miércoles, 28 de agosto de 2019

Mamá y yo y mamá (Maya Angelou)


«El amor cura. Cura y libera. No uso la palabra “amor” en un sentido sentimental, sino como una condición tan fuerte que puede ser capaz de sujetar las escaleras que conducen al cielo y de hacer que la sangre fluya correctamente por nuestras venas»

Maya Angelou cura. Cura y libera. Te sujeta con ternura, hace que la sangre fluya por las venas con la fuerza de un animal liberado, que las lágrimas se deslicen hacia unos labios que, a su vez, sonríen palpitantes de emoción. Porque siempre que leo a Maya lloro y sonrío, se me hincha el alma, el corazón, me devuelve la fe en las personas, en la fuerza de la bondad. Y eso no tiene precio, no tengo palabras que devuelvan a Maya lo que ella me da.

Me protege. Eso hace. Me cuida. Como si fuera un hombro blando pero firme, con la concavidad perfecta para depositar mi cabeza y mi dolor mientras siento que un abrazo adopta el tono preciso y necesario, enérgico y a la vez delicado, protector y liberador al mismo tiempo. Maya es la aliada que quieres tener siempre a tu lado, en cualquier batalla, en cualquier vida.

Su prosa cercana llena todos los vacíos, pone ese arcoíris necesario en cada persona, es como un pájaro que canta entremezclándose con el murmullo de las olas, gotas vaporosas que son luz en la lluvia. El alma de Maya contiene la respiración como cuando te encuentras con una flor que renace en pleno invierno.

Hay que ser muy Maya Angelou para que, en una vida en la que hay violencia, miseria y dolor, el poso que quede sea el del amor. ¿De qué está hecha Maya Angelou? De su madre.

Cuidaré de ti y cuidaré de cualquiera que digas que necesita ser cuidado, de la forma que digas. Estoy aquí. Con todo mi ser. Soy tu madre


domingo, 25 de agosto de 2019

Obstinación (Hermann Hesse)


Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación

Si hay un autor leído en mi adolescencia por el que tenga un cariño especial, ese es Hesse. No fue el único que marcó mis lecturas juveniles, pero es de aquellos a los que le tengo una debilidad personal. Leer “Obstinación” me ha recordado el porqué de ese afecto.

Este libro es un conjunto de textos autobiográficos que son esenciales para entender el recorrido espiritual de Hesse, un camino hacia el autoconocimiento que nos muestra el sufrimiento que tuvo que atravesar para llegar a ser el lobo estepario que fue en busca de la pureza existencial.

Pocos autores te bajan al infierno con la delicadeza que lo hace Hesse, que concebía el sufrimiento como una coraza que protege del exterior, pero desde cuyo interior se encuentran las fuerzas necesarias. El autodescubrimiento es algo íntimo y por eso Hesse es consciente de que no posee una verdad que pueda ni quiera imponer, sino que cada persona es única y ha de escuchar su propia alma.

Hesse valora la obstinación, pero si hay algo que yo valore firmemente en este autor es su brutal honestidad, nunca escamoteó su examen de conciencia y buscó el origen de los conflictos que tenía donde hay que buscarlos: en su propio interior. Si quería volver a ser inocente tenía que descubrir su propio mal y su propia culpa, asumiendo la inutilidad de intentar contar a los demás ese “angosto camino a través del desierto”.

Y, sin embargo, qué bien lo hizo, qué bien lo transmitió y qué deuda tan grande tengo con este autor honesto, insobornable y digno que consiguió recuperar la magia y reconquistar la sabiduría de la infancia. Lúcido, preciso, personal y, a la vez, tan reconocibles todos en su experiencia, sus dudas, su compromiso.

Alabado sea Hesse y su tenaz obstinación.


jueves, 22 de agosto de 2019

Tea Rooms (Luisa Carnés)


Pros, contras y debate.

