Título original: Modlitba pro Katerinu Horovitzovou
Traductor: Patricia Gonzalo de Jesús
Páginas: 168
Publicación: 1973 (2012)
Editorial: Impedimenta
ISBN: 9788415130314
Sinopsis: Inspirada en una historia real, Una oración por Katerina Horovitzová describe el trágico destino de un grupo de acaudalados hombres de negocios judeoamericanos, de paso en un campo de concentración polaco dirigido por un retorcido oficial de las SS. Los prisioneros reciben la promesa de que podrán ser liberados gracias a un intercambio por prisioneros alemanes, pero su repatriación solo se producirá si son ellos mismos quienes corren con los gastos del periplo. A pesar de saber que están siendo utilizados, deciden confiar en el persuasivo responsable del campo. Es entonces cuando el portavoz del grupo, Herman Cohen, se compadece de la joven y bella judía polaca Katerina Horovitzová, a punto de ser gaseada junto con toda su familia, y compra su vida para sacarla del campo.
Podéis leer el primer capítulo AQUÍ.Esta lectura comenzó para mí de una forma desconcertante, pese a haberme leído la sinopsis. Empezamos con un grupo de millonarios judeoamericanos que son los rehenes del maquiavélico oficial de las SS, Bedrich Brenske. Por otro lado está Katerina Horovitzová, que se “libra” del campo de concentración y pasa a formar parte del grupo gracias a que Herman Cohen, con la misma confianza y naturalidad con que pide un traje a medida igualmente se hace con Katerina, salvándola de una muerte segura. Y a partir de esta situación, arranca la historia.
Esta historia no sólo está basada en un hecho real, es que el autor, Arnošt Lustig, conoció sobradamente los campos de concentración nazis. O sea que documentado estaba un rato largo. Nacido en Checoslovaquia, como judío fue enviado en 1942 a un campo de concentración, y después de pasar por dos más (Auschwitz incluido), consiguió escapar en 1945 del tren que lo llevaba a Dachau.
Así pues, Una oración por Katerina Horovitzová es ficción y es realidad, va a jugar con esos dos elementos para contarnos una historia situada en la II Guerra Mundial. Parecería que ya está contado todo, pero no. Ese va a ser el mérito de Lustig: un acercamiento diferente, una forma de contar distinta. Esta lectura ha sido una sorpresa inesperada que me confirma que no todo está contado y que además hay muchas formas de contar la historia.
He dicho que al principio estaba un poco desconcertada, no sabía muy cuál era la situación ni hacia donde me quería llevar Lustig. Pero de repente, entendí. Este libro es como una pieza teatral, de hecho se desarrolla enteramente en espacios cerrados (la sinagoga, el tren…), los personajes principales son fundamentalmente tres: Herman Cohen, Katerina Horovitzová, y Bedrich Brenske. Hay más, claro, el sastre (un personaje fundamental, uno de los que tiene una mirada más amplia de lo que sucede), el rabino, soldados, los otros “rehenes”… Pero todo gira en torno a los tres personajes mencionados.
Entender que estábamos en contextos cerrados, que el libro y lo que se desarrolla en él es un espacio cerrado, y que yo estaba fuera de ese espacio cerrado, me ayudó a comprender mejor esta inmensa lectura y a ir profundizando en la complejidad de lo que acontece. Porque cuando hablamos de espacios cerrados, implícitamente revolotea el concepto de “espacios abiertos”. Continente y contenido. Lo que está dentro y lo que está fuera. Yo, lectora, estoy fuera. Y tengo una visión más allá de esos espacios cerrados en que se mueven los personajes. Como lectora, también estoy documentada respecto a esa época. Veo lo que está dentro y lo que está fuera de ellos. Pero ellos no, Herman Cohen, Katerina Horovitzová y el resto de rehenes no saben. Brenske, cabrón, él sí sabe. También el sastre.
Katerina, Herman y sus compañeros son títeres, marionetas rotas a las que sostiene la esperanza y la desinformación. La ignorancia y el desconocimiento moverán sus acciones en una especie de ingenuidad tan real como desconcertante (para el lector). Esperanza y miedo, lucha, sumisión, aceptación, comprensión, confianza y desconfianza… sentimientos humanos en un mundo deshumanizado.
Una de las grandes virtudes de este libro es que no nos vamos a encontrar con los instrumentos narrativos habituales en este tipo de lecturas: no juega con el recurso fácil del sentimentalismo y la sensiblería ni con la crudeza de los campos de concentración. ¿Es una lectura dura? Sí, claro. Te golpea, ¿cómo no va a hacerlo?. Pero la táctica narrativa y la trama que construye Lustig es, además de sorprendente, espléndida y muy habilidosa. El juego narrativo que despliega, cómo cuenta en todo momento con el lector, el espectador de la historia, para que sabiendo él que nosotros sabemos, vayamos y volvamos una y otra vez con los personajes, en su vaivén emocional, en una especie de baile inquietante en el que empiezas desconcertada y terminas horrorizada… es soberbio. Mostrar con tanta sutileza lo atroz ha sido algo ante lo que no puedo menos que quitarme el sombrero.
Aunque sé que muchas personas renunciaréis a esta lectura porque aborda un tema del que ya se ha hablado y escrito mucho, os diré que si os mueve, más allá del interés (o no) por este periodo histórico, el afán de conocer planteamientos distintos, matices diferentes, de lo ya conocido, entonces este es vuestro libro.
Cien veces valerosa, cien veces bondadosa, mil veces justa, mil veces bella.Hace apenas dos años visité el campo de concentración de Sachsenhausen, cercano a Berlín, no voy a detallar aquí (y ahora) lo que sentí y cómo lo sentí. Pero sí quiero compartir alguna de las fotos que allí hice, por si la memoria nos traiciona.
(©AnaBlasfuemia)
En la puerta de entrada: El trabajo os hará libres
Traducción: Zona neutral: Se disparará inmediatamente sin previo aviso
Traducción: "Y sé algo más. La Europa del futuro no puede existir sin conmemorar a todos aquellos que, sin importar su nacionalidad, fueron asesinados en aquellos años con un desprecio y odio total, que fueron torturados hasta morir de hambre, en cámaras de gas, incinerados o colgados..." (Andrzej Szczypiorski. Prisionero del campo de concentración de Sachsenhausen, 1995)