Traductora: Sunme Yoon
Páginas: 239
Publicación: 2000 (2017)
Editorial: :Rata_
ISBN: 9788416738137
Sinopsis: La vegetariana relata la historia de una mujer corriente, Yeonghye, que por la simple decisión de no volver a comer carne convierte una vida normal en una perturbadora pesadilla.
Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez.
Madre mía. Qué libro. Qué libro. Enorme. Lo que me ha hecho llorar. Y tantas cosas que decir de este libro. Y la imposibilidad de decirlas todas. Por empezar por algún punto, lo haré diciendo lo que NO es este libro.
NO es un libro sobre vegetarianismo. Dejar de comer carne no te convierte en vegetariana. No implica que Yeonghye esté haciendo una dieta o cuidando su nutrición. No, sus razones son otras. Un gran acierto el título del libro, sin duda.
NO es un libro sobre un trastorno alimentario, aunque las consecuencias a nivel de salud sean las mismas. No hay por parte de Yeonghye una percepción distorsionada de su propio cuerpo. Más bien al contrario, su percepción, tanto de su cuerpo (sobre todo de su cuerpo) como de lo que le rodea y de su propia decisión, es feroz, brutal y tremendamente lúcida y consciente.
NO es un libro sobre la locura o cualquier tipo de trastorno mental. Acabo de decirlo: Yeonghye es quien posee la lucidez, la clarividencia. Y toma una decisión que decide llevar, brava y valiente, hasta las últimas consecuencias. Consecuencias que le afectan a ella y a quienes la rodean (nunca preguntes por quién doblan las campanas, porque están doblando por ti).
NO es un libro pornográfico. Y quizás sorprenda esta afirmación, pero parece que hay quien piensa que lo es. Hay sexo, sí. Violento y no consentido. Incluido ese sexo dentro del matrimonio en el que el no consentimiento no deriva en que el hombre admita que acaba de violar a su mujer. Y ocurre cada día. Y es violación. No tiene otro nombre.
NO es un libro más.
Dicho todo lo que no es este libro toca hablar de la decisión de Yeonghye, de sus razones. Y aquí entramos en terreno resbaladizo. No porque esas razones sean confusas o poco claras. No es el caso. Desde que vi el texto que aparece en la portada del libro supe lo que me iba a encontrar. Supe que hablaba de mí. Hace poco vi en el muro de un solar una frase escrita: DESAPAREZCA AQUÍ. Me situé debajo. Deseaba desaparecer. Sin ruido, sin dolor, sin daños. Diluirme como la sal en el agua o la espuma en las olas del mar. No sucedió. Por mucho que mis deseos fueran como linternas voladoras atravesando el cielo de la noche, simplemente no sucedió. Y, a los pocos días, empecé a ver este libro con el siguiente texto en la portada, en el que habla de una mujer que era yo, que soy yo:
Hay una mujer, un ser humano que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañar a nadie ni a nada, un ser a quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir.
Tenía que leerlo.
Se menciona mucho la acertada estructura narrativa del libro, que da voz al marido, al cuñado y la hermana de Yeonghye, mientras que ésta aparece silenciada. Pero en verdad es, y no es, del todo cierto. Al menos a mí me pareció escuchar todo el tiempo a Yeonghye. De una forma directa a través de sus sueños, y de una forma indirecta, pero clara y contundente, a través de su decisión.
Las palabras mienten, camuflan, distorsionan. El comportamiento desenmascara.
Si pudiera dormir… Si pudiera dejar de estar consciente aunque fuera una hora…
Sus sueños. Ahí empieza todo. Y ahí empieza también mi entendimiento, mi comprensión. Por los sueños. Porque yo sueño mucho, porque he querido no dormir para no tener que soñar. Y ahí está la voz de Yeonghye, dándonos sus razones (He tenido un sueño). Y a través de sus sueños, vamos sabiendo sus motivos.
Me había vuelto una desconocida, pero no había duda de que era yo. No, al revés. Era un rostro visto innumerables veces, pero no era mi cara. No puedo explicarlo. Conocida y desconocida a la vez, fue una sensación vívida y extraña, terriblemente extraña.
Sentirse extraña, conocida y desconocida. Ser tú pero no ser tú. Algo ha cambiado, algo ha hecho clic. Como tener una visión de todo aquello que te rodea. Saber que no perteneces. No quieres pertenecer ni formar parte de aquello a lo que no perteneces. Y decides. Se llama coherencia.
Las razones de Yeonghye.
Sí, están ahí, altas y claras:
¿Por qué no me asusté entonces? Todo lo contrario, me sentí hasta serena. Fue como si una mano se posara en mi corazón. Como si repentinamente todo lo que me rodeaba se retirara como la marea.
Todo me parece desconocido, como si viera las cosas desde atrás. Como si estuviera encerrada detrás de una puerta sin picaporte. No es eso, será que estuve allí desde el principio y me di cuenta de ello repentinamente. Está todo oscuro. Todo está negro y machacado.
Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie. ¿Acaso las manos, los pies y los dientes, e incluso la lengua y la mirada, no son armas con las que se puede matar y herir a cualquiera? Pero los pechos no.
Yeonghye no usa sujetador. No le gusta. No le gusta que lo único en lo que confía (sus pechos) estén apretados, encerrados, constreñidos. Es lo único de su cuerpo que siente que es inocente, no violento, no agresivo, no dañino. Lo único puro. No usa sujetador, no le importa mostrar sus pechos. Y lo que para los demás es una provocación, moral o sexual, para ella es el inicio (junto a la decisión de no comer carne) de un camino hacia lo único que considera limpio, natural y verdadero. Y ese camino va a provocar en los demás una serie de reacciones que son, precisamente, aquello que induce a Yeonghye a recorrer, valiente, un camino sin retorno.
Nadie puede ayudarme.
Nadie puede salvarme.
Nadie puede hacerme respirar.
Así es, nadie ayuda, nadie salva, nadie hace respirar. A su alrededor, Yeonghye solo percibe violencia. Hay violencia en este libro. Pero la importante es la que aparece soterrada. Hay muchas formas de agredir. Y ella opta por oponerse a todo eso desde una postura pacífica, sin dañar a nada, sin dañar a nadie. Pero todos los que la rodean se sienten dañados, lo que ya es en sí mismo una forma egoísta de agredir a la propia Yeonghye.
La respuesta que de los demás recibe la metamorfosis de Yeonghye es áspera como una lija, amarga como una fruta podrida, atroz como un abismo bajo los pies, despiadada como una pesadilla, violenta y cruel como el asesinato de un niño. Como matar la inocencia.
La respuesta que de los demás recibe la metamorfosis de Yeonghye es áspera como una lija, amarga como una fruta podrida, atroz como un abismo bajo los pies, despiadada como una pesadilla, violenta y cruel como el asesinato de un niño. Como matar la inocencia.
“Tengo ganas de morirme”.¿Y por qué no puede morirse? ¿Por qué? Porque no la dejan. Porque su verdad ofende, porque destapa, desnuda a todos: a su marido, a su cuñado, a sus hermana, a sus padres, a la sociedad…
“Tengo ganas de morirme”.
“Entonces muérete”.
“Muérete”.
“Todo esto no tiene ningún sentido.
No puedo aguantar más.
No puedo seguir adelante.
No quiero seguir adelante”.
¿Y por qué no puedo morirme?
Tu propio cuerpo es lo único a lo que le puedes hacer daño Es lo único con lo que puedes hacer lo que quieres. Pero ni eso te dejan hacer.
Este libro nos interpela, nos cuestiona, nos señala. Si perturba es porque incomoda. Como un orzuelo en el ojo, un dedo que te señala, una cuchilla rasgando las venas. Es una lectura amarga, corrosiva, casi física. Necesaria. Cada libro tiene vida propia, y sin duda La vegetariana consigue provocar emociones muy poderosas y eléctricas; es de una franqueza y una calidad literaria incuestionables.
Estoy usando demasiadas palabras para hablar de este libro, no lo estoy haciendo bien. Es necesario escuchar el silencio de Yeonghye. Comprender su decisión. Hacerla mía.
Todos los árboles del mundo me parecen hermanos.
Ir de lo corpóreo a lo etéreo.
Desaparecer.






