Título original: The lost boyTraductor: Juan Sebastián CárdenasPáginas: 96Publicación: 1937 (2011)Editorial: PeriféricaISBN: 9788492865413Sinopsis: Estamos en 1904, en la época de la Exposición Universal celebrada en Saint Louis. La familia Wolfe se ha trasladado desde Asheville y ha abierto aquí un pequeño alojamiento para los vecinos de su lejana ciudad natal que visitan la Exposición. Grover Wolfe tiene sólo doce años, pero, según dicen todos, una sensibilidad y una madurez extraordinarias…
He aquí uno de los textos más hermosos de la literatura norteamericana del siglo XX: la búsqueda del «niño perdido», del hermano muerto. Una historia, en cuatro tiempos, contada por uno de los grandes narradores de los años treinta: Thomas Wolfe, quien construye, con telón de fondo de esa América provinciana que aún hoy nos fascina, una novela tan bella como intensa, perfecta en su estructura e inigualable en su poder de evocación.
Veo este librito
(apenas 100 páginas), me gusta la portada, me gusta la sinopsis. Veo que es de
la editorial Periférica, que ya me había regalado una joyita como Una biblioteca de verano y que sospecho es una editorial que sabe ofrecernos
historias pequeñitas en páginas y grandes, muy grandes, en contenidos. Así que
sí, me lo llevo. Tengo una corazonada.
Me siento en el
sofá, empiezo a leer… “La luz vino y se
fue y vino de nuevo, las atronadoras campanadas de las tres de la tarde
llenaron la ciudad entera de multitudinarios bronces, las suaves brisas de abril
le arrancaron láminas de arco iris a la fuente, hasta que el surtidor volvió a
palpitar en el momento en que Grover entraba en la plaza.”
¡¡¡¡aaaaaaaalto!!
Me detengo. Vuelvo a leer el primer párrafo. Despacio. Veo la luz venir y
volver a irse. Oigo las campanas con su sonido de bronce, un sonido
multitudinario. Siento la brisa suave sobre la fuente, las láminas de arco
iris, el surtidor desgranar el agua…. Aparece Grover en la plaza.
Me quedo
impactada por este primer párrafo, tan bello, tan poético. Y me digo que voy a
tardar en leer este pequeño libro que no llega ni a las cien páginas. Y voy a
tardar en leerlo porque lo voy a hacer despacito, disfrutando de lo que intuyo
que va a ser una lectura maravillosa. Saboreándolo.
Os lo anticipo, y
además lo voy a poner en mayúsculas. Estamos ante un libro MA-RA-VI-LLO-SO. De
lo mejor que he leído en mi vida. Y no nací ayer, tengo una vida larga (y he
leído mucho desde siempre). No sé qué busca cada cual en los libros, yo busco
muchas cosas: entretenimiento, aprendizaje, vivir otras vidas, viajar…, pero
sobre todo busco sensaciones. Y a alguien como yo que le fascinan las personas
y la comunicación y las relaciones entre personas, pues también siente inevitablemente
admiración por las palabras. Por lo que contienen las palabras. Así que también
busco en las lecturas magia. La magia de las palabras, lo que un escritor hace
con ellas, cómo las usa para compartir algo.
Thomas Wolfe (no
confundir con Tom Wolfe) hace MAGIA. Veo, siento, huelo, saboreo… soy Grover, y
luego soy su madre, y luego su hermana y finalmente su hermano (el propio
Thomas). Y me maravillo, como se maravilla Grover con todo. Como se maravillan
los niños, con el aquí y el ahora, y lo simple, y lo bello, y lo que te rodea,
y los pequeños detalles y todo eso que los niños saben que es maravilloso. El
ahora y el siempre.
Es un libro tan hermoso
que ha hecho que se me saltaran las lágrimas (literalmente) ante tanta belleza
y sensibilidad. No hablo de lo que cuenta, no sólo de lo que cuenta, hablo
también de cómo lo cuenta. De la infancia, de la pérdida, de la inocencia, de
la pérdida de la inocencia, de las heridas irreparables, de la vida, de la
familia, de la memoria, del pasado… Tantas cosas. Tantas cosas sólo con
detalles de cada día: un maravillarse por lo que te rodea, una gelatina de
chocolate, unas estampillas, un padre, un viaje en tren, dos hermanos
escapándose a la feria, una búsqueda, un volver a casa…
La novela
(nouvelle) es autobiográfica. El niño perdido es Grover, uno de los siete
hermanos de Thomas Wolfe, fallecido a los doce años de edad debido al tifus.
¡¡ALTO!! Ni se os ocurra descartar este libro por triste o duro. Os perderíais
una joya sublime. Una belleza. Una maravilla. Una obra perfecta. Una
genialidad. No es triste ni duro. Es conmovedoramente hermoso. Literariamente
es pura ingeniería. Un deleite para el lector. Una delicia exquisita. Un texto
con un gran poder evocador.
Se me han saltado
las lágrimas, sí. Me suele pasar cuando vivo algo bello (un paisaje, una
canción, una sonrisa, una imagen…), tan bello que me hace sentir terriblemente
viva y feliz (incluso privilegiada) de poder vivir momentos así.
¿Exagero? No. Es
lo que he sentido. Tal vez luego no sea vuestra percepción. Es un libro para
leer desnudos. Desnudos de superficialidades y banalidades. Con el alma desnuda.
Y entonces, la magia se produce. Y recuerdas porqué nos gusta vivir. Un libro
para leer en la intimidad de uno mismo. Y luego, compartirlo. Y saber que
estarás más cerca de aquellos a los que también les emocione intensamente esta
lectura.
Espero que no
quede dudas de que recomiendo este libro…
| Grover Cleveland Wolfe (1892-1904) |



