jueves, 5 de junio de 2014

Reseñas express (6)


Los últimos días de Stefan Zweig (Laurent Seksik y Guillaume Sorel)
Editorial: Norma
Sinopsis: Tras huir del nazismo, Stefan Zweig y su esposa Lotte creen encontrar en Brasil un país acogedor, lejos del caos que arrasa Europa. Pero la amenaza les persigue hasta en su alejado exilio. ¿Cómo podrá este escritor humanista, superviviente de “el mundo de ayer”, escapar de sus demonios? Laurent Seksik firma junto a Guillaume Sorel la adaptación en viñetas de su triste pero realista reconstrucción de los últimos meses de vida del novelista austríaco Stefan Zweig.

Esta ha sido una lectura robada. Pasó por mis manos fugazmente y lo disfruté mientras esperaba un tren. Unas ilustraciones que en principio no resultaban llamativas, pero que son decisivas para recrear ese clima melancólico de los últimos días de Zweig y Lotte. Una recreación bastante realista que consigue transmitir las sensaciones y emociones necesarias para comprender su decisión. Alguna errata en la traducción no es obstáculo para saborear este delicioso y delicado acercamiento al gran Zweig. Muy buena e interesante lectura. Recomendable.
A por el oro (Chris Cleave)
Editorial: Maeva
Sinopsis: Zoe y Kate son dos deportistas de élite entregadas al ciclismo de pista, pero con unas vidas muy diferentes. Zoe, una chica explosiva y temperamental, doble campeona olímpica, es el rostro publicitario de una conocida marca de agua mineral. Vive en un lujoso piso en Manchester y tiene muchos amantes ocasionales. Kate es más sensata y tranquila. Está casada con Jack, un campeón de ciclismo, y está volcada en su hija Sophie que padece leucemia. Por esa razón Kate no ha podido competir en los dos últimos juegos olímpicos, y Londres 2012 es su última oportunidad. Cuando Tom, su común entrenador, recibe la noticia de la Federación Inglesa de Ciclismo de que solo podrá enviar a una participante. Elegir entre Kate o Zoe es una decisión particularmente difícil, porque Tom conoce la historia de ambas. Pero tiene que ser imparcial y organiza una carrera entre ellas para nombrar la vencedora. Sin embargo, justo el día de la competición, el estado de salud de Sophie empeora gravemente…

Es un libro de lectura fácil, lo cual no implica que sea un buen libro. Está escrito sin complicaciones, intenta continuamente tocar la fibra sensible (niña con cáncer, infancias difíciles, deporte de alta competición, historias de superación...), pero a mí al menos no me ha llegado a emocionar (tal vez un poquitín en las páginas finales, pero más por cansancio que por sensibilidad). Los personajes no me han llegado, no me resultaban reconocibles o cercanos y muchas veces ni siquiera me parecían creíbles. Me ha parecido todo (personajes, historias personales y la trama principal) muy impostado, quizá demasiado forzado para tocar la fibra emocional del lector, lo que acaba provocando justo el efecto contrario. Parece que el autor se documentó, tanto para abordar cómo se enfrentan deportistas de élite a la alta competición como para abordar el tema del cáncer infantil. Pero algo se dejó en el camino. No detallo más para no destripar el libro. Se deja leer, pero no perdurará en el recuerdo una vez que lo termines.

El retorno (Sebastian Fitzek)
Editorial: Booket
Sinopsis: Un abogado de éxito. Un niño de diez años enfermo, con un secreto que no puede guardar. El niño necesita ayuda: «Maté a un hombre con un hacha. Hace 15 años.» Y dice que tiene pruebas. Pruebas que son cadáveres. ¿Cómo sabe dónde están enterrados? El abogado Robert Stern, siguiendo las indicaciones del niño, encontrará los cadáveres y se verá inmerso, sin quererlo, en una investigación policial. ¿Cómo podrá demostrar que él no tiene nada que ver con los crímenes? Además, un desconocido se pondrá en contacto con él, lo amenazará de muerte si acude a la policía y asegurará que tiene información sobre el paradero de su hijo, muerto diez años atrás… ¿Quién es ese hombre misterioso? ¿Por qué conoce detalles de su vida, por qué lo amenaza? ¿Qué vinculación tiene con los cadáveres?

Un libro con un ritmo trepidante e infernal que no da respiro. Una trama original y que mantiene la tensión y el interés de forma constante. Ese ritmo vertiginoso que imprime el autor hace que algunas "lagunas" en la narración queden en un segundo plano, lo que va en beneficio del autor y de la novela. Aunque no hay personajes sólidos (excepto el niño), ni el protagonista Robert Stern tenga la fuerza y el empuje suficiente, la historia no pierde atractivo y mantiene la tensión casi de forma constante. Incluso el final está bastante bien rematado para lo que suele ser habitual en este tipo de libros. Desconocía la existencia de los Babyklappe. Me ha gustado reconocer y conocer lugares de Berlín, una ciudad que adoro y que, lamentablemente, en este libro sale malparada. Lectura recomendable, dentro de ese tipo de lectura más de “entretener”, con alto grado de adicción.

Fun home. Una familia tragicómica (Alison Bechdel)
Editorial: Mondadori
Sinopsis: El padre de Alison, la protagonista (y autora del libro), es profesor de inglés, y tiene como hobby coleccionar antigüedades y la restauración, así que aplica su hobby a restaurar su casa victoriana, que es a la vez una funeraria. Es un padre distante que nunca ha hecho pública su inclinación sexual, claramente homosexual. A través de esta narrativa visual, que es a la vez cómica y desoladora, nos acercamos a los complejos de Alison, que lucha en soledad por encontrar su lugar.

Una imagen mostrada fue suficiente para acercarme a esta novela gráfica. No resultó para nada lo que esperaba, pero no por eso ha sido una decepción, es que esperaba un tipo de historia y me encontré con otra mucho más compleja y asombrosa. Ha sido una sorpresa extraña. Una biografía de la autora en torno a la figura de su padre en la que se muestra tanto que hasta te violenta acceder a esa intimidad. Una lectura apabullante, asfixiante, paranoica, intensa y excesiva. Sorprendente. Ese despiece tan meticuloso y personal al que asistes como espectadora aturulla un poco, junto con unos dibujos sobrecargados de información que en ocasiones atolondran. Numerosas referencias literarias que se entrelazan con las vidas del padre y la hija. Una lectura que, pasado el tiempo, mejora mucho en sensaciones y en ganas de releer. Ya sabiendo qué me voy a encontrar caerá esa relectura con detenimiento. Mucho contenido, requiere pausa y atención en la lectura… Extraordinariamente sorprendente. Recomiendo su lectura pero informándose previamente del contenido.

Glaciares (Alexis M. Smith)
Editorial: Alpha Decay
Sinopsis: Isabel tiene veintiocho años y vive en Portland, en la última planta de un edificio casi centenario en compañía de su gato sin nombre. Adora su trabajo en la Biblioteca Pública restaurando viejos libros heridos por el paso del tiempo y no tiene la menor idea de hacia dónde se dirige su vida. Su niñez transcurrió en los salvajes paisajes de Alaska. La vida en la ciudad la enfrentará a nuevas formas de entender el mundo y las relaciones.

Mi imaginario geográfico y literario se sustenta en dos opuestos: África y los países nórdicos (Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia). Estos últimos tienen en común los glaciares, algo que sirve de hilo conductor para que haya otros países que entren también en ese imaginario: Alaska, por ejemplo. Y por ahí supongo que es por lo que este libro llegó a mis manos, además de una sinopsis y una contraportada que me prometía una delicada joya. La realidad: un chasco. Una historia sencilla contada con tanta sencillez que, sencillamente, no me ha llegado. Todo muy cotidiano, muy descriptivo de pequeños detalles, una protagonista que recoge con su mirada esos gestos nimios pero que tanto nos acaban calando. Y, sin embargo, toda la lectura se me escurría entre los dedos, no conseguí atrapar nada, sólo vestigios que no solidificaban porque la autora volvía a dar un giro o enseñarme otra postal, otra imagen. La profundidad se me quedó superficial, tal vez mi educación emocional y sentimental vaya por otros trayectos de los propuestos por Glaciares. O tal vez mis abismos de lectora me estén tendiendo trampas. Tal vez, pero ha sido, así es, un chasco. Si por su culpa o por la mía, ya no sé decir.

Tinto de verano (Elvira Lindo)
Editorial: Aguilar
Sinopsis: Este libro es la irónica crónica de un agosto de tintos de verano, escrita con 'frescura y sinvergonzonería'. Y humor, muchísimo humor. Elvira Lindo juega con fuego y simula que escribe sobre sí misma, sobre su 'santo' y la vida cotidiana durante las somnolientas tardes de verano en un pequeño pueblo de vacaciones. Y lo hace con tal habilidad literaria y tanta verosimilitud que muchos lectores creerán real lo que no es sino resultado del trabajo y la imaginación de la autora. Pero más allá del equívoco deliberado, de la sonrisa cómplice que provoca la lectura de estas páginas, al final descubrimos que el verdadero tema de este libro, es sencillamente, la felicidad.

Recopilación de artículos escritos para El País, se trata de una lectura refrescante, ligera, sin complicaciones pero divertida. Elvira Lindo es una autora muy reconocible y, sobre todo, muy honesta con lo que ofrece. Reconozco sentir debilidad por Elvira Lindo, me encanta su forma de escribir sobre lo cotidiano y hacerlo siempre desde un punto de vista divertido y tierno pero a la vez con un punto de reflexión necesario. Aparentemente frívolo, sin embargo siempre hay detrás un humor inteligente. Aunque no todos los relatos mantienen el mismo nivel es una lectura recomendable y muy agradable.

Névé (Emmanuel Lepage y Dieter
Editorial: Glénat
Sinopsis: Argentina, la cara sur del Aconcagua. Un pico mítico al que se enfrenta Stan, curtido alpinista dispuesto a todo con tal de obtener su objetivo. En esa misma expedición participa su hijo, Névé, agobiado por las obsesiones de su padre y aterrado por una pesadilla en la que le ha visto perecer a la puesta del sol… Esta expedición no es más que el principio de una dolorosa y empinada ascensión hacia la madurez… Névé vive con intensidad las etapas que le llevan a su edad adulta. Una infancia dura, seguida de no pocos dramas.

Un cómic que me llamó la atención porque me he criado cerca de las montañas, especialmente de una bella montaña rocosa. A mi modo, tipo cabra, subí montañas que eran para mi auténticos Aconcagua. Así que le eché un vistazo, los dibujos me parecieron preciosos y se vino conmigo. Los dibujos de Emmanuel Lepage son espectaculares, tienen tanta fuerza que se come el guion de Dieter. La historia de fondo es sencilla y ya muchas veces vista: una historia de superación, la escalada y la cima como metáfora de la transformación de un niño en adulto. Debo decir que el final me sorprendió. Aun así, la auténtica belleza de este cómic está en unos dibujos impresionantes. Visualmente es una gozada de la que he disfrutado mucho y, pasado el tiempo, ha quedado en mi corazoncito lector.
(©AnaBlasfuemia)

lunes, 2 de junio de 2014

Mi impresionante carrera (Miles Franklin)

Título original: My Brilliant Career
Traductores: Amado Diéguez y Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Páginas: 400
Publicación: 1901 (2014)
Editorial: Alba
ISBN: 9788484289630
Sinopsis: Sybylla Melvin es una heroína que «con su conmovedor encanto, su carácter impetuoso, su falta de decoro, está al nivel de las grandes figuras románticas del siglo XIX» (The Times). Desde que su familia decide trasladarse a una granja y cae abrupta pero irremisiblemente en la ruina, su destino parece condenado al duro trabajo y a «una vida estéril y monótona», una perspectiva durísima para una muchacha con su «temperamento» y sus «aspiraciones». Una temporada en la gran mansión de su abuela, donde el ambiente es musical y leído y donde la corteja un joven y apuesto terrateniente, es para ella un oasis en el desierto. Pero un nuevo revés la obliga a aceptar un puesto como institutriz en casa de una familia insensible y con unos niños salvajes. Para ella, la naturaleza y la cultura no se oponen… pero no tarda en descubrir que, en el mundo que asiste a su formación, nunca dejará de ser un bicho raro.


Llegué a este libro porque lo vi en la colección Rara Avis de la editorial Alba. Y la sinopsis contenía dos palabras: bicho y raro. Ya está, de bicho raro a bicho raro: te vienes conmigo. Desde que adquiero un libro hasta que lo leo puede pasar mucho tiempo, días, meses o incluso años. Ya sabéis cómo somos los ávidos lectores: una vez que tienes el libro deseado las ansias se alivian y a partir de ahí el destino, los mismos libros, el azar, el compartir lectura, un comentario que lees o te hacen o a saber qué, van decidiendo el cuándo. En este caso ha pasado poco tiempo, algo no habitual en mí pero que tiene mucho que ver con ese momento lector extraño que he tenido (ya superadísimo), así que cuando empecé a ver la luz quise mantenerla encendida a toda costa. El porqué elegí este libro y no otro, qué importa, aquí está y de su lectura os vengo a hablar.

Así que un poco a ciegas, comienzo leyendo en contraportada que Miles Franklin escribió esta novela, autobiográfica, con 21 años. Quién los pillara. Fue publicada en 1901 y se nos cuenta, también en contraportada, que contó sus años de adolescencia de una forma tan fidedigna y que tanta gente se sintió dolida, que la propia Miles Franklin, pese al éxito obtenido con su publicación, prohibió que se reeditara hasta después de su muerte. El libro comienza con un brevísimo prólogo de Henry Lawson, que posibilitó aquella primera edición de 1901, y que nos advierte que cuando empezó a leer el manuscrito que le envió Miles Franklin, ya notó a las tres páginas que estaba escrita por una persona muy joven. Y a continuación una brevísima Nota Especial (¿de la autora? ¿de la protagonista?) que es toda una declaración de intenciones. Y con estos mimbres previos, comencé la lectura.

¡Australianos todos, queridos compatriotas!
Tan solo unas breves líneas para deciros que esta historia trata de mí, solo de mí, y que por ningún otro motivo la escribo.
Soy muy egocéntrica y no pienso disculparme. En este aspecto al menos, aspiro a superar otras autobiografías. Otras autobiografías la cansan a una con tanta excusa por tanto egocentrismo. ¿A vosotros que más os da si soy egocéntrica? ¿Qué más os da si es importante o no que yo sea egocéntrica?
Y, vaya, Henry Lawson tenía razón, no a las tres páginas, es que nada más empezar ya te das cuenta que es muy joven e impulsiva (el libro lo empezó a escribir con 16 años). A lo largo del libro sí se nota cierta inmadurez, pero no llega a suponer un lastre insalvable. Una forma de escribir llana, directa, impulsiva a veces, machacona otras, un reflejo (probablemente) de la persona que lo escribe y el momento y la edad en que lo escribe.

Y a la hora de tener que escribir mis sensaciones respecto a esta lectura debo confesar que tengo un minibloqueo. Necesito ser precisa en lo que quiero transmitir y no sé si estará en mi mano. Voy a intentarlo, porque quiero ser justa, de eso doy fe y palabra.

El libro ha tenido, para mí, un ritmo de arriba-abajo-arriba. Y así iban mis sensaciones lectoras: arriba-abajo-arriba.

Arriba. El comienzo impetuoso de esta lectura me hizo sonreír. Sybylla (la protagonista o, lo que es lo mismo, Miles Franklin) es un personaje con mucho empuje y se nos presenta peculiar, vehemente, aunque luego en algunos tramos se atempera. En esta primera parte (de mis tres sensaciones) se nos describe, en primera persona y siempre de la mano de Sybylla, una amena y precisa descripción de la Australia de aquella época y las condiciones de vida, precarias y duras, de muchos trabajadores de esas tierras que sufrieron sequías, especulaciones y corrupciones varias con efectos devastadores.

Yo soy una pieza de maquinaria a la que, como no la entiende, mi madre da cuerda al revés; con lo cual todos mis engranajes chirrían y desentonan.
Y sí, Sybylla es un bicho raro. Como yo también lo soy no me queda menos que reconocer a una igual. Y además se ve a sí misma fea. Pero es una mujer brava. Le gusta la música, el arte ¡¡y hasta lee!! Y además, qué loca, quiere escribir. ¿A quién se le ocurre? ¡a finales del siglo XIX y en la Australia más ganadera, campestre y rural!. Su familia era una familia medio acomodada, y en principio podía tener opciones de desarrollar esas inquietudes que hacen a Sybylla sentirse diferente (libros, arte, música…). Pero una mala decisión paterna hará caer a toda la familia a una situación de pobreza absoluta. Y llevará a nuestra protagonista de adorar y venerar a su padre como si fuera Dios a convertirse, a partir de los diez años de edad, en atea declarada.
He sido maldecida con la facultad del pensamiento.
Lugares en el mundo. Sybylla, como todo bicho raro que se precie, no encuentra su lugar en el mundo. Ya sabéis, ese lugar en el que eres tú misma al cien por cien, y puedes desarrollar y mostrar todo lo que creemos que tenemos dentro y para lo que crees haber nacido. No tienen que ser necesariamente grandes pretensiones. Basta con que, en ese lugar del mundo, puedas SER (tú misma) sin concesiones ni miedos ni camuflajes ni renuncias. Y que no te miren como un bicho raro, claro. Tu lugar en el mundo. Justo ese.

Y Sybylla, bicho raro con pretensiones de ser ella misma en un mundo y en una época que no está preparada para una mujer (una jovencita) como ella, pues sufre. Porque no encuentra su lugar en el mundo. En esta parte hay reflexiones que me han llegado y me han parecido inteligentes y muy realistas, aún a fecha de hoy. Un buen análisis de ella misma y su situación. Y luchará, porque no quiere renunciar. Aunque también se lamentará, una y otra vez (Yo era demasiado para mí misma). Y tú te lamentas con ella, claro.

Sybylla rebelde, desbocada, fuerte y con desparpajo. Entrañable, natural y verdadera. Cuestionándolo todo.

Debo de tener el órgano de venerar más plano que una torta de harina, porque nunca me he inclinado ante nadie simplemente por su posición y nunca lo haré.
Pero también alguien que necesita encontrar un alma gemela, un igual, alguien que la comprenda (Alguien en quien poder perderme, alguien en quien poder hallarme). Muy humano, muy realista.

Abajo. Una vuelta a la tortilla. Gracias a su abuela y a su tía, Sybylla encuentra por fin, no su lugar en el mundo, pero sí un lugar trampolín, que le da un entorno más propicio a sus aspiraciones y deseos. E incluso le surgen varios pretendientes (mírala, a la fea…). Pero sólo uno de ellos pondrá a prueba a Sybylla. Pero hete aquí que nuestro bicho raro tiene muy claras sus ideas sobre el matrimonio:

El matrimonio me parecía la forma de existencia más horriblemente atada, dependiente e injusta para las mujeres. Podía ser de pasable a regular si había amor, pero me reía de la idea del amor, y había tomado la determinación de no casarme nunca, nunca y nunca.
En la mitad del libro noto cierto estancamiento. Lo achaco a mi cansancio físico. Dejo la lectura, no quiero que el cansancio perturbe la lectura ni las sensaciones. Lo retomo al día siguiente. Sigo leyendo y la sensación de estancamiento sigue ahí. Curiosamente en una situación más favorecedora para Sybylla percibo que la lectura no me está dando lo esperado. Se me viene Jane Austen a la cabeza, muy buena si es ella, pero que no quiero que se me encaje y entremezcle aquí. Sybylla entra en bucle, a veces me parece una niña caprichosa y enrabietada, regodeándose en los obstáculos, lamentándose una y otra vez. No, ¡esa no es Sybylla! ¿qué está pasando?.

Lo que está pasando es que Miles Franklin escribió este libro muy joven. ¿Resta eso algo al libro? No y sí. No, porque esa juventud hizo que lo escribiera de una forma muy fresca, directa, muy… sana e indómita, rebelde y apasionada. Franca. Y sí, porque literariamente no mide tiempos ni ritmos, no deshecha partes que podrían ser prescindibles ni recrea o evoluciona en partes más necesarias. O se repite, se repite, se repite.

Esta parte de abajo me preocupó. Tenía expectativas sobre esta lectura ¿iba a equivocarme?. Vale, las expectativas y sus malas jugadas, su exigencia implícita que no nos deja a veces disfrutar lo que deberíamos.

Arriba. ¡Aleluya! Miles Franklin recupera el pulso, y yo recupero el latido. Vuelve ese personaje peculiar, descarado, maleable, contradictoria, algo borde incluso,  pero con gran profundidad y calado. Afilada. Lista. Sybylla no te deja margen para que sientas ternura por ella, pero sí simpatía y a ratos mucha empatía. Entrañable, más que tierna. Identificable. Realista. Luchadora.

Y al final aparece con una de las virtudes que más admiro en una persona: coherencia. Lo que viene siendo honestidad (la honestidad de ser coherente). Respiro, aliviada. Puedo cerrar el libro con satisfacción.

Miles Franklin fue una escritora peculiar y, sobre todo, muy audaz. No pierdo de vista en ningún momento que fue escrito a finales del siglo XIX y que me ha aportado originalidad. ¿Le hubiera exigido más? Seguramente sí, pero el resultado es muy grato. No puedo negar el mérito de su autora, su juventud, la época en que escribió y el atrevimiento. Es una autora necesaria de conocer. Diferente. Un libro que podría haberme dado más, pero que igualmente me ha dado mucho, lo suficiente como para recomendarlo (¡lo siento!). 

(©AnaBlasfuemia)
1894: La familia Franklin. Miles Franklin es la de la izquierda


jueves, 29 de mayo de 2014

Noches insomnes (Elizabeth Hardwick)

Título original: Sleepless nights
Traductora: María Alcaraz
Páginas: 128
Publicación: 1979 (2009)
Editorial: Duomo
ISBN: 9788492723171
Sinopsis: En Noches insomnes una mujer repasa su vida -la galería de personajes, los variados telones de fondo de los lugares- y elabora un cuaderno de recuerdos, reflexiones, retratos, cartas y sueños. En una vivificante fusión de hechos y ficciones, este libro lírico, endurecido y perfectamente construido, no es sólo una de las mejores obras de Elizabeth Hardwick sino una de las grandes contribuciones a la literatura estadounidense de los últimos cincuenta años.
Podéis empezar a leer el libro AQUÍ.


Junio. Esto es lo que he decidido hacer con mi vida en este preciso mejor momento: me entregaré a este ejercicio de memoria transformada, distorsionada incluso, y viviré esta vida, la que vivo hoy.
Novela, autobiografía, ensayo, experimento literario… No se sabe muy bien, incluso después de haberlo leído, dónde ubicar esta lectura. Sí, usa su propio nombre, sí, está escrito en primera persona. Pero no es muy confesional ni muestra mucho de sí misma, aunque sí de otros. Ella misma reconoce que muchas veces la tercera persona es un disfraz de la primera persona y que mucha ficción es autobiográfica, algo que muchos lectores son capaces de percibir. Así que directamente se quita el disfraz y lo hace en primera persona.

Una lectura inusual, ante la que mis ojos tuvieron que reajustarse a lo que estaba acostumbrada últimamente. Como estoy en plan esponja, absorbo muchas cosas de mi alrededor y, por supuesto, también de lo que leo, así que he sacado mucho de este libro, exigente para el lector, con una estructura aparentemente caótica, cartas, personas, reflexiones, idas y venidas, cambios de ubicación, personas que aparecen (¡Billie Holliday!!, impresionante el lúcido retrato que hace de ella), análisis de mentes y situaciones, sátira a un país, crítica descarada, cambios temporales, tal vez algún ajuste de cuentas, compromiso… No parece haber conexiones en lo que lees, aunque claro que la hay, la conexión es la memoria y quien recuerda.

No, no es una novela. Es un ejercicio literario, un esfuerzo para el lector, incluso un esfuerzo intelectual, que aprovechas y disfrutas si lo lees más como un ensayo y con un espíritu de apreciar el arte y la creatividad. Y si aceptas que hay que entender la literatura como un universo en el que ficción y realidad no tiene, en verdad, límites ni fronteras. Entonces ahí se amplía el prisma y, con él, la mirada.

El proceso de escritura es un misterio incluso para esta inteligentísima mujer, que tiene claro que un primer escrito decepcionante, que incluso debe de ser decepcionante, es sólo el principio de algo; incluso después de varios borradores decepcionantes, seguirá siendo el principio de algo que hay que continuar. Me ha gustado ese planteamiento, que debe de ser aleccionador para quien desee escribir. Incluso como filosofía vital: insistir, persistir, continuar. Nunca abandonar, todo son principios de algo que hay que continuar.

Como digo, no es una lectura fácil, ni por estructura ni por contenido. Hardwick recrea fragmentos de su memoria, una memoria que no es muy de fiar, porque es una memoria transformada, tamizada por una mente inteligente. Como muchos escritores, es una observadora analítica y casi obsesiva de lo que le rodea, y creo que principalmente en este libro se recogen muchas reflexiones que le surgen a partir de aquello que observa. A veces cruel, pero siempre inteligente. Seguir sus pensamientos muchas veces obligaba a los míos a expandirse, algo que siempre agradezco, ensanchar mi percepción de las cosas.

Un libro que leí casi del tirón, aunque en determinados momentos lo tuve que dejar descansar y reposar, porque sentía que no podía seguir expandiendo mi mente para alcanzar lo leído, una tiene los límites que tiene... Pero me pilló en buen momento y conseguí no alternarlo con otras lecturas. Un libro para mentes inquietas que quieran exigirse a sí mismos como lectores, no es una lectura que pueda recomendar salvo por inquietud y curiosidad intelectual o creativa.
El tormento de las relaciones personales. Nada nuevo ahí, excepto el disimulo y la huida a lomos de los adjetivos. Cuán dulce verse atravesada por los puñales al final de los párrafos. Por lo demás, me gusta que las personas a las que quiero me conozcan.
(©AnaBlasfuemia)

miércoles, 28 de mayo de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Elizabeth Hardwick


Hoy os traigo a la que posiblemente sea la autora menos conocida de este nuestro Reto de Escritoras Únicas. De hecho es de quien más me ha costado encontrar información.

Empecemos con lo más sencillo: Elizabeth Hardwick nació en Lexington, Kentucky, un 27 de Julio de 1927 y fallecería un 2 de Diciembre de 2007. Su familia, muy estricta, era protestante. Escritora y crítica literaria, ha escrito tres novelas: The Ghostly Lover (1945), The Simple Truth (1955), y Noches insomnes (1979). Una colección de historias cortas, The New York Stories of Elizabeth Hardwick, que se publicó en  2010. Y varios ensayos sobre crítica literaria: A View of My Own (1962), Seduction and Betrayal (1974, un famoso estudio sobre las mujeres en la literatura), Bartleby in Manhattan (1983), and Sight-Readings (1998). En 1961 se editó The Selected Letters of William James y en 2000 se publicó una corta biografía: Herman Melville. Hasta donde sé, en España sólo se ha publicado la biografía de Melville y la novela (que no es tal y mañana lo comentaré) Noches insomnes.

De familia numerosa, reconoce no haber vivido un ambiente intelectual, pero sí estimulante. Sus inicios como escritora surgieron, como en la mayoría de los escritores, del amor por los libros. Si por algo destaca Hardwick, además de por sus incisivas críticas literarias, es por esa pasión por los libros, una pasión que, como ella misma ha dicho, es barata, consuela, distrae, estimula, te da experiencia y conocimiento. Una iluminación moral.

Elizabeth Hardwick fue una figura destacada de la vida literaria y cultural de Nueva York, conocida no sólo por sus ensayos y novelas, sino también porque, con su marido Robert Lowell, fundaron en 1963 el New York Review of Books (una de las publicaciones culturales más importantes de EEUU), junto con un grupo de intelectuales entre los que estaban, por ejemplo, Philip Roth, Elizabeth Bishop y Mary McCarthy.

Se casó con Robert Lowell en 1949, cuando él era considerado un prominente poeta en lengua inglesa, e inspiraría y enseñaría a Sylvia Plath, Ann Sexton o John Berryman. Sin embargo, ya en el viaje de luna de miel, Lowell empezó a sufrir crisis maniaco-depresivas, sometiéndose a diversos tratamientos que no pudieron evitar las diversas crisis, agravadas con el alcohol, que le llevarían finalmente a una dolorosa muerte en 1977.
Elizabeth Hardwick y Robert Lowell
Elizabeth Hardwick y Robert Lowell
Hardwick tenía un sentido de la lealtad muy acentuado, además de poseer una paciencia y una fortaleza sin límites (Lowell le fue infiel en varias ocasiones), por eso había aceptado dedicarse a cuidar a Lowell, anteponiéndolo a la escritura, que dejó en segundo plano. En 1970, Lowell abandona a Hardwick por la también escritora Caroline Blackwood (con la que compartía un desmesurado gusto por el alcohol). Además de sufrir por el abandono, Hardwick tuvo que pasar por la humillación de ver cómo Lowell publicaba unos poemas en los que transcribía llamadas de teléfono y cartas de Hardwick mostrándose angustiada por la separación y deseando volver con Lowell. Cuando Lowell falleció en 1977, este iba en un taxi, de regreso con Hardwick

Durante su separación, Elizabeth Hardwick se sumergió en la lectura de la obra de autoras atormentadas: Sylvia Plath, Dorothy Worsthword o Charlotte Bronte

Consciente de que en las artes hombres y mujeres no son tratados igual, ha sufrido la mala leche ejercida sobre las mujeres escritoras. Dio la cara y defendió a Susan Sontag, oponiéndose al escarnio al que fue sometida cuando habló del comunismo como un fascismo con rostro humano, Hardwick creía que más allá de las consideraciones políticas, el que Sontag fuera mujer, y además una mujer muy inteligente, facilitó o favoreció el escarnio. 

Susan Sontag, Peter Schneider, Elizabeth Hardwick, and Darryl Pinckney
Pese a no abrazar la ideología feminista, en sus escritos siempre ha elogiado a las mujeres, mujeres como su madre, que aceptan la vida sin pensar mucho para qué, haciendo su trabajo en el mundo sin recibir a cambio mucho de los hombres.
Las camareras son las heroínas de mis recuerdos, señoras abandonadas con niños que criar.
Su trabajo se centró especialmente en la crítica literaria, llegando a ser absolutamente venerada y temida a la vez. Brillante, inteligente, libre y afilada. Una mujer única, que además siempre mantuvo un compromiso personal con los pobres y los más débiles.
Cierto, con los débiles siempre pasa algo: improvisación, sorpresa incertidumbre, injusticia, manipulación, hipocondría, tragos a escondidas, celos, mentiras, lágrimas, escondrijos en el jardín, salidas en coche en plena noche. La noción de la historia de los débiles es la más pura de todas.
Podéis ver cómo va la participación en el Reto de Escritoras Únicas haciendo click en la imagen. Os recuerdo que habrá interesantes premios, y más posibilidades a más participación.
(©AnaBlasfuemia)

http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html
Reto de Escritoras Únicas
Marilú nos trae a Emily Dickinson
Meg nos trae a Delmira Agustini

viernes, 23 de mayo de 2014

La niña del faro (Jeanette Winterson)



Título original: Lighthousekeeping
Traductor: Alejandro Palomas Pubill
Páginas: 208
Publicación: 2004 (2005)
Editorial: Lumen
ISBN: 9788426414847
Sinopsis: Érase una vez un farero ciego y una niña huérfana... Así podría empezar uno de los muchos cuentos del señor Pew, el hombre encargado de cuidar del faro de un remoto pueblo de Escocia. Quien le escucha es la pequeña Silver, una chiquilla lista que acaba de perder a su madre y de ganar a un nuevo amigo, un hombre enamorado de las palabras y dispuesto a contar historias insólitas, que se enlazan unas con otras en una trenza sin fin.  Sentada al lado del señor Pew, Silver llegará a saber cómo y cuándo se construyó el faro, y descubrirá a personas tan fascinantes como Stevenson, Darwin y el reverendo Babel, un libertino lleno de ira y de amor por una hermosa mujer. Cuando Silver crezca, los cuentos del señor Pew la acompañarán y harán de ella una lectora voraz, fascinada por los libros y por los cuerpos misteriosos que va encontrando en su camino.
Cuéntame una historia, Ana
¿Qué clase de historia?
Una con música de fondo.

Escucha. Era una estación como tantas otras, pequeña y olvidada. Como pequeña era la ciudad de la que huía. Estaba sola. Eché de menos a otros viajeros. Siempre me ha gustado observarles, destramar su recorrido, atisbar los libros que leen, medir su espera, disfrazar la mía…

Era una madrugada fresca, pese a que el sol del amanecer apuntaba a calor. Un día que había dejado de ser hermoso cuando decidiste partir y partirme. Ahora me iba buscando una casa a la que volver.

Estaba a punto de dormirme con la cabeza sobre la mochila cuando entró un anciano de ojos tristes. Tan tristes que yo, ya sin sueño, no podía dejar de mirarle. Junto a su vieja maleta dejó reposar una guitarra y una botella. Encendió un cigarro, bebió un trago infinito, se sentó en la maleta. Y cogió su guitarra. Durante lo que creí mucho tiempo no hizo nada, sólo dejar que el cigarro se consumiera en los labios. Pero de repente mi madrugada se llenó de música quejumbrosa y nostálgica. Gemía una canción de blues con notas tan profundas como un misterio. La voz del anciano lloraba lamentos serenos y mi piel cobró vida propia a ritmo de blues. Seguí su música como si fuera una luz en la que encontrarme.

Llegó el tren. El anciano, su guitarra y su voz se perdieron en la estación. Cuando volví a mirar ya  no pude verle. Cierro los ojos y aún puedo oír aquella canción, que ahora, igual que entonces, me turba y me guía, como un faro en la niebla, hasta el epicentro del corazón. Todavía hoy, después de haber bregado por pasajes insólitos, encrucijadas inciertas, espacios sutiles, dudo razonablemente si aquel anciano, su guitarra y su canción de blues, poseen una presencia material o ficticia. Si es un recuerdo más del cementerio de lo fingido o imaginado, de lo que, al igual que tú, creí real y fue tramoya.

Cuéntame un cuento, Pew

¿Qué clase de cuento, pequeña?
Uno con final feliz.
En el mundo eso no existe.
¿Un final feliz?
No, un final.

Siete años. Siete años hace que tengo este libro en casa. Lo compré sólo por el título, no conocía entonces a Winterson, pero una niña del faro era justo lo que yo quería (quiero) ser. Una mujer en un faro. Siempre me han fascinado los faros y su simbolismo. También su arquitectura, hacia arriba, hacia la luz, dando luz. Circular. Siempre he querido vivir en un faro, que he imaginado con sus paredes circulares llenas de libros que leería bajo las estrellas y con el sonido del mar de fondo. También creo en las personas faro, con luz propia, que te guían a través de la niebla o cuando las olas te golpean. Por eso, sólo por eso, compré este libro. Por el título. Y siete años después, no me preguntéis cómo ha sido posible, lo he leído. Y ahora sé que siempre he sido la niña del faro. Gracias, gracias, gracias, Winterson.

Era una larga historia y, como ocurre con casi todas las historias del mundo, inacabada. Sí, tuvo un final (siempre lo hay), pero la historia fue más allá de su propio final (siempre es así).

Si digo que La niña del faro es un cuento mágico me quedaría corta. Que es magia para el lector, no mentiría. Tal vez también un espejo mágico. Y diría verdad si os dijera que este libro es además tan confortable y acogedor que no he querido salir del libro. Que cuando me faltaban 50 páginas por terminar lo he cerrado y le dije no quiero terminarte, no quiero. Y, con horas por delante, lo dejé cerrado, abierto en mi corazón. Sin terminar.

Y luego volví a él, porque sabía que tenía que hacerlo. Lo terminé y lloré, emocionada, por haber leído un libro tan hermoso. Y era mío. Es mi libro. Desde hace tiempo. Abrí la primera página y lo volví a leer. Gracias, Winterson. Volví a terminarlo y abracé a mi idiota. Te quiero, le dije, no te vayas nunca. No quise esperar, te llamé y también te lo dije a ti. Te echo de menos, te dije y me dijiste. Te quiero, nos dijimos.

La vida es muy corta. Esta extensión de mar y de arena, este paseo por la orilla, antes de que la marea cubra todo lo que hemos hecho.
Te quiero.
Las dos palabras más difíciles del mundo.
Pero ¿qué más puedo decir?

Cuando quieres a alguien deberías de decirlo.

El faro de Pew existe (desde 1998, que funciona automático, no tiene farero), como reales son algunos personajes que aparecen en el libro (Darwin, Robert Louis Stevenson…). A Pew lo he visto en un barco azul y a Silver… a Silver la conozco bien.
Un principio, un desarrollo y un final es la forma adecuada de contar una historia, pero a mí me cuesta aplicar esta fórmula.
Si estáis esperando a que os cuente de qué va el libro podéis seguir esperando. El libro va de ti, de mí. De la vida. Del amor. De las palabras como seres vivos. De las historias que nos gustaría que nos contaran. De las historias que debemos de contar. Y Winterson nos lo cuenta a su manera, distinta, especial, como una caricia o un abrazo. No busquéis una estructura narrativa al uso, es una tela de araña de historias y pensamientos, en la que dejarte atrapar será la opción más acertada. Winterson es generosa, nos susurrará al oído todo, sólo tendremos que abandonarnos, dejarnos arrullar, que las historias corran por nuestras venas, directas al corazón. Seguir su luz, Winterson es el faro en el que tenemos que confiar, recorriendo su halo de palabras que nos mecen con la delicadeza, la seguridad y la ternura con la que se acuna a un bebé.
Cuéntame una historia y no me sentiré sola.
Winterson nos lo cuenta, el qué, qué importa. El cómo, maravillosamente, de forma única, con luz propia, iluminando tus ojos lectores y tu alma humana. Winterson es cálida, afable, creativa. Tremendamente inspiradora. Cercana, te lo cuenta a ti, a nadie más. Metáforas, muchas. Todas transparentes. La envoltura de cuento, el  lirismo mágico, no nos aleja de la realidad, al contrario, nos acerca a ella.

¿Cuál es el mensaje? Nada novedoso: hay tiempo sin tiempo y ese es hoy, vívelo, ama, quiere, díselo, cuéntaselo, cuenta una historia, sé tú la historia que contar. Vive, no pierdas el tiempo. Pero el cómo, el cómo lo cuenta Winterson, ahí está el hechizo, ahí está la literatura, ahí está el arte de las palabras, escogerlas, combinarlas, mimarlas, pulirlas y que nos cuenten historias maravillosas que te hacen mejor persona, te alivian y te re-construyen. Winterson desafía la estructura narrativa estándar y sale triunfadora. Con pocas palabras pinta paisajes gloriosos y te llena de color la mirada.

Los libros son como las personas: algunos se hacen esperar pero cuando llegan es como si siempre hubieran estado ahí. Otros están ahí desde siempre pero no los ves. Están los que entran con fuerza y cuando te dejan tambaleando te das cuenta que nunca deberían de haber ocupado un lugar en la estantería. Aquellos a los que siempre vuelves y nunca te fallan. Los que te decepcionan, ocultos en la fanfarria. Esos que al principio no te llegan pero luego no olvidas. Los otros que olvidas rápidamente. Los que siempre quieres tener cerca. Libros que creías perdidos pero vuelven, tal vez nunca estuvieron perdidos (no del todo). Hay libros que te dan vida y hasta te dan amor. Libros que besas y abrazas. Libros en los que te encuentras, te reconoces como si fueran un espejo. Libros que te guían. Libros oportunos, inspiradores, falsos, rescatadores, placenteros, repelentes, insufribles, provocadores, mágicos, maravillosos, sanadores, tramposos, asombrosos, vitales, inesperados, extraordinarios, evocadores…

Adivinad qué clase de libro es La niña del faro. Y añadirle: joya. Jeanette Winterson, he tardado en llegar, pero esto ya no hay quien lo pare. Gracias.

Cuéntame una historia, Ana.
¿Qué historia?
Una sobre la conjunción de los astros.
Acabo de contártela. Y además, ya la conocías.

Nota: Nunca publico dos entradas seguidas sobre libros. Me gusta darles tiempo para que tengan su oportunidad de ser leídas sin prisas (no soy breve, lo sé). No quería hacerle este feo a Ursula Hegi porque no se lo merece. Pero no puedo retener esta entrada, no puedo hacerla esperar, necesito compartirla y que sintáis la necesidad de leer este libro (quien no lo haya leído). Es un regalo, leerlo es un regalo.
Jamás debes dudar de la persona a la que amas.
Pero puede que no te diga la verdad.
No importa. Dile tú la verdad.
¿Qué quieres decir?
No puedes ser la honradez de otra persona, pequeña, pero sí puedes ser tu propia honradez.
Entonces ¿qué debería de decir?
¿Cuándo?
Cuando ame a alguien.
Deberías decirlo.

(©AnaBlasfuemia)

jueves, 22 de mayo de 2014

Las piedras del río (Ursula Hegi)

Título original: Stones from the river
Traductor: Cristina Pagés Boune
Páginas: 688
Publicación: 1994 (1999)
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408029120
Sinopsis: Trudi Montag, la protagonista de esta novela, no es como sus amigos y vecinos.  Trudi es una zwerg, una enana, que durante toda su vida sueña con dar un estirón y ser como los demás. Pero su historia y la de sus vecinos en un pueblecito de la Alemania de principios del siglo XX no es sino la aventura vital de cuantos vivieron esa época implacable que marcó para siempre su existencia. Trudi Montag se convierte así en la voz colectiva de todo un pueblo, de un drama humano, y en símbolo de todo lo grande y lo grotesco que cada uno de nosotros llevamos dentro.


Tengo en casa muchos libros que no he leído todavía. Pero la biblioteca de mi ciudad está justo enfrente de donde vivo. Toda una tentación. De vez en cuando recorro los escasos cincuenta pasos que nos separan y voy a mirar. Sin ideas previas. Miro en las estanterías monotemáticas que tienen, o en novedades. O paseo por las estanterías con mi dedo (uno de los veinte que tengo, soy una extraterrestre mimetizada) recorriendo los lomos de los libros hasta que el dedo se detiene, sin más. Así, me tropecé con este libro. Lo abrí sin mirar la sinopsis, leí el primer párrafo:
De niña, Trudi Montag, creía que todos sabían lo que ocurría en el interior de los demás. Esto fue antes de que comprendiera el poder que da el ser diferente. La tortura de ser diferente. Y el pecado de despotricar contra un Dios ineficaz. Pero antes de esto, años y años antes de esto, en sus plegarias pedía crecer.
Ups… creer que todos saben lo que ocurren en el interior de los demás… el poder que da el ser diferente… la tortura de ser diferente… ¡Tantas cosas en un solo párrafo!. Abrí otra página al azar y leí:
Leo revelaba poco de sí mismo a muy pocas personas, no porque fuese tímido o porque deseara ocultarse, sino porque no sabía lo que era el deseo de ser comprendido.
No sabía lo que era el deseo de ser comprendido… Qué suerte, pensé para mí. Qué suerte. Miré la sinopsis: vaya, Alemania. Dejé el libro en la estantería, me vine a casa y me puse a buscar por Internet para comprarlo. No es un libro fácil de localizar. Al final me lo compré de segunda mano. Los libros de segunda mano siempre me intrigan y me inquietan porque me sugieren que alguien los ha descartado o no ha sabido resolver alguna herencia o una separación. O yo qué sé, la curiosidad de querer saber cómo y porqué ese libro ha sido rechazado. Me monto historias sobre el recorrido vital del libro, que de mano en mano va… y yo me lo quedo.

Trudi Montag, la protagonista de este libro (una zwerg, una enana), nace en Burgdof, un pueblo de Alemania, en 1915. El libro va desde ese año hasta 1952. Dos guerras mundiales atraviesan este libro y, por tanto, la vida de Trudi y los habitantes de Burgdof. En 1915 Burgdof es un pueblo que pertenece a las mujeres, puesto que los hombres están luchando en la guerra. Ellas gobiernan y desconfían de los pocos hombres que se han quedado. Y así, cuando Trudi nace y su madre se niega a tocarla, serán las mujeres del pueblo quienes la mantengan con vida.

Al poco de nacer Trudi, su madre se pierde por los laberínticos abismos de la mente, lo que llevará a Trudi a crecer por dentro muchísimo más rápido de lo que puede crecer por fuera.

Ya a los dos años, Trudi se sentía mayor que su madre.
Y a ver cómo explico mi sensación lectora. A ver cómo re-creo esta lectura (gracias, elvirar). Empezar a leer y devorarlo fue todo uno, buscando tiempo libre para retomar la lectura. Y la verdad que tiempo libre he tenido poco y para leer, aún menos. Pero leía cuando podía, robando ratillos aquí y allá, y mientras leía no entendía cómo este libro estaba tan “oculto” por la red, cómo era posible que fuera tan poco conocido. La fuerza de lo que leía era impresionante, Ursula Hegi crea imágenes llenas de contenido con una facilidad asombrosa.

Empecé a leer y no podía parar, todo lo que leía decía algo, transmitía algo, contaba algo. Y así una página y otra y otra y otra… Cuando llevaba leídas algo menos de 100 páginas ya había contado tantas cosas, había tanto encerrado y desmenuzado y mostrado que pensaba ¿pero qué me va a contar en las más de 500 páginas que me quedan?. No tenía ni idea, pero ya me había transmitido tanto que lo que viniera después lo concebía como un enigma arriesgado y necesario, un riesgo que quería correr. No me importaba porque lo leído hasta entonces era extraordinario y que me quiten lo bailado (lo leído).

Una forma de narrar simple y directa que hace fácil la lectura, se acomoda, no hay nada rebuscado, ni imágenes complejas, todo está estremecedoramente transparente. Estremecedor porque asombra la facilidad con la que interpreta conductas y gestos y se asoma a los recovecos del alma en los que está el germen de muchos comportamientos y sentimientos. Todo es fácil, todo es sensible, reconocible y humano, detalles, palabras y miradas. Todo nos explica a nosotros mismos. Nos descifra incluso en los  detalles, viendo dónde y cómo se inician y cómo luego se ejecutan.

Avanzo en la lectura sin desperdiciar ningún párrafo. Mis ojos se van llenando de personajes que van calando como la lluvia fina, imperceptible pero implacable en el calado

Trudi Montag, qué habilidad y qué perspicacia para ver a través de la superficie, con una visión que engrandece lo pequeño y lo invisible, viendo más allá, interpretando los detalles…Trudi, que inventa cuentos, historias y relatos para retener a las personas a su lado, que finge querer estar sola cuando la soledad se le clava en el alma con garra de hielo, estrujándosela…Trudi, que aprende a robar secretos que nadie le cedería, y esos serán los secretos que preferirá: los que roba. Hace de los secretos de los demás su don, su fuerza. El poder que le da decidir si contarlo o no. Y el saber que jamás cambiará sus secretos por los de los demás. Trudi, que de niña tiene una voz madura absolutamente creíble.

Habría hecho cualquier cosa para que la quisieran y, al no poder conseguir que la aceptaran, se apoderaba de sus secretos y los revelaba.
Desde 1915 hasta 1952 conoceremos la vida de Trudi, pero conoceremos también la vida de Burgdof y sus habitantes: las familias, los vecinos, las relaciones de unos y otros. Un pueblo como tantos otros, personas con historias, con secretos, con afectos, buena y mala gente, amistades, parejas, padres e hijos, sus comercios, sus costumbres, su identidad… 

Y sabremos cómo un pueblo cuyos vecinos eran casi como una familia se verá abocado al enfrentamiento más cruel y fratricida con la ascensión y llegada de Hitler al poder. Inevitablemente, un buen número de páginas transcurrirán durante los años de la II Guerra Mundial, en este caso conociendo cómo viven todo lo sucedido, cómo lo viven unos y otros, cómo algunos no supieron ver, otros no quisieron creer, otros confiaron hasta llegar a espacios en los que la confianza era la muerte segura, otros se dejaron convencer, otros creyeron, los de más allá dudaron, los de más acá traicionaron a su propia familia, muchos  miraron a otro lado… y otros, ayudaron. Hermanos, vecinos, hijos, enfrentados entre sí. Todo ello, no olvidarlo, en un pueblo alemán. Todos eran alemanes, judíos y no judíos, nazis y no nazis. Todos alemanes y vecinos. Jugaron juntos, vivían juntos, crecieron juntos, algunos hasta lucharon juntos en la I Guerra Mundial. Una sociedad compleja, un país complejo. Como tantos otros, también.

¿Qué me ha gustado de este libro? Que durante muchas, muchísimas páginas, el libro da tanto, tiene tanto contenido, da que pensar… Los primeros años de vida de Trudi, su infancia, su adolescencia… es maravillosa, ella y los personajes que van apareciendo, las historias que se van sucediendo, la visión de Trudi, las descripciones que Ursula Hegi hace de sus personajes y su comportamiento. La mirada es tan… especial. Sumergirme en la lectura era una absoluta delicia, maravillada de lo que leía y cómo me lo contaba Hegi.

¿Qué pasó? Demasiadas páginas. Ursula Hegi se va desinflando un poquito a la hora de contar y el lector llega demasiado cansado a la travesía de la última parte del libro. ¿Podría haberlo contado en menos páginas? Sí. No muchas menos, pero sí. Va perdiendo fuerza, aunque su nivel más bajo sigue siendo un nivel alto.

¿Cuál es el balance? Un personaje extraordinario, Trudi, y algunos más (Gertrud, Leo, Georg, Eva, Max…) que también tardaré en olvidar. Una manera sutil, preciosa y precisa de contar historias y el comportamiento humano. Una autora que entra en la saca de quieroleermás (urge confirmar las sensaciones). Una travesía por la IIGM que se hace pelín prolongada (o a la que yo llegué cansada). Una Trudi que pierde fuerza hacia el final. Una excesiva cantidad de personajes a los que cuesta seguir sin anotar quién es quién. Un libro que termina por hacerse algo largo porque resulta difícil mantenerse tan tan tan arriba, aunque igualmente el nivel es muy bueno. Momentos de lectura inolvidables. Un descubrimiento. Un libro desconocido que me ha sorprendido mucho y bien. Una lectura recomendable.

Ahora, con este batiburrillo de balance, decidan lo que les plazca. Yo así lo he leído y así lo he contado. Es una buena lectura que merece conocerse más.

Lo que podía ofrecerle a Georg era mucho más de lo que había ocurrido –una secuencia que lo guiaría hacia el meollo de la historia, una historia que contendría un mundo entero-. Tenía que ver con qué contar primero, aunque no hubiese ocurrido primero, y con qué acabarla. Tenía que ver con qué resaltar y a qué renunciar. Y qué abrazar.
(©AnaBlasfuemia)

jueves, 15 de mayo de 2014

Las nieves azules (Piotr Bednarski)



Título original: Błękitne śniegi
Traductora: Amelia Serraller
Páginas: 144
Publicación: 1996 (2014)
Editorial: Malpaso
ISBN: 9788415996224
Sinopsis: En las entrañas del sistema represivo soviético, en la gélida Siberia de los gulags, un niño trata de serlo conservando el entusiasmo por la vida que la vida le niega. Porque la muerte triunfa en torno a él. A pesar de ello, a despecho de cárceles y desapariciones, el joven Petia, condenado a la madurez antes de cumplir diez años, logrará espantar el miedo o desarmar el espanto apoyado en una fe inquebrantable y, sobre todo, en la fuerza cálida de la poesía. El recuerdo de una época feroz irrumpe así en la novela menos ficticia. Y la desborda. Y la ennoblece. Porque la ficción logra a veces reflejar todas las aristas de la barbarie si también consigue recortarlas contra el fondo de lo indeleblemente humano. Entonces nos redime.

Le decía estos días a una amiga que lo que une a los lectores no es leer, sino cómo leemos; hay muchas personas que leen, y mucho, pero con las que no se produce esa conjunción de espíritus lectores, y hay otras que son auténticas almas gemelas, hermanadas incluso cuando discrepan. Empatía lectora. Porque no es leer, es el cómo se lee. El cómo lee quien aquí escribe creo que es evidente: con el corazón, con las entrañas, con la piel, con el alma y las tripas. Cuando leo, no me importa llorar hasta la extenuación, reírme hasta despanzurrarme, enfadarme hasta no reconocerme, entusiasmarme hasta alcanzar alguna cumbre imposible, emocionarme hasta las trancas, despeñarme precipicio abajo hasta conocidos avernos, trepar hasta el lado misterioso de la luna, inquietarme hasta acelerar los latidos del corazón... No me importa porque lo que quiero es vivir (es una obsesión que tengo y que aquí repito mucho: vivir). Y si cuando leo lloro, me parto de la risa, me cabreo, me emociono, tropiezo, me levanto, me inquiero, me cuestiono o cuestiono... entonces es que estoy viva. Agotador, sí. Pero me agota más el aburrimiento o pasar por la vida de puntillas.

Este libro llegó a mí a través de dos miradas que se miran, alzan las cejas como preguntando ¿sí? y se responden... ¡sí!. Podría decir que sin necesidad de palabras, pero, en el contexto, eran necesarias. En el recuerdo no hicieron falta ni palabras. Malpaso, que en su día me trajo al entrañable Jamie, hizo el resto, gesto que desde aquí agradezco.

Y como leo de la forma que ya he dicho, lo puse todo. Y como fue una lectura fruto de compatibilidades y almas lectoras gemelas, puse aún más.

Hasta donde alcanza mi conocimiento de los Gulags (lo que viene siendo Dirección General de Campos de Trabajo), son sinónimo de barbarie. Vidas destruidas, familias aniquiladas, destierros brutales, represión, aniquilación, masacres. Inhumanidad. Conocemos mucho del Holocausto nazi pero ¿cuánto de las atrocidades de Stalin? Un ser ambicioso, violento y cruel que hizo de los Campos de Trabajo uno de los sistemas más mortales de la historia.

Situados en la Taiga, un bosque de Siberia, los gulags encontraban en las gélidas temperaturas, que podían alcanzar los -40º, una autentica muralla insalvable para quienes intentaban escapar. Y es ahí, en Siberia, donde nos vamos a encontrar a Pietia, un niño de diez años, y a su madre, Bella. Judíos polacos deportados en un campo de trabajo en el que el ochenta por ciento eran hijos de enemigos del pueblo trabajador (todo un aforismo sentencioso) y sobre los que continuamente pesaba la amenaza de ser enviados a los gulags, mientras esperaban el regreso de los suyos: padres, abuelos, hermanos, hijos... La mayoría no volvieron.

Pietia nos llevará de la mano en su día a día. Conoceremos a varios personajes, cada capítulo es una microhistoria del transcurrir en el inhóspito lugar al que le han deportado. Personas, personajes, hechos, brutalidad, traiciones, denuncias y amor van pasando a un ritmo y a una cadencia en ocasiones de la misma temperatura gélida del lugar en que todo sucede. Aunque es un libro fácil de leer, no me ha resultado fácil meterme dentro, sentirme y sentir. No ha sido una lectura en la que las distancias se desmenuzan hasta desaparecer, te dejas abrazar y hay cercanías. No.

Desde el principio me encontré con un problema: Pietia tiene diez años, pero voz de adulto. Criiiii. Problema. Ya estamos con la consabida dificultad de las voces infantiles: o se expresa, piensa, siente y razona como un niño o, si no es así, el trecho entre el libro y yo se convierte en una brecha.

Según consta en la información sobre el autor que nos ofrece la propia editorial Malpaso: Horeszkowce, la ciudad polaca donde Piotr Bednarski nació en 1934, fue ocupada por el Ejército Rojo en septiembre de 1939. Deportado a Siberia con su familia, sólo él consiguió sobrevivir a la brutalidad de los gulags. Pietia es Piotr. Pero quien escribe es el Piotr adulto dándole voz al Pietia niño. Y ahí, habemus brecha.

No ha sido una lectura fácil. Esa voz infantil que no lo es, la religiosidad, las referencias bíblicas, numerosas expresiones que no conocía o de las que no tenía referencia y que tenía que buscar su significado (NKVD, fufaika, Kolymá, circasiano, isba…), esa belleza de la madre que deslumbra incluso a quienes no tienen corazón hasta el punto de conseguir hacerse respetar mínimamente (algo que no he terminado de entender)… Todo eso no terminaba de derretir el hielo.

Durante bastantes páginas, pensé que había tropezado con este libro. Pero cuando estaba casi en el suelo, resignada al batacazo… Pietia (Piotr) me recogió delicadamente, con dulzura, y me hizo recuperar una posición mucho más cómoda y cercana. Como una arcilla que vas moldeando, la lectura va adquiriendo forma, consistencia y textura. Pietia se va convirtiendo en el niño que es, y alcanzo a sentir su dolor, su rabia, su impotencia, pero también su entusiasmo por vivir, su necesidad de vivir. El frío azul de la nieve y el hielo se transforma en un cálido añil, probablemente del color de mis propias lágrimas. Lágrimas azules en ojos verdes.

No me resultó fácil entender esas historias que se suceden de capítulo en capítulo, sin dejar espacio a que sientas rabia, lástima, emoción, dolor, ternura… Pero al final, comprendí que Piotr no quiere regodearse en tanto dolor. Cuenta una historia, cierra capítulo, cuenta otra historia, cierra capítulo, otra vivencia, siguiente capítulo… No puedes detenerte en el sufrimiento porque hay que seguir sobreviviendo, por eso no deja tampoco ese margen al lector. En condiciones tan brutales, donde la vida del ser humano vale nada, y el día a día es un mendrugo de pan y sobrevivir, no hay espacio para compadecerse, sentir lástima, llorar... Sólo seguir y subsistir. Y en cierta forma, aun comprendiendo el sentido de narrar así, debo reconocer que tardé mucho en engancharme a esta lectura, porque todo sucedía como con distancia… y frío… Al final consigo encontrarme con la emoción, con la brutalidad de algunas imágenes. Y después de unos días, el libro reposado, ha dejado algún rescoldo que me permite rescatar esta lectura y cerrar la brecha.
Estábamos bien porque no conocíamos el bienestar.
Banda sonora de la lectura