jueves, 18 de octubre de 2018

Yonqui (William Burroughs)

Título original: Junkie
Traductores: Martín Lendínez y Francesc Roca
Páginas: 224
Publicación: 1953 (1997)
Editorial: Anagrama
Sinopsis: Burroughs aún no era el autor de El almuerzo desnudo, ni se había constituido en el gran visionario de nuestra época, que ha inspirado a escritores, a músicos, a pintores y a cineastas, pero en esta descarnada, deslumbrante crónica de una adicción los vagabundeos en busca de droga, la avidez por el chute, la peculiar sexualidad y las no menos extrañas relaciones nacidas en la comunión de la droga estaba ya el fundamento de toda su obra posterior. 
Nadie decide ser un adicto. Una mañana uno se despierta enfermo y ya es un adicto.
A veces releo libros para contrastar lo que el paso del tiempo hace, no solo con los libros, sino conmigo o con mis propias sensaciones. Una forma de re-situarme, o incluso de comprenderme a mí misma. Para recordar también porqué me impactó en su momento ese libro, si sigue manteniendo la misma fuerza que en su momento me noqueó.

La droga, la droga, la puta de la droga… Años ha, mi primer acercamiento a Burroughs fue con este libro, que ahora quise releer y saber si las sensaciones de aquella primera lectura seguían vigentes. Y si bien es verdad que con los años, las experiencias y el conocimiento demasiado cercano del mundo de la droga, pierde parte de su impacto y se queda incluso corto, aun así y tomando la perspectiva de los años en que fue escrito sigue siendo igualmente impresionante y brutal. Porque la droga lo es. Lo sigue siendo y lo seguirá siendo. 
Cuando uno deja de crecer empieza a morir. Un adicto nunca deja de crecer.
Burroughs sabe bien de qué habla, ya que no solo la novela (su primera novela) es autobiográfica, es que fue un adicto hasta el fin de sus días, dependiente de la metadona. Y es que el adicto, a lo que sea, lo será toda su vida.

Aunque Burroughs fue narrativamente un innovador, en Yonqui el tono es estrictamente realista, casi de reportaje periodístico: directo, descriptivo, no hay emociones ni sentimientos ni siquiera juicios de valor, solo brutalidad, dureza, suciedad… La atrocidad de la droga sin ningún tipo de filtro, desapasionado.
Todos creemos al principio que podremos controlarlo. Luego ya dejamos de querer controlarlo.
Ni siquiera podemos alcanzar a saber qué lleva a alguien a la droga. Ocurre. ¿Falta de motivación? ¿Intensidad mal dirigida? ¿Búsqueda de experiencias? ¿Inercia? ¿Dejarse llevar? En cualquier caso, una vez que empiezas, ya no paras, no hay punto de retorno. Hay adicción, desenganche, reenganche, droga, alcohol, miseria.

Para alguien que criticaba duramente la alineación social, no deja de ser paradójico el hecho de que negara la naturaleza de su propia adicción, cuando pocas cosas alinean más que las adicciones, sean del tipo que sean. 

Bien es verdad que el relato, descarnado, sucio, esperpéntico en ocasiones, resulta ser finalmente un alegato antidroga porque hay que estar muy loco para meterse en un mundo así después de leer Yonqui. Ni siquiera había hecho su aparición el SIDA. El puto, malparido, SIDA.

Pero tal vez ese sea, siga siendo, el mérito de este libro: Burroughs no hace juicios, describe sin pasión, sin reflexiones que te lleven a una u otra dirección. Muestra la brutalidad descarnada de la droga, y lo hace con la mirada del drogadicto. No pide comprensión, justificación ni compasión.
He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir.
Es un libro molesto, porque la droga lo es. Más molesto aún es la idealización de la droga. La droga es un modo de morir, no una manera de vivir. No sólo es un libro molesto, es perverso también, puesto que el protagonista consigue dejar la droga alguna vez, pero siempre recae ¿por qué? Porque la alternativa de la heroína le parece mejor que la alternativa de vivir sin ella. Y eso es atroz… da mucho que pensar.

17 comentarios:

  1. No conocía este libro. Me ha tocado muy de cerca la droga y es un tema que me duele demasiado. En esta ocasión lo dejo pasar (tu reseña es excelente, querida Ana).

    Un abrazo.

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    1. Tampoco es el mejor de Burroughs o, mejor dicho, el que más me ha gustado. Pero leer siempre es personal y las elecciones de qué libros, cuándo, o si relees... también es personal ;)

      Un abrazo

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  2. Pues mira, esto vendría bien como lectura de instituto a ver si se enteran. Porque no hay nada que me moleste que se idealice con el tema, bueno sí lo hay, que el alcohol no se considere una droga.
    En fin, que como lectura para mí no lo veo, demasiada realidad.
    Un abrazo

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    1. No sé qué decirte, Norah, supongo que quien vive la droga desde fuera la vive de forma diferente a quien la vive desde dentro. El problema esta en la idealización de la droga, por supuesto, pero sobre todo en esa infantil creencia de pensar que es algo que se puede controlar. Pero claro... esta esa droga tan perniciosa como el alcohol que es un trampolín a drogas mayores. Aunque yo a estas alturas no sé si considerar ya el alcohol directamente una droga dura.

