Mostrando entradas con la etiqueta Haruki Murakami. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Haruki Murakami. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de septiembre de 2013

Después del terremoto (Haruki Murakami)



Título original: Kami no kodomo-tachi wa mina odoru
Traductor: Lourdes Porta
Páginas: 192
Publicación: 2000 (2013)
Editorial: Tusquets
Categoría: Relatos
ISBN: 9788483834497
Sinopsis: La magnitud del terremoto que en 1995 asoló la ciudad japonesa de Kobe, y que se cobró más de cinco mil vidas, movió a Haruki Murakami a dedicar a este terrible suceso seis impactantes historias que transcurren poco después de la tragedia. El protagonista omnisciente, y también el más conmovedor, es el propio seísmo, que, unas veces de manera sutil, otras de modo muy significativo, irrumpe en las vidas de aquellos que sobrevivieron al apocalipsis. Del dolor inconsolable de una nación aterrada Murakami ha sabido extraer muchas verdades sobre la naturaleza del sufrimiento humano.

El mundo está lleno de palabras difíciles de entender (Haruki Murakami, Después del terremoto)

Si no es fácil reseñar libros de relatos, no os cuento ya un libro de relatos de Haruki Murakami, un autor tan personal que sobrecoge, pero que también despierta incomprensiones.

Estamos ante seis historias, en cada una de ellas un protagonista que nos llevará a distintos perfiles introspectivos. Todos ellos transmiten soledad, dudas, indecisión y sobre todo, mucha melancolía. Los seis relatos que componen este libro son:


  • Un ovni aterriza en Kushiro
  • Paisaje con plancha
  • Todos los hijos de Dios bailan
  • Tailandia
  • Rana salva a Tokio
  • La torta de miel

En verdad el título de las historias no nos da muchas pistas de su contenido. Tampoco lo hace el título del libro (Después del terremoto) porque aunque el terremoto de Kobe aparece en cada uno de los relatos, lo hace de forma secundaria, como hilo conductor. Sin embargo pienso que sí hay un terremoto más protagonista que el de Kobe en estas seis historias: me refiero a esos terremotos personales, esos seísmos interiores que tenemos a veces donde se produce una sacudida invisible para quienes nos rodean pero totalmente perceptible para nosotros mismos y que a veces tiene unos efectos devastadores, pero que siempre supone un cambio, una lucidez, un nuevo paisaje interior.  

Y de esos terremotos, y no del de Kobe es de lo que nos habla Murakami. Y como es un autor poco sospechoso de traicionarse a sí mismo, nos encontramos sus tics más reconocibles, sus metáforas y juegos de palabras, con su peculiar estilismo, con sus mundos extraños y extravagantes pero con los que, de forma casi mágica, te reconoces, con su acertada descripción de los perfiles psicológicos de los personajes, con su capacidad de meterte en la historia desde el primer párrafo. Esto último para mi es prestidigitación, porque a veces el primer párrafo puede ser raro, raro. Y para muestra un botón:


 Al regresar a su apartamento, Katagiri se encontró con una enorme rana que lo estaba esperando. Alzada sobre las dos patas traseras, mediría más de dos metros. Y, encima, era robusta. El flacucho Katagiri, con su escaso metro sesenta de estatura, se sintió abrumado ante un corpachón tan imponente. (Rana salva a Tokio).

Pues, oigan, que yo me creo que es lo más normal del mundo encontrarte a una rana de ese calibre en tu casa. Y que además me creo que su misión sea convencer a Katagiri para que le ayude a salvar a Tokio de un gran terremoto luchando contra un gran gusano en el subsuelo de la ciudad. Lo mismo que le pasa a Katagiri con la rana, me pasa a mi con Murakami: le doy crédito. Me lo creo. ¿No es magia eso?. Pues no sólo me lo creo, es que encima soy capaz de empatizar terriblemente con los personajes que Murakami crea, esos personajes perdidos en sus propios mundos emocionales. ¿Cómo es eso? No lo sé. Alguna fibra toca en mi. Una tecla que toca una y otra vez y que aún no he conseguido identificar. O no quiero.

Las personas a las que Murakami no termina de convencer le reprochan su surrealismo, su fantasía, sus mundos extraños. Es curioso, porque a mi me parece tan reconocible, tan cercano, tan identificable. Tal vez sea rara y no me he dado cuenta. Y es en esa rareza donde Murakami y yo nos reconocemos. Pero la verdad es que me tengo por una persona muy normal, hasta con exceso de sentido común a veces. En cualquier caso creo que la maestría de Murakami reside precisamente en, desde la fantasía, diseccionar la realidad más íntima y humana de las personas.

Nos vamos a encontrar con un extra: las frecuentes referencias literarias y musicales que Murakami nos va dejando son siempre una delicia a tener en cuenta. Las referencia musicales son fácilmente accesibles por internet, las literarias no son tan inmediatas, pero hay que tenerlas en cuenta. Que es que tiene buen gusto, paladar exquisito.

Te puede gustar Murakami o no. Pero su calidad literaria creo que es indiscutible. Tal vez no sea imparcial con Murakami, pero es que no soy lectora imparcial de ningún libro, porque aunque empecemos a leer un libro desde la objetividad, al final la lectura se convierte en algo personal, para bien o para mal.

Si me preguntáis si recomiendo este libro, vaya por delante que siempre recomiendo a este autor, a pesar de los reparos que despierta en mucha gente. Quienes ya lo conocéis ya sabéis qué os vais a encontrar. Quienes no habéis leído nada de Murakami… puede ser una buena opción para acercarse a él, por aquello de ser un libro corto y además con historias que se leen de una sentada. Aunque también es verdad que el Murakami puro y duro puede ser difícil para algunas personas, y mucha gente suele recomendar “Tokio Blues” como buen libro para acercarse a este autor por aquello de que es un libro menos “fantasioso” y más realista. Yo no lo he leído, pero ahí dejo la información.

Y dejo también una de las canciones que menciona en el libro, concretamente en el relato Tailandia:

jueves, 5 de julio de 2012

Sputnik, mi amor (Haruki Murakami)


Título original: Supūtoniku no koibito
Traductor: Junichi Matsuura y Lourdes Porta Fuentes
Páginas: 248
Publicación: 1999 (2002)
Editorial: Tusquets
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788483102169
Sinopsis: Perdidos en la inmensa metrópoli de Tokio, tres personas se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad; un viaje parecido al del satélite ruso Sputnik, donde la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad. Pero Sumire tiene una única obsesión: ser novelista; además se considera la última rebelde, viste como un muchacho, fuma como un carretero y rechaza toda convención moral. Un buen día, Sumire conoce a Myû en una boda, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y se enamora apasionadamente de ella. Myû contrata a Sumire como secretaria y juntas emprenden un viaje de negocios por Europa que tendrá un enigmático final. 
 

No sé la razón, pero el caso es que poco a poco me fui comprando todos los libros de Haruka Murakami antes de leerlos y de saber si me gustaría o no. Tal vez fuese por la musicalidad de su nombre: Ha-ru-ki Mu-ra-ka-mi…

Y por ninguna razón en concreto, decidí que el primer libro en leerme de este autor sería “Sputnik, mi amor”. Sonrío mientras lo escribo, porque la lectura ha sido realmente placentera, aunque creo que la definiría mejor si dijera “sorprendentemente placentera”.

Un libro sorprendente, inesperado y asombroso. Murakami hace algo verdaderamente portentoso: te cuenta una historia realmente absurda y te la lees sin darte cuenta, pensando que es una historia más o menos racional o lógica... y de repente las situaciones se convierten en descabelladas. Pero sigues leyendo porque el texto te atrapa. Porque en realidad, la historia en sí misma no es importante, lo que importa son los personajes (hábilmente construidos para que, más allá de lo extraordinarios que puedan resultar, sientas que entiendes sus emociones, sus sentimientos, su comportamiento); personajes que te hacen reflexionar sobre "lo divino y lo humano", sobre identidades, sobre el amor, el ser, las elecciones personales, la fantasía...

No es una novela fácil, pero tiene capacidad de emocionar, casi diría que es un acto de fe: terminas por creer en orillas y en atravesarlas. Y si digo que puede no ser una novela fácil no es porque no esté escrita con habilidad, diría incluso diría con amabilidad, pero es una novela cargada de símbolos y metáforas, aunque está escrita con sencillez y maestría y sobre todo con gran capacidad para evocar emociones y sentimientos intensos.

Aunque la novela está cargada de melancolía, sin embargo no te deja ese poso de tristeza dulzona propia de la nostalgia, al contrario: es enternecedoramente esperanzadora.

Recomendado: interesante, original y sorprendente.
.