miércoles, 26 de julio de 2017

A través de la noche (Stig Sæterbakken)

Título original: Gjennom natten
Traductores: Cristina Gómez-Baggethun y Oyvind Fossan
Páginas: 296
Publicación: 2011 (2017)
Editorial: Mármara
Sinopsis: La peor pesadilla del dentista Karl Meyer se hace realidad cuando su hijo, Ole-Jacob, se quita la vida. Esta tragedia es el punto de partida para que el narrador, en una especie de genealogía de la culpabilidad, comience a plantear preguntas esenciales sobre la experiencia humana: ¿Qué hacer para mitigar el dolor de una persona?, ¿cómo se puede vivir con el dolor ocasionado por una pérdida insoportable?, ¿hasta cuándo puede un hombre soportar el sufrimiento causado por la muerte de su hijo?



El título del primer capítulo y el primer párrafo es tan abrumador y potente que me hizo entrar en apnea, aferrada a mi lápiz como si fuera una baliza, un faro salvador en medio de la tormenta. No solté el lápiz ni siquiera cuando terminé la última página. Pero en ese momento ya no me aferraba a él, sino que directamente lo mordía a dentelladas. Cuando terminé el libro lo primero que salió por mi boca, literalmente y por este orden fue: hostia, joder, uauuu…

Un libro que empieza así es una luz de advertencia, un cartel luminoso que te está informando de qué te vas a encontrar. Es una especie de tamiz. El lector peligroso (el que busca lugares secretos, íntimos y oscuros en los libros) pasará la criba, cruzará el Rubicón asumiendo el riesgo. Y se encontrará con un libro de los que te re(requetere)enamoran de la literatura, de los que te dan ganas de besar en la boca a estas pequeñas editoriales (Mármara Ediciones en este caso) que nos descubren a estos autores y libros que no estarán nunca en las mesas de novedades de las grandes superficies ni las grandes editoriales, pero que son las que sostienen a los lectores ávidos de buena literatura, de la que perdura, la no pasajera ni novedosa ni olvidadiza.
Lo estoy viendo todo. Y no me entero de nada.
Pero volvamos al principio, a la apnea con el inicio de A través de la noche, después de la cual pasé a dar brazadas ligeras, rítmicas y constantes, a flote todo el tiempo, la fosa abisal tirando de mí hacia la profundidad del océano. A veces me sumergí hasta tocar con la punta de los pies el Abismo de Challenger. Pero volvía a salir a flote. Mis apneas en el sofá me han proporcionado una dilatada experiencia…

Sé que este símil oceánico tiene mucho que ver con la resonancia de un libro leído y comentado aquí hace año y medio: El nadador en el mar secreto, un libro que habla también del fallecimiento de un hijo. En ambos el dolor, el duelo, la pérdida, el amor al hijo. Hasta ahí las coincidencias, porque El nadador en el mar secreto es un libro que su autor, Kotzwinkle, escribió cuando su primer hijo nació muerto. Pero A través de la noche es una ficción en la que el hijo del protagonista se suicida (no desvelo nada, es el punto de partida del libro)…
Cuando decides quitarte la vida, estás solo en el mundo -continuó Caroline-. No tienes dónde meterte. Es una decisión que se toma mucho antes de llevarla a cabo. Un día pasa algo y decides morir.
¿Ficción? Tengo muchas dudas sobre cuánto hay de ficción y cuánto de biográfico en este libro. Vale, no me consta que Stig Sæterbakken (Stig a partir de aquí…) tuviera hijos, no sé nada de su vida familiar. Solo sé que se suicidó apenas un año después de que se editara este libro. Poco más. Ni menos.

Pero Stig era hábil, muy habilidoso escribiendo, un escritor enorme, y te hace sentir lo que siente su protagonista, transmite tan bien, tan fácil, tan lúcido; su prosa es tan áspera, intensa y directa, que sientes todo, comprendes todo, llega todo.
El dolor es un regalo. Las personas que no son infelices no tienen nada que decir.
El suicidio del hijo de Karl, el protagonista, no es, en sí mismo, el tema sobre el que gira el libro. Y a la vez sí. Porque después del suicidio de alguien no solo viene el dolor. Viene la culpa, los interrogantes, los recuerdos, las razones, las causas… Karl inicia un recorrido hacia atrás y luego hacia delante (eso nos parece inicialmente). El recorrido de la cobardía y la culpa. Un magnífico juego con los recuerdos, qué recordamos y cómo, qué hacemos con los recuerdos.

