jueves, 6 de julio de 2023
Siete plantas (Dino Buzzati)
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
domingo, 2 de julio de 2023
Manual para mujeres de la limpieza (Lucia Berlin)
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miércoles, 28 de junio de 2023
La muerte del adversario (Hans Keilson)
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jueves, 22 de junio de 2023
El sentido de un final (Julian Barnes)
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domingo, 18 de junio de 2023
Los nuestros (Serguéi Dovlátov)
“De manera que en mi vida imperaban dos realidades enfrentadas. A la izquierda, bramaba el océano de un naciente inconformismo. Y a la derecha se extendía la imperturbable calma chicha de un recogido y tedioso bienestar. Y yo me abría paso, a trompicones, por la estrecha franja que discurría entre ambos océanos”
Existimos por los otros. Si no hubiera otros (ese intercambio necesario que son los demás) no existiríamos. No me atrevo a afirmar rotundamente que somos aquellos otros que se han cruzado en nuestras vidas y que nuestros valores y virtudes se construyen gracias a los demás. Pero ahí lo dejo. Los otros también son los nuestros, nuestra familia, las generaciones que nos anteceden, nuestros allegados, además de aquellos que elegimos y nos eligen.
El corazón de “Los nuestros”, su órgano vital, son sus personajes (incluido el propio Dovlátov) y la presentación que el autor hace de ellos, tan eficaz que provoca que te deslices por esta lectura con espíritu solícito y liberador, dejándote llevar por esa vívida coexistencia entre lo absurdo y lo puro, la comedia y el drama. Pero ese corazón no latiría sin la poderosa herramienta de la escritura de Dovlátov y su narrativa rítmica, lúdica y tremendamente humorística, que no renuncia a la lucidez ni a la crítica.
“Los nuestros” no es sólo la familia de Dovlátov, es también el propio autor, su escisión entre lo cotidiano y la locura, su intento de defenderse del caos pero también la descripción certera, precisa e inteligente de la Unión Soviética que le silenció. La voz (muy intencionada) de Dovlátov es irónica y socarrona, pero el epicentro de toda comedia siempre es la tragedia y el humor una forma inteligente de abordarla.
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jueves, 15 de junio de 2023
Memorias de una joven informal (Bianca Lamblin)
"Me imaginaba que nunca era frágil (y estaba equivocada), ni compleja (volvía a equivocarme). Era 'una fuerza que avanza' en línea recta, sin flaquear, sacrificándolo todo a su ambición de notoriedad y tal vez de gloria"
Casi todas mis lecturas tienen una historia detrás relacionada con el motivo por el cual he elegido ese libro y no otro. Este en concreto también tiene su historia detrás, pero estoy por aquí todavía de forma precaria, tal vez de paso, y en formato breve, así que esta historia me la quedo para mí.
Tenía algún conocimiento de los hechos narrados en “Memorias de una joven informal”. Si has leído a Simone de Beauvoir y tienes información sobre su vida (algo inevitable aunque no te lo propongas) sabrás que ¡oh, cielos! Beauvoir era humana, contradictoria, polémica, con una fuerte personalidad. También que su relación con Sartre fue (cuanto menos) peculiar, confusa a ratos, muy extravagante y, sin duda, muy intelectual.
No pensaba de antemano que mi visión de Beauvoir se fuera a tambalear al leer a Bianca Lamblin. No me equivoqué: nada me va a hacer dudar de la conmoción al leer por primera vez a Beauvoir, con todo lo que eso supuso para mí, ni tampoco resta un ápice el valor que Beauvoir tuvo y tiene para el feminismo, su legado fundacional.
A ratos, leyendo a Lamblin, tenía la sensación de estar asistiendo a un salseo de esos que transcurren en Twitter, tan encarnizados, tan llenos de rabia y rencor, tan innecesarios y faltos de coherencia. Otras veces me parecía estar ante un culebrón de telenovela turca, con toda la élite cultureta e intelectual del momento ahí, mostrando su lado más propio de un Sálvame que de “Les Temps Modernes”.
En definitiva, una lectura prescindible (para mí, siempre para mí). Me quedo (de largo) con la historia que hay detrás de esta lectura, aquella que me llevo a la biblioteca (está descatalogado) y a, con el libro a medio leer, mandar un WhatsApp para certificar que no me hace falta releer a Beauvoir para hacer contrapeso a esta lectura. Lo cual no quiere decir que Beauvoir no sea (siempre) de obligada relectura (al igual que Virginia Woolf), especialmente en estos tiempos de retroceso que vivimos.
¿He dicho que iba a ser breve? Disculpa, tú que has venido a parar a este blog, mis contradicciones.
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miércoles, 14 de junio de 2023
El asesino tímido (Clara Usón)
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martes, 3 de agosto de 2021
Truca
Has sido mi equilibrio, mi sostén, mi refugio, mi mar, mi cielo y mi tierra, mi faro, mi calma, mi cordura. Has sido mi pértiga, haciendo de contrapeso y a la vez siendo el punto de apoyo necesario para el impulso y saltar, una vez más, por encima de todas las barreras (reales o ficticias). El apoyo que sostiene, cobija, empuja, acoge y propulsa.
Cómo decir que cuando ya no quería vivir, viví para cuidarte. Que cuando tu corazón se quiso parar, tú dijiste: “no, ahora no, tengo algo que hacer”. Y tu corazón hizo lo impensable: siguió latiendo durante más de cuatro años. Y viviste para cuidarme a mí y nos cuidamos las dos, pero la vida siempre estuvo de tu lado, era tu mensaje para mí, tu enseñanza: vive, Ana, vive. Y nos vivimos ambas mientras yo aprendía de ti, de tu generosidad, de tu bondad, de tu paciencia, de tu amor calmo y sereno. Vivir sin rencor, sin culpas, sin dolor, vivir cada segundo con el corazón lleno de agradecimiento por, simplemente, respirar.
Cómo decir que hasta el último suspiro me has estado dando una lección de vida: para aprender a morir hay que saber vivir. Y cuando eso se aprende, cuando se aprende la vida, puedes irte en paz. Aquí, ahora, el ayer pasó, no existe y el mañana es siempre hoy.
Cómo decir que estoy arrasada pero llena de agradecimiento, que aprendo lento pero que cuando lo hago es ley para mí. Que lloro mucho porque sé que sabes que estoy lista para asimilar todo lo vivido y todo lo que me has enseñado. Que ya te echo de menos y que te querré siempre.
Sit tibi terra levis, Truca.
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domingo, 1 de agosto de 2021
Oceanografía (Mircea Eliade)
Esos gestos automatizados, superficiales e inmediatos que repetimos día a día sin cuestionarnos (por miedo, por hábito, por comodidad) y esas realidades que no examinamos ni ponemos en duda ni intentamos siquiera argumentar, son para Mircea Eliade (y para una servidora) actos oscuros, complejos y peligrosos. No tanto por los gestos en sí como por el hecho de no cuestionarlos nunca.
Y porque dudar y hacerse preguntas es algo que me interesa, es por lo que he disfrutado tanto y durante tanto tiempo de esta recopilación de textos de Mircea Eliade que ya me hizo aplaudir y me ganó para esta lectura desde el prólogo en el que nos pide colaboración: no quiere nuestra aceptación, sino nuestra comprensión, así que ni siquiera espera de nosotros un espíritu crítico. Pide una escucha desde la confianza, no tanto en él como en sus palabras. Y yo confiada soy un rato, así que me entrego con calma, aún sabiendo que el propio Eliade reniega de muchas cosas que ha escrito en este libro.
Confianza, lucidez, comprensión, empatía, paciencia y tiempo es lo que puse por mi parte. Acepto los errores, las palabras que no le pertenecen, sus divagaciones, mis discrepancias. Y lo acepto porque entiendo que no me exige sólo que escuche: me pide también que no me quede en la forma, en la semántica. Así que me centro en el núcleo, al centro puro del objetivo que Eliade tiene en su punto de mira: examinar la vida.
“Oceanografía” ha sido un estímulo e incluso un juego divertido en el que leer es como un diálogo que admite diferencias y matices. Eliade es un provocador muy ameno, que argumenta y explica incluso sus propias contradicciones. Porque una cosa es saber, incluso saber mucho, muchísimo, y otra comprender lo que se sabe. Una diferencia sutil pero decisiva.
“Oceanografía” da lo que promete: una invitación a reflexionar. Y a fe que, pese a mis diferencias en algunos puntos con Eliade, me ha hecho cavilar a base de bien.
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viernes, 30 de julio de 2021
Lejos del bosque (Chris Offutt)
Los sitios que abandonamos, los lugares y paisajes que somos, donde nacimos, la historia de tu familia, la historia de tu tierra y muchas generaciones, una cultura y una forma de ser… nos explican mucho más de lo que pensamos. Son lugares que tienen sus propios códigos, que solo entienden y comprenden quienes allí vivieron. Y huyes de esos códigos, quieres ser el verso suelto, el eslabón que se rompa aspirando a una libertad más imaginada y soñada que real. Eliges.
La escritura y los personajes de Offutt tienen un algo indefinible, un halo que tiene que ver más con la saudade portuguesa que con el orgullo norteamericano. Una morriña que pretende acortar la distancia con lo más primario, con la naturaleza recordada, tal vez imaginada; con las raíces que nos sostienen y su fragilidad y su fortaleza. Porque tal vez no añores un lugar que fue, sino un lugar que quisiste que fuera. Sabes porqué te has ido, pero cuando comprendes porqué quieres volver todo adquiere un sentido que refleja lo absurdo de muchas decisiones y cómo la libertad, al igual que la esperanza, puede ser una trampa endemoniada.
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lunes, 26 de julio de 2021
Caribou Island (David Vann)
“Tal vez carecía de alguna facultad humana elemental, eso que hace que la gente se relacione. Él sólo deseaba que lo dejaran tranquilo. ¿Tan grave era eso?”
A veces me pasa que insisto en que un autor me guste, no sé bien la razón, pero me empeño obstinadamente. Me pasa con Vann: es el tercer libro suyo que leo y quiero que me guste y tercera vez que no lo consigo.
En “Caribou Island” Vann aborda nuevamente su tema por excelencia (y posiblemente sea eso, el tema, lo que me hace insistir): las arrasadoras relaciones familiares, a las que no deja un resquicio de luz. Creo que consigue mayor intensidad en la considerada su mejor novela: “Sukkwan Island”.
Como en los anteriores libros que he leído de este autor, hay mucha paja e historias secundarias que siento que son un relleno, que percibo como absolutamente prescindibles y que nunca llegan a encajar unas con otras. Bien es verdad que “Caribou Island” va de menos a más, pero ese “más” no evita que el “menos” pese como una losa.
No hay forma: pese a mi buena predisposición, no consigo engancharme a este autor, aunque me interesen los temas que aborda. La mayoría de sus personajes me caen antipáticos y Vann me irrita ahí donde debería conmoverme.
“No puedes tener lo que ya no existe”
Y algo así me pasa a mí con Vann: que no existe conexión con él y con su forma de contar las cosas. No puedo tenerlo, no me seduce. Ya no insisto más. Tres libros son más que suficientes como para entender que esta es una relación fallida y que es mejor finiquitarla.
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domingo, 18 de julio de 2021
El día de las ballenas (Tommaso Carozzi y Cornelius)
Las palabras constriñen y ponen límite al caos, eclipsan y reducen, reducen y expanden, oscurecen e iluminan pero las imágenes son puertas, una invitación, una propuesta . Bastan por sí solas para contar una historia, una verdad, un mensaje. Imágenes desnudas de frases, pero con una contundencia que no necesita reforzarse con palabras escritas, sin más vocabulario que las ilustraciones que por sí solas convocan emociones y a cada persona le removerá una sensibilidad.
Porque lo que vemos también transmite y propone, lo que confunde es lo que nos contamos, la narrativa interior que añadimos, la historia que construimos a partir de las imágenes.
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jueves, 15 de julio de 2021
Aún no se lo he dicho a mi jardín (Pia Pera)
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viernes, 9 de julio de 2021
La juguetería mágica (Angela Carter)
“El verano en que cumplió quince años, Melanie descubrió que era de carne y hueso”
Que puede parecer que lo sabemos de siempre, que estamos hechos de carne y hueso. Pero no y menos cuando eres una adolescente con muchas prisas por crecer, beberte la vida, vivir tu cuerpo, descubrirlo, sentirlo... Hasta que un día te das cuenta que no sólo eres deseos, imaginación, ardor, belleza y sexo, sino que también estás hecha de carne y hueso. Y entonces empiezas a querer vivir más despacio.
Ángela Carter era hasta ahora tierra ignota para mí. Mi relación con la literatura fantástica y gótica tiene sus altibajos, así que me acerco a ella de puntillas. Pero enseguida me tranquilizo y me instalo en la quietud de saber que voy a leer un libro que no me va a agitar las venas, pero que voy a disfrutar mucho.
Me ha gustado su estilo narrativo, con un perfecto y controlado equilibrio lírico y sus recargadas descripciones. Mi atención se bifurca, se polariza entre la historia que nos cuenta y la sólida y vívida escritura de Carter, una escritura que atrae la atención sobre sí misma. Una prosa profesional, corajuda y una trama controlada. Un simbolismo y una ironía ya presentes desde el título del libro.
Ángela Carter recurre a una historia de apariencia surrealista pero con un lenguaje narrativo realista para abordar temas que parecen ser recurrentes en ella: la búsqueda de una misma, la identidad, el género, la naturaleza de las relaciones sexuales.
El despertar sexual de la protagonista está descrito con una prolija belleza simbólica que me cautivó, al igual que lo hizo el cambio de escenario: del poético y ardiente descubrimiento del cuerpo y la sexualidad de la protagonista, al turbio y oscuro ambiente cuando tiene que irse a vivir a la juguetería de su tío.
Me fascinó ese dominio casi climático, pasando de un entorno tropical (erótico y luminoso) a un clima de tormentas perturbadoras, grises y violentas. Aplaudo ese abrupto cambio de un ambiente a otro sin que esa ruptura descomponga la estructura narrativa, porque es una herramienta intencionada de las muchas que utiliza Carter para que la parodia no se descomponga ni el sentimentalismo distraiga de lo central: no hay redención fácil ni finales felices y limpios.
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sábado, 3 de julio de 2021
Matar a Platón (Chantal Maillard)
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domingo, 27 de junio de 2021
El diablo a todas horas (Donald Ray Pollock)
“Era la primera vez que ella se daba cuenta de lo poderoso que podía ser el pecado”
Es eso: el poder de pecar, el poder que otorga el mal. Da igual que sea más fácil la verdad, la compasión, la bondad, el perdón… La violencia, el mal, el “pecado” otorga a quien lo ejerce un (falso) poder que es magnético para los débiles. El mal es como un sendero paradisiaco para quienes no saben manejar sus carencias o traumas.
Este libro también tiene un poder y no es el del mal: es el poder del buen escritor, aquel que te mete en el fango y no solo lo aceptas, sino que te hundes en él con devoción adictiva e insaciable. O lo que es lo mismo: lees sin respirar, sin dormir, sin comer, del tirón y jadeando, da igual que quieras buscar un cobijo, el hechizo funciona y no puedes despegarte de la lectura. Y cuando lo terminas sabes, ipso facto, que vas a necesitar un tiempo para elegir el próximo libro y que quizás ese respiro que no te tomaste durante la lectura de “El diablo a todas horas” te lo tienes que conceder una vez lo has finalizado.
Es un libro endemoniadamente bueno. No para estómagos delicados (aunque en nuestro día a día se vean cosas no menos vomitivas), pero ya lo tenemos curtido y Pollock es muy eficaz (nivel perfección) no sólo en el ritmo narrativo y la dosificación de elementos, sino también en el manejo de una sutil e impresionante mixtura entre la depravación y la belleza, la violencia y el apego, lo enfermizo y lo hermoso, el horror y la nobleza. Porque no todo es blanco y negro, ni siquiera la violencia es solo sangre, ni la justicia justa, ni todos los pecados pesan lo mismo, ni la humildad es pacífica, ni el malo solo malo o el bueno solo bueno, ni elegimos lo que heredamos. Hay que poner en duda la fe (la fe en Dios, en el amor, en el poder, en los otros), la fe ciega, incondicional, aquella que no se cuestiona ni se interroga.
Personajes grotescos, depravados, retorcidos y oscuros con escasos destellos de conciencia o arrepentimiento. No se van a intentar salvar porque en el fondo todos aceptan su destino con la resignación de lo inevitable y se dejan arrasar por él sin apenas un atisbo de rebeldía o intención de redimirse.
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domingo, 20 de junio de 2021
Prisionero en la cuna (Christian Bobin)
“Mucha gente se piensa que muestra su profundidad al expresar sus opiniones, pero las opiniones son ramas muertas flotando en el agua podrida de la época”
He sonreído mucho y muy fuerte al leer este fragmento, con esa sonrisa que sólo se entiende si sabes qué es lo que la provoca. Sin abandonar esa sonrisa, alguien diría cínica e irónica (y no se equivocaría), vengo a dejar mi sensación de esta lectura. Porque sigue siendo sensación y no reseña, sólo un apunte para mí, una muesca de mi vida, una señal para cuando en el futuro mire atrás y vea qué escribí sobre una lectura… recuerde. Recuerde mi vida pasada, qué hacía, cómo sentía, qué pasaba, qué me preocupaba, cuán cerca o lejos estaba de mí misma, del camino, si estaba en algún camino.
Siempre necesito recordar eso, que estoy aquí de forma egoísta para dejar un registro de mí y que tengo que aceptar mi propia hipocresía: bien podría limitarme a escribir sólo en este blog, dejando en silencio mis lecturas… y sin embargo sigo en Instagram y Facebook Reclamando atención. Hasta que llegue el día en que la única atención que realmente necesite sea la que una misma sea capaz de darse. Y más vale que ese día llegue pronto que tarde.
Y si has llegado hasta aquí, ya voy con el libro de Bobin. Ya sabemos qué nos ofrece este autor: un espacio íntimo y cercano envuelto en una escritura tan sencilla en la forma como llena de lirismo, que nos recuerda constantemente lo que hay de extraordinario e inesperado en lo común y cotidiano. Bobin busca aire desde su cuna sabiendo que la belleza es paciente y deseando ser enterrado en un copo de nieve. En medio, la vida.
Necesito de autores así: que me aten al aquí y ahora, a la belleza de lo sencillo y el respeto a la naturaleza, el agradecimiento a la vida, la capacidad de perdonar, la amabilidad por encima de la rabia. Autores que son refugio y que no ocultan ni maquillan el dolor ni la soledad, que no se someten a lo que se espera de ellos ni a ser rebaño, que saben que la vida es muchas cosas, pero que una de ellas es la búsqueda constante.
Bobin quizás peque ligeramente de moralista y roce algún que otro bucle, pero se lo perdono porque me recuerda que he de contemplar lo simple. Y no juzgar.
“Sueño con una bondad que sea tan apremiante como el mal”
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jueves, 17 de junio de 2021
La entreplanta (Nicholson Baker)
“La sensación de que eres más estúpido de lo que eras es lo que te despierta al final el interés por los asuntos verdaderamente complejos de la vida: por el cambio, por la experiencia, por las formas en que otras personas se han adaptado a la decepción y a la merma de capacidades”
¿Qué filigrana es esta, Baker? ¿y cómo La Navaja Suiza se atreve a publicarla y (cómo no) Ce Santiago a traducirla? Tal vez porque hay otras opciones, otros mundos que están en este: no es lo comercial, es la calidad. El concepto: literatura. Y porque hay lectores que buscamos ciertos libros como el río busca su cauce o un bebé el pecho de su madre.
La trama es impresionante: a Howie se le rompen los cordones de sus zapatos. En un rato de asueto en su oficina, va a comprar unos nuevos. Ya está. No hay más. Quien busque una historia, esa es toda la que hay. Quien busque trama y diálogo que dé media vuelta. Quien busque una capacidad extraordinaria para sostener un libro a base de un monólogo que se nutre de minucias (muy reconocibles), que se quede un rato.
Los lectores somos seres extraños, encontramos placeres inesperados en libros que no responden al canon de la industria literaria masificada. Un placer casi onanista para algunos, un babeo devorando página tras página, un sentirse privilegiada. Es casi una perversión, he de decir. Incluso hay cierta tendencia a caer en una superioridad moral contra la que tienes que luchar. Lo cual no impide el goce, porque has elegido esta lectura, has experimentando y visto todas las posibilidades y has admirado lo que hace su autor.
Baker, sus pies de página, te expulsa y te mete de nuevo en la lectura con su retórica meticulosa. Impresionante literatura del detalle, un hilvanar pensamientos poniendo la lupa en cada gesto, hecho u objeto cotidiano con el quehacer de un mago inesperado. Baker da empaque y personalidad a lo vulgar y cotidiano.
En “La entreplanta” se narra lo inenarrable, no porque no haya palabras para narrarlo, sino porque ¿quién va a escribir sobre calcetines, pajitas, bolsas, moquetas, grapadoras, corbatas, cubiteras, desodorantes…. y mantener tu atención, tu asentimiento e incluso tu sonrisa?: Baker, Baker lo hace.
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miércoles, 9 de junio de 2021
Días temibles (A. M. Homes)
Y así es: el dolor no se olvida. Pero vamos viviendo. Lo que yo había olvidado es que había leído ya un libro de A. M. Homes (“La hija de la amante”) y me había decepcionado lo suficiente como para donarlo amablemente a una biblioteca de mi ciudad. Así que he llegado a este libro sin recordar que era mi segundo intento con Homes. Lo cual no dice nada bueno de mi memoria ni de mi relación con Homes, que presiento va a ser un tira y afloja constante, en plan “quiero quererte, pero me lo pones muy difícil”.
Pero estoy en modo optimista (el optimismo forma parte de mi actual plan de supervivencia), así que aunque Homes me confunda y sigo sin saber si su agudo estilo provocativo e incendiario es genuino, me centro en lo positivo: en estos relatos Homes es muy hábil exprimiendo su visión de la sociedad norteamericana. La clase media blanca norteamericana. Tan acomodados en su ser, tan depravados, tan tristes, tan snob, miserables y perdidos. Bien es cierto que Homes es como el filo de un cuchillo con ellos, el aguijón de la lucidez cargado de ironía y de un humor muy negro y cínico.
Que algunas de las historias me han confundido, otras me han hecho reír, y todas ellas me han atrapado con los diálogos mordaces y rápidos que construye Homes, que parece una ametralladora inmisericorde con sus personajes. Sin duda lo que más me ha gustado es esa agilidad en los diálogos, la escritura desenfadada, amena y sarcástica de Homes metiendo el dedo en los escondrijos de una sociedad norteamericana tan consumista como vacía y ahogada en la soledad y en sus propios cuerpos.
Homes es brillante e ingeniosa pero no hasta el punto de deslumbrarme, aunque sí lo suficiente como para insistir en volver a leerla, algo que tiene mucho que ver con mi extraña cabezonería y con un ligero presentimiento de que algún libro suyo (no toda su obra ni mucho menos) me convencerá.
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lunes, 7 de junio de 2021
La defensa (Vladimir Nobokov)
En literatura siempre, sí o sí, hay espacios seguros. Libros o autores a los que volver o acudir, en donde reside la literatura. Para mí uno de ellos es Nabokov. Da igual que estemos hablando de un perfil (literario) más bajo o más elevado. Sabes, hueles, sientes que ahí está lo que siempre sostendrá el universo literario. Al menos el mío que, para qué engañarnos, es el que me interesa.
En Nabokov nada es relleno, nada es casual: ni una descripción, ni un paisaje, un gesto, un silencio, una frase. Ya en sí esa no casualidad le dota de musicalidad, prosa, detalle y, sobre todo, de una fortaleza narrativa considerable.
En “La defensa” el ajedrez es el contexto idóneo para la mente torturada de Luzhin (el protagonista), su obsesión neurótica es necesaria en ese contexto ajedrecístico en el que se entrelaza el ajedrez, la música, las flores, los colores… Ese es “mí” Nabokov.
¿Que no es el mejor Nabokov? (pero sí su mejor novela rusa). Puede. Pero hasta el Nabokov más flojo sería siempre un gran Nabokov, en este caso introduciéndose en la mente desquiciada de un genio. Y personalmente considero una genialidad las metáforas ajedrecísticas. De hecho una de mis citas favoritas es una máxima del ajedrez: “la amenaza es peor que la ejecución de la amenaza” (una forma increíble de explicar los mecanismos del miedo).
No, no es la novela más laberíntica de Nabokov. Pero no está libre de complejidad ni de sus fantásticos juegos de palabras. Y sí, tiendo a releer mucho últimamente, como si buscara explicaciones, o tal vez espacios de seguridad, un confort que no tiene nada que ver con la famosa zona de confort, pero sí con aferrarse a aquello que (me) sostiene.
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