lunes, 1 de febrero de 2021
Piedras en el vientre (Jon Bauer)
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
viernes, 29 de enero de 2021
Cuentos de la periferia (Shaun Tan)
“De hecho, cuanto más os cuente, menos cosas entenderéis. Algunas cosas son así en esta vida. Pero eso lo descubriréis vosotros mismos”
Y así pasa con los libros ilustrados, que si intento hablaros de ellos no entenderéis nada. Porque los libros ilustrados se sienten, se disfrutan, abren miles de puertas y ventanas en el corazón. Porque es la historia (historias, en este caso) del texto pero también las sugestivas historias de las imágenes. Y ahí ya todo es personal porque si las ilustraciones son como las de Shaun Tan (el mismo de esa preciosa delicatessen llamada “Emigrantes”) el grado de embobamiento, magia, imaginación y disfrute que provoquen ya es algo absolutamente íntimo y engarzado, con probabilidad, a la historia e introspección de quien las contemple.
Shaun Tan es australiano. Eso ya lo coloca un poco en la periferia, en la extrañeza: la australiana es una sociedad respetuosa con la diversidad, honesta e impulsora de la igualdad ¿puede haber algo más extraño que eso actualmente?
Ese respeto por las personas sin importar su origen, procedencia, religión, raza, características… atraviesa también estos “Cuentos de la periferia”. La hospitalidad, la compasión, el respeto a las tradiciones y la cultura siempre están presentes en este autor, comprometido con temas políticos y sociales. Los mundos de Shaun son insólitos y maravillosos y una invitación a que no nos quedemos dormidos en la conformidad: siempre hay un misterio en todo aquello que nos rodea.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
martes, 26 de enero de 2021
Daniel (Chantal Maillard, Piedad Bonnett)
sus imperfectas costuras,
para que la herida empiece a abrirse
y a contar sus historias.
Cuida la sal de tus ojos” (Piedad Bonnett)
Las montañas y cordilleras nacen de erupciones volcánicas y violentos temblores de tierra. ¿Qué nos dice esto?: que de algo catastrófico nace un acto de creación. No se me ocurre otra forma de describir este libro: “Daniel” es una cordillera, una sucesión de montañas enlazadas y conectadas entre sí a partir de una catástrofe (Daniel, Chantal, Daniel, Piedad)
Daniel se llamaba el hijo de Chantal Maillard. Daniel se llamaba, también, el hijo de Piedad Bonnett. Dos mujeres, dos escritoras, dos hijos, un mismo nombre, una decisión común: suicidarse. Casi la misma edad. “De idéntica manera, desde la misma altura”. En el mes más cruel: abril (“Abril es el mes más cruel: engendra lilas de la tierra muerta, mezcla recuerdos y anhelos, despierta inertes raíces con lluvias primaverales” decía T.S. Elliot).
De la pena volcánica de una madre y los hondos temblores de otra madre surgió un acto de creación. La noche de un 28 de octubre de 2018, un lluvioso día en Málaga, “en el escenario a oscuras, dos sillas frente a frente. En medio, el abismo”, Piedad y Chantal, Chantal y Piedad, establecieron un diálogo con sus voces, se entregaron poemas una a otra, un duelo del duelo. Como en la colisión de dos placas tectónicas nació un Himalaya, una cordillera tan bella y elevada que conecta cielo y tierra: “Daniel”
Crear belleza desde el dolor sólo es posible cuando sentimientos tan puros y limpios son compartidos desde el vértigo y desde el epicentro mismo de ese dolor, dándole una voz desnuda y sin paños calientes.
“Al borde de la herida mueres, naces” (Piedad Bonnett)
“Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes” (Chantal Maillard)
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
sábado, 23 de enero de 2021
Señor de las periferias (Jesús Montiel)
Soy carne de periferia. Si la masa me acorrala, busco los márgenes. Ahí encuentro tesoros que no necesito ni desenterrar: otras personas acorraladas, arrinconadas, ilegibles para los demás. Las reconozco, nos espejeamos, construimos una camaradería amorosa, tácita, unos lazos invisibles, conexiones que no necesitan explicitarse.
Que me gustan las periferias, que ahí veo lo esencial (no todo lo esencial es invisible a los ojos). Y me gusta el lugar, me gustan las personas que encuentro ahí. Miro su mirada, siento que la mía no se pierde, incluso la encuentro, en un guiño silencioso que es una complicidad íntima, secreta, sólida. Incluso callada.
Dicho lo anterior, ¿cómo no leer este libro, una biografía literaria, sobre el señor de las periferias por excelencia: Robert Walser? Y con un extra: descubrir a este autor sensible y delicado que es Jesús Montiel. Que sí, que interpreta y ficciona muchas cosas sobre Robert Walser, pero como coincido tanto con su interpretación, con sus percepciones, con su mirada… pues entonces es una lectura de asentimientos, de connivencia.
“Amadme”.
Una de las cosas que me ha gustado de este libro es que Jesús Montiel no esconde la realidad que había detrás de los escritos de Walser: la necesidad, no de reconocimiento, sino de una pizquita de felicidad, de amor... El alarido de la soledad en un paraje interior intenso, de una sensibilidad exacerbada y certera.
Hay ciertas herramientas que se necesitan para vivir en la vida real, una astucia torticera e injusta. Si no la posees, si tu corazón es puro, sin dobleces, es posible que camines y camines y no dejes de andar y pasear (“como una revolución”) y un día encuentren tu cadáver en la nieve. Y que, muchos años después, esa fotografía de tu cadáver sea un símbolo que muchos observan con más morbo que comprensión. Una muerte, la de Walser, que parece no morirse nunca.
“La vida no está hecha para adoradores de flores"
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miércoles, 20 de enero de 2021
Biografía provisional de Mose Eakins (Evan Dara)
Hay quien reza para aliviar el dolor. Yo digo tacos (joder, coño, hostiaputa, mecagoenlaleche), uso palabras, las callo, las mimo, las regalo. El lenguaje es mi religión. Las palabras como un misterio, íntimas dentro, ajenas fuera, daño o sosiego, caricia o puñalada. Las palabras son incontrolables ¿quién las domestica? Somos historias y palabras. Pero… ¿qué valor tienen? ¿y si tus palabras no significaran nada para los demás?
En esta sociedad de cultura de masas, competencia, capitalismo, palabrería vacua… ¿qué valor tienen las palabras? ¿cotizarán algún día en la Bolsa?
“Biografía provisional de Mose Eakins” es un desafío para el lector. Me chiflan los escritores que arriesgan, que experimentan con el lenguaje y las estructuras narrativas. Pero no como un adorno, sino con un fin. De hecho algunos fragmentos de este libro son como un ensayo teatralizado. Hay una idea que se quiere transmitir y para ello se utiliza el propio lenguaje y sus límites, sus juegos, nada de zona de confort ni el disfraz de lo comercial y lo superfluo. Es una apuesta dura, para lectores que acepten ciertas aventuras. No hay reglas conocidas ni patrones familiares.
Hay un compromiso por parte de Evan Dara que evidentemente nada tiene que ver con lo comercial y lucrativo de la literatura, sino con la parte más experiencial (tanto para el escritor como para el lector). Fascinante ver cómo el protagonista de esta obra se desgarra porque nada de lo que dice parece tener sentido para los demás. Esa sensación de que, en verdad, te oyen pero no te escuchan. Y que todo lo que hablan los demás es yoismo en estado puro y duro.
Mi sensación es que Evan Dara no sólo habla de la degradación del lenguaje tanto en su aspecto comunicativo como creativo, sino también que, de forma más o menos sutil, todo esto sucede bajo el yugo de una sociedad capitalista que ha empobrecido y vaciado el lenguaje.
Se puede hablar mucho y mucho tiempo sobre esto, pero que se ponga este tema sobre el tapete de la forma que hace Dara me parece deslumbrante. Parodia experimental, sí, pero transmite verdad. Y exige complicidad.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
domingo, 10 de enero de 2021
Una Odisea (Daniel Mendelsohn)
“Una concepción rotunda de cómo es nuestra familia, cuáles son sus puntos débiles y cuáles sus puntos fuertes, los grados relativos de su convencionalidad o excentricidad, su normalidad o su patología, a menudo es imposible de alcanzar mientras no somos lo suficientemente mayores para compararla inteligentemente con las familias de otros; algo que solo empezamos a hacer cuando percibimos que nuestra familia no es, de hecho, el mundo entero”
Las familias no son el mundo entero, pero cada una de ellas es un mundo. Con los años he ido creando en mi mente un sentimiento sobre lo que sería para mí esa abstracción, “familia”, cuyo concepto convencional resulta bastante dañino para la sociedad occidental. O dejémoslo en mal gestionado. No voy a enredarme con esto, hablemos del libro, que estará en mi top del 2021.
Si hay un libro que esté en las raíces más profundas de la literatura universal es la “Odisea” de Homero. Cuánto habría cambiado la literatura si no existiera la “Odisea” es algo que nunca sabremos, lo que sí parece claro es que su influencia, miles y miles de años después, es evidente. Y esto es así porque es de esos libros en cuyo vientre se gestó la literatura universal. La verdadera literatura.
El libro de Mendelshon es una revisión de la “Odisea”. Pero no sólo eso, hace algo más intrincado y deliciosamente bello, sin dejar de ser ameno: es también la relación del propio autor con su padre además de una crítica literaria y un comentario lúcido, erudito y enriquecedor de la “Odisea”. Y sin renunciar a las emociones, que impregnan todo.
Todos los pilares de la “Odisea” de Homero están en esta odisea de Mendelshon: la nostalgia, las relaciones de pareja, las relaciones padres-hijos, la identidad, el hogar, las historias y los recuerdos que compartimos, el paso del tiempo, los aprendizajes. Análisis literario e historia personal de Mendelshon están entrelazados con una inteligencia y una elegancia tal que convierten su lectura en una lectura tan épica como gozosa.
Si no habéis leído la “Odisea”, no importa: Mendelshon os la cuenta de una forma tan inteligente que deseareis leerla. Y si ya la habéis leído es fácil que hagáis lo que yo: releerla.
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jueves, 31 de diciembre de 2020
¡vete, vete, 2020! (algunas de mis mejores lecturas de este año infame)
Todo lo que pueda decir del 2020 (¡vete, vete!) sería prematuro. El 2020 no se acaba este 31 de diciembre, su sombra va a ser larga. Ha sido un año que, cuanto menos, podemos calificar de intenso, pero también traumático. Y como todo trauma, requiere su tiempo para curar esa ruptura, esa quiebra en la vida que no pedimos pero se nos fue dada. Por eso, para mí, el 2021 será el tiempo de la reflexión, de asentar lo aprendido, de soltar lo desaprendido, de comprender lo vivido, de encajarlo en mí día a día. En sentir que todo esto no ha sido para nada. Y una, que es lenta en procesar, necesita su tiempo para resolver este shock. Eso va a ser el 2121.
El 2020 nos ha atravesado de un lado a otro, de arriba abajo. Decir que todo ha sido negativo, en mi caso, sería mentir. Recuperé la naturaleza, el afán por lo sencillo y lo verdadero, puse a todos mis demonios encima de la mesa. Ahora tengo que fulminarlos. O fumigarlos. Desinfectar.
Sufrí un bloqueo lector brutal que nunca había tenido en mi vida. Miraba los libros y lloraba. Estaban ahí y eran inaccesibles para mí. Qué torpeza la mía. Era yo la inaccesible. Volvieron. Volvieron las lecturas, poco a poco, tan poco a poco que aún arrastro un ritmo lector que no me reconozco. Pero los libros no han fallado. Los que leí me rescataron, por eso hoy rescato al menos 12 que, por distintas razones, son los que hoy quiero traer aquí casi como una epifanía, una manifestación festiva del lugar que ocupa la literatura en mi vida. No voy a contar las razones de por qué estos 12, los recojo aquí y por ahí están comentados todos y cada uno de ellos. Que lleguen a vuestras vidas y sintáis que merecen la pena es algo que no depende de mí.
Si tuviera que desearos algo para este año que empieza sería que fuera el año de los aprendizajes, de aprender y de aprehender, y el año en el que por fin la bondad y la empatía sea un estruendo, si alguna epidemia quiero es esa: la de la generosidad, la de la humanidad, la de cuidar al otro y mirarnos a los ojos. No puede ser tanto dolor para nada. Como poco, leamos. Os vuelvo a desear lo mejor y que lo mejor sea lo correcto.
Y, a mí manera, os estoy dando las gracias. A todas y todos.
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lunes, 28 de diciembre de 2020
El parque (Marguerite Duras)
He estado dando vueltas y vueltas a este libro como si fuera una pieza de Tetris, intentando ajustarla en algún sitio y, en ese gesto de encontrarle la posición y el lugar adecuado, todo tuviera sentido. Pero no era un sentido lo que buscaba, sino más bien encajar este libro con su autora, Marguerite Duras.
Concebida como obra teatral, toda la trama se sustenta en el diálogo entre una joven niñera y un maduro vendedor ambulante. Muchas cosas les separan: edad, sueños, esperanzas, ambiciones. Se encuentran en un banco del parque y hablan, hablan y hablan. Hablan con mucha cortesía y mucho respeto hacia lo que el otro dice.
Lo que me costaba encajar era lo que leía con que fuera un libro escrito por Marguerite Duras. Y no por la economía narrativa, porque Duras nunca necesitó de excesos para conseguir ser una gran escritora, ha sido siempre sutil para expresar con palabras emociones complejas. Llegué a pensar que era un problema de traducción, pero tampoco. Pensé si era esa abundancia de cortesía entre ambos lo que me descolocaba, y algo de eso hay pero muy residual. Descarté que fueran los personajes, empeñados en mantenerme a distancia, observando. Pero luego comprendí que era esa sutileza tan característica de Duras la que estaba ahí, al terminar el libro y darte cuenta de la profundidad que movía detrás de una sencillez tan escandalosa.
Y al finalizar de leerlo vislumbro la grandeza de Duras, aun en este libro que no obtuvo muy buenas críticas (excepto de Maurice Blanchot, algo nada desdeñable en absoluto), y en el que a través de una conversación pura y dura, sin más herramientas narrativas que el diálogo, habla de la desesperanza y su contraria (la esperanza), los miedos y sus opuestos (la audacia, la acción). Y claro, termino, de leerlo y pienso que, en verdad, Duras jamás decepciona. Ni las buenas conversaciones.
“En el mundo hay gente tan satisfecha por el mero hecho de vivir que no necesita la esperanza”
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
martes, 22 de diciembre de 2020
Las buenas intenciones (Amity Gaige)
La diferencia entre misterio y secreto está en que el misterio no es susceptible de resolverse. La vida es misteriosa, no secreta. Y las intenciones pueden ser secretas, pero no misteriosas. También pueden ser buenas o malas, hay un dicho al respecto: que el infierno está lleno de buenas intenciones. Y eso ya nos dice mucho del contenido de este libro.
Gaige construye un personaje protagonista fascinante y complejo. Un protagonista manipulador y egocéntrico. Y es que cuando todo se construye en torno a una mentira, al final las intenciones nunca, jamás, son buenas. La verdad más pura siempre está en quien es capaz de conmoverse, pero no con y por uno mismo, no con autocompasión, sino conmoverse con el otro y por el otro.
Al final… al final nos pasarán la cuenta y todos tendremos que pagar y declarar el verdadero color de nuestros actos. Poca escapatoria hay, por mucha confusión que exista entre quienes creemos ser y quienes realmente somos, por mucho que construyamos una narrativa personal con relatos que se ajusten a nuestros intereses… nos pasarán la cuenta y habrá que pagar. Fin de la historia.
Esta es una novela inteligente y muy bien escrita sobre una personalidad narcisista, una personalidad profundamente manipuladora. Gaige profundiza sobre la paternidad y las identidades que adoptamos y lo hace a través de un personaje de esos que detestamos a la vez que nos atraen poderosamente. Algún nombre tendrá eso, pero mientras lo encuentro os digo que este libro me agarró con la pericia de una araña atrapando a una mosca. Tejiendo muy bien. Detestas al personaje pero lo comprendes y hasta a veces sientes ternura por él, una ternura del mismo calibre que el desprecio. Emocionalmente esto es inquietante y, a la vez, una virtud narrativa de Gaige. Una novela muy equilibrada sobre el desequilibrio.
Que alargada es la sombra de Nabokov y su “Lolita”...
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
jueves, 17 de diciembre de 2020
El sueño de una lengua común (Adrienne Rich)
«Nadie está predestinado o condenado a amar a nadie.
ocurren en nuestras vidas como accidentes de tráfico,
libros que nos cambian, barrios
a los que nos mudamos y que acaban por gustarnos.
“Tristan und Isolde” no es precisamente la historia,
las mujeres al menos deberían saber la diferencia
entre el amor y la muerte. Ni copa de veneno
ni penitencia. Nada más la idea de que la grabadora
debería haber capturado algún rastro de nosotras: esa grabadora
no sólo reproducía, sino que debería habernos escuchado,
y podría instruir a las que vinieran después:
esto es lo que fuimos, así es como intentamos amar,
y éstas son las fuerzas que habían alineado en nuestra contra,
y éstas son las fuerzas que habíamos alineado en nuestro interior,
en nuestro interior y en nuestra contra, en nuestra contra
[y en nuestro interior »
De algunos libros es una auténtica penitencia elegir qué texto compartir, elegir las palabras de las que emerja el deseo que reivindique la necesidad de leerlo, la urgencia de coger ese libro y sentir que libera el pájaro que tienes en el alma.
Rich tiene un sueño, el sueño de una lengua común, y quizás esa lengua común sea el sentimiento que provoca la poesía, esa a la que el silencio pone algodón, amortiguando el grito a la vez que le da forma y textura, un tacto y contacto que no rechazas porque acoge como lo hace todo aquello que une y no separa.
“Dos mujeres juntas es una tarea
que nada en la civilización ha hecho sencilla”
Doy fe.
Este libro de poemas, que es sobre las mujeres pero no (sólo) para las mujeres, sino para las personas, nos dice que la comunicación y el compromiso es el mejor cuidado mutuo que podemos ofrecernos. Rich desnuda el lenguaje, le quita carne y piel al hueso, porque la contundencia de lo sencillo y llano no carece de belleza ni poética y transmite el mensaje con la humildad y la garra de lo verdadero. Nos sostiene.
Quizás las mujeres sintamos que siempre llegamos tarde, pero aún estamos a tiempo de hacer el futuro.
“La valentía de sentir esto
De contar esto
De estar viva
Intentando aprender
Lecciones imposibles de enseñar”
Gracias, Adrienne Rich.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
jueves, 3 de diciembre de 2020
El libro de la hospitalidad (Edmond Jabès)
No es algo que comente mucho pero estoy viviendo todo esto de la pandemia con muchísima introspección y cierta ansiedad. Ansiedad que es dolor. Dolor y perplejidad por la humanidad. Intento desesperadamente que no se me desdibuje la realidad en la burbuja de la “normalidad”, en ese aparentar que no pasa nada, que esto pasará y todo volverá a ser como antes. Especialmente los últimos días siento el pecho oprimido, y quizás la lectura de “El origen de los otros” me llevó a releer este libro que tanto cobijo bondadoso me dio en su momento.
Y siento que al releer a Jabés el pecho se me expande y vuelvo a respirar, emocionada, con esas lágrimas que provocan sentir que hay espacio (pequeño, sí, ínfimo, pero espacio: la brecha por la que entra la luz) para la esperanza.
Jabés, que presta su voz al otro, un sabio que es un desconocido, un extraño con el que dialoga, primando lo fragmentario, el verso sobre el texto, el mensaje claro: todos somos el otro para los demás, todos somos extraños y eso nos vuelve vulnerables. Recibamos al extraño, acojámoslo, seamos hospitalarios, bondadosos. Somos efímeros, no perdamos el tiempo en defender nuestro espacio, nuestro yo, con uñas y dientes. Acojamos al otro, aunque no sea al que esperábamos. Cuidemos a los demás.
Publicado póstumamente, Jabés escribió este libro haciendo balance de su vida, consciente de la premura de la muerte y luchando contra el olvido. Regresó al desierto y a esos nómadas que, paradójicamente, representan mejor que nadie el concepto de hospitalidad, la ayuda al otro sin preguntar, sin ni siquiera recordar, tiempo después, la ayuda prestada. Porque no es necesario recordar que la vulnerabilidad nos une y “podemos, entonces, elegir: negarnos o unirnos”
“Jamás la herida curará la herida”
Un poco de hospitalidad, por favor.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
viernes, 27 de noviembre de 2020
Exhalación (Ted Chiang)
“Pero hay gente con la que puedes contar para cualquier cosa y luego está la gente con la que sólo puedes contar para algunas cosas, y tienes que saber distinguir quién es quién”
Y distinguir con tino a unos y a otros no es fácil. Como elegir un libro a ciegas ¿será una lectura satisfactoria, plena o ni fu ni fa? Toda mi vida he elegido a la gente con la que contar y los libros que comprar en base a dos cosas: intuición y experiencia. He de decir que la intuición me ha dado cal y arena: lecturas esplendidas, amistades grandiosas, bodrios de libros, gente que me la ha metido doblada. Pero la experiencia… qué aliada más magnífica para convivir con la intuición. Si se aprende de ella, claro.
Así que intuición y experiencia (lectora) me han llevado a este libro, sin saber de qué iba, dejándome llevar por una combinación de factores (algún comentario leído, la editorial, ciencia ficción, la referencia a la habilidad del autor para “indagar en los enigmas de la condición humana y abordar los conflictos que la relación con la tecnología plantea en nuestra existencia”)
Bingo.
Llevar la ciencia ficción a lo plausible, a algo en lo que el lector pueda encontrarse, no es tarea fácil, por mucho que Chiang lo haga sin (aparentemente) despeinarse. Tira de variedad de contextos e historias y nos lleva siempre a una advertencia y, a la vez, a una esperanza. Como quien dice “mira qué desastre” y te lo desmenuza con paciencia, señalando dónde, cuándo, cómo y porqué, pero luego te señala el lugar exacto por el que entra la luz, la herramienta para revertir el desastre. Y todo ello con una narrativa que no puedo definir de otra manera que pedagógica.
Todos los relatos enganchan porque Chiang es un hábil contador de historias e incluso aquellas que están más próximas al ensayo que al relato funcionan con precisión. Todas nos interrogan sobre cómo la tecnología nos cambia y nos inquieren sobre los recuerdos, la narrativa que nos hacemos de nuestras propias vidas, la verdad, la memoria, el perdón, la educación.
Con una asombrosa sutileza y muchos conocimientos sobre la cognición humana, Chiang ha sido un descubrimiento y leerle una experiencia fantástica.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
jueves, 19 de noviembre de 2020
Toda pasión apagada (Vita Sackville-West)
La potente literatura de Virginia Woolf, su papel tan icónico en el feminismo y el morbo que produce, aún hoy en día, su relación con Vita Sackville-West ha hecho que el papel de esta última dentro de la literatura tenga un interés menor. Pues desde aquí os digo: qué pena. Claro que si me dieran a elegir qué escritora quisiera ser elegiría a Woolf. Pero si me dijeran qué persona querría ser, diría Vita.
No tiene la complejidad literaria ni la inmensa calidad de Virginia, pero lo que he disfrutado con esta lectura y lo inesperado de la escritura de Vita: convincente, poderosa, irónica, perspicaz… Vale que posiblemente es la novela más conocida de Vita, que el tema que abarca es muy ”woolfiano” (empoderarte, tomar el control de tu propia vida), aunque creo que se influenciaron mutuamente. Pero, qué carajo, aunque Vita tire de una estructura narrativa clásica, su análisis inteligente e hiriente de los personajes y de la época (de lo humano) me ha agradado enormemente. Sutil y eficaz, con claras referencias feministas. Cínica pero no arriesgada. Hábil en la narración y en la descripción. Divertida y tierna. Sugerente, sin necesidad de ser explícita ¿Se puede pedir más? (sí, claro que sí, pero el nivel de satisfacción con esta lectura está claramente por encima de la media)
Además, que ya va siendo hora de ver a la mujer “mayor” de otra forma, y Vita señala el camino. Podemos tomar nuestras propias decisiones, no importa la edad, no dejarse influir por las expectativas externas, sino por las internas. Claro que esto es lo deseable para cualquier edad, pero es que la protagonista de “Toda pasión apagada” lo consigue a sus 88 años. Hay esperanza (siempre la hay, qué es la vida, sino concatenar esperanzas, tener sueños y, a veces, cumplirlos -aunque sea por aproximación-)
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
miércoles, 11 de noviembre de 2020
Las huellas del diablo (John Burnside)
Y sin embargo “Las huellas del diablo” es un recorrido hacia ese punto en el que empezaron las cosas para Michael Gardiner que, a partir de un acontecimiento concreto, inicia una huida hacia delante que, inevitablemente, le lleva a una travesía hacia su pasado, recorriendo retazos de memoria, fragmentos que va recogiendo como quien sigue las huellas del diablo, entre la curiosidad y el temor.
Gardiner se considera a sí mismo un exiliado interno en el pueblo en donde creció y vive con su mujer, un pueblo idílico en lo estético pero infame en lo ético. De esos pueblos en los que parece imposible mantener un secreto. Todo sale a la luz, sea en forma de verdad, de superstición, de rumor, de acosos y chismorreo. Ya sabéis. Todos conocemos un pueblo así.
La trama del libro nos es familiar, el lenguaje que utiliza Burnside es sencillo, quizás confuso en la psicología del protagonista y otros personajes, pero fino en la descripción del clima del pueblo y los paisajes. Al terminar no estoy segura de a dónde me ha llevado esta lectura, que percibo con más nudos de los que se deshacen al final.
El protagonista posee aparentemente una gran agudeza para detectar los problemas y analizarlos, sin darse cuenta que lo hace desde el embotamiento y desde una visión limitada del mundo, y además posee una pereza casi genética para afrontar las soluciones, lo que le termina por llevar a que su propia cabeza le traicione. Como a veces padezco de esa misma pusilanimidad no puedo evitar ponerme a la defensiva si la detecto en algún personaje. Lo curioso es que cuando me di cuenta de este hecho, y reprochaba con cierta irritación a Michael Gardiner su relativismo moral y su falta de empatía, caí en la cuenta de que tenía un libro de este mismo autor, Burnside, que había adquirido recientemente. Un libro de poesía, “Dones”. Así que lo cogí y abrí al azar:
“no es que yo quiera renacer,
pero en algún sitio entre esta vida y la otra
imagino un lugar
donde el alma
se purifica”
Pues ya estaría.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
lunes, 2 de noviembre de 2020
El mar alrededor (Keri Hulme)
Hace no mucho este libro me habría destrozado. Ahora, también. Pero ya no soy la misma. Ahora tengo una esperanza insensata, de cristal y acero, temible y sin olvido. Conozco lo imprevisible, no me lamento del mundo soñado, sino del real. Mi única extrañeza es la realidad. Y, por eso, entiendo este libro y dejo que me cobije.
Porque habla de todo, de la tierra, lo humano, lo místico, las tradiciones, las heridas y el amor. De aferrarse unos a otros, lo palpable y lo etéreo. De elegir entre confianza o herida. De la tierra, las personas, la familia… como CASA. De cuando solo tenemos sentido estando juntos. De lo inevitable de la soledad pero también de la reunión de almas.
Casi 700 páginas en las que Keri Hulme exige al lector tanto como da, un compendio de estilos y recursos literarios (más o menos afortunados), una envoltura muy espiritual (y espirituosa), una ficción mágica que es una realidad, una fe sólida en una cultura, una tierra, una forma de ser como sociedad que tiene raíces que confrontan con culturas más “terrenales”.
Como lectora, tengo dos opciones con este libro: caer en la extrañeza o pelar las capas de la cebolla, dando más importancia a unas que a otras, porque al fin y al cabo estoy muy por la labor de historias que conlleven una especie de reconquista y catarsis, por el poso de esperanza que implican y que tanto necesito.
Hace mucho que comparto mis lecturas en redes, siempre con un afán no tanto de compartir sino de dejar constancia de una autobiografía literaria y personal a la que pueda acudir siempre que quiera para saber de mí misma. Algunas veces lo hago porque necesito “soltar” una lectura que se prende en mis dedos y en mi corazón de una forma que es muy íntima. Y necesito desprenderme de esa lectura, escribiendo sobre ella, para pasar a la siguiente. Este es uno de esos libros. De esos libros que, más allá o más acá de su valor literario, te rasgan algo que te pertenece.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
miércoles, 21 de octubre de 2020
La peste blanca (Karel Čapek)
Pues las terribles similitudes entre nuestra realidad y la descrita por Čapek no se limitan a la descripción de una enfermedad semejante al coronavirus que nos arrasa en pleno siglo XXI. Lo dramático de esta ágil e incisiva obra de teatro es el retrato que hace del ser humano ante una situación de crisis sanitaria. Y digo dramático porque estamos asistiendo al mismo espectáculo dantesco que Čapek relata con ironía y mucha, muchísima precisión: el egoísmo, el sálvese quien pueda, el poder antes que la solidaridad, la política antes que la ciencia, la guerra antes que la paz, la economía antes que la salud…
Y no puedo evitar, después de leer este libro, admirarme una vez más de que haya autores que hayan plasmado con tanta facilidad las miserias del ser humano y no es que sean visionarios porque esas miserias siempre son las mismas, la piedra en la que tropezamos una y otra vez ya tiene callo, nos falta rebeldía, generosidad, compromiso y solidaridad y nos sobra egoísmo, individualismo, ingratitud y codicia.
Casi cien años después no parece que hayamos avanzado tanto, el afán por la riqueza y el poder sigue pisoteando cualquier derecho humano, incluso el derecho a la salud. Que esta lectura sea atemporal se debe tanto a la genialidad de Čapek como a nuestra propia egolatría.
“La peste blanca” no es un libro esperanzador y quizás eso debiera de ser un aviso. Estamos a tiempo. Nunca recomiendo lecturas porque leer es algo personal. Pero, si pudiera, repartiría este libro en las puertas del Congreso y del Senado a esos seres que se supone deberían protegernos y nos están dejando en la indefensión más absoluta. Están todos retratados (aunque, como buenos borricos con orejeras y ombligo pomposo que son, no sabrían reconocerse). Puñeteros demagogos.
Čapek escribió el libro en pleno apogeo del fascismo… Eso sí que pone los pelos de punta.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
domingo, 11 de octubre de 2020
Una chica es una cosa a medio hacer (Eimear McBride)
“Haz lo que quieras. La respuesta a cualquier pregunta es Folla. Cóseme los ojos y zúrceme los labios. ¿Me lo harás? Dice. Eso. Haz eso. Me. Sí Folla. Sí. Ayúdame. Sálvame de todo esto”.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
martes, 6 de octubre de 2020
El origen de los otros (Toni Morrison)
“La raza es la clasificación de una especie y nosotros somos la raza humana, sin más. Entonces ¿qué es esa otra cosa, la hostilidad, el racismo social, la creación del Otro?”.
La identidad de EEUU tiene una cicatriz imborrable: el racismo. Una cicatriz que supura constantemente y de la que no están exentos otros países. El racismo es un pus que nos recuerda que hay una infección que invade y multiplica una enfermedad existente, algo que está podrido, mórbido. Hay algo que no va bien. Y si hay una voz que me interese escuchar sobre este tema es la de Toni Morrison, una voz poderosa que nos ha abandonado hace poco más de un año pero que aún podemos seguir escuchando en sus libros.
Toni Morrison no sólo reivindicó su raza (y especialmente a la mujer) en su escritura, es que no dejó en ningún momento de indagar y explorar en los cimientos de la historia de Norteamérica y de su raza, buscando comprender de qué está hecho el racismo, la segregación, el odio…
Los últimos acontecimientos de violencia policial que todavía no se han apaciguado (“no puedo respirar”), la discriminación racial, la xenofobia, la hostilidad hacia los inmigrantes desbordándose… hacen más necesarias que nunca lecturas de este tipo que nos recuerdan que detrás de toda esta deshumanización del “otro” no hay otro fin que apuntalar un sistema capitalista de explotación económica y reafirmación de pertenencia (pertenecer a un grupo frente a otro, creando una falsa y maniquea sensación de seguridad, pertenencia y poder si estás en el grupo “adecuado”).
“El origen de los otros” profundiza en esas raíces del racismo y la otredad, en su construcción social, tanto desde su propia experiencia vital como desde el contexto de la literatura, para recordarnos que la necesidad de control y la (falsa) ilusión de poder están detrás de toda esta violencia y desprecio al “otro” y también que la ficción narrativa nos ofrece una magnífica “oportunidad de ser el Otro, de convertirse en el Otro. El forastero”.
Si la primera cita era una pregunta que se (nos) hacía Toni Morrison, la última cita quiero que sea una respuesta a esa pregunta (una de las muchas respuestas):
“Los forasteros no existen. Solo existen versiones de nosotros mismos; muchas de ellas no las hemos suscrito, de la mayoría deseamos protegernos […] Es también lo que nos empuja a querer gobernar y administrar al Otro. A idealizarlo, si podemos, para que vuelva a nuestros propios espejos. En cualquiera de ambos casos (la alarma o la falsa veneración), le negamos su condición de persona, la individualidad específica que exigimos para nosotros”.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com
viernes, 2 de octubre de 2020
Flota (Anne Carson)
Definir a Anne Carson es una osadía. Cuando pienso en ella lo que evoco es la cabeza de Medusa e imagino la de Carson, no llena de serpientes venenosas, sino de cientos de pensamientos, de conexiones sinuosas. Y quizás aquello que mire Anne se convierta, no en roca, sino en la incisión en la piedra y, a la vez, la piedra alrededor de la incisión.
Una de las cosas que más me atrae es aquello que muchas personas pueden rechazar: su estilo fragmentando, aparentemente inconexo. Pero detectar el hilo de las conexiones que ella sigue (diría reseguir) convierte su lectura en puro estímulo. No puedo dejar de pensar en su cabeza, contenedor de una inteligencia, una cultura y una sensibilidad extraordinarias. Mi cabeza también hace conexiones, y una de ellas relaciona a Anne con Susan Sontag, poseedoras ambas de una inteligencia excepcional que, de alguna manera, empuja a una y empujaba a otra a una afición desmesurada por hacer listas, quizás por ordenar (y plasmar) el exceso de nexos, el encadenamiento agotador de ideas y estímulos.
Carson es una artesana de la palabra, una malabarista que no descarta ninguna pirueta gramatical: detener las palabras, dejándolas suspendidas en algún silencio o en el rincón de un margen o frase, voltear una palabra, balancearla dentro de un párrafo, seguir una inercia imposible de una frase a otra, sujetándola sin despeinarse… y todo lo hace sin red, o siendo ella misma su propia red gracias a su fortaleza intelectual y lingüística.
“Flota” son 22 cuadernos, cada uno de ellos un ensayo, un poema, un nosequéquequéseyo que se pueden leer en el orden que quieras, cada pieza es individual y cerrada. Lo que escribe Carson es un pecio, restos no hundidos de una nave que permanecen flotando a la deriva, como estelas quebradas, cada una de ella una botella lanzada al mar con un mensaje en su interior.
Carson divide, subdivide y suma el lenguaje hasta extremos inconcebibles, exprimiendo de forma sagrada su escritura. Y yo leo “Flota” perpleja y extasiada, con una admiración solemne y el alma cuajada de la fecunda creatividad de Anne Carson.
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sábado, 26 de septiembre de 2020
El mar indemostrable (Ce Santiago)
“… y cierto día encaras un cúmulo de ciertos días que equivalen a la asunción de que moverse es lo mismo que ir a ninguna parte, y que eso es peor que, al menos, estar en algún lugar”.
Decía Borges que somos lo que leemos, aunque también se puede decir que leemos lo que somos. De algunos traductores bien se podría decir que son lo que traducen. No conozco personalmente a Ce Santiago, así que no puedo afirmar rotundamente que él sea aquello que ha traducido, pero sí que probablemente lo que traduce es la literatura que le gusta leer pero también la que le gustaría escribir. Pues bien, lo ha hecho: ha escrito un libro. De esos que se quedaron varados en plena pandemia, sin poder salir a navegar por las librerías. Hasta que el mar pandémico lo ha permitido. Ahora.
Si has leído algunas de las traducciones de Ce Santiago (William H. Gass, Gilbert Sorrentino, Djuna Barnes, Nicholson Baker, T.C. Boyle, Claire Vaye Watkins…) habrás hecho todo lo posible por hacerte con su primera novela, que es lo que yo hice, con muchas expectativas sobre qué esperaba encontrar.
No sólo no me ha defraudado. Es que hasta me ha emocionado el derroche de escritura excelsa, de riesgo, atrevimiento y autoexigencia. Ce Santiago exprime y experimenta con el lenguaje, deconstruyéndolo para volverlo a construir, insuflando vida a un lenguaje moribundo, dando forma a lo informe… haciendo literatura de esa que me hace aplaudir con las orejas.
El título del libro “El mar indemostrable” es toda una declaración de intenciones, o cómo una afirmación que asumimos como cierta (que el mar, al igual que la vida, no se puede demostrar) puede expresarse y, por tanto (en una curiosa paradoja), demostrar lo indemostrable.
La escritura de Ce Santiago es una escritura a borbotones, casi escupida, sudada como quien suda construyendo una catedral piedra a piedra con sus propias manos. Pulso, detalle, precisión, pasos seguros, ni un resquicio para lo inútil, superfluo, sobrante o innecesario.
“El mar indemostrable” es un fluir controlado del lenguaje (si es que el lenguaje se puede controlar): Ce Santiago saca del corsé a las palabras, las frases, los párrafos, la narración, los libera de ese contorno ceñido, apretado y limitado, con el que se construyen muchos libros. Pareciera que desdibuja las formas, pero no puede decirse desdibujar cuando crea imágenes, sensaciones, experiencias, pensamientos y emociones que reverberan y se amplían en el lector.
Ce Santiago tensa el lenguaje hasta encresparlo, juegos literarios con forma brumosa sobre los que avanzas palpando con las manos hasta topar con lo tangible y aferrarte a algo, aunque sea al agua. Porque agua (mar, el mar, la mar) es este libro (“sin forma y a la vez con todas”), agua salada con la cadencia de las mareas que nos deja a merced del oleaje y de las corrientes de la resaca, orillas que no son idílicas, porque este mar no tiene nada de romántico y sí de cruel, no hay sentimientos en el mar.
Nada en este libro es casual y si su autor pretendía transmitir el mar, la relación del hombre con el mar y del mar con el hombre, lo ha conseguido con creces, no solo a través del lenguaje, sino también a través del ritmo y la cadencia que a veces te llevaba y otras te traía, que pocas veces te mecía y más bien te bamboleaba, que te llevaba del silencio más espeso y a la vez respetuoso a leer fragmentos en voz alta, con una sonoridad contundente que te hacía recordar toda la inclemencia del mar y la rudeza inhóspita de la humanidad.
Cuando terminé de leer el libro me sobrevino una especie de mareo cinético, el que sientes al desembarcar: durante un instante bajo tus pies la tierra ya no es firme, la sensación de inestabilidad te fuerza a echar las manos al suelo, como sujetando un mundo que se mueve demasiado rápido para sostener a aquellos que lo habitan.
Generoso, Ce Santiago no escatima sus referencias literarias y las comparte a pie de página. He dicho antes que probablemente Ce Santiago ha traducido aquello que le gusta leer, pero también aquello que le gustaría escribir. Y, como esperaba, ha escrito a una altura elevada. Su primera novela es una novela experimental, trabajada, pero de una frescura y un vigor que renueva el panorama literario nacional, muy necesitado de escritores así. Qué bárbaro, Ce Santiago.
Lo que leo lo cuento y me cuento en lo que leo. Si vas a copiar, recuerda: el estilo no se roba, se cultiva. blasfuemia@gmail.com



















