Título original: The price of salt
Traductores: Isabel Núñez y José Aguirre
Páginas: 320
Publicación: 1952 (1991)
ISBN: 9788433911469
Sinopsis: Therese, una joven escenógrafa que trabaja eventualmente como vendedora, se encuentra fortuitamente con Carol, una elegante y sofisticada mujer, recientemente divorciada, que entra en la tienda a comprar una muñeca para su hija. Este encuentro cambiará para siempre la vida de Therese, sumida desde ese momento en una apasionada fascinación por la joven vendedora.
Esta novela fue publicada en 1952 con el seudónimo de Claire Morgan y bajo el título de El precio de la sal (The price of salt). Los críticos trataron al libro con una mezcla de desconcierto y respeto, pero el éxito de público fue inmediato y se vendieron más de un millón de ejemplares. La novela no volvió a editarse, hasta que en 1984 reaparece con el título Carol, que originalmente le había dado su autora y firmada por ésta con su verdadero nombre, Patricia Highsmith. Carol es una novela de amor entre mujeres (de ahí la decisión de publicarla bajo el seudónimo, para no ser clasificada como una escritora lesbiana), que se lee con la misma fascinada atención que las novelas policiacas de su autora. Higsmith concibió Carol en 1948. Se empleó durante una temporada en la sección de juguetes de unos grandes almacenes, y un día, una elegante mujer rubia envuelta en visones entró a comprar una muñeca, dio un nombre y una dirección para que se la enviaran y se marchó. Patricia Higsmith se fue a casa y escribió de un tirón el argumento completo de Carol.
Miro al exterior y veo el calor. Sí, lo veo, lo noto y lo siento. Así como el calor distorsiona el horizonte, también deforma mi capacidad lectora, la retuerce y (perdón) la encabrona. Por eso llevo un verano lector raro, muy errático con mis opciones. Supongo que por eso decidí releer este libro. Carol lleva muchos años conmigo y me ha acompañado en dos o tres mudanzas. Lo cierto es que tenía un recuerdo difuso de su contenido, aunque más nítido de las sensaciones. Así que ante este revoltoso verano lector, me decidí por traer (creo que por primera vez) una relectura, y poder comprobar qué es lo que había hecho que este libro fuera insistentemente guardado en la maleta, junto con otros que tenía más claro el porqué no quise desprenderme de ellos.
Y una vez terminada la lectura ya tengo los argumentos, las razones por las que este libro sigue rondando por mi estantería.
Un beso no debe minimizarse, ni una tercera persona debería juzgar su valor.
Muchas personas conocen a Patricia Highsmith como una autora de novelas de suspense, siendo Tom Ripley uno de sus personajes más conocidos. Que era una buena escritora es algo que ya se vio en su primera novela, Extraños en un tren, que fue llevada al cine nada menos que por el señor Alfred Hitchcock. Una primera novela y, zas, una novela clásica del suspense. La personalidad de Highsmith era lo bastante peculiar como para sentirme tentada de abordarla, aunque fuera un poquito. Pero no voy a caer en esa tentación. Y no voy a caer porque sería inevitable que al desmenuzar su vida, cayera sin pretenderlo en etiquetarla. Y si de algo no era muy amiga Patricia era de las etiquetas. Y precisamente para huir del encasillamiento, para evitar que la etiquetaran, escribió este libro bajo seudónimo.
En su momento fueron dos las razones que me llevaron a leer este libro: 1) Que tratara sobre un tema alejado del suspense 2) Conocer el germen de la historia (la mujer rubia a la que atendió cuando trabajó temporalmente en la sección de juguetes de unos grandes almacenes). Lo que conocía hasta entonces de esta autora eran sus obras de suspense, especialmente las protagonizadas por Ripley. Y tenía curiosidad por verla en otro registro diferente, aunque la profundidad psicológica de los personajes de Highsmith ya me daba pistas suficientes. Por otro lado, quería ver cómo de ese encuentro rápido, casual, ordinario, con una mujer a la que vende una muñeca, construye una novela. Una forma de explorar los derroteros mentales de una autora, desde el germen hasta la creación final de la historia.
Vivir contra mi propia naturaleza, eso es degeneración por definición.
¿Qué nos encontramos en Carol? Como bien dice la sinopsis, una historia de amor entre mujeres. Releído ahora ¿resiste el paso del tiempo? Pues sí, y bastante bien además. Resiste hasta una relectura y sigue saliendo triunfante ¿Por qué? Porque Highsmith enfoca el tema de una forma diferente, más diferente en el momento que la escribió, pero que sigue dándole un enfoque especial: no hay melodrama, ni tragedia, ni desdichas porque las dos mujeres se encuentren amándose la una a la otra. El enfoque es ingenuo y sobre todo muy natural, se desgranan emociones y estados de ánimo con mucha precisión, y sobre todo con mucha delicadeza. No hay escenas de sexo escabrosas, no hay remordimientos ni flagelaciones. Hay, como he dicho, naturalidad e incluso cierta candidez.
De una forma muy sutil, pero muy intencionada, Patricia Highsmith nos habla, no tanto de una relación entre mujeres, sino de la fragilidad de las relaciones. No es un libro sobre la homosexualidad, sino sobre la inseguridad y el proceso de madurez cuando amas a otra persona. Porque en ese hermoso período del enamoramiento, toda la gama de emociones se concentran en milésimas de segundo, pasando de la fortaleza del “para siempre” a las dudas del “quién quiere más a quién”. Y ese es un período realmente frágil en cualquier relación, por muy eufórico que sea también.
-¿Hay algo más aburrido que la historia del pasado? –dijo Therese sonriendo.
-Quizá un futuro sin historia
La destreza en el manejo de los diálogos es un pilar también fundamental en este libro, no sólo porque dota a la historia de un ritmo apropiado, sino sobre todo porque lo envuelve de una profundidad necesaria. Patricia Hightsmith es muy hábil construyendo la atmósfera adecuada, con el fin de crear esa sensación de fragilidad, de amenaza, de algo a punto de romperse, y todo ello sin necesidad de ser explícita.
Era muy fácil creérselo todo. Pero también era muy fácil no creer en nada en absoluto
Me ha gustado (¿o debiera decir regustado?) especialmente el lenguaje interior de Therese, que refleja de forma muy eficaz cómo nuestros propios pensamientos nos llevan en un minuto de pasar de una emoción a la contraria, sin que aparentemente haya razón para ello, excepto el devenir de nuestras propias reflexiones, que transcurren en la cabeza muy rápido y que provocan que en un momento sientas una cosa y su contraria, y por tanto puedas tomar (en la misma línea de pensamiento) una decisión y la opuesta, con una lógica contundente a nuestros ojos pero totalmente invisible (e incomprensible) para los ajenos. Quizás por eso a veces Therese nos parece tan inocente e inmadura en ocasiones y en otras tan sólida, consecuente y con criterio. Al fin y al cabo, Therese carece prácticamente de experiencia amorosa y se enfrenta, de forma tan valiente como inocente, a una relación que le exige una madurez de la que, al principio, anda bastante escasa.
Sobria pero corrosiva, con una medida economía de excesos y ternura, y cierta ingenuidad que sobrelleva bien el paso del tiempo, Highsmith construye una historia que te va envolviendo poco a poco, yendo de menos a más, depositando interesantes reflexiones, detalles de cierta profundidad, reflejos que aún perduran, gestos sutiles, diálogos jugosos,…
Carol me ha vuelto a persuadir, seguirá en mi estantería.
Yo creo que las amistades son el resultado de ciertas necesidades que pueden estar completamente ocultas para las dos personas, a veces incluso para siempre.