Traductor: Gema Moral Bartolomé
Páginas: 128
Publicación: 1926 (2012)
Editorial: Alba
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788484287438
Sinopsis: Myra Driscoll renunció a la fortuna de su tío y a una comodidad de princesa para ser fiel a sus sentimientos y casarse con Oswald Henshawe. Pero la obra mostrará el haz y el envés de aquella valentía ideal. A través de la exquisita mirada de la joven Nellie asistimos a la rememoración de dos momentos clave para el retrato de Myra: la vida del matrimonio en Nueva York, llena de glamour y de amistades artísticas, y su final empobrecido en una ciudad junto al Pacífico.
Ha vuelto a suceder: escojo un libro de pocas páginas, una lectura con vocación de tránsito, y me estalla en las manos. Vuelvo a encontrar una joya y la sorpresa me pilla desprevenida (no podía ser menos, vaya birria de sorpresa si no fuera así). Tan desprevenida estaba que incluso me pilla indefensa, desarmada y sin barreras emocionales que me protejan de la belleza y la emotividad consecuente. Pero qué importa, estas sorpresas a mano armada, a libro abierto, son una de las razones por las que cada día, abro un libro y leo.
No necesita mucho Willa Cather para contar la historia de Myra Driscoll y mostrarnos su profunda y compleja personalidad. Lo hará a través de los ojos de Nellie, una quinceañera inteligente, observadora y perspicaz que nos conducirá de forma soberbia a través de esta historia aparentemente intranscendente y superficial. Si tuviera que decir qué es lo que se cuenta en “Mi enemigo mortal”, cuál es la trama, no sabría decirlo. Podría decir que es, sobre todo, la historia del matrimonio de Myra Driscoll, o la historia de Myra Driscoll, contada en dos partes muy diferenciadas: en la primera asistimos al esplendor social, cultural y económico de Myra y Oswald (una época de mucha pompa y glamour) y la segunda nos muestra su ruina social, económica y hasta de salud. La decadencia.
Pero detrás de ese simple argumento transcurren muchas cosas que Willa Cather nos insinúa (más que mostrarnos) con delicadeza muy sutil, pero con mano firme (casi como si de la propia Myra se tratase): las decisiones que tomamos y la factura que pasan (¿factura o fractura?), la búsqueda del culpable por las consecuencias de esas decisiones (¿yo, por decidirme? ¿tú, que me ilusionaste?, ¿yo, que soñé? ¿tú, que me hiciste creer?,..). ¿Quién es el enemigo mortal? (¿el marido, ella misma, quien observa, las ilusiones desgastadas, el tiempo -“el implacable, el que pasó...”-?). ¿Quién engaña y quién es el engañado? ¿o es la vida la que nos engaña? ¿o tal vez las ilusiones?.. Hay que buscar en los pequeños gestos, en los detalles (que es donde se esconden los grandes dramas, las pasiones más encendidas, los sueños más elevados, las ilusiones desmedidas, el amor más entusiasta. Ahí, donde conviven generosidad y egoísmo sin contradecirse).
La grandeza de este libro está en que habrá quién lo lea y diga… “¿y…?”. Pero habrá quién lo lea, cerrará el libro y necesitará un tiempo antes de tomar una decisión simple: levantarse, encender un cigarro, hablar con alguien…. A eso se llama saborear un libro… y masticar sus consecuencias.
Hay lecturas que dosificas página a página, que son ese pequeño rincón del día en el que buscas aislarte y te concentras en ese gesto íntimo que supone la lectura.
Hay libros que más que leerlos te acurrucas en ellos, instalándote en un espacio confortable en el que te dejas llevar y casi hasta acariciar, acomodada entre palabras, insinuaciones y descripciones.
Hay libros que te acogen, y luego te zarandean con tanta astucia que terminas de leerlos y dices: “gracias”.
Este ha sido uno de esos libros.
(©AnaBlasfuemia)
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Páginas: 128
Publicación: 1926 (2012)
Editorial: Alba
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788484287438
Sinopsis: Myra Driscoll renunció a la fortuna de su tío y a una comodidad de princesa para ser fiel a sus sentimientos y casarse con Oswald Henshawe. Pero la obra mostrará el haz y el envés de aquella valentía ideal. A través de la exquisita mirada de la joven Nellie asistimos a la rememoración de dos momentos clave para el retrato de Myra: la vida del matrimonio en Nueva York, llena de glamour y de amistades artísticas, y su final empobrecido en una ciudad junto al Pacífico.
Los árboles y los arbustos parecían acicalados y sociables, como personas encantadoras… Estuve un buen rato junto a la fuente intermitente Su rítmico chapoteo era como la voz de aquel lugar. Descendía y se alzaba cual una respiración agitada y feliz, y el sonido era musical, parecía surgido de la garganta de la primavera… Tuve la sensación de que allí el invierno no llevaba consigo la desolación, estaba domesticado, como un oso polar que una hermosa dama paseara con correa.
Ha vuelto a suceder: escojo un libro de pocas páginas, una lectura con vocación de tránsito, y me estalla en las manos. Vuelvo a encontrar una joya y la sorpresa me pilla desprevenida (no podía ser menos, vaya birria de sorpresa si no fuera así). Tan desprevenida estaba que incluso me pilla indefensa, desarmada y sin barreras emocionales que me protejan de la belleza y la emotividad consecuente. Pero qué importa, estas sorpresas a mano armada, a libro abierto, son una de las razones por las que cada día, abro un libro y leo.
No necesita mucho Willa Cather para contar la historia de Myra Driscoll y mostrarnos su profunda y compleja personalidad. Lo hará a través de los ojos de Nellie, una quinceañera inteligente, observadora y perspicaz que nos conducirá de forma soberbia a través de esta historia aparentemente intranscendente y superficial. Si tuviera que decir qué es lo que se cuenta en “Mi enemigo mortal”, cuál es la trama, no sabría decirlo. Podría decir que es, sobre todo, la historia del matrimonio de Myra Driscoll, o la historia de Myra Driscoll, contada en dos partes muy diferenciadas: en la primera asistimos al esplendor social, cultural y económico de Myra y Oswald (una época de mucha pompa y glamour) y la segunda nos muestra su ruina social, económica y hasta de salud. La decadencia.
Pero detrás de ese simple argumento transcurren muchas cosas que Willa Cather nos insinúa (más que mostrarnos) con delicadeza muy sutil, pero con mano firme (casi como si de la propia Myra se tratase): las decisiones que tomamos y la factura que pasan (¿factura o fractura?), la búsqueda del culpable por las consecuencias de esas decisiones (¿yo, por decidirme? ¿tú, que me ilusionaste?, ¿yo, que soñé? ¿tú, que me hiciste creer?,..). ¿Quién es el enemigo mortal? (¿el marido, ella misma, quien observa, las ilusiones desgastadas, el tiempo -“el implacable, el que pasó...”-?). ¿Quién engaña y quién es el engañado? ¿o es la vida la que nos engaña? ¿o tal vez las ilusiones?.. Hay que buscar en los pequeños gestos, en los detalles (que es donde se esconden los grandes dramas, las pasiones más encendidas, los sueños más elevados, las ilusiones desmedidas, el amor más entusiasta. Ahí, donde conviven generosidad y egoísmo sin contradecirse).
La grandeza de este libro está en que habrá quién lo lea y diga… “¿y…?”. Pero habrá quién lo lea, cerrará el libro y necesitará un tiempo antes de tomar una decisión simple: levantarse, encender un cigarro, hablar con alguien…. A eso se llama saborear un libro… y masticar sus consecuencias.
Hay lecturas que dosificas página a página, que son ese pequeño rincón del día en el que buscas aislarte y te concentras en ese gesto íntimo que supone la lectura.
Hay libros que más que leerlos te acurrucas en ellos, instalándote en un espacio confortable en el que te dejas llevar y casi hasta acariciar, acomodada entre palabras, insinuaciones y descripciones.
Hay libros que te acogen, y luego te zarandean con tanta astucia que terminas de leerlos y dices: “gracias”.
Este ha sido uno de esos libros.
(©AnaBlasfuemia)
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