Los pros: Lectura ágil. La narrativa es rápida, fragmentada, sin subterfugios ni rodeos. No hay pirotecnia sensiblera y sí mucha “literatura verité” y rigor social. De hecho Carnés es como una taquígrafa que da cuenta detallada de lo que sucede, permitiéndose (porque es su compromiso) barrer para casa. Es, por ello, una crónica valiente de una época y una sociedad que, lamentablemente, aún podemos reconocer (el trabajo precario, la desigualdad…) Valiente porque no oculta temas como la prostitución, el aborto, las injusticias sociales, sindicatos, huelgas… Carnés da voz a la mujer que lucha por sus derechos.

Los contras: Me ha faltado trama y profundidad psicológica de los personajes. El estilo es periodístico, casi de taquígrafa, pero de igual forma que al final Carnés se viene arriba para hablar de la lucha por la igualdad de las mujeres, bien podría haber dado más empaque y destreza literaria a la novela. Me ha faltado algo que destelle, sobrevuele, impacte, golpee. Ha sido como leer un periódico de la época. Bien escrito, correcto. Pero no conecto. Me ha faltado fuerza narrativa y se me ha quedado en literatura de entretenimiento con trasfondo feminista y politico-social.

El debate: Se habla de Luisa Carnés como una escritora invisibilizada de la generación del 27. De acuerdo. Invisibilizada ha estado. Como han estado muchas mujeres. Ahora bien ¿ha sido invisibilizada Luisa Carnés por ser mujer? No solo por ser mujer, creo. De hecho en su época tuvo prestigio y fue reconocida. Pero, ay, era una escritora comprometida social y políticamente. Los tiempos cambiaron, el pequeño tirano deshuevado no iba a permitir que nadie le chistara ni le contradijera. Vino el exilio. Así que me pregunto ¿fue Luisa Carnés invisibilizada por ser mujer?¿o también, problemas editoriales al margen, por ser republicana, luchadora, de izquierdas y no callarse cuando en España llegó la dictadura? Loable todo ello, y en ese sentido merece ser rescatada, tener memoria histórica. Pero hablemos de literatura. Y entonces pienso en otras autoras de aquellos años, también exiliadas, por ejemplo Mercè Rodoreda, Rosa Chacel, María Zambrano… Ahí lo dejo.

Es una lectura interesante como recuperación de la memoria histórica y la situación de la mujer en la España de inicio del SXX. Recuperarla es como hacer justicia poética, una curiosidad. Pero literariamente me pareció poco exigente. Quizás sea una lectura para jóvenes lectores o que estén iniciando un recorrido lector o que desconozcan la historia de este nuestro país y quieran acercarse a una parte de ella sin grandes pretensiones literarias y sin una historia compleja de por medio.

martes, 20 de agosto de 2019

El vestido azul (Michèle Desbordes)


Nadie sabe lo que, en la tristeza de sus hogares y de sus habitaciones, piensan aquellos que ya no tienen nada que perder

Camille y su silla, la épica de la fidelidad y la espera, haciendo y deshaciendo recuerdos, andando y desandando caminos, el amor como un fantasma ingrávido e inalcanzable. Amar y perderse así, atenta al dolor, resignada, con la fatiga de la tristeza como una garra en las entrañas.

La hija rechazada, la amante ninguneada, la hermana traicionada. Repudiada, bella y atormentada. Amor u odio, quién sabe, agitación turbulenta de quien enloquece de exceso, de puro sentir. Exceso de amor, de creación, de vida. La conmoción de quien ama hasta la desesperación, con ebriedad, amor pirético y desasosegado. Amor escondido es amor condenado.

Amar hasta perderse y hacer de la pérdida una espera. Amor con el tiempo medido, el tictac descontando respiraciones con el abandono y el desamparo de lo que ya nunca volverá ni será, quizá nunca fue. Es tan fácil hablar y bailar cuando se desborda felicidad, tan valiente callar y esperar y esperar y esperar y callar, callar y callar cuando el dolor es tan insoportable como irreparable.

Uno la menospreció, otro calló y, quizás, bajó la mirada. Olvidar ira, olvidar reproches y solo amar y respirar, respirar para perdurar, respirar porque nada vuelve pero la esperanza no se va. Te pones un vestido azul y vas al mar. Quizás quieras dejar de respirar allí, en el húmedo azul de las olas, que el mar arrastre tu dolor y tu cansancio una vez que sueltas el lastre de las palabras. La vida como una trinchera en la que hay que concentrarse para provocar un latido. El corazón atado, el olvido por un reencuentro.

La vida es lo único que se reanuda, no se restablece, sino que vuelve a anudarse. Y Camille se repliega en sus vestidos, su silla, sus esperas, sus paseos, su confianza ciega, su amor constante, su fidelidad tozuda. Su silencio y su abismo.

Cuándo, cuándo llegará el sosiego.

©AnaBlasfuemia

domingo, 18 de agosto de 2019

Desobedecer (Frédéric Gros)


El tratamiento masivo anula la visualización del semejante y destruye la sensibilidad para con el prójimo, que son la raíz de la compasión, del sentimiento de humanidad
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Este libro casi me desnuca de tanta vehemencia con la que iba asintiendo a medida que leía página tras página. Me preocupa, incluso me asusta, el mundo en el que vivo. Un mundo en el que estamos poniendo en peligro nuestro mayor tesoro: la propia tierra, la naturaleza. Me preocupa el aumento de desigualdades, injusticias, manipulaciones, egocentrismos, agresividad, superficialidad, hipocresía… Algo que no sucede por casualidad, destino o disposición celestial sino que lo estamos consiguiendo a pulso con nuestra conformidad, nuestra pasividad e incluso nuestra complicidad.
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Esta complicidad que muchos no reconoceremos es muy sutil. Tal vez firmemos peticiones en alguna plataforma virtual habilitada para ello, compartamos denuncias e indignación por las redes sociales, acudamos a manifestaciones… Todo a golpe de clic, de teclado o de pancarta. Así no nos sentimos cómplices de la degradación moral, social, espiritual, climatológica y ecológica. Todos reconocemos la evidente deshumanización a nuestro alrededor, pero ese reconocimiento no conlleva una desobediencia ni una sublevación.

El problema no es la desobediencia, sino la obediencia. Le sorprende a Gros la falta de reacción, la pasividad. No invita a la rebelión, de hecho no habla tanto de la desobediencia sino de la obediencia, de por qué obedecemos y cómo obedecemos (y a quien). ¿Obedecemos por conformismo, por “pertenecer”, por inercia, educación, sumisión, educación, pereza, cobardía…?
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A través de un muy ameno e instructivo repaso por la historia, filosofía y literatura de la desobediencia y la obediencia, Gros nos recuerda la imposibilidad de delegar nuestra responsabilidad, puesto que el yo es indelegable e insustituible, y nos invita a abordar el tema de la obediencia no como una decisión política o social, sino como decisión ética, porque desobedecer es sobre todo obedecer, obedecerse a sí mismo, no traicionarse a uno mismo.

Lectura necesaria.

jueves, 15 de agosto de 2019

Algunos libros (E.M. Forster)


La tolerancia es el principal instrumento del progreso colectivo de nuestra especie. Lo que nos distingue de los simios es el deseo de comprender a las personas, no el poder de dominarlas
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Y, sin duda, leer es una poderosa herramienta para comprender a las personas. Y al mundo. Es por ello también que he leído este libro, no tanto por los libros que Forster comenta, la mayoría de los cuales son desconocidos para mí (y así seguirán), sino por quien los comenta: E.M. Forster, un autor que, sin deslumbrarme, siempre me ha parecido interesante y atractivo justamente por las razones que he encontrado en este libro.
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Y es que E.M. Forster es un comentarista entrañable: sensible, respetuoso, accesible y didáctico. Lo suyo es la pedagogía de la amabilidad y la honestidad. Analiza los libros con lucidez y equilibrio. No calla lo negativo, pero sopesa si la lectura merece la pena y embellece el lado positivo. Es un crítico justo, un buen lector. Cuando un libro no le ha gustado lo explica con claridad, argumentos y sencillez, mencionando siempre a qué tipo de lectores les puede gustar y por qué. Se trata de divulgar la lectura, no de imponerla.
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Con un humor agradable, suave y cariñoso Forster comenta libros y autores, comentarios con los que no siempre he estado de acuerdo, pero siempre con la conciencia de la honestidad de sus criterios y su buen talante a la hora de expresarlos. Amable, muy amable y acogedor, incluso melifluo. Una lectura amena de un refinado y generoso Forster. Ojalá encender la radio y escuchar hablar de libros y vida con el sentido común, el respeto y la humildad de este autor que no pretendía convencerte sino exponer su verdad aceptando la controversia y el desacuerdo.

martes, 13 de agosto de 2019

Florescencia (Kopano Matlwa)


Hacemos lo que podemos.
Hacemos lo que podemos
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Si eres mujer, joven, sudafricana, padeces el machismo, la xenofobia, la superstición; si tu hermano se suicida, tu madre es profunda y excesivamente religiosa, si tu menstruación te parte en dos, tu país está podrido,... parece que ya tienes bastante con mantener cierto equilibrio mental, tal vez algo precario pero qué hacer contra tanto: lo que puedas.
“Florescencia” asfixia, ahoga, aprieta, desborda rabia, agresividad y rebeldía. También cierta (aunque esforzada) frescura fruto de un lenguaje que posee la minucia del dolor y los matices líricos de la juventud.
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Es difícil manejar tantos elementos que golpean al lector con una dureza rayana en la violencia: el duelo de un suicidio, una religiosidad culpable y autoinmuladora, la superstición insoportable, unos óvulos expulsados con la puntualidad del desgarro, una sociedad que no ha conseguido superarse a sí misma. Racismo, xenofobia, machismo, pobreza… Demasiados elementos dolorosos que hay que gestionar, combinar, soltar, transformar… sin abrumar al lector.
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La intensidad dramática y la angustia constante están a punto de que se le vaya de las manos a Kopano Matlwa, pero finalmente consigue apaciguar tanto desgarro porque la violencia es difícil de explicar a un ser inocente a quien lo único que quieres decirle es “no te preocupes. No te preocupes por nada”
“Florescencia” es una lectura tan arrasadora que, aunque detecto algún punto débil, sinceramente… no me apetece escarbar y opto por dejarme llevar por la incontinencia emocional de Matlwa. Eso sí: no me la comparen con Coetzee y Nadine Gordimer. Por favor. No todavía.

jueves, 8 de agosto de 2019

Diapsálmata (Søren Kierkegaard)


“Ahora tan solo añoro mi primera añoranza. ¿Qué es la juventud? Un sueño. ¿Qué es el amor? El contenido del sueño”

Hermida Editores, que tiene un catálogo bello bello, tradujo en su momento, directamente del danés (y las traducciones directas son muy top), este Diapsálmata de Kierkegaard, que como explican en una excelente introducción, corresponde a la primera parte del libro Enten-Eller, un inmenso libro dividido en dos secciones, una correspondiente a aforismos, pensamientos y reflexiones sobre la estética (que sería este Diapsálmata) y otro sobre la ética.

En Diapsálmata encontramos un Kierkegaard muy seductor, irónico e incluso divertido (y a mí me encanta esta parte divertida, cínica y humorística de Kierkegaard). Kierkegaard siempre golpea a la conciencia, pero también a las vísceras y por ahí siempre me ha tenido ganada.

El Diapsálmata es ingenio