muchas, coincidencias. Hay algo en la naturaleza que también me predispone hacia ella, y creo que es, aparte de la sensación de soledad, sobre todo, asombro y fascinación.
    Saludos.

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    1. Aunque nunca tengo certezas en este sentido, creo que sí te gustará esta lectura. Y a mí me gustará leerte si comentas esta lectura.

      Un abrazo

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  6. Pues como casi siempre, has conseguido que me pique el gusanillo por leerlo. Sin embargo, creo que discrepo en lo de categorizar la naturaleza. Creo que ello no impide dejar que te envuelva. Al contrario, hay algo mágico en conocer la floración de una planta silvestre, o el sonido de un determinado ave. Diferenciar este pulgón de este otro. A veces, nombrar hace patente cosas que, de lo contrario, pasarían desapercibidas. Nombrar, creo, hace aún más grande el milagro de la vida. Aunque es sólo mi humilde opinión y desde luego muy sesgada! Un abrazo muy grande.

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    1. Que "facilona" eres, Rebeca :p Entiendo lo que comentas sobre categorizar la naturaleza, aunque Fowles lo plantea a nivel científico, no a ese nivel personal en el que, embobada, te gusta distinguir pájaros, árboles, flores, mariposas... Nombrar vuelve a las cosas más reales, pero casi siempre las palabras no consiguen encerrar todo lo que contienen.

      Un abrazo

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  7. Ana tu reseña me ha hecho pensar sobre la naturaleza salvaje, violenta, enfurecida, recobrando lo que es suyo...

    Hoy que hemos tenido un inicio de mañana con lluvias torrenciales cuando veía la fuerza de la lluvia, esos rayos iluminando el cielo, el agua correr arrastrándolo todo a su paso, es cuando te das cuenta de que la naturaleza nunca está dominada, sigue ahí, como en estado latente esperando para recuperar lo que es suyo.
    Me enternece cuando veo a una hierbecita brotando en medio de un cemento duro, su capacidad de resistencia, encuentra justo esa grieta que le proporciona la vida, me parece admirable lo sabia que es la naturaleza y lo poco que la escuchamos.

    Un abrazo

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    1. Es que eso me ha provocado el libro, si bien es verdad que son cosas que ya están dentro de mi desde hace tiempo. Me fascina la naturaleza, como si fuera un libro que nunca me canso de leer. Por cierto, tengo hechas algunas fotos de esas flores o hierbas que crecen en medio del asfalto. Tan rebeldes. Tan fuertes.

      Un abrazo

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    2. Pues si te animas a compartir esas fotos, será un placer verlas, se lo merecen por fuertes y rebeldes.
      Un saludo

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  8. Somos parte de la naturaleza, por más que nos empeñemos en alejarnos de ella, en situarnos por encima incluso. Creo que por ello ejerce sobre nosotros ese poder de fascinación y acabamos en parte volviendo a ella.
    Me gustan las reflexiones que te ha hecho aflorar este libro. Y a eso ha de llevarnos todo buen libro, sea novela, ensayo, ensayo autobiográfico,... en fin, no nos vamos a poner a etiquetar, dejémoslo en libro que hay que leer.
    Lo tendré en cuenta.
    Un abrazo

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    1. Somos naturaleza, de hecho. Pero quizás muchas veces seamos el renglón torcido de la naturaleza...

      Un abrazo

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  9. Me llamó mucho la atención este libro desde que lo mostraste en Instagram: parece que es una lectura de esas que echa raíces... Me gusta la Naturaleza y lo que puede hacer sentir este libro, lo anoto en la interminable lista. 1beso!

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    1. Tu lista sí que debe ser interminable, sí, jajaja. Yo ajusto cuentas con la mía... poco a poco. Muy poco a poco, ciertamente.

      Un abrazo

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  10. Es una obviedad, pero la naturaleza tiene mucho que aportarnos, vivir en armonía con ella debería ser una obligación, sin embargo se impuso el mandato cristiano de conquistar la tierra y ponerla al servicio del hombre (más que de la mujer, la verdad sea dicha), el marxismo remarco esa idea de que la naturaleza está a nuestro servicio en bien del progreso y de esos lodos, estos barros.

    Me gusta lo que cuentas del libro (no lo he leído).

    Un abrazo!!

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    1. Lo obvio no siempre resulta visible, o tan evidente como debiera por ser (precisamente) obvio. Creo que hoy en día invisibilizamos lo obvio con una facilidad pasmosa. Nunca, jamás, la naturaleza estará a nuestro servicio.

      Un abrazo

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  11. Tomo buena nota. El video precioso, por cierto, ideal para abstraerse.

    Un beso, feliz finde ;)

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    1. Soy muy devota de George Winston :) Aprovecho para re-re-recrearme un poco en el vídeo ;)

      Un abrazo

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  12. Leí el coleccionista y me gustó, pero creo que este libro es totalmente diferente. Me reflejo en lo sentimental, Ana. Por eso a veces me cuestan las palabras, porque lo que prima es aquello que va por dentro, que me encoge el corazón, me derrite el estómago o me incendia el hígado.
    Besicos

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    1. Tengo que retomar El coleccionista. Pero tengo tantos "tengo que"... Es un ensayo curioso, porque está tan impregnado de lo personal, sin ser sentimental ni mucho menos. Lo que va por dentro es intraducible en palabras, al menos en la mayoría de las ocasiones (y en mi caso).

      Un abrazo

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  13. Este libro me gustó muchísimo, Ana. Tengo pendiente hacer referencia a su lectura. Me entusiasmó encontrarme con un libro como este...con el que me identifico tanto y que como tú, nombra a la naturaleza, utilizando las palabras como un mago...y describiendo lo que muchos sentimos. Más en relación con la vivencia...es maravilloso. Me alegra que haya estado contigo y te haya acompañado durante un tiempo de tu vida, y haya despertado en ti una sensación agradable.
    Un abrazo

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    1. Yo estoy encantada con que ahora se publiquen más libros en esta línea. Errata Naturae está haciendo un buen trabajo en este sentido, y tengo varios ya en las estanterías. Irán cayendo (como las hojas en otoño) :)

      Un abrazo

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