Título original: Stone Junction
Traductora: Mónica Sumoy Gete-Alonso
Páginas: 535
Publicación: 1989 (2010)
Editorial: Alpha Decay
ISBN: 9788492837182
Me vais a permitir que en esta ocasión ponga la sinopsis como inicio de mi comentario, porque necesito que os fijéis en ella (la negrita es mía):
Tienes en tus manos una cuidada reedición de Introitus lapidis, libro publicado por Alpha Decay en octubre de 2007. Los editores relanzan bajo nuevo título (Stone Junction. Una epopeya alquímica) y en la colección Héroes Modernos el que consideran el mejor libro del catálogo para darle la difusión y la vida que merece una novela que pasó desapercibida en su momento. Encumbrada por un autor de la talla de Thomas Pynchon en el prólogo que acompaña a esta edición, Stone Junction es una Bildungsroman norteamericana que arranca con el derechazo propinado en mandíbula a una la monja. Es una odisea moderna sobre la búsqueda del conocimiento y de la comprensión, simbolizados por una extraña esfera de diamante, supuestamente la Piedra Filosofal, custodiada por el gobierno de Estados Unidos. Daniel Pearse, un huérfano acogido por la Alianza de Magos y Forajidos, debe seguirle la pista a través de las enseñanzas impartidas por sus maestros en un mundo en el que la venganza, la traición, la revolución, las sustancias químicas alucinógenas, la magia y el asesinato se imponen como norma. Absorbente a cada página, logra retorcerte de risa al tiempo que sumirte en la más desoladora tristeza. Una novela que, literalmente, cambia la vida de todo aquel que se asoma a sus páginas.Creo que la editorial Alpha Decay tiene un problema: exagera demasiado en sus sinopsis y contraportadas. Lo he visto en más libros suyos y pienso que le hace un flaco favor a sus ediciones. Porque no sólo exagera, es que miente: ni arranca con ese derechazo a la mandíbula de una monja (aunque es cierto que es una lectura que atrapa desde el inicio), ni te retuerces de risa ni la tristeza desoladora te invade. Ni, por supuesto, cambia la vida de nadie. Que no digo que los libros no puedan cambiar la vida de alguien, pero no es el caso. No, mal, mal. Vale que hay que intentar vender, vale que este libro se mereciera una reedición, pero ese bombo exagerado acaba teniendo un efecto contraproducente para el propio libro.
¿Quiere decir esto que no me ha gustado esta lectura?. Pues no, en verdad he disfrutado con esta epopeya alquímica, porque la única verdad de todo ese autobombo de la contraportada es que se trata de una lectura absorbente, casi hipnótica. Bueno, también es verdad que se trata de una auténtica epopeya alquímica: A través de más de 500 páginas vamos a recorrer junto a Daniel Pearse su viaje en busca de su identidad, un camino de formación y aprendizaje lleno de dificultades y mucho esfuerzo (ahí tenemos la epopeya). La parte alquímica vendrá de la mano de la AMO (Alianza de Magos y Forajidos), cuyos maestros, asesores y afiliados varios contribuirán a la formación de Daniel utilizando para ello la filosofía alquímica y los elementos que la caracterizan: física, química, astrología, misticismo… De hecho, los cuatro elementos clásicos (tierra, aire, agua y fuego) agruparán los distintos capítulos del libro.
Uno de los objetivos de la alquimia es la búsqueda de la Piedra Filosofal, en este caso en forma de diamante. Para encontrar y conseguir ese diamante, la AMO educará a Daniel.
Stone Junction es un libro de magos y brujos modernos, científicos y forajidos alquímicos cuyo código moral tiene reminiscencias de Robin Hood:
Los forajidos sólo hacen el mal cuando creen que está bien; los delincuentes sólo creen que hacen el bien cuando hacen el mal.Es evidente que en esta lectura los malos son buenos y los buenos son malos. O más bien no se puede hablar de buenos y malos cuando otras cuestiones más elevadas y metafísicas están en juego.
Pero estamos ante una historia con varias subtramas, una de ellas la investigación en torno a quién mató a la madre de Daniel. Siendo una novela coral, distintos personajes tienen también su papel importante, su propia historia que contarnos, siendo muchos de ellos carismáticos y muy interesantes. De cada uno se puede extraer una enseñanza, o tal vez no sólo aprendes, simplemente recuerdes. Y me refiero a recordar cosas evidentes que olvidamos: que hay cosas que sólo puede solucionar uno mismo, que a veces es necesario cambiar de idea, que es importante saber cuándo se ha de pensar en uno mismo antes que en los demás (y viceversa), que el universo puede ser un pensamiento, que la sabiduría consiste en no saber más de lo que se necesita, que es necesario tener algo que se pueda imaginar, que no ha de confundirse lo real con lo ideal…
Hay varios personajes que llamaron mi atención, pero quisiera destacar a Annalee, la madre de Daniel, aunque sólo sea por el momento en que Daniel insiste en saber quién es su padre y Annalee, que no puede darle una respuesta en forma de nombre y apellidos, le habla a Daniel de los hombres reales o soñados que pudieron ser sus padre, hombres que ha admirado y deseado, reales o imaginados.
Y sin duda, Jennifer Raine, quien (especialmente con sus diarios) hace que la parte final de Stone Junction remonte vuelo:
Ahora sé más sobre la culpa. Es una verdad llena de pus, que se pudre con la negación.En definitiva, si ignoras las soflamas de la editorial, que no se ruboriza en la exageración de los valores de Stone Junction, estás ante un libro que personalmente me ha sorprendido, sobre todo por su capacidad de enganche (necesita pocas páginas, incluso diría pocos párrafos para que el libro te “agarre”), pese a ser una lectura mística y metafísica. El estilo inteligente y la forma de escribir de Jim Dogde tienen el mérito de atrapar no sólo con los ingeniosos diálogos y lapidarias reflexiones, sino con esa mezcla de lo creíble y lo increíble, lo real y lo mágico. Muy dado a los aforismos, máximas y sentencias, que inevitablemente subrayas, facilita mucho una lectura que en principio, y una vez leído, no parecería factible, dada la arquitectura interna del libro y todos los contenidos que encierra. Tiene muchas cosas a las que dar vueltas y revueltas.
No obstante, es un libro irregular, con momentos en los que decae y otros en los que se vuelve a elevar, quizás ligeramente repetitivo en algunos aspectos y algunos de los maestros por los que pasa Daniel no dejan de ser más de lo mismo y, por tanto, innecesarios. A veces he tenido la sensación de que hay un exceso de personajes. Y como no es un libro redondo, el final no está a la altura de lo esperado. No es un libro especial, pero sí diferente. En cualquier caso ha sido una lectura disfrutada y además compartida con Mientras Leo y Yossi, lo que la ha hecho más amena e interesante, pese a los ritmos distintos y los imprevistos previstos. Y también le doy las gracias a Aida, que fue quien me hizo fijarme en este libro por primera vez.
La introducción de Pynchon mejor leer como epílogo, contiene spoiler e ideas que es mejor contrastar después de leer el libro y no antes.