sábado, 19 de octubre de 2013
Control biológico de plagas: pez grande se come al chico
De Ana Blasfuemia
Algunas veces me gusta matizar aquello que me preocupa y disfrazarlo con la suficiente distancia emocional como para que apenas me incomode y todo encaje de forma exquisita y refinada. Si acaso, una incomodidad liviana, como una brisa involuntaria. Y así, consigo que lo que me preocupa se desprenda como una costra superficial, como un perro que se sacude el agua de encima.
Pero otras veces lo que me preocupa, aún sin concretarse ni definirse, se instala en mí. La preocupación inesperadamente coge ínfulas de garrapata y por mucho que me amotine no consigo desprenderme de ella. Le doy plazos, reclamo mi sosiego, protesto con desesperación. Pero ni caso.
(©AnaBlasfuemia)
Algunas veces me gusta matizar aquello que me preocupa y disfrazarlo con la suficiente distancia emocional como para que apenas me incomode y todo encaje de forma exquisita y refinada. Si acaso, una incomodidad liviana, como una brisa involuntaria. Y así, consigo que lo que me preocupa se desprenda como una costra superficial, como un perro que se sacude el agua de encima. Pero otras veces lo que me preocupa, aún sin concretarse ni defini…
martes, 15 de octubre de 2013
Desgracia (J.M. Coetzee)
De Ana Blasfuemia
Título original: DisgraceTraductor: Miguel Martínez-LagePáginas: 264Publicación: 1999 (2000)Editorial: MondadoriCategoría: NarrativaISBN: 9788439706076Sinopsis: A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado; donde el idioma es una herramienta viciada que no sirve a este mundo naciente, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable.
Un libro tan duro como maravilloso. De esos que te dan fuerzas renovadas para seguir amando la literatura, de los que te hacen sentir el peso de la conciencia, la sangre correr en las venas y renuevan latidos adormecidos. Coetzee en este relato nos da razones (si es que hacían falta) para saber porqué es un justo ganador del Premio Nobel de Literatura.
Durante todo el relato nos va a llevar de la mano. Una mano firme y decidida (mucho más firme y decidida la mano de Coetzee que la de David Lurie). Y confiamos en él, aunque en un momento dado esa mano que nos guía se meta directamente en nuestras entrañas y nos la retuerza. Aun así nuestra confianza es incorruptible, porque Coetzee es bueno (muy bueno) escribiendo y manejando las emociones de los lectores; por tanto, seguimos confiando en esa mano que nos dirige por terrenos dolorosos, reales, tremendos.
Coetzee coge nuestro rostro y nos dice “¡mira!”, y no nos deja que cerremos los ojos (bendito sea) a la realidad, especialmente a la realidad de Sudáfrica, pero sobre todo a la realidad humana, esa que nos hace sentir una cosa y la contraria en centésimas de segundo, la que hace que acabemos aborreciendo aquello que hemos estado defendiendo a ultranza hasta hace un suspiro, o que nos lancemos a abrazar misericordiosamente a aquella persona que hubiéramos estrangulado ayer mismo sin ir más lejos.
No, esto no es un libro, es un puñetazo a nuestras conciencias, un meneo necesario para no adormecernos en nuestra cómoda, atolondrada y aletargada sociedad. No es una lectura fácil. Pero no lo es únicamente por su crudeza, lo es también por la complejidad de lo que nos cuenta Coetzee y cómo lo cuenta, de una forma exquisita, pero llena de matices, símbolos, mensajes (y los perros, la música, incluso las descripciones, no permanecen ajenos a esta complejidad, que en realidad es inherente a nuestra naturaleza).
Y pese a todo, no es un autor que de rodeos, es directo, contundente y muy poco hipócrita. No necesita dramatizar innecesariamente. No engaña al lector, al contrario: nos enriquece. Ante el conflicto, nos allana el camino para poder mostrárnoslo con claridad y sin tapujos. No deja que nuestra mirada se centre en un único elemento, sino que nos dota de una mirada calidoscópica para que podamos captar todos los matices, todas las razones, todos los prismas, todas las aristas. Nada parece suficiente para comprender del todo el alma humana, salvo el sano y complicado ejercicio de ponernos en el lugar del otro. En el alma del otro.
Y es que en las contradicciones que conforman nuestra manera esencial de ser es en lo que Coetzee pone el acento, y quizás nuestra redención esté en aceptar esos conflictos, en abrirnos a ellos, en no cerrarnos en lo que somos, inamovibles, y darle una oportunidad al cambio, aunque sea un cambio entre opuestos.
Y Coetzee, después de este paseo por lo humano, nos suelta de la mano. Y me vuelvo y le pregunto “pero… ¿y ahora?”. Me sonríe y me deja ir, ya llevo el libro dentro, terminada la lectura todo sigue ahí, no tengo respuestas pero, en cierta forma, he crecido y me he expandido. Algo ha cambiado en mí.
Un libro excepcional, inmenso, que nadie que ame la literatura debe dejar de leer. No hay excusas.
Título original: Disgrace Traductor: Miguel Martínez-Lage Páginas: 264 Publicación: 1999 (2000) Editorial: Mondadori Categoría: Narrativa ISBN: 9788439706076 Sinopsis: A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con u…
martes, 8 de octubre de 2013
El niño perdido (Thomas Wolfe)
De Ana Blasfuemia
Título original: The lost boyTraductor: Juan Sebastián CárdenasPáginas: 96Publicación: 1937 (2011)Editorial: PeriféricaISBN: 9788492865413Sinopsis: Estamos en 1904, en la época de la Exposición Universal celebrada en Saint Louis. La familia Wolfe se ha trasladado desde Asheville y ha abierto aquí un pequeño alojamiento para los vecinos de su lejana ciudad natal que visitan la Exposición. Grover Wolfe tiene sólo doce años, pero, según dicen todos, una sensibilidad y una madurez extraordinarias…
He aquí uno de los textos más hermosos de la literatura norteamericana del siglo XX: la búsqueda del «niño perdido», del hermano muerto. Una historia, en cuatro tiempos, contada por uno de los grandes narradores de los años treinta: Thomas Wolfe, quien construye, con telón de fondo de esa América provinciana que aún hoy nos fascina, una novela tan bella como intensa, perfecta en su estructura e inigualable en su poder de evocación.
Veo este librito
(apenas 100 páginas), me gusta la portada, me gusta la sinopsis. Veo que es de
la editorial Periférica, que ya me había regalado una joyita como Una biblioteca de verano y que sospecho es una editorial que sabe ofrecernos
historias pequeñitas en páginas y grandes, muy grandes, en contenidos. Así que
sí, me lo llevo. Tengo una corazonada.
Me siento en el
sofá, empiezo a leer… “La luz vino y se
fue y vino de nuevo, las atronadoras campanadas de las tres de la tarde
llenaron la ciudad entera de multitudinarios bronces, las suaves brisas de abril
le arrancaron láminas de arco iris a la fuente, hasta que el surtidor volvió a
palpitar en el momento en que Grover entraba en la plaza.”
¡¡¡¡aaaaaaaalto!!
Me detengo. Vuelvo a leer el primer párrafo. Despacio. Veo la luz venir y
volver a irse. Oigo las campanas con su sonido de bronce, un sonido
multitudinario. Siento la brisa suave sobre la fuente, las láminas de arco
iris, el surtidor desgranar el agua…. Aparece Grover en la plaza.
Me quedo
impactada por este primer párrafo, tan bello, tan poético. Y me digo que voy a
tardar en leer este pequeño libro que no llega ni a las cien páginas. Y voy a
tardar en leerlo porque lo voy a hacer despacito, disfrutando de lo que intuyo
que va a ser una lectura maravillosa. Saboreándolo.
Os lo anticipo, y
además lo voy a poner en mayúsculas. Estamos ante un libro MA-RA-VI-LLO-SO. De
lo mejor que he leído en mi vida. Y no nací ayer, tengo una vida larga (y he
leído mucho desde siempre). No sé qué busca cada cual en los libros, yo busco
muchas cosas: entretenimiento, aprendizaje, vivir otras vidas, viajar…, pero
sobre todo busco sensaciones. Y a alguien como yo que le fascinan las personas
y la comunicación y las relaciones entre personas, pues también siente inevitablemente
admiración por las palabras. Por lo que contienen las palabras. Así que también
busco en las lecturas magia. La magia de las palabras, lo que un escritor hace
con ellas, cómo las usa para compartir algo.
Thomas Wolfe (no
confundir con Tom Wolfe) hace MAGIA. Veo, siento, huelo, saboreo… soy Grover, y
luego soy su madre, y luego su hermana y finalmente su hermano (el propio
Thomas). Y me maravillo, como se maravilla Grover con todo. Como se maravillan
los niños, con el aquí y el ahora, y lo simple, y lo bello, y lo que te rodea,
y los pequeños detalles y todo eso que los niños saben que es maravilloso. El
ahora y el siempre.
Es un libro tan hermoso
que ha hecho que se me saltaran las lágrimas (literalmente) ante tanta belleza
y sensibilidad. No hablo de lo que cuenta, no sólo de lo que cuenta, hablo
también de cómo lo cuenta. De la infancia, de la pérdida, de la inocencia, de
la pérdida de la inocencia, de las heridas irreparables, de la vida, de la
familia, de la memoria, del pasado… Tantas cosas. Tantas cosas sólo con
detalles de cada día: un maravillarse por lo que te rodea, una gelatina de
chocolate, unas estampillas, un padre, un viaje en tren, dos hermanos
escapándose a la feria, una búsqueda, un volver a casa…
La novela
(nouvelle) es autobiográfica. El niño perdido es Grover, uno de los siete
hermanos de Thomas Wolfe, fallecido a los doce años de edad debido al tifus.
¡¡ALTO!! Ni se os ocurra descartar este libro por triste o duro. Os perderíais
una joya sublime. Una belleza. Una maravilla. Una obra perfecta. Una
genialidad. No es triste ni duro. Es conmovedoramente hermoso. Literariamente
es pura ingeniería. Un deleite para el lector. Una delicia exquisita. Un texto
con un gran poder evocador.
Se me han saltado
las lágrimas, sí. Me suele pasar cuando vivo algo bello (un paisaje, una
canción, una sonrisa, una imagen…), tan bello que me hace sentir terriblemente
viva y feliz (incluso privilegiada) de poder vivir momentos así.
¿Exagero? No. Es
lo que he sentido. Tal vez luego no sea vuestra percepción. Es un libro para
leer desnudos. Desnudos de superficialidades y banalidades. Con el alma desnuda.
Y entonces, la magia se produce. Y recuerdas porqué nos gusta vivir. Un libro
para leer en la intimidad de uno mismo. Y luego, compartirlo. Y saber que
estarás más cerca de aquellos a los que también les emocione intensamente esta
lectura.
Espero que no
quede dudas de que recomiendo este libro…
| Grover Cleveland Wolfe (1892-1904) |
Título original: The lost boy Traductor: Juan Sebastián Cárdenas Páginas: 96 Publicación: 1937 (2011) Editorial: Periférica ISBN: 9788492865413 Sinopsis: Estamos en 1904, en la época de la Exposición Universal celebrada en Saint Louis. La familia Wolfe se ha trasladado desde Asheville y ha abierto aquí un pequeño alojamiento para los vecinos de su lejana ciudad natal que visitan la Exposición. Grover Wolfe tiene sólo doce años, …
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