Título original: Kami no kodomo-tachi wa mina odoruTraductor: Lourdes PortaPáginas: 192Publicación: 2000 (2013)Editorial: TusquetsCategoría: RelatosISBN: 9788483834497Sinopsis: La magnitud del terremoto que en 1995 asoló la ciudad japonesa de Kobe, y que se cobró más de cinco mil vidas, movió a Haruki Murakami a dedicar a este terrible suceso seis impactantes historias que transcurren poco después de la tragedia. El protagonista omnisciente, y también el más conmovedor, es el propio seísmo, que, unas veces de manera sutil, otras de modo muy significativo, irrumpe en las vidas de aquellos que sobrevivieron al apocalipsis. Del dolor inconsolable de una nación aterrada Murakami ha sabido extraer muchas verdades sobre la naturaleza del sufrimiento humano.
El mundo está
lleno de palabras difíciles de entender (Haruki Murakami, Después del
terremoto)
Si no es fácil
reseñar libros de relatos, no os cuento ya un libro de relatos de Haruki
Murakami, un autor tan personal que sobrecoge, pero que también despierta
incomprensiones.
Estamos ante
seis historias, en cada una de ellas un protagonista que nos llevará a
distintos perfiles introspectivos. Todos ellos transmiten soledad, dudas,
indecisión y sobre todo, mucha melancolía. Los seis relatos que componen este
libro son:
- Un ovni aterriza en Kushiro
- Paisaje con plancha
- Todos los hijos de Dios bailan
- Tailandia
- Rana salva a Tokio
- La torta de miel
En verdad el
título de las historias no nos da muchas pistas de su contenido. Tampoco lo
hace el título del libro (Después del
terremoto) porque aunque el terremoto de Kobe aparece en cada uno de los
relatos, lo hace de forma secundaria, como hilo conductor. Sin embargo pienso
que sí hay un terremoto más protagonista que el de Kobe en estas seis
historias: me refiero a esos terremotos personales, esos seísmos interiores que
tenemos a veces donde se produce una sacudida invisible para quienes nos rodean
pero totalmente perceptible para nosotros mismos y que a veces tiene unos
efectos devastadores, pero que siempre supone un cambio, una lucidez, un nuevo
paisaje interior.
Y de esos
terremotos, y no del de Kobe es de lo que nos habla Murakami. Y como es un
autor poco sospechoso de traicionarse a sí mismo, nos encontramos sus tics más
reconocibles, sus metáforas y juegos de palabras, con su peculiar estilismo,
con sus mundos extraños y extravagantes pero con los que, de forma casi mágica,
te reconoces, con su acertada descripción de los perfiles psicológicos de los
personajes, con su capacidad de meterte en la historia desde el primer párrafo.
Esto último para mi es prestidigitación, porque a veces el primer párrafo puede
ser raro, raro. Y para muestra un botón:
Al regresar a su apartamento, Katagiri se encontró con una enorme rana que lo estaba esperando. Alzada sobre las dos patas traseras, mediría más de dos metros. Y, encima, era robusta. El flacucho Katagiri, con su escaso metro sesenta de estatura, se sintió abrumado ante un corpachón tan imponente. (Rana salva a Tokio).
Pues, oigan,
que yo me creo que es lo más normal del mundo encontrarte a una rana de ese
calibre en tu casa. Y que además me creo que su misión sea convencer a Katagiri
para que le ayude a salvar a Tokio de un gran terremoto luchando contra un gran
gusano en el subsuelo de la ciudad. Lo mismo que le pasa a Katagiri con la
rana, me pasa a mi con Murakami: le doy crédito. Me lo creo. ¿No es magia eso?.
Pues no sólo me lo creo, es que encima soy capaz de empatizar terriblemente con
los personajes que Murakami crea, esos personajes perdidos en sus propios
mundos emocionales. ¿Cómo es eso? No lo sé. Alguna fibra toca en mi. Una tecla
que toca una y otra vez y que aún no he conseguido identificar. O no quiero.
Las personas a
las que Murakami no termina de convencer le reprochan su surrealismo, su
fantasía, sus mundos extraños. Es curioso, porque a mi me parece tan
reconocible, tan cercano, tan identificable. Tal vez sea rara y no me he dado
cuenta. Y es en esa rareza donde Murakami y yo nos reconocemos. Pero la verdad
es que me tengo por una persona muy normal, hasta con exceso de sentido común a
veces. En cualquier caso creo que la maestría de Murakami reside precisamente
en, desde la fantasía, diseccionar la realidad más íntima y humana de las
personas.
Nos vamos a
encontrar con un extra: las frecuentes referencias literarias y musicales que
Murakami nos va dejando son siempre una delicia a tener en cuenta. Las
referencia musicales son fácilmente accesibles por internet, las literarias no
son tan inmediatas, pero hay que tenerlas en cuenta. Que es que tiene buen
gusto, paladar exquisito.
Te puede
gustar Murakami o no. Pero su calidad literaria creo que es indiscutible. Tal
vez no sea imparcial con Murakami, pero es que no soy lectora imparcial de ningún
libro, porque aunque empecemos a leer un libro desde la objetividad, al final
la lectura se convierte en algo personal, para bien o para mal.
Si me
preguntáis si recomiendo este libro, vaya por delante que siempre recomiendo a
este autor, a pesar de los reparos que despierta en mucha gente. Quienes ya lo
conocéis ya sabéis qué os vais a encontrar. Quienes no habéis leído nada de Murakami…
puede ser una buena opción para acercarse a él, por aquello de ser un libro
corto y además con historias que se leen de una sentada. Aunque también es
verdad que el Murakami puro y duro puede ser difícil para algunas personas, y
mucha gente suele recomendar “Tokio Blues” como buen libro para acercarse a
este autor por aquello de que es un libro menos “fantasioso” y más realista. Yo
no lo he leído, pero ahí dejo la información.
Y dejo también
una de las canciones que menciona en el libro, concretamente en el relato Tailandia: