martes, 25 de junio de 2019

Tainaron (Leena Krohn)


Te contaré lo que me ha ocurrido. Me ha ocurrido que las personas ya no bastan. No bastan, por muy grandes y hermosas y sabias y complicadas que sean
¿Qué es Tainaron? Os voy a contestar con una media verdad: Tainaron es una ciudad habitada por insectos. Alguien, desde esa ciudad, escribe cartas a otra persona cuya única respuesta es un silencio tan terco como despiadado.
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Pero solo os he dicho una parte de la verdad, tal vez ni siquiera la mitad, y eso no hace una verdad entera, porque la verdad, como todo, se transforma con una eslasticidad muy testaruda. ¿Cómo materializarla en palabras para escribirlas aquí y deciros qué es Tainaron? A ver, voy a probar: Tainaron es un estudio entomológico y botánico de lo humano y de la mutabilidad de la vida, con el añadido de un lirismo y una sensibilidad llena de luz, ternura y desgarro.
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Creo que no voy mal. Puedo decir también que Tainaron es una performance literaria, una acción poética: un espectáculo en el que la estética narrativa y la provocación forman parte de la función, al igual que el espectador-lector que, al principio, no es consciente de estar formando parte de dicho espectáculo pero cuya sorpresa y (en mi caso) admiración, termina generando una reacción, probablemente en forma de cambio, cual crisálida en tránsito de larva a imago.
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Hay más. Tainaron es inclasificable, no me lo pone fácil, tenedme paciencia. Tainaron es también metamorfosis frecuentes y dolorosas, fronteras flexibles y móviles. Tainaron es un lugar y también una forma de ser, en constante mutación. No pide interpretarse pero todo es interpretable, pues habla de lo universal. Y lo más grande: lo atrapa (lo universal) en apenas 160 páginas para, a la vez, transformarse en cada lectura y en cada lector.
¿Cómo hacer mapas de aquello que cambia insistentemente? ¿Cómo hacer un mapa de lo humano, de ti, de mí? No hay brújula posible, norte ni sur, coordenadas que te guíen. La vida es metamorfosis, continua transformación en busca de identidad.
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Tainaron es una joya extraordinaria.

domingo, 23 de junio de 2019

Compañía (Samuel Beckett)


"Una voz llega a alguien en la obscuridad. Imaginar […] El uso de la segunda persona caracteriza a la voz. El de la tercera al otro. Si también él pudiera hablar a aquel a quien habla la voz habría un tercero. Pero no puede. No podrá. No puedes. No podrá
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Noches sin dormir. Insomnio. Noches y oscuridad. Y una voz. Yaces boca arriba. A oscuras. Y te acompaña la voz. Una voz que intenta aplacar la nada. ¿A quién se dirige la voz? A él. A otro. A ti. O a mí. ¿Por qué habla la voz de ese otro y no de él, a él? ¿Quién habla?
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Puedes exiliarte del mundo, pero no puedes desertar de ti mismo ¿Y qué dice esa voz, a quién? La voz de la locura, espesa e insensata, clara y justa. Una voz que está y no está en un lugar o en otro, murmullo y grito, que se repite, que recuerda para que recuerdes, que se intensifica cuando calla. Y tú yaces boca arriba.
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En la oscuridad se oye una voz y te inventas a ti mismo para hacerte compañía, una compañía imaginaria que nos adhiera a la vida. Si escuchas el vacío no te tragará. Si te hablas te conviertes en dos. Ser tu propia y unica compañia.
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Con una dialéctica compleja, trabada, repetitiva, profunda y subversiva y un dolor y una soledad palpable Beckett vuelve a hablarnos de lo innombrable, a cuestionar el “yo” y a esperar una verdad imposible. En el mundo sin ilusiones de Beckett, y sin nombrar la esperanza, es capaz de imaginar un espacio en el que todavía podamos creer en ella.

jueves, 20 de junio de 2019

La persona y lo sagrado (Simone Weil)


Desde la primera infancia hasta la tumba, existe en el corazón de todo ser humano algo que […] espera invencible que le haga el bien y no el mal. Eso es, antes que ninguna otra cosa, lo que es sagrado en todo ser humano
A Simone Weil nadie puede negarle su absoluto compromiso social y su extraordinaria inteligencia. Más allá de su vida fascinante, su pensamiento y su activismo compasivo me hacen pensar (de nuevo) en la inmensa necesidad que tenemos actualmente de intelectuales y pensadores humanistas de su calibre.
En este breve pero compacto ensayo, Simone pone sobre el tapete dos cuestiones: una será la contundente crítica sobre el concepto de persona (separando de forma tajante la persona de lo sagrado) y otra la búsqueda de unos principios que estén por encima de las instituciones democráticas y que, a la vez, las orienten y limiten.
Para Weil la persona no es sagrada por sí misma, ni siquiera el bien lo es, sino más bien la expectativa de que nos hagan el bien. Lo sagrado en la persona… es impersonal. El bien es el centro y para ello es necesario varias cosas: educación, libertad de expresión e instituciones capaces y deseosas de escuchar los gritos del bien.
Brillante e ingeniosa, Weil se plantea el difícil y precario equilibrio existente entre el individuo y las instituciones. Hay que proteger lo que hay de sagrado en el ser humano, ese es el mensaje: proteger lo más ingenuo y casi infantil del ser humano, escuchar esa parte del alma humana.
No es una lectura fácil, es densa pero asequible, exige la inteligencia y el compromiso del lector, si bien el prefacio de Giorgio Agamben es muy esclarecedor. Subrayé este libro casi en línea continua, leía y volvía hacía atrás, me crujía la neurona. Y eso me encanta porque tengo una neurona pero es muy linda ella: le encanta que la expriman.
En toda alma humana crece continuamente la demanda de que no se le haga mal
Es tan difícil articular el lenguaje del dolor, del daño, del mal. Es tanta la incapacidad de escuchar, somos tan reacios a entrar en contacto con la desgracia ajena. ¿Cómo solucionarlo? La respuesta, cree Weil, está en la justicia, la verdad y la belleza.
Vamos a ello.

martes, 18 de junio de 2019

Sigo aquí (Maggie O'Farrell)


“Lo mejor no siempre es lo más fácil”
¿Cómo me las maravillaría yo? A veces me resulta difícil describir cómo un libro del que comprendo las razones por las que ha gustado tanto a tantas personas, sin embargo a mí me deja una sensación de “bueno, lo he leído”. Y ya.
Entiendo que el realismo emocional de O’Farrell cale profundamente en el lector en este elegante ejercicio descriptivo de momentos en los que la muerte ha acechado. No soy indiferente a ese hecho.
Comprendo la accesibilidad de la narrativa de esta autora: cercana, familiar, fácil, agradable, reconocible. Busca el pellizco, la identificación, evita la autocompasión además (algo que valoro especialmente). Percibo también la originalidad de contar su vida a partir de experiencias cercanas a la muerte, el tomar conciencia de que la vida es tener presente la inevitabilidad de la muerte. Respeto la generosidad de hablar de algo íntimo. Aprecio el pragmatismo de O’Farrell respecto a estas experiencias, así como el paso que hay desde el “sigo aquí” del título al “ella sigue aquí, sigue aquí, sigue aquí” final.
¿Y entonces? ¿Qué falló? Que va notoriamente de más a menos (aunque remonta al final, manejando la previsibilidad de saber lo que conmociona la experiencia de muerte cuando se refiere a un niño). Que muestra sin ahondar ni indagar. Que hay capítulos claramente forzados que proporcionan mucha irregularidad al conjunto. Que a veces parece buscar la emoción fácil. Que el “cómo” no me termina de provocar entusiasmo. Que hay cierta monotonía narrativa. Que a la autoficción le pido algo más que el que sea meramente testimonial. No es que quiera que me faciliten las conclusiones ni me añadan moralejas (al contrario) pero sí hubiera agradecido más profundidad y urdimbre literaria.

jueves, 13 de junio de 2019

Trampa 22 (Joseph Heller)


No me gustaría vivir sin dudas

Porque dudar es cuestionar, poner en tela de juicio, encontrar argumentos para una cosa y la contraria, pero sobre todo ayuda a no dejarse aborregar ni adoctrinar y porque además es necesario que el individuo sobreviva por encima de intereses más que dudosos, por muy disfrazados que vengan de patriotismo o de personas a las que se les presupone una experiencia y unos conocimientos superiores.
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Es un derecho, incluso un deber, dudar del poder y sus ideologías cuando, además, exigen fe a ciegas y hechos que son inaceptables. La posibilidad de la anarquía y el caos, la posibilidad de la tragedia. A veces el cobarde puede ser el más cuerdo, el más lúcido, rehuyendo de la manipulación y la contagiosa corrupción del poder.

No, no estoy hablando de los tiempos que corren (¿o sí?). Estoy hablando de “Trampa 22”, un libro de Joseph Heller en el que a través del humor absurdo se nos invita a esa actitud tan sana y tan poco promocionada de reflexionar (y dudar). No se trata únicamente de la insensatez de las guerras, sino también del absurdo de una burocracia (principalmente militar) cuya rigidez y ausencia de sentido común termina provocando una curiosa paradoja: la locura de la cordura (y/o viceversa)
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La guerra NO es una fuerza de la naturaleza (un “pequeño” detalle que dice mucho del ser humano): se puede evitar (y esto es aplicable a muchos otros temas).
Podría decirse que "Trampa 22" es una novela antibélica con gran profundidad emocional, y también que es una sátira mordaz y disparatada con la contundencia de lo atemporal. Sí, podría decirse que es un libro tenazmente actual, de esos que encontrareis en muchas listas de los cien mejores libros de todos los tiempos… y descatalogado, lo que no deja de ser otra paradoja similar a la planteada por este libro pacifista y antimilitarista.

martes, 11 de junio de 2019

Siete cuentos morales (J.M. Coetzee)


La invisibilidad no es una cualidad del objeto. Es una capacidad o incapacidad del observador

Dicen de este libro que es ficción didáctica, y yo me pregunto si hay ficción que no lo sea, aunque no lo pretenda. Así que hablamos más bien de la intención, en este caso claramente didáctica. Coetzee quiere decirnos algo y utiliza para ello siete cuentos morales. Que cada cual lo interprete como quiera, lo que está claro es que Coetzee nos coloca, deliberadamente, frente a nosotros mismos con la evidente intención de que detectemos nuestras pequeñas (o grandes) inmoralidades.

Pueden ser o no siete cuentos, en verdad cada capítulo, o cada cuento, funciona como pieza única, pero todo el sentido viene dado por el conjunto de ellos.

Coetzee retoma a Elizabeth Costello, su alter ego, ya anciana, para hablarnos de la vejez, el maltrato animal, la soledad, la familia, la existencia, la muerte, los miedos, la infidelidad, la vanidad… de tantas cosas.
La ancianidad se nos plantea como una crisis moral ¿cómo vivir con todo lo que se sabe? ¿es el mundo realmente tan feo y duro que solo es visto por unos pocos o es un error pensar así? ¿cómo dejar que muera todo el conocimiento que Elizabeth Costello posee?
No morimos cuando morimos, sino cuando ya no hay nadie vivo que nos recuerde. “Siete cuentos morales” es la lucha de Elizabeth Costello por no morir una vez que se muera, es su lucha contra el miedo al olvido. Y para ello nos dará siete latigazos, sin concesiones, sin tiritas ni apósitos. Porque cuando la herida late en carne viva, no existe el olvido.
No ver algo no significa que no exista, sino que tal vez no estemos mirando bien, que el observador está invisibilizando algo o a alguien. Y Coetzee es una buena lente para corregir cualquier tipo de distorsión visual y ayudarnos a enfocar...

jueves, 6 de junio de 2019

Una muerte muy dulce (Simone de Beauvoir)


No se muere de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Se muere de “algo”. No existe muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona al mundo

Somos seres mortales y esta es la única certeza de nuestra vida, y aún así la muerte la sentimos como “una violencia indebida”, una sacudida que siempre nos sorprende con una ferocidad inusitada.
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Simone de Beauvoir, una de las mentes más poderosas y brillantes del siglo XX, no se escapa de esa violencia perturbadora y excesiva que nos arrasa con el fallecimiento de un ser querido. En este libro nos relata la agonía de su madre durante las semanas que transcurren desde su hospitalización hasta el día que fallece. El título en sí mismo puede parecernos un oxímoron ¿cómo puede ser dulce la muerte? pero cuando la muerte se convierte en una dolorosa y agónica tarea tal vez sea más dulce de lo que la imaginamos.

Necesitaría más espacio del que ocupa el propio libro y del que me permite Instagram, y tal vez también más fuerzas de las que presumo tener, para explicaros porqué este libro es de lectura necesaria.

El tema es crudo. Pero es Simone de Beauvoir y consigue una distancia, yo diría que perfecta, para narrar esos momentos tan terribles. Una distancia honesta, ajena a la demagogia y al morbo; una distancia con espacio para describir lo que sucede más allá de lo que una siente, sin dejar de cuestionarse, de observar, de inquirir, de esforzarse en comprender a una madre con quien mantenía una relación conflictiva y llena de contradicciones. Una distancia digna, equilibrada, emocional pero también racional, con compasión pero sin autocompadecerse; una distancia asombrosa, cabal y también levemente asustada y sorprendida de sus propias emociones, pero sin sentimentalismo.

Simone no dulcifica la dura realidad que supone la enfermedad terrible de su madre. Es el poder de la literatura, la fuerza demoledora de la escritura, las palabras que sustentan todos los abismos, la única vía para comunicar experiencias demoledoras.
"A mí también me devoraba un cáncer: el remordimiento

martes, 4 de junio de 2019

Bartebly y compañía (Enrique Vila-Matas)


La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia

Vila-Matas no se desliza con indiferencia sino que insufla vida a la literatura. Cierto que no inventó la metaliteratura, pero la ha hecho suya de una forma única, inteligente y reconocible. Es su sello personal y es nuestro mejor Peta Zeta literario, leerle es un estallido de literatura, la efervescencia de la misma. Lees “Bartleby y compañía” y en el paladar te estallan meteoritos literarios. Coges papel y lápiz y no te resistes a tomar nota de los chasquidos que provoca leerle: libros que leer y releer, escritores, citas, curiosidades...
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Entre anécdotas reales y ficcionadas, entre la realidad y la invención literaria, Vila-Matas rastrea bartlebys y se plantea la imposibilidad de la escritura haciendo un recorrido por la “literatura del no”. Escritores que “aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o quizás precisamente por eso)” escriben uno o dos libros y no publican más. O directamente ni siquiera llegan a escribir ningún libro.

Hace años en la Feria del Libro de Madrid me marqué una carrera tremebunda para llegar a tiempo a la caseta en la que estaba firmando Vila-Matas. Atravesé al galope casetas sorteando filas de personas ávidas de firmas de autores de best-seller, cantantes, presentadores, famosillos, influencers... Cuando llegué a la caseta de Vila-Matas no había nadie, ninguna persona deseosa de su firma o sus libros. Solo él y su sonrisa. Sentí, una vez más, que no entendía este mundo. Y que se negaba a la literatura en uno de los centros neurálgicos de la misma: la Feria del Libro de Madrid.

Vila-Matas es uno de mis gurús e influencers literarios más adorado e imprescindible, por su propia literatura, su narrativa de múltiples perspectivas, porque nos mantiene activos a los lectores, porque es un lector que escribe y un escritor que lee, porque visibiliza autores invisibles pero admirables, porque eleva la literatura a los escalafones que otros le quitan. Porque resucita la literatura una y otra vez, pese a quienes la niegan.

domingo, 2 de junio de 2019

La salvación por las palabras (Iris Murdoch)


Porque lo que elegimos, y los motivos que tenemos para elegirlo, revelan qué valores tenemos
¿Cuál es el gran arte, ese arte pleno de lucidez y que carece de fingimiento y pretensión? Murdoch no tiene dudas: la literatura, porque “las palabras son la textura y la materia últimas del ser moral que somos”.
Me fascinan las mentes inteligentes, rescatan e insuflan oxígeno a mi curiosidad, mi rebeldía sin causa, mi capacidad de aprender, de asombrarme y emocionarme, pero sobre todo me ofrecen esperanza. ¿Qué esperanza nos ofrece Murdoch?: la del arte, la de las palabras, la de la literatura. Consciente de que el arte es clarividencia y que los dictadores y opresores lo temen Murdoch aboga por el arte, el bien, la literatura y la belleza como salvación.

Preguntarnos sobre qué es el arte implica ir a lo concreto y para Murdoch la respuesta es clara: el arte debe comprometer tanto nuestra moral como nuestro intelecto y la esencia del arte y la moral no es otra que el amor. Y vuelve a inquirirnos ¿qué es el amor?: “El amor es caer en la cuenta, no sin dificultad, de que algo ajeno a uno mismo es real” o sea, el reconocimiento y el respeto de esa otredad. Dadle vueltas a la cita, se lo merece.
No voy a decir que sea una lectura fácil, es filosofía erudita, pero en eso reside (también) su atractivo: vuelves hacia atrás, relees, buscas las conexiones, la comprensión, retrocedes, avanzas. Pese a la densidad intelectual de alguno de los textos, no me cabe duda de que son necesarias más mentes sensatas y lúcidas en el siglo XXI como las de Murdoch y rescatar el centro de su moral: el desinterés (“unselfing”), la necesidad de salir de nuestro propio ego, ver a las otras personas y tenerlas en cuenta. Si Murdoch levantara la cabeza se entristecería al comprobar que el siglo XXI es el siglo del… selfie.
Libertad es conocer, comprender y respetar cosas totalmente ajenas a nosotros mismos

viernes, 31 de mayo de 2019

Sobre el acantilado y otros relatos (Gregor von Rezzori)


Las cosas cambian más deprisa de lo que podemos corresponderle con las palabras o desde el punto de vista semántico

Con un lenguaje exuberante, florido, lúdico y lúcido, Rezzori hace una feroz crítica social a través de tres seductores relatos. Muy irónico, casi cínico pero sin despeñarse, rompe estructuras narrativas clásicas, juega con la forma para destacar un “qué”. Preciso con los personajes y con los momentos que viven, en la línea de la literatura erudita y con lenguaje extenso y cultivado, Rezzori refleja la descomposición de un mundo sensible, noqueada la supremacía de un imperio.
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Ese tránsito entre distintas sociedades/épocas/culturas es contemplada como un sonoro eco que desliga de sí mismos a aquellos que la viven, una abstracción del momento, la historia que diluye lo concreto y convierte en leyenda el tiempo (todavía) presente. Tiempos oscuros en los que transcurre el amor, la vida que reclama concretarse, visualizar las relaciones entre lo que vive cada uno y las circunstancias, aferrarse a la pureza del paisaje y la tierra.
Cuando tu mundo estalla en mil pedazos buscas una nueva realidad para convertirla en hogar (casa, nido). Pero en el tránsito, en la ruptura... ¿dónde habitas? ¿En qué vacío? Estés donde estés lo que anida en el alma es siempre la irreversible sensación de carencia.
Detrás de la prosa exquisita y elegante de Rezzori hay un fondo notable: cómo la realidad impone su propia verdad. Rezzori es fino, fino.
Es preciso sacar lo mejor de lo inevitable

miércoles, 29 de mayo de 2019

El archipiélago del perro (Philippe Claudel)


Codiciáis oro y sembráis ceniza. Ensuciáis la belleza, destruís la inocencia […] Vuestras emociones son efímeras, como mariposas calcinadas por la luz del día cuando apenas ha salido del capullo […] La soledad os devora. El egoísmo os engorda […] ¿Cómo juzgarán vuestra época los siglos futuros
El arranque del libro es tremendo, Claudel nos echa una bronca que consigue que el libro te dé calambre. Sabes que te la mereces, pero también es cierto que luego consigue el efecto contrario del pretendido: te distancia ligeramente de la culpa. Quiero intentar explicarlo.

Claudel es un escritor exquisito que maneja los ardides de las tramas como pocos. Admiro el espacio en el que se mueve, con una escritura ágil, envolvente, capaz de llegar a muchos lectores con su lenguaje cercano. Su prosa cinematográfica, directa, kinestésica, el toque de intriga con el que envuelve sus narraciones, consigue que devores el libro en un pis pás, con esa forma de thriller social y psicológico que este autor maneja con precisión.

La técnica de Claudel es la que llamo “huevo Kinder”: Su apariencia externa te promete una sorpresa en su interior. La sorpresa está dentro de un sabroso y reconocible huevo de chocolate que engulles con fruición, es una sorpresa que intuyes pero no sabes exactamente cuál será. Claudel normalmente guarda una sorpresa dentro de otra sorpresa que consigue enriquecer notablemente la historia que nos transmite. Pero en este libro va a saco y se le olvida sacar un conejo de la chistera. Así que la sorpresa del huevo Kinder resulta previsible. Y la previsibilidad distancia del compromiso que quiere arrancarnos.
Claudel escribe una fábula sobre el drama de la inmigración que pretende no dejarnos indiferentes, señalando algunas de las razones de nuestra indiferencia: “no es mi culpa”, “tengo mis problemas”, “no puedo cambiar nada”. Razones varias que nos alejan de la responsabilidad y aligera el peso de nuestra conciencia. La realidad está ahí y si querías esquivarla Claudel te la pone delante sin tapujos y, en mi opinión, de una forma demasiado explícita y no quiero pensar que oportunista. Pero hay que leerlo, esto es así y allá cada cual con su conciencia.

lunes, 27 de mayo de 2019

Cárdeno adorno (Katharina Winkler)


A veces camino descalza y me tumbo junto a las ciruelas reventadas. Luciendo mi cárdeno adorno, yazgo entre frutos cárdenos

Cuidar a quienes nos cuidan, cuidarnos de quienes no. Pero cuidas a los corderos y vives con el enemigo. Si el honor no tiene nombre de mujer ¿quién nos cuidará si lo humano es tan escaso? Tantas mujeres cárdenas y sin palabras donde solo hay el sonido primitivo de la violencia escrita y tallada por las manos de los hombres.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe… Y la luz al otro lado de las montañas, la posibilidad de bañarse en el rio, las letras, los números, todo está al otro lado. Lejos. Aquí, las puertas son paredes que no puedes atravesar y el miedo una piel imposible de mudar. Las fiestas son siempre ajenas y el dolor cercano No te rías, no te rías, hasta la risa le pertenece. No supliques, no anheles más golpes, no anheles caricias. Todo se arreglará. Todo se arreglará. Ponte unos vaqueros y busca la casa que te salve, tú eres la casa.

Cuánto y qué fuerte he querido que lo que leía fuera ficción, ciencia ficción, o novela histórica. Pero no. Y leo y lloro, y grito, lloro, leo. Una aldea turca donde la violencia no se cuestiona, es tan habitual como los silencios. Normalizar la cosificación y deshumanización de la mujer, la mujer como un objeto que pertenece al hombre, la mujer como esclava del hombre. La intensidad de la violencia se me hace insoportable, me obligo a no soltar, a no mirar a otro lado. Sucede. Sucede.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe. Quiero detenerlos con una fuerza inusitada y una rabia ciclónica, detenerlos, absorberlos todos y vomitarlos en un océano. Cada golpe. Hacerlo pasado, pasado lejano, historia añeja y anticuada.

Es tan difícil lo que has hecho, Winkler, poetizar el dolor. Terminé la lectura agotada, perturbada, sacudida. Aterrada. La violencia nunca, jamás, ha de ser normal ni las mujeres ni los niños propiedad privada de nadie.

jueves, 23 de mayo de 2019

El nacimiento de Eva (Jeanne Hersch)


Toda hora merece ser celebrada

La filosofía ha dejado de ser contingente para convertirse, ahora más que nunca, en necesaria. No solo debería ser asignatura obligatoria sino que también debería ser tan cotidiana como un sorbo de café, un trozo de chocolate, lavarse la cara o tomarse una caña. A pequeñas dosis o a sorbitos, como el azúcar, la sal o el vino. O a borbotones, como las estrellas, la mar, el agua fresca, la lluvia o el viento. Plácida o tormencial.

Un pequeño sorbo, delicado y placentero de filosofía bien podría ser este libro de Jeanne Hersch, en el que se reúnen diversos textos de esta reconocida filósofa suiza. Textos elaborados con esmero poético, estilo refinado y filosofía sensata que no provocarán ninguna discordia al lector, sino una sensación agradable y liberadora. Algunos de estos textos son auténticos diamantes que destilan no solo profundidad de pensamiento sino también una calidad literaria certera, cálida y cercana. Las tres ces.

Una prosa viva, cristalina y textos variados cosidos entre sí por el hilo de una filosofía cercana que aborda diversos temas: la creación de la humanidad; Eva y su gesto que finaliza el presente eterno; el tiempo (perdido, salvado, recordado, arruinado, ambiguo) y sus consecuencias en la hora cero; la certeza de que convertir el mundo en atroz o espléndido dependerá bien de nuestras acciones o bien de nuestros descuidos; las fiestas como obras de arte cuya fuerza está en la plenitud del presente, del instante que ya no pertenece al tiempo; cuándo escribir; reclamar la unicidad como una necesidad de que cada persona tenga su lugar en la fiesta “exuberante y trágica del mundo y la historia”.
Leamos más filosofía, saquemos a la cultura humanista de ese inmerecido espacio en el que los caminos de la servidumbre la han situado: entre la espada y la pared. Abramos las puertas. Toda filosofía debe ser celebrada.
Separación contra presencia, basta una simple puerta cerrada. Una puerta cerrada, y ya no sé nada de tu realidad

martes, 21 de mayo de 2019

Un simple vestido de fiesta (Christian Bobin)


No eres causa de mi soledad. Dormía ya en mí mucho antes de tu llegada. Eres quien -por haberla despertado- se le parece más
Todas las soledades se parecen y a la vez todas son únicas, personales e intransferibles. Somos nada, nadie y esperamos y esperamos. La soledad, tanta soledad impensable, es la eterna herida de la vida. Intentamos aprender a vivir con ella y hasta nos seduce la soledad ajena.

Bovin en estos relatos fortifica sin herir gracias al tono empleado, que no resta un ápice de gravedad a los temas que trata o narra. Consigue conectar sus palabras con nuestros sentimientos. Usa las palabras como notas musicales o como colores en un pincel, transmite imágenes y emociones que nos empujan, amargas y exactas.

Bovin es un dispensador de frases, de oxímoros, de tic y de tac, como dedos pulsando una tecla (de una máquina de escribir, de un piano, de las teclas que nos rompen o nos juntan con nosotros mismos). Con su ritmo narrativo nos impele a la apnea. Frases cortas, fragmentadas y fragmentarias, respiraciones rápidas, hiperventilar.

La lectura se despliega ante ti como un abanico que se abre con ritmo de seducción, con un movimiento leve y cándido. Las historias se abren y van encontrando su canto, el resto es lenguaje.

Y esa aparente liviandad del tono narrativo resulta feroz como una tormenta de verano: aire caliente, turbulento, luces intensas y raudas, el crepitar de la lluvia, la naturaleza desatada y sus contrastes habitando el asombro con trazos dinámicos y resistentes, como el fulgor de un rayo, el estruendo y el silencio. Y luego la calma, viendo todo y nada simultáneamente.

Hay quien intenta escribir poesía a golpe de interlineado. Y luego está Bobin, que hace poesía sin tabulador
Leo para hacerle sitio al dolor

jueves, 16 de mayo de 2019

El paseo (Robert Walser)


Al diablo con el ansia miserable de parecer más de lo que se es

Paseante compulsivo, Walser nos pasea con él y su suave ironía pero fuerte perspicacia. Donde aparentemente no ocurre nada saltan las alarmas. Es todo tan jovial y festivo, todo tan propicio y delicado en este paseo que inevitablemente produce el vértigo de la duda ¿qué hay detrás de un paseo tan cándido?
Hay búsqueda, hay curiosidad, nostalgia, hay melancolía, libertad y vida intelectual. Hay mucha elegancia en Walser en este inquietante paseo, inquietante porque el idílico paseo, que se desliza como desaliñado, volátil y anticuado, se torna a cada paso más sombrío, más grave, sin renunciar en ningún momento a la belleza.

Paseos, deleitarse con lo sublime de la naturaleza, conectar con ella de forma casi sagrada. Encuentros que son de todo menos triviales y con una carga simbólica importante. Walser paseaba por el mismo motivo que escribía: por supervivencia y desamparo. Walser huyendo del miedo, paseando para escapar pero inevitablemente encontrando aquello de lo que huye al final del paseo.

Una pequeña y delicada joya de un Walser siempre exuberante, frágil y sagaz.
Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso otra vez yo

domingo, 12 de mayo de 2019

Sobre lo azul (WIlliam H. Gass)


El azul es por tanto el color más apropiado para la vida interior […] Porque el azul se contrae, se retira, es el color de la trascendencia, nos conduce en pos del infinito
Este es un libro (bastante metaliterario, por cierto) para personas muy azules y, para Gass, “estar en lo azul es estar aislado y solo”. Si amas el azul (el color, el concepto, el estado de ánimo), las palabras, el lenguaje, la irreverente y erudita literatura experimental de Gass este ensayo es todo una inmersión en la pasión que este autor sentía por la escritura y el lenguaje.
Todo lo que conoces Gass lo convertirá en azul, abarcando un mundo infinito de posibilidades, como, por ejemplo, que a partir del azul se hable del sexo y lo haga sin caer en la sordidez o en lo grotesco.

No voy a negar que es una obra extraña, un ensayo insólito y asombroso, pero es como una marca de agua de cierto tipo de literatura y que a algunos lectores nos sirve para ir recorriendo una ruta de satisfacción de libro en libro y leo porque me toca.

Gass ha escrito “Sobre lo azul” con mucha libertad y en esa espontaneidad y atrevimiento nos marca la distancia exacta que hay entre lo que decimos realmente y lo que creemos decir y así es como aprenderemos a decir las cosas de forma diferente.
No os dejéis intimidar: el país del azul está despejado, habítenlo.

Magnífico Ce Santiago que ha debido de sudar tinta china (azul) con esta traducción.
…el azul es el color de la mente en préstamo al cuerpo; es el color que la consciencia adopta al ser acariciada; es el interior oscuro de los enunciados, enunciados que siguen sus propios giros que hacia el interior desaparecen como las espiras de una concha, y a los cuales seguimos con cautela


martes, 7 de mayo de 2019

Bartleby, el escribiente (Herman Melville)


Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe

Si no has leído este libro, te rogaría que lo leyeras. Si ya lo has leído, te pediría que vuelvas a leerlo. Pero preferiría no hacerlo.
¿Cómo reconocer una obra de arte, una obra literaria magistral? Cada cual tendrá sus sensaciones, las mías pasan por saber que estoy ante algo inolvidable. Cuando conocí a Bartleby sabía que nunca lo olvidaría, que siempre me seguiría pareciendo una obra perfecta en su compleja simplicidad y que me estremecería una y otra vez por la inevitabilidad de lo verdadero.
Sabemos que es una lectura que deja un poso de tristeza, de esa que cala como la niebla, con la humedad irremediable de reconocerse, de fundirte con Bartleby. ¿De qué territorio viene Bartleby? De la sima de la soledad, de la del hombre que se interroga, de aceptar la imposibilidad del Otro. Y resistir.
La resistencia pasiva de Bartleby deriva de una lucha genérica, universal y humana, una lucha que reconoce toda persona que se haya visto inmersa en la batalla del desgarro. Todos los vacíos son iguales, lo que diferencia unos de otros es la mirada de quien se enfrenta a ellos: como lo hace Bartleby o como lo hace su jefe (que no puede eludir la clamorosa llamada de Bartleby y su digna lucha contra la soledad y la desesperación). La conducta de Bartleby no puede negarse ni trivializarse, supone en sí misma un enigma irresistible.

Un libro hermoso. Triste, sí, pero terriblemente humano y luminoso. Con una prosa limpia, clara, perfectamente medida; con un ritmo adecuado a la tensión que genera el lenguaje natural y equilibrado de Melville, que transforma el misterio de Bartleby en realidad y la realidad en misterio. Todo en este libro está impregnado de emoción y ética, moviéndose al compás de la vida interior del lector, que no puede evitar conmoverse hasta la reverencia.

El despliegue de posibilidades casi infinitas que ofrece este libro es una de las razones de su grandeza. Pese a su trama sencilla, el significado e implicaciones de esta historia es tan poliédrica que inevitablemente te interpela.

domingo, 5 de mayo de 2019

La máquina sumatoria (WIlliam Burroughs)


“Las palabras siguen siendo los principales instrumentos de control. Las sugestiones son palabras. Las persuasiones son palabras”

No es Burroughs un autor fácil para mí. No porque sea complejo sino porque no me inspira empatía. Era un autor oscuro, impenetrable, pero también inteligente. No atrae al lector porque a él no le importamos, pero muchas veces lo que nos repele también nos deslumbra por alguna misteriosa ley de la atracción. Con Burroughs me concilia su estrambótica originalidad, su lúcida locura, su inconsciente marginalidad.

Si existen las voces es porque todo pensamiento es deseo, las palabras son virus incluso en su caída porque la única verdad es la de la magia. La voz de Burroughs era un enigma que se despeja ligeramente con la lectura de estos textos que ayudan a comprender su escritura experimental, grotesca y simbólica. Ayuda  a destramar la realidad retorcida de Burroughs.

En La máquina sumatoria Burroughs aborda temas como el psicoanálisis, las conspiraciones, el control, la escritura… Sin duda, leerlo es como meterse un tripi en vena: pura psicodelia.

viernes, 3 de mayo de 2019

Voss (Patrick White)


Solo unas pocas (personas) tienen la terquedad suficiente para abandonar, con mucho esfuerzo, el exuberante mundo de sus pretensiones y adentrarse en el desierto de la mortificación y la recompensa
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La versión fácil es decir que Voss es una novela de aventuras e incluso de amor. La complicada es reflejar todos los desiertos que atraviesa esta extraordinaria novela, los de arena y dunas y los del alma y el autodescubrimiento casi místico. Es una aventura hacia el interior de la inhóspita Australia, sí, pero también es una aventura hacia el interior del alma humana. Sin duda, una novela dual, en el desarrollo de la trama y en los temas que trata: bien versus mal, razón versus espíritu, civilización versus lo salvaje, religiosidad versus ateísmo. Y todo así.

La narrativa de White es vibrante, descriptiva, densa, trabajada, exuberante y evocadora. El protagonista, Voss, no busca la complicidad, avanza hacia la oscuridad absoluta con paso decidido, solo titubeante ante Laura.
No podía ser en otro lugar que Australia, tierra propicia para la imaginación, la intensidad y el misterio, donde se desarrollara este viaje de autorrealización y amor obsesivo y alucinado. No, no podía ser en otro paisaje que no fuera Australia donde se desarrollara esta búsqueda de sabiduría y verdades profundas.

Si bien para cada personaje la expedición tenía un sentido y un objetivo distinto, no cabe duda de que para Voss el viaje tenía una dimensión personal y metafísica. Voss, el superhombre nietzscheano que consigue redimirse a través de su conexión con Laura, ambos pertenecientes a esa rama de la humanidad llamada oveja negra.

Una novela inmensa que entretiene, cuestiona, asombra, remueve y enseña, y que merece más difusión y lectores.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Mil grullas (Yasunari Kawabata)


La muerte solo interrumpe la comprensión. Posiblemente, nadie pueda perdonar eso

Escapar de los fantasmas que duelen como puñales, del dolor, de la muerte. Hacerlo a través de la belleza. Ese ha sido uno de los objetivos de Kawabata. Elegante, armonioso y poético hasta en los silencios y los pequeños gestos que surgen en las relaciones humanas y que se escenifican en el ritual del té.

Kawabata en “Mil grullas” crea una atmósfera turbadora, sensual y potente. Soledad, nostalgia y erotismo, marca de la casa de Kawabata. Una novela sobre el deseo y la nostalgia, también sobre la belleza entendida como una de las razones de la existencia. Con aparente facilidad, Kawabata crea una historia psicológicamente compleja. La sutil y simbólica ceremonia del té, junto con los personajes, convierten esta historia en una historia única y conmovedora, a través de los conflictos internos y los sentimientos de culpa de los protagonistas (hay muertos que siguen muy vivos).
Una novela muy lírica y sensual cargada de simbolismo y melancolía, pero no exenta de realismo y transparencia. A través del desorientado protagonista, Kawabata aborda también la importancia del amor, del respeto, del perdón y de las elecciones.