Después de unas primeras páginas brutales y desgarradoras, Karl nos ofrece el cuento que inventó para su hijo Ole-Jakob cuando era pequeño, El príncipe Sinsaberlo, que a mucha gente le puede parecer prescindible pero que a mí me pareció muy tierno, significativo y, tengo que decir, me hizo reír a momentos, con lo que me encontré a mí misma preguntándome ¿cómo puedo estar sonriendo después de que las primeras páginas me convulsionaran de una forma tan bestia?
Y luego, la certeza de que lo que lograba recordar no representaba más que una parte ínfima del pasado, nada en comparación con todo lo que había olvidado.
Karl nos muestra y reflexiona sobre la infidelidad, recordando la primera vez que abandonó a su mujer y sus hijos, buscando razones y motivos, dando explicaciones, especulando, justificando. Luego vuelve con su familia para posteriormente volver a abandonarlos (otra vez la alquimia del abandono)

Quizá para mí una clave de este libro sea precisamente los tiempos que maneja Stig: ahora despacio y reflexivo, incisivo, ahora un zasca, ahora brutal, ahora descarnado, ahora tierno, ahora inteligente, ahora un asombro, ahora un escalofrío, ahora unos aguijones, ahora todo a la vez…
Yo quería vivir y ahogarme al mismo tiempo.
[…] Una mitad solo quería ahogarse, la otra solo quería vivir. ¿Volvería alguna vez a estar entero?
La muerte siempre nos parte en dos. Pero también la vida. La muerte de su hijo, las razones de su suicidio, dejan a Karl sumido en la ambigüedad de querer sumergirdo en el dolor y a la vez vivir. Vivir tranquilo, vivir sin sufrimiento. Y en ese querer vivir, se desliza hacia otra ambigüedad: vivir en el equilibrio, restando intensidad a la propia vida, perdurando sin más; o vivir… peligrosamente. Vivir con riesgo, pero sin ahogarse. Vivir sin intensidad, pero ahogándose.

Y en un momento de la lectura volví a sentir cómo de nuevo dos libros se conectaban entre sí. La sombra de La vegetariana ha resultado ser más larga de lo que sospechaba. Lo que me llevó a leer el libro de Han Kang fue el texto en su portada: Hay una mujer, un ser humano que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañar a nadie ni a nada, un ser a quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir. Yo quería (quiero) desaparecer, busco formulas. Estoy en ello. Han Kang me ofreció una alternativa, lo que no sospechaba es que Sting me iba a dictar, sin desviarse una letra de mi sentir actual, otra alternativa a mi dilema:
Y de nuevo me asaltó aquella vieja idea, ese viejo sueño inalcanzable de dejarlo todo, de abandonar lo que se tiene entre las manos y marcharse a algún sitio, de convertirse en otro, de comenzar desde el principio, de dejarlo todo atrás, de empezar de cero sin ataduras, sin conservar un solo vínculo con lo anterior. No desaparecer sin dejar rastro, sino aparecer de la nada. […] Romper con todas las ataduras y llegar a algún lugar como un forastero desarraigado, arrancado de todas tus penas, de todo lo que te pesa y te mantiene subyugado, con el propósito de renacer en la rejuvenecedora luz del nuevo mundo.
Esto es lo que se dice encontrarse brutalmente con una misma en un texto. O cuando un libro hace su función de espejo, deletreándote palabra a palabra y frase a frase lo que te bulle dentro.

Stig se pregunta en este libro (o a través de él) lo mismo que se preguntaba Virginia Woolf en Al faro: ¿Qué sentido tiene la vida? Una pregunta peligrosa (ambos se suicidaron) si no encuentras las respuestas adecuadas. O si las encuentras.

La parte final del libro (después de unas páginas en las que la altura alcanzada en la primera parte desciende ligeramente, manteniéndose aun así en cotas elevadas) es magnífica, brillante, y a la vez desconcertante e inquietante. Exquisita y tensa nos sumerge, en un giro asombroso, en el terror. Un terror tan humano, tan cercano y reconocible, que resulta pavoroso. Pone el foco en ese lugar íntimo y personal que mantenemos entre bambalinas, a oscuras, con esa venda autoimpuesta que nos permite vivir en un ensueño, que nos permite vivir.
Puedo hacer lo que quiera, pero tampoco mucho más. Todo aquello en lo que he creído y en lo que he participado, no han sido más que mis propias ilusiones, creadas para cubrir el vacío con el que he vivido, un vacío en el que no había nada, en el que nunca hubo nada más que lo que no me quedó más remedio que imaginarme para soportarlo. Fantasmas, no eran más que eso, fantasmas que podrían haber sido sustituidos por otros sin que cambiara nada. Mi pensamiento es libre, yo mismo puedo elegir cómo quiero que sea el mundo. Pero eso es todo. Se queda dentro de mí. Todo se queda dentro de mí. El mundo está en mi interior. Vive y muere conmigo. De la misma manera que vive y muere dentro de los demás, sin que lo que hay dentro de mí y lo que hay dentro de los demás llegue nunca a relacionarse. Vivimos por separado. Cuando creemos que compartimos la vida con alguien, nos equivocamos, en realidad vivimos solos, rodeados por otros que también viven solos. Nada de lo que hay en mí pasará jamás a formar parte de los demás. Lo que tienen ellos nunca será mío. Eva, Ole-Jakob, Stine, nunca los alcancé y ellos nunca me alcanzaron a mí, no éramos más que imágenes en los sueños de los demás, los sueños sobre cómo queríamos que fueran las cosas.
De verdad hay libros como este de los que no quiero hablar, solo quiero quedarme con ellos dentro mientras miro a algún lugar indeterminado del horizonte sobre el mar. Pero algún día, si me vuelvo a perder, revisaré mi vida acudiendo aquí, releyendo lo que escribí de los libros que leí, y volveré a recordar lo que no quiero olvidar.

28 comentarios:

  1. Eres una fuente inagotable de descubrimientos literarios, te lo digo de corazón. Me he llevado muchos libros de aquí y todos ellos me han calado de una forma inesperada. Este que nos traes hoy pasará a engrosar esa lista, a pesar de lo duro que se me antoja. Pero me has convencido, lo estaba desde la imagen inicial.
    Besos.

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    1. Ay, Mara, hay tanto libro... He aprendido a buscar los libros que encajan con mi vida ahora mismo, y afortunadamente acumulo bastantes aciertos. Pero siempre tengo la congoja de todo lo que habrá por ahí y ni me enteraré :)

      Un abrazo

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  2. Hola!

    Creo que es la primera reseña tuya que leo y como sean todas así va a ser un gran problema porque los voy a querer todos; a pesar de que ahora mismo no me apetece una lectura de este tipo, me ha gustado tanto lo que nos has contado y cómo lo has contado que me la llevo apuntada. Gracias por el descubrimiento.

    Un beso

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    1. El tono de mis comentarios sobre lo que leo son marca de la casa, Eyra :) Yo creo que hay que filtrarme un poco porque le pongo mucha intensidad ;)

      Gracias por comentar.

      Un abrazo

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  3. Hola Ana!!!
    Wow!! O Miauuuu en mi caso... Me has dejado boquiabierta, ojiplática y con las patas vueltas, nena, estoy turulata perdida ¡pedazo reseña! Ya no estoy segura de si leeré el libro o no, pero tengo clarísimo que yo también entraré a leer tus reseñas si me veo inmersa en una crisis existencial...
    Soberbia!!

    Mil besos 💋💋💋

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    1. Es un pedazo de libro! Y no estoy segura yo de que haya que entrar a este blog con crisis existencial, porque resuelve poco esas crisis ;)

      Un abrazo

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  4. Impresionante libro, sin duda. El tema del duelo, aunque duro, es muy interesante y como bien dices, se encuentran verdaderas joyas literarias sobre él. Sobre al pérdida de un ser querido llevada a la literatura siempre recomiendo estos otros: Canción de tumba (Julián Herbert), Lo que no tiene nombre (Piedad Bonnett), Ahora (Brigitte Giraud), La pertenencia (Gema Nieto), El hijo (Michel Rostein), Te me moriste (Peixoto)... Y seguro que me dejo algunos, pero estos me causaron honda impresión, tanto por el asunto que tratan como por el estilo.
    Un saludo.

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    1. Impresionante y sorprendente. Anticipaba que iba a ser una buena lectura, pero ha sido aún mejor. El libro de Giraud ya lo leí, lo tengo comentado aquí en el blog. Y los de Nieto y Rostein esperan en mis estanterias. El de Bonnett hace tiempo que ando a su caza. Y el de Herbert... me lo apunto que no lo conocía, gracias :)

      Un abrazo

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  5. Pues a ver qué hago yo con esto. Cuando vi el título del.primer capítulo dije :uf, empezamos mal. Porque no me gustan las coleccioems de tacos con el fin de incomodar o sorprender al lector. Pero leí el párrafo y oh...vaya.
    Con la reseña me ibas convenciendo a ratos hasta que llegué a lo de: aparecer de la nada.
    Me gustaría leerlo pero necesita algo que ahora no tengo así que tendrá que esperar.
    Lo de preguntarse por el sentido de la vida es mala señal, es como cuando empiezas con lo de "¿para qué estoy haciendo...?" Mal asunto.
    Y tú busca las soluciones que quieras pero no desaparezcas,anda.
    Un abrazo

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    1. Pero estarás de acuerdo conmigo, Norah, que un taco bien puesto, en el momento adecuado, da mucha intensidad ¿verdad? (yo es que soy muy taquera).

      Es un libro que sorprende, pero más que dolor, causa reflexión, al menos en mi caso.

      Voy buscando soluciones, voy ;)

      Un abrazo

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  6. ¡Qué gran gran libro nos has traído! Necesitamos siempre libros que nos rebusquen y que nos hurguen dentro aunque duela, pero sólo así a veces logramos ubicarnos a nosotros mismos. Mucha literatura golpeadora que he leído me rompe el alma pero siempre me ayuda a comprender mi propia identidad y aunque se que va a doler siempre regreso a esos títulos cuando me siento desorientada. Muchas gracias.

    La letra como alimento

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    1. En ese tipo de lecturas estoy, y cuando mi lápiz echa humo de tanto usarlo subrayando es buena señal, como ha sido el caso. Cierto que este tipo de literatura te golpea, pero a mí también me pasa que a la vez me da más sentido, me explica cosas, sella mi identidad, quien soy y cómo soy.

      Un abrazo

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  7. Ay, ay, ay, Ana, ya sé porque sigo por aquí!! Este libro lo tenía controlado desde hace meses. Con tus comentarios voy a por el de cabeza. También leí hace años El nadador en el mar de fondo, me llegó al corazón. Me encanta la manera que tienes de contarlo todo. Mil gracias.

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    1. ¿y por qué sigues aquí? :') (que oye, yo estoy encantada de que sigas por aquí, eh). Este libro me llamó la atención desde el principio y a poco que vi un par de comentarios positivos me lancé de cabeza a por él. Y ya sabes que yo ni compruebo si hay agua en la piscina para tirarme de cabeza :D

      Gracias a ti por comentar.

      Un abrazo

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  8. Lo apunté hace relativamente poco, Ana, pero todas tus líneas redoblan la esperanza de que llegue a estas costas en breve.
    A veces, tengo la sensación de que caminas por una cornisa muy fina; de ésas donde la mampostería no es del todo confiable, lo que me asusta un poco porque no me gustaría que desaparecieras, ni perderte de ninguna manera. En otras, sospecho que en el fondo de tus lecturas existe una pena profunda. Nadie que no haya pasado por la experiencia íntima del dolor es capaz de abordar semejantes letras, como la de hoy, o la de Kotzwinkle. El dilema es cómo emerge uno de esas lecturas. Por eso, te ruego que extremes los cuidados.
    Leer tus comentarios, como siempre, es un deleite para todo buen lector.
    Cuídate mucho.
    Un abrazo grande.

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    1. Ay, Marcelo... eres tan observador, tan cariñoso...

      No te asustes, en este blog ya está registrado en su momento la decisión que NO tomaré (si es que cuando digo que este blog es mi diario personal...) Decía Ángel González que nadie regresa del dolor y sigue siendo el mismo. Y es así. Me busco Marcelo, en la Ana que soy ahora.

      No te preocupes, de verdad, aunque, a la vez, me emociona y fortalece tu preocupación. Muchísimas gracias.

      Un abrazo enorme.

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  9. Ana, no sé en que estaría pensando con el libro El Nadador... Me gusta más secreto que de fondo. Marcelo tú tampoco te quedas corto en  palabras, muy bonitas. !!!ARRIBA ESE ÁNIMO !!!

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    1. jajajaj No te preocupes, a mí también me pasa con ese libro que a veces me equivoco con el título.

      Marcelo es un amor ¿verdad?

      Gracias de nuevo ;)

      Un abrazo

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  10. Me aterra sumergirme en la muerte de un hijo, pero no puedo dejar pasar un libro sobre relaciones familiares. Lo buscaré o lo encargaré.
    Un beso.

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    1. Va mucho más allá este libro. Ha sido todo un descubrimiento, aunque tenía la sensación previa de que merecería la pena.

      Un abrazo

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  11. hola! que pedazo de libro! habra que ser fuerte y corajudo para dejarlo pasar o cobardica? le daremos duro y parejo si se topa con nosotras y susurra en nuestros oidos. genial, magistral entrada! llegas al hueso! saludosbuhos.

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    1. ¡Un gran libro! Más allá de todo, es buena literatura. Ojalá os lo topéis ;)

      Un abrazo

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  12. Es casi imposible no llevárselo tras leerte en esta reseña.
    Un beso ;)

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    1. Merece la pena, es joyita :) Además de llevártelo, espero que lo disfrutes.

      Un abrazo

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  13. Supongo que era a este libro al que te referías como uno de los míos, cómo me conoces ;) Apuntado queda.
    Bien cierta la última cita, y también esta: «El dolor es un regalo. Las personas que no son infelices no tienen nada que decir». Así nos pasamos la vida leyendo de infelicidades, porque leer a veces es como vivir y porque somos lectoras de riesgo. «Vivir con riesgo, pero sin ahogarse. Vivir sin intensidad, pero ahogándose».
    Por cierto, estamos las dos de suicidios en el blog esta semana.
    Un abrazo

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    1. ¡Sí! Es de los tuyos, Lorena, y de los míos. De los nuestros ;) Leer es vivir y además es vivir mejor, así pienso yo. Ummm... ¿por qué leeremos lo que leemos?...

      Un abrazo

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  14. Tiene que ser un libro intenso. Duro. Con el convencimiento de que hay seres humanos que soportan una dura carga y creo que sin el resto no podríamos llegar a plantearnos una vida mejor. El sentimiento de culpa tiene que ser horroroso.
    De momento, dejaré pasar el libro...quizá más adelante, porque si está bien escrito...seguro que me termina engatusando. Ya leí El año del pensamiento mágico...increíble....y maravilloso. Pero duro...muy duro y real. Sin embargo, creo que tenía un algo especial ya que no te deja del todo desamparado...el propio pensamiento mágico, o su truco para pensar por qué asumir tanto dolor. Aún así, creo que es infinitamente peor sentir que tu hijo se muere eligiendo marcharse...ese dolor tiene que ser indescriptible.
    Un abrazo

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    1. Lo es, intenso, diferente, bárbaro. El sentimiento de culpa es inevitable, creo que en algún momento todos padecemos ese sentimiento, muchas veces como un lastre.
      Como digo, más allá de la temática, es buena literatura. A mí me daba mucho que pensar que el autor se suicidara no mucho después de publicar este libro, no podía evitar pensar que muchas de las cosas que dice... en fin... le rondaba la idea...

      Un abrazo

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