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martes, 22 de septiembre de 2015

Reseñas Express (9)

Aunque últimamente (y lo que te rondaré morena), este blog parece más el de Lo que vivo/siento, lo cuento, no se me olvida que se conoce por Lo que leo, lo cuento. Vuelvo (aunque no pongo la mano en el fuego). Allá vamos.
Nadie se salva solo (Margaret Mazzantini)

Título original: Nessuno si salva da solo
Traductor: Carlos Gumpert
Páginas: 224
Publicación: 2011 (2012)
Editorial: Alfaguara
ISBN: 9788420412689
Sinopsis: Delia y Gaetano eran pareja. Ya no lo son, y han de aprender a asumirlo. Desean vivir tranquilos pero, al mismo tiempo, les inquieta y seduce lo desconocido. ¿En qué se equivocaron? No lo saben. La pasión del comienzo y la rabia del final están todavía demasiado cercanas. En una época en la que parece que ya está todo dicho, sus palabras y silencios dejan al desnudo sus soledades, sus urgencias, sus recuerdos, y provocan brillos imprevistos al poner en escena, una noche de verano, el viaje del amor al desamor.

Un día alguien muy (pero muy) especial para mí me dijo: "Nadie puede salvar a nadie". Me quedé muy pensativa y algo triste. Al día siguiente fui a la biblioteca. Y el primer libro que encontré fue este, Nadie se salva solo. Creo en destinos y señales, otra cosa es que las interprete correctamente… Me llevo el libro a casa.

Pronto me doy cuenta que no es buena opción. Avanzo por las páginas y me parece todo muy manido, muy trillado, poco original. Debo estar cascarrabias, irritable, suspicaz, vulnerable… leo y me molesta lo que leo, hasta me parece una lectura juvenil, ingenua, poco profunda, no hay detalles que digas ¡eso es! Las culpas que se arrojan de un lado a otro me resultan cargantes, poco sorprendentes y muy estereotipadas. Aunque me gusta lo que intenta contar, no me convence el cómo, no me sorprende, no me emociona.

Avanzo rápido buscando pistas, preguntas o respuestas y no las encuentro. Está claro que no están aquí. Tan claro como que nadie se salvará si no quiere. Y si quiere, necesitará en quien apoyarse. Tal vez fuera verdad que nadie puede salvar a nadie. ¿Por qué se ha cruzado en mi camino este libro? No lo sé. Para cabrearme. No me ha conmovido, tal vez no pueda conmoverme más de lo que ya estoy con mi propia vida. Qué rabia. Mala elección. Al final el tiempo y Anaïs Nin me dan la respuesta (una vez más): “A las personas no hay que salvarlas, hay que amarlas” Y yo siempre comulgo con lo que diga Nin. Amén (con acento). Amen (sin acento).
Flores de febrero (Fan Wu)

Título original: February flowers
Traductora: Ana Guelbenzu
Páginas: 206
Publicación: 2006 (2008)
Editorial: Nabla
ISBN: 9788493592677
Sinopsis: Flores de febrero es una novela ubicada en la China moderna de finales del siglo XX, en pleno proceso de occidentalización y abandono de sus tradiciones. Cuenta la historia de dos mujeres jóvenes Ming, de diecisiete años, y Yan, de veinticuatro, que tienen muy poco en común; tan sólo el hecho de estudiar en la misma Facultad. Ming, idealista y preocupada, vive en un mundo de libros, música e imaginación. Yan, en cambio, es sexy, cínica y salvaje, sin sentido del hogar y de la familia. Aun así, al conocerse, pronto se hacen buenas amigas. Su amistad es breve, casi fortuita pero intensa, y cambia para siempre el mundo de Ming.

Y bueno… es fácil de leer. Una novela más que describe el paso de una mujer de la adolescencia a la madurez. Nada nuevo: una amistad, unas dudas. El trasfondo de la China de los años 90, mujeres un tanto cándidas y desinformadas en cuestiones sexuales. Un exceso de inocencia. Una historia de amistad y sentimientos. Tintes autobiográficos evidentes, pero lo que cuenta es tan universal que hasta podría haberse extraído de mi propia biografía. O de la tuya. Es una lectura agradable, que deja buen sabor de boca, interesantes datos sobre la cultura china de los años noventa, pero no es un libro que vaya a formar parte de mis lecturas imprescindibles. Más o menos agradable mientras lo lees pero no perdura en el recuerdo y el poso que deja es frágil.
La chica del tren (Paula Hawkins)

Título original: The Girl on the Train
Traductor: Aleix Montoto
Páginas: 496
Publicación: 2014 (2015)
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408141471
Sinopsis: Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece?

El libro me tocó en un sorteo de la editorial. Me apetecía, hasta necesitaba, una lectura de evasión, ligera, rápida. Más allá de los exagerados comentarios de la contraportada, que no sólo ignoro sino que me irritan, había visto algún comentario alentador sobre este libro, así que me puse con él. Y debe ser que no he sabido leerlo o que tal vez he leído otro libro, porque para mí (al contrario que para la mayoría de la gente) ha sido una lectura que va de más a menos. A mitad de lectura ya tengo la sensación de que el chicle se está estirando innecesariamente y algo más allá de esa mitad ya se perfila tan evidente lo que va a suceder que todavía estoy pensando porqué tantas páginas finales para explicar lo que es innecesario explicar. Rescato el personaje de Rachel, que sostiene durante la primera mitad el interés, un personaje muy interesante. En definitiva, me ha entretenido, me han sobrado páginas. Del montón. Sobrevaloradísimo y prescindible. Típico libro para consumir en verano con mucho bombo y marketing detrás.

Pornografía (Manuel Arranz)

Páginas: 48
Publicación: 2013
Editorial: Periférica
ISBN: 9788492865772
Sinopsis: Una primera novela que se lee en un instante casi, pero que encierra todo el mundo: un hombre de 60 años se enamora, y vive su intensa pasión con la sabiduría que conceden los años. Un texto de una sutileza portentosa, bellísimo. «Quien ama es implacable, no deja pasar ni una.»

Pues la sutileza es tan portentosa que yo no la he captado. Más que Pornografía el título del libro debería de ser Prono-grafía: grafía escrita boca abajo, y yo debí leerla al revés porque sólo he visto citas, aforismos, referencias, más citas y citas de otros autores, obviedades... No sería mi día. Rescato, por salvar algo del naufragio, el poco tiempo que lleva leerlo y una frase:
No estamos hechos para vivir en sociedad. Nadie es como nosotros. Estamos siempre solos.

La sonrisa de la Gioconda (Aldous Huxley)

Título original: The Gioconda Smile: A Story
Traductor: Enrique de Hériz
Páginas: 104
Publicación: 1938 (2014)
Editorial: Navona
ISBN: 9788492840816
Sinopsis: Si no fuera porque Mr. Hutton ha de soportar la carga de una esposa enferma y quejicosa, su vida sería extraordinariamente placentera. Vive en una casa confortable, con una gran biblioteca familiar; ama la lectura, le gusta frecuentar la compañía de mujeres, goza de un refinado paladar y no tiene problemas económicos. Su vecina, Janet Spence, se compadece de Mrs. Hutton y la visita con frecuencia para ofrecerle compañía y cuidados. Cuando un luctuoso suceso convulsiona la vida cotidiana de los protagonistas de esta historia, afloran a la superficie unos comportamientos no convencionales que ponen de manifiesto sentimientos poderosos con una gran capacidad destructora.

Sólo había leído la novela distópica Un mundo feliz de Huxley y al ver este libro, una novela corta, me dejé tentar. Y ha sido una agradable sorpresa, sobre todo porque me ha impresionado lo que me ha recordado a ¡Stefan Zweig! Un protagonista cruel y ególatra, Mr. Hutton, que se acaba autodestruyendo por su propia debilidad. Una historia previsible pero que Huxley narra y describe con un estilo destacable. Una afilada sátira de la que  no tengo mucho más que decir.

La poesía que he ido compaginando con estas lecturas: Poemas de amor de Anne Sexton (desgarradora, bella, valiente, fascinante), Antología poética de Jaime Sabines (pocos poetas me atraviesan y arañan el alma como lo hace Sabines), Los versos del capitán de Pablo Neruda (Neruda, siempre Neruda. Imprescindible Neruda), Volver antes que ir de Flavia Company (elegante Company, memoria, viajes, emigración e identidad) y Vuelo ciego de Idea Vilariño (fervorosa, obsesiva, inquietante. Me sacude). Ellos sí son ineludibles (y otros muchos, menos mal).

¿O no es una maravilla este poema de Sabines?

Te quiero como para invitarte
a pisar hojas secas una de estas tardes

Te quiero como para salir a caminar,
hablar del amor,
mientras pateamos piedritas.

Te quiero como para volvernos chinos de risa,
ebrios de nada y pasear sin prisa las calles

Te quiero como para ir contigo a los lugares
que más frecuento y contarte que es ahí
donde me siento a pensar en tí.

Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche.

Te quiero como para no dejarte ir jamás.

Te quiero como se quiere a ciertos amores,
a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.

¿Pisamos hojas y pateamos piedritas?




lunes, 17 de noviembre de 2014

Mortal y rosa (Francisco Umbral)





Páginas: 256
Publicación: 1975 (2008)
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408081333
Sinopsis: En Mortal y rosa el poeta Francisco Umbral gira y gira en la trituradora de una impotencia y de una pena descabelladas: está mirando la lenta muerte de su hijo. El escritor, el poeta, tambaleándose en los territorios de la calamidad, rebotando contra los paredones de un destino completamente despiadado, descifrando con los ojos desamparados el abecedario de lo absolutamente indescifrable, habitante ya para siempre en el abismo al que abrazó cuando resolvió convertir en palabras su humillación y su pena de nacido en este planeta desalmado, le dice a la ausencia de un niño: "... quién eras, quién eres, a quién hablo, qué escribo...". Estaba tan aturdido de dolor que no se daba cuenta de que escribía un monumento a la literatura.


A este libro llegué primero por una reseña de U-topia. Confío en ella y en su mirada lectora, así que pese a la antipatía que me despertaba Paco Umbral, lo anoté. Y anotado se quedó. Quién sabe cuánto tiempo hubiera permanecido ahí, en esa lista tan larga de lecturas probables que todos tenemos. Necesitaba un empujón. Y me lo dio alguien que hasta cuando te empuja lo hace con un abrazo. Sé que siempre podré contar con esos empujones y sus abrazos. Y más.

A veces confundes obra y autor. Piensas que son lo mismo. Que hay quien no puede captar y transmitir belleza y ternura porque no forma parte de ellas, al menos en tu cabeza no forma parte de ellas. Si me hubieran dicho que iba a leer a Paco Umbral, que iba hasta llorar leyendo tanta belleza, tanto dolor, su alma desnuda, poética e intensa, no me lo hubiera creído. Me encanta saber que tengo mucho que aprender, mucho que reaprender, y que podré rectificar no con rencor, sino con alegría y admiración.
Si no hay transparencia no hay escritura.
Quizá la literatura sea eso. Desaparecer en la escritura y reaparecer, gloriosamente, al ser leído.
Nunca dudé de la prosa de Umbral. Pero la tirria que le tenía nunca me dejó valorarle como escritor, no me encontraba con él, no me sentía cómoda en sus libros, casi hasta me irritaba, aunque admiraba su sabiduría, su manejo de las palabras. Y qué magnífica lección he aprendido. Quién diría que fuera Umbral el que me la iba a dar.
Cuando me arranco al bosque de los sueños, a la selva oscura del dormir, y me cobro a mí mismo, me voy lentamente completando. Porque he dejado de interesarme por mis sueños. A la mierda con Freud.
Así empieza este Mortal y rosa. Y, caray, no puedo estar más de acuerdo con él. Hace mucho (y muchas veces) que he mandado a la mierda a Freud. Y no hace menos que he dejado de interesarme por los sueños, los sueños del dormir (bueno, algunos me interesan…). Los otros, los sueños del vivir son irreductibles y los necesito como el respirar. Soñarlos y convertirlos en realidad, como quien da forma al barro, despacio, con paciencia, con mimo y delicadeza. Y así, desde el primer párrafo, Umbral me ganó, y consiguiendo sortear las esquinas laberínticas en las que siempre está esa mirada obsesiva de Umbral por el sexo, la mujer y el erotismo, encuentro una mirada sobre su dolor, su dolor como padre, que converge con la mía (que no soy madre).
Un niño es una lámpara de vida. Un niño es un aceite inextinguible.
Umbral, en este libro, se nos muestra como un hombre desnudo. Un padre desnudo. Deja atrás al egoísta lírico y nos enseña sus cicatrices, esas imborrables que dejan la muerte de un hijo. De su hijo. Resigue con palabras el camino trazado por el amor, la vida, la enfermedad, la pérdida y el dolor. Lo hace con una honestidad brutal y sin concesiones, digna de quitarse el sombrero, con el impudor que le caracterizaba, desgarrador y tierno a la vez. Un Umbral transparente, bello (sí ¡bello!), con una mirada valiente hacia sí mismo justo cuando su epicentro es el desgarro.
Qué torpe para lo sencillo, qué hábil para lo inesperado. Crueldad y ternura son en él una misma cosa, y destripa el mundo porque lo ama.
Y así, Umbral se destripa a sí mismo porque amaba a su hijo. Nos ofrece sus tripas y el lector, donde hay entrañas, ve la belleza de ese ofrecimiento. Él se reencuentra con su hijo a través de este libro y nosotros nos reencontramos con el escritor, con el hombre, con el padre. No hay atajos, no hay caminos cortos, todos son sinuosos, los paisajes cambian, pero igualmente haces el recorrido con él.
Estoy oyendo crecer a mi hijo.
A lo largo de las páginas, Umbral entra y sale, va y viene, porque el dolor, la muerte, necesita de rodeos para mirar a la cara, la muerte como ausencia irreparable y desgarradora tiene pocos caminos que se transiten en línea recta. Y nos cuenta todo, no sólo la enfermedad y la muerte del hijo. Y yo, que estoy en un momento en el que tengo todos los sentidos a mil (hasta el olfato se esfuerza, encomiable, en estar a la altura), entro y salgo con Umbral, le sigo sin rechistar, oyendo como él mismo crece palabra a palabra. Viendo cómo mis propios ojos han cambiado su mirada reconociendo un espejo que parecía imposible a priori.
La imaginación es el vuelo de un sentido a través de todos los otros. La imaginación es la sinestesia, el olfato que quiere ser tacto, el tacto que quiere ser mirada.
No basta con mirar. Hay que sobremirar, sobrever.
No basta con mirar, no. Sobremirar, sobrever, sobreleer, sobrevolar, es así como se alcanza a ver dentro, adentro… Este libro es de una belleza inusitada, inesperable de encontrar en un espacio de dolor y derrumbe. Enferma el hijo y enferma el padre. No es una novela, no es un ensayo, es un poema íntimo, un desgarro hacia fuera, no hay dramatismo, es la desnudez de Umbral, su raíz, su tronco y sus ramas en el otoño de su vida. ¿Un monólogo intimo? Eso dicen… Yo lo veo como un diálogo, fluido y desordenado (como lo son todos los diálogos del alma), de Umbral con él mismo, con su hijo, con la vida, con cada cosa que le rodea, con lo vivido, con lo sentido, con lo amado, con lo cotidiano…. Y no pude hacer otra cosa que escucharle y darle las gracias por su desgarradora y sensible pureza.
La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo.
Ya, lo sé... ¿Duele leerlo? Sí. Rotundamente sí. Duele. Pero dolería más no leerlo. No voy a hacer un debate sobre los libros que duelen y qué hacer con ellos. Cada cuál sabrá cuándo y si transitar por este libro. Cada cuál sabe cómo enfrentarse y cómo aprender del dolor. Es una lectura que deja huella, conmueve, te rasga, te desgarra, pero también te ilumina. Yo lo he leído y lo he contado, que es lo único que sé hacer. Contar. A mi manera.
Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú
Gracias por el empujón. Y por el abrazo. Y por existir(se). Y por todo.
(Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...y coincidir.)

jueves, 22 de mayo de 2014

Las piedras del río (Ursula Hegi)

Título original: Stones from the river
Traductor: Cristina Pagés Boune
Páginas: 688
Publicación: 1994 (1999)
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408029120
Sinopsis: Trudi Montag, la protagonista de esta novela, no es como sus amigos y vecinos.  Trudi es una zwerg, una enana, que durante toda su vida sueña con dar un estirón y ser como los demás. Pero su historia y la de sus vecinos en un pueblecito de la Alemania de principios del siglo XX no es sino la aventura vital de cuantos vivieron esa época implacable que marcó para siempre su existencia. Trudi Montag se convierte así en la voz colectiva de todo un pueblo, de un drama humano, y en símbolo de todo lo grande y lo grotesco que cada uno de nosotros llevamos dentro.


Tengo en casa muchos libros que no he leído todavía. Pero la biblioteca de mi ciudad está justo enfrente de donde vivo. Toda una tentación. De vez en cuando recorro los escasos cincuenta pasos que nos separan y voy a mirar. Sin ideas previas. Miro en las estanterías monotemáticas que tienen, o en novedades. O paseo por las estanterías con mi dedo (uno de los veinte que tengo, soy una extraterrestre mimetizada) recorriendo los lomos de los libros hasta que el dedo se detiene, sin más. Así, me tropecé con este libro. Lo abrí sin mirar la sinopsis, leí el primer párrafo:
De niña, Trudi Montag, creía que todos sabían lo que ocurría en el interior de los demás. Esto fue antes de que comprendiera el poder que da el ser diferente. La tortura de ser diferente. Y el pecado de despotricar contra un Dios ineficaz. Pero antes de esto, años y años antes de esto, en sus plegarias pedía crecer.
Ups… creer que todos saben lo que ocurren en el interior de los demás… el poder que da el ser diferente… la tortura de ser diferente… ¡Tantas cosas en un solo párrafo!. Abrí otra página al azar y leí:
Leo revelaba poco de sí mismo a muy pocas personas, no porque fuese tímido o porque deseara ocultarse, sino porque no sabía lo que era el deseo de ser comprendido.
No sabía lo que era el deseo de ser comprendido… Qué suerte, pensé para mí. Qué suerte. Miré la sinopsis: vaya, Alemania. Dejé el libro en la estantería, me vine a casa y me puse a buscar por Internet para comprarlo. No es un libro fácil de localizar. Al final me lo compré de segunda mano. Los libros de segunda mano siempre me intrigan y me inquietan porque me sugieren que alguien los ha descartado o no ha sabido resolver alguna herencia o una separación. O yo qué sé, la curiosidad de querer saber cómo y porqué ese libro ha sido rechazado. Me monto historias sobre el recorrido vital del libro, que de mano en mano va… y yo me lo quedo.

Trudi Montag, la protagonista de este libro (una zwerg, una enana), nace en Burgdof, un pueblo de Alemania, en 1915. El libro va desde ese año hasta 1952. Dos guerras mundiales atraviesan este libro y, por tanto, la vida de Trudi y los habitantes de Burgdof. En 1915 Burgdof es un pueblo que pertenece a las mujeres, puesto que los hombres están luchando en la guerra. Ellas gobiernan y desconfían de los pocos hombres que se han quedado. Y así, cuando Trudi nace y su madre se niega a tocarla, serán las mujeres del pueblo quienes la mantengan con vida.

Al poco de nacer Trudi, su madre se pierde por los laberínticos abismos de la mente, lo que llevará a Trudi a crecer por dentro muchísimo más rápido de lo que puede crecer por fuera.

Ya a los dos años, Trudi se sentía mayor que su madre.
Y a ver cómo explico mi sensación lectora. A ver cómo re-creo esta lectura (gracias, elvirar). Empezar a leer y devorarlo fue todo uno, buscando tiempo libre para retomar la lectura. Y la verdad que tiempo libre he tenido poco y para leer, aún menos. Pero leía cuando podía, robando ratillos aquí y allá, y mientras leía no entendía cómo este libro estaba tan “oculto” por la red, cómo era posible que fuera tan poco conocido. La fuerza de lo que leía era impresionante, Ursula Hegi crea imágenes llenas de contenido con una facilidad asombrosa.

Empecé a leer y no podía parar, todo lo que leía decía algo, transmitía algo, contaba algo. Y así una página y otra y otra y otra… Cuando llevaba leídas algo menos de 100 páginas ya había contado tantas cosas, había tanto encerrado y desmenuzado y mostrado que pensaba ¿pero qué me va a contar en las más de 500 páginas que me quedan?. No tenía ni idea, pero ya me había transmitido tanto que lo que viniera después lo concebía como un enigma arriesgado y necesario, un riesgo que quería correr. No me importaba porque lo leído hasta entonces era extraordinario y que me quiten lo bailado (lo leído).

Una forma de narrar simple y directa que hace fácil la lectura, se acomoda, no hay nada rebuscado, ni imágenes complejas, todo está estremecedoramente transparente. Estremecedor porque asombra la facilidad con la que interpreta conductas y gestos y se asoma a los recovecos del alma en los que está el germen de muchos comportamientos y sentimientos. Todo es fácil, todo es sensible, reconocible y humano, detalles, palabras y miradas. Todo nos explica a nosotros mismos. Nos descifra incluso en los  detalles, viendo dónde y cómo se inician y cómo luego se ejecutan.

Avanzo en la lectura sin desperdiciar ningún párrafo. Mis ojos se van llenando de personajes que van calando como la lluvia fina, imperceptible pero implacable en el calado

Trudi Montag, qué habilidad y qué perspicacia para ver a través de la superficie, con una visión que engrandece lo pequeño y lo invisible, viendo más allá, interpretando los detalles…Trudi, que inventa cuentos, historias y relatos para retener a las personas a su lado, que finge querer estar sola cuando la soledad se le clava en el alma con garra de hielo, estrujándosela…Trudi, que aprende a robar secretos que nadie le cedería, y esos serán los secretos que preferirá: los que roba. Hace de los secretos de los demás su don, su fuerza. El poder que le da decidir si contarlo o no. Y el saber que jamás cambiará sus secretos por los de los demás. Trudi, que de niña tiene una voz madura absolutamente creíble.

Habría hecho cualquier cosa para que la quisieran y, al no poder conseguir que la aceptaran, se apoderaba de sus secretos y los revelaba.
Desde 1915 hasta 1952 conoceremos la vida de Trudi, pero conoceremos también la vida de Burgdof y sus habitantes: las familias, los vecinos, las relaciones de unos y otros. Un pueblo como tantos otros, personas con historias, con secretos, con afectos, buena y mala gente, amistades, parejas, padres e hijos, sus comercios, sus costumbres, su identidad… 

Y sabremos cómo un pueblo cuyos vecinos eran casi como una familia se verá abocado al enfrentamiento más cruel y fratricida con la ascensión y llegada de Hitler al poder. Inevitablemente, un buen número de páginas transcurrirán durante los años de la II Guerra Mundial, en este caso conociendo cómo viven todo lo sucedido, cómo lo viven unos y otros, cómo algunos no supieron ver, otros no quisieron creer, otros confiaron hasta llegar a espacios en los que la confianza era la muerte segura, otros se dejaron convencer, otros creyeron, los de más allá dudaron, los de más acá traicionaron a su propia familia, muchos  miraron a otro lado… y otros, ayudaron. Hermanos, vecinos, hijos, enfrentados entre sí. Todo ello, no olvidarlo, en un pueblo alemán. Todos eran alemanes, judíos y no judíos, nazis y no nazis. Todos alemanes y vecinos. Jugaron juntos, vivían juntos, crecieron juntos, algunos hasta lucharon juntos en la I Guerra Mundial. Una sociedad compleja, un país complejo. Como tantos otros, también.

¿Qué me ha gustado de este libro? Que durante muchas, muchísimas páginas, el libro da tanto, tiene tanto contenido, da que pensar… Los primeros años de vida de Trudi, su infancia, su adolescencia… es maravillosa, ella y los personajes que van apareciendo, las historias que se van sucediendo, la visión de Trudi, las descripciones que Ursula Hegi hace de sus personajes y su comportamiento. La mirada es tan… especial. Sumergirme en la lectura era una absoluta delicia, maravillada de lo que leía y cómo me lo contaba Hegi.

¿Qué pasó? Demasiadas páginas. Ursula Hegi se va desinflando un poquito a la hora de contar y el lector llega demasiado cansado a la travesía de la última parte del libro. ¿Podría haberlo contado en menos páginas? Sí. No muchas menos, pero sí. Va perdiendo fuerza, aunque su nivel más bajo sigue siendo un nivel alto.

¿Cuál es el balance? Un personaje extraordinario, Trudi, y algunos más (Gertrud, Leo, Georg, Eva, Max…) que también tardaré en olvidar. Una manera sutil, preciosa y precisa de contar historias y el comportamiento humano. Una autora que entra en la saca de quieroleermás (urge confirmar las sensaciones). Una travesía por la IIGM que se hace pelín prolongada (o a la que yo llegué cansada). Una Trudi que pierde fuerza hacia el final. Una excesiva cantidad de personajes a los que cuesta seguir sin anotar quién es quién. Un libro que termina por hacerse algo largo porque resulta difícil mantenerse tan tan tan arriba, aunque igualmente el nivel es muy bueno. Momentos de lectura inolvidables. Un descubrimiento. Un libro desconocido que me ha sorprendido mucho y bien. Una lectura recomendable.

Ahora, con este batiburrillo de balance, decidan lo que les plazca. Yo así lo he leído y así lo he contado. Es una buena lectura que merece conocerse más.

Lo que podía ofrecerle a Georg era mucho más de lo que había ocurrido –una secuencia que lo guiaría hacia el meollo de la historia, una historia que contendría un mundo entero-. Tenía que ver con qué contar primero, aunque no hubiese ocurrido primero, y con qué acabarla. Tenía que ver con qué resaltar y a qué renunciar. Y qué abrazar.
(©AnaBlasfuemia)

jueves, 3 de abril de 2014

Reseñas Express (5)




El hombre que plantaba árboles (Jean Giono)

Se trata de un pequeño texto que ahora se puede encontrar ilustrado gracias a la editorial Duomo. Y digo texto porque es tremendamente corto, 62 páginas en esta edición que os comento, que es ilustrada, así que ya imaginaréis que el texto es pues la mitad más o menos. El mérito está en contar con gran sensibilidad cómo un hombre decide dedicarse a una cosa: plantar árboles. Esa será su felicidad. Cada día plantar semillas. Algo aparentemente anodino e inútil, pero sólo aparentemente, porque no es necesario que os cuente la necesidad de reforestar montes y terrenos desérticos. Y esto es lo que nos cuenta Jean Giono, el encuentro del protagonista con Elzéard Bouffier, un personaje de ficción, pero necesario en la vida real. El texto se puede encontrar fácilmente por Internet. Y fácilmente es leído. Me gustó el personaje, Elzéard Bouffier, pero me supo a poco, muy a poco. Ahora si lo concibo como un cuento, un cuento para que los adultos compartamos con los niños, entonces ahí, sí.

El librero (Régis de Sá Moreira)


Este es un libro raro. Puede ser que yo sea rara. Deberíamos haber congeniado, que entre raros debería de haber afinidad, pero no. Tenía todos los ingredientes para que conectáramos. Un librero que abre los siete días a la semana porque le angustia que un cliente busque desesperadamente un libro y se encuentre la puerta cerrada. Un librero que no vende libros basura. Un librero que cuando en sus lecturas algo le recuerda a alguno de sus hermanos arranca la hoja y se la envía (aunque duele eso de arrancarle hojas a un libro ¿no es precioso saber qué libro y qué párrafo provoca que alguien se acuerde de ti, y que ese alguien te lo envíe?). Pues no hubo forma, el libro lo terminé, pero estuve a punto de abandonar la lectura varias veces. Está escrito de forma sencilla, casi diría infantil. Pero he tenido la sensación que era un microrrelato detrás de otro protagonizados todos ellos por el librero. Y no todos los microrrelatos me convencieron.

Maus. Relato de un superviviente (Art Spiegelman)

Esto ya son palabras mayores. Que yo le dedique un comentario breve no significa que no ocupe un lugar privilegiado de mi estantería, sección joya. De hecho es una obra maestra del género y la primera novela gráfica ganadora de un Pulitzer en 1992. Una autobiografía en la que el autor nos cuenta la experiencia de sus padres durante la II Guerra Mundial. No vamos a encontrarnos nada nuevo en el aspecto de las vivencias y sufrimiento de sus padres. Todos sabemos lo que ha sido el Holocausto y aquí está reflejado desde la experiencia directa de los padres de Spiegelman. Lo novedoso está, además de convertirlo en novela gráfica, en presentarnos a los personajes como animales. Literalmente, cada raza es un animal: ratones los judíos, gatos los alemanes, cerdos los polacos no judíos… etc. Una técnica tan alegórica como contundente. Otro aspecto llamativo y valioso es que asistimos al proceso creador de la propia novela, porque se alternan tanto los recuerdos del padre de Spiegelman con los momentos en que el autor se reúne con su padre para que le facilite la información de lo que será Maus, así como la relación entre ambos. Y esto último es lo que a mí especialmente me ha gustado: la relación de Spiegelman con su padre. No porque la relación fuera precisamente buena, sino porque es una radiografía muy atinada de la relación padres-hijos, con toda su complejidad, sus matices y su influencia. Con el matiz añadido de que sus padres han sobrevivido al Holocausto. Lo dicho, obra maestra. Recomendable.

Ver a una mujer (Annemarie Schwarzenbach)

Estamos ante otro texto corto, un manuscrito de 1929 recuperado del Archivo Suizo de Literatura en 2007 y que el sobrino nieto de Annemarie recompuso como pudo (las páginas del manuscrito no estaban numeradas). El valor de este libro es notable, escrito cuando la autora tenía 21 años, nos cuenta con una osadía impropia de aquella época, el encuentro entre dos mujeres. Un encuentro fortuito pero que genera en la protagonista la pasión de quien, con sólo una mirada, es capaz de activar toda la emoción de la exaltación desbocada e intensa del amor. No es un relato al uso, es una  mirada al interior de ese momento, el momento en que la protagonista acepta su destino y su pasión por otra mujer. Una lectura curiosa que me ha permitido acercarme a esta autora atípica (desconocida para mí) y buscar más obras suyas.

Aquí (Wislawa Szymborska)

Este libro no es una joya: es directamente la joya de la corona. Sí, poesía. Maravillosa, cercana. Se me caían lagrimones leyéndolo. No, no es poesía triste, al contrario, hay poemas muy divertidos e irónicos. Todos ellos lúcidos, soberbios y grandiosos. Si se me caían las lágrimas era de la emoción, de la belleza, de la conexión, de su sensibilidad (de la mía). Por eso, porque ha sido algo tan íntimo, es porque le dedico tan poco espacio aquí a este libro tan grande y a una inmensa Wislawa Szymboska, porque me lo quedo para mí, aunque comparta con vosotros la recomendación. De Wislawa lo leo todo, porque la quiero a ella ¿quién no va a querer a Wislawa después de leerla?.

Cuando me fui de vacaciones por Navidad, os dejé un poema de Wislawa Szymborska. El poema se llama Posibilidades y podéis verlo AQUÍEntre otros poemas, escribió este sobre la memoria (con 83 años)

MI DIFÍCIL VIDA CON LA MEMORIA

Soy mal público para mi memoria.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.

Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.

Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.

En sus historias siempre soy joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.

Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo ser peor.

Quiere que viva ya sola con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.

A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
Pues sabe que para mí también sería una condena.