      Un abrazo.

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  3. Lo leí hace mucho, una de mis primas lo leyó en el Instituto y se lo dejó un día en casa y me llamó tanto la atención que lo leí, luego lo comenté en el trabajo y los compis fueron leyéndolo también 😄 hay mucho que enseñar y mucho más que aprender 🙄

    Besitos 💋💋💋

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    1. La droga (y aquí incluyo también alcohol y tabaco) mueve demasiado dinero. Y creo que eso ya dice mucho de porqué es un mal que nunca se erradicará.

      Un abrazo

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  4. Yo diría que hay que tener un estado de ánimo muy positivo y elevado para leer a Burroughs. Sus novelas son cualquier cosa menos convencionales, y tienden a dejarte un poco desequilibrado una vez terminadas. Aunque este es uno de sus libros más conocidos, yo todavía lo tengo pendiente.

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    1. ¡O ser muy suicida con las lecturas! :D Aunque busco el equilibrio, tengo cierta conciencia de que un camino para conseguirlo es leer mucho sobre desequilibrios. Ya sé que resulta extraño, pero así es ;) Que conste que prefiero El almuerzo desnudo a este libro.

      Un abrazo

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  5. Igual que los surferos californianos, allá por los 60, se iban a la otra esquina del mundo buscando la "ola perfecta", W. Borroughs, Ginsberg y algún colega más, se iban al sitio más remoto del orbe buscando la "gran droga", por ejemplo a la Amazonía peruana tras el rastro de la ayahuasca.

    He tenido la fortuna de patear esos enclaves amazónicos peruanos, presenciar el ritual de la ayahuasca con el chamán (eso es flipante), y mayor fortuna aún al declinar la invitación de probarla... viendo el viaje de regreso que me esperaba en una barcaza... uff.

    Estaría bien leer esta novela, o la de la ayahuasca que también escribió.

    Me apunto tu frase, magistral:

    "la droga es un modo de morir, no una manera de vivir".

    De lo que no tengo ninguna duda es que leer buena literatura es una manera de vivir.
    Un abrazo, Ana.

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    1. ¡Wow! lo del ritual de la ayahuasca debió de ser... muy intenso, como poco. Y tu fortaleza a prueba de bomba que consiguió rechazar la invitación. Porque ese riesgo de querer conocer esa experiencia desde dentro siempre está ahí.

      Precisamente La Moderna Editora ha sacado ahora ‘La bala perdida. William S. Burroughs en México’ Pero desde luego ahora mismo no voy a leerlo...

      Un abrazo grande

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  6. Leí a Burroughs en "El almuerzo desnudo", por toda la mitología que le rodeaba. No pude con aquel libro, lo regalé. Me gusta hacer relecturas, sobre todo de novelas cuyo tema me impactó en su día. La madurez casi siempre arroja un luz distinta sobre muchas, tantas cosas. El adicto nace y si no se hace, es porque tiene la sustancia lejos (la que sea). Recuerdo a un amigo de hace años, lo conocí haciendo un curso para desempleados. Aunque era poco mayor que yo, padecía alcoholismo y por ello era abstemio. Una noche (yo trabajaba de camarero y nunca le servía alcohol) comenzó a beber con otra gente, le perdí la pista y me lo encontré a los dos días con toda la cara marcada, de una paliza o de una caída o de las dos cosas, ni se acordaba. Imagínate una adicción así en una sociedad como la nuestra, donde hay alcohol hasta el misa.
    Un abrazo.

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    1. Pues a mí me gustó más "El almuerzo desnudo" que este, me pareció más interesante literariamente. Normalmente combino varias lecturas al mismo tiempo, y de vez en cuando incluyo una relectura. Pocas veces en la relectura el libro salió por la puerta de mi casa, normalmente volvió crecido a la estantería :)

      Creo que adictos, potencialmente, nacemos todos, luego hay quien concreta la adicción de una forma más o menos nociva. Y eso ya es para toda la vida.

      Un abrazo

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  7. No creo que pudiera disfrutar con este libro. Pero si estoy de acuerdo contigo en que deberíamos releer, de vez en cuando, esos libros que nos impactaron hace años: el tiempo cambia las cosas y me gusta ver cómo he cambiado yo, lo que encuentro nuevo en ese libro, lo que ya no me cuadra o lo que sigue siendo igual. Abrazos.

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    1. No se disfruta, eso ya te lo digo yo. A mí las relecturas siempre me han gustado, aunque con tanto pendiente por leer a veces me agobia. Pero la mayoría de las relecturas suelen ser espacios de seguridad.

      Un abrazo

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  8. Pues me parece que ese tono es el adecuado. Lo que es, es, y no hay por qué edulcorarlo ni justificarlo. Tremendo eso de «Cuando uno deja de crecer empieza a morir. Un adicto nunca deja de crecer».
    Un abrazo

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  9. Me pasa como a U-topia, que este tema me duele demasiado. Prefiero dejarlo pasar esta vez.
    Besotes!!!

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  10. Considero que la droga es hacer elección por una vía de escape o una manera de sentirse 'moderno', 'superado'; nunca es optar por la vida.
    Sabía de este título y autor, pero nunca ha llamado mi atención el tema. Por eso lo dejo correr.
    Un abrazo.

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En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer