Traductor: Pablo Martín Sánchez
Páginas: 448
Publicación: 2012 (2014)
Editorial: Destino
Sinopsis: Wahhch Debch descubre el cuerpo de su mujer, brutalmente violada y asesinada, en el salón de su casa. Empujado por el dolor, se lanza a la caza del asesino: necesita ver su rostro, pero no por venganza, sino por supervivencia. Durante su odisea a través de América, solo y sin esperanza, brutales recuerdos escondidos en los pliegues de su infancia despiertan poco a poco.
El mundo es vasto, pero los humanos se obstinan en ir a donde su alma se desgarra.
Wow. Qué libro. He salido de él sudorosa, llena de polvo, arena, suciedad, sangre, cicatrices. Devorada y sin aliento. Bajo la apariencia de un thriller y una trama reconocible, nos encontramos con una carga de profundidad que estalla y golpea con una violencia inusitada.
No, no es una historia de venganza, o no al menos esa venganza evidente del protagonista a la caza del asesino de su mujer. Hay una venganza, pero no es esa. Wahhch buscará al asesino para mirarle a los ojos, para no reconocerse en él. Para diferenciarse de él. También para no sentirse culpable. Si es que alguien está libre de culpa.
La estúpida esclavitud de los caminos trazados antes de nacer.
Sucede que cuando Wahhch descubre el cuerpo de su mujer no solo se produce un dolor terrible y desgarrador, sino que también se abre una brecha. La violenta, sádica y atroz muerte de su mujer (y de su hijo, puesto que la mujer estaba embarazada) abre una grieta en las entrañas del protagonista. Una raja abismal y profunda por la que no le queda otro remedio (y he aquí la ironía que solo quien lo haya leído entenderá) que penetrar, adentrarse y conocer la causa de esa brecha, la oscuridad que hay en ella, el origen de ese desgarro. Cerrar esa herida abierta. Ese es el recorrido de Wahhch, mientras va a la búsqueda del asesino de su mujer.
Los humanos están solos. A pesar de la lluvia, a pesar de los animales, y de los ríos y de los árboles y del cielo, a pesar del fuego. Los humanos se quedan en el umbral. Han recibido el don de la verticalidad y, sin embargo, se pasan la vida encorvados por un peso invisible. Algo les aplasta. Llueve: y se ponen a correr.
Wajdi Mouawad tardó diez años en escribir la extensa y asfixiante Ánima. Sin duda, la original y compleja construcción narrativa requería de documentación y tiempo. La originalidad de este libro está (entre otras cosas) en la voz narrativa: coral y atípica, puesto que serán animales los que nos irán contando la historia. Curioso, porque en verdad los animales que nos rodean en nuestro día a día son un Gran Hermano orwelliano, el ojo que todo lo ve. Y así, los distintos animales (perros, gatos, mariposas, peces, aves, ratas, arañas, moscas, animales grandes, pequeños, salvajes, domésticos…) que están presentes durante toda la búsqueda de Wahhch, que observan sus pasos, su comportamiento, sus conversaciones serán la voz que nos van mostrando lo que sucede y presentando a los personajes, su comportamiento, pero también sus emociones y motivaciones.
Arriesgado. Pero resuelto de forma sagaz por parte de Wajdi. ¿Qué pretendía el autor con esta atrevida estructura narrativa? Mi sensación es que es una cuestión de límites, fronteras, distancias. Creo que en el contexto de este libro la expresión más adecuada es fronteras: esas zonas limítrofes que separan territorios, culturas, ideologías, religiones, idiomas… y también que separan a seres humanos de animales. En Ánima atravesamos todas esas periferias, las medimos, las palpamos, constatamos que algunas de esas fronteras son férreas, insalvables, mientras que otras son borrosas o fácilmente traspasables.
¿Cómo responder cuando uno se siente como un loco que intenta atrapar con las manos el verbo ser, conjugándolo en un presente pulverizado? ¿Qué puede hacer con las esquirlas de su historia?
Situar la voz narrativa en los animales no pretende ser un adorno ni una pretenciosa originalidad: sirve de espejo idóneo del ser humano. Será a través de su mirada que conoceremos a Wahhch y a los distintos personajes. A través aquello que ven, de su conciencia, conoceremos de qué están hechos los seres humanos que observan. Ellos serán los que observen, casi siempre atónitos, la extremada violencia del ser humano, ese ser racional que no parece responder a ninguna lógica a la hora de desencadenar la violencia. ¿Son crueles los animales? Sí. Son bestias irracionales, salvajes. Pero el ser humano no es ajeno a su propia animalidad ni a su propia bestialidad, a la crueldad más extraordinaria. Las razones por las que es más aterradora y abyecta la violencia humana son obvias. Dicen que somos seres inteligentes. Claro que también dicen que tenemos empatía y sentimientos.
A pesar de la desbordante y agotadora violencia que se respira en Ánima, Wajdi escribe con una prosa poética, sensorial, profunda y enérgica. Una lectura sin duda trepidante, oscura, original, y fascinante.
Un único pero: Escrita en francés, en la traducción al español hay diálogos en inglés (incluso en árabe) que se han mantenido sin traducir, un fiel reflejo de la geografía multilingüe que recorre el protagonista. Ay. Mi escaso inglés no me impidió detectar el contenido de las conversaciones en ese idioma, pero entorpecía la lectura de mala manera. Se hubiera agradecido una traducción a pie de página para los que somos monolingües.
