Respondí que lo único que quería era una familia nueva”
La familia suele presentarse como un hecho de la naturaleza, una especie de accidente biológico elevado a destino por decreto sentimental, algo que pertenece al territorio de lo irrevocable. Se supone que debes aprender a querer la que te ha tocado, adaptarte al reparto, agradecer incluso las ruinas y llamar hogar al lugar donde empezó a construirse el trauma. Por eso la respuesta de Tue es tan desarmante, porque ante la promesa de un regalo no pide mejorar la familia que tiene. No pide más cariño, ni más dinero. Lo que quiere es ser hijo en otra parte. Pide empezar desde el principio.
“El patio” es el primer volumen de la Trilogía de Tue. Sigue a un niño de doce años que crece en una granja aislada, dentro de una familia marcada por la pobreza, la violencia cotidiana, el silencio y una precariedad importante.
El libro comienza con Tue fantaseando sobre la muerte de su padre y organizando mentalmente el funeral: distribuye lugares, funciones, reacciones y comportamientos. Sin apenas darnos cuenta, va levantando delante de nosotros la estructura completa de su mundo. Es importante que sea él quien organice mentalmente ese entierro imaginario puesto que durante unos minutos consigue ordenar una realidad que probablemente percibe como imprevisible. Puede decidir el orden de los acontecimientos, anticipar las reacciones e incluso gestionar el dolor. Hay algo de juego y algo de defensa en ese imaginar la muerte del padre.
Por eso la fantasía no es únicamente el deseo de que el padre desaparezca. Es también miedo, rabia, curiosidad, alivio e incluso una forma retorcida de amor. Antes de saber casi nada de Tue ya sabemos que observa (e imagina) mucho más de lo que comprende.
Korsgaard apenas interpreta a sus personajes. Los deja vivir en su rutina para que los vayamos conociendo por la manera en que hablan, por sus gestos, por lo que callan, por las pequeñas decisiones que toman cada día. En ese sentido, me ha recordado a Knausgård, si bien es verdad que en Knausgård la cotidianeidad suele expandirse: un gesto doméstico puede abrir una reflexión de varias páginas, una asociación de recuerdos, una digresión filosófica o una observación sobre el tiempo.
En Korsgaard ocurre casi lo contrario. El detalle permanece siendo detalle, el detalle no se comenta ni se explica. Se deposita en la narración con una enorme confianza en que el lector hará el trabajo. Vas leyendo y, a veces, tienes la impresión de que “no está pasando gran cosa”, sin embargo, cuando terminas un capítulo descubres que ya has construido una imagen muy precisa de esa familia.
El tratamiento moral de Tue es, cuanto menos, curioso (también logrado): roba, miente, actúa impulsivamente y toma decisiones que tienen consecuencias para los demás. Pero Korsgaard evita convertir esas escenas en un juicio moral o en una excusa. Nos permite comprender el proceso que conduce a ellas sin pedirnos que las justifiquemos. Comprender una conducta no equivale a justificarla (en eso consiste la empatía)
La pobreza en “El patio” no es solo económica. Es una pobreza de palabras, de reconocimiento y de herramientas para entenderse a uno mismo. Tue no carece de introspección; de hecho piensa mucho, imagina escenarios, observa con enorme atención, anticipa situaciones. Lo que parece faltarle es un lenguaje que le permita convertir toda esa experiencia en comprensión.
Hay niños, como Tue, muy perceptivos que viven en entornos caóticos y desarrollan una extraordinaria capacidad para leer a los demás, mientras que siguen siendo muy torpes para entenderse a sí mismos. Aprenden a detectar el humor del padre antes de entrar en casa, la tensión entre los adultos o el peligro de una conversación, porque eso es adaptativo. Sin embargo, nadie les enseña a preguntarse “¿Qué me está pasando? ¿Por qué he hecho esto?”. Tue piensa sin herramientas hermenéuticas. Ve mucho, pero entiende bastante menos. Y con esa desproporción tiene que ir construyéndose (o destruyéndose).
Gracias, Thomas Korsgaard. Gracias, Blanca Ortíz Osale (traducción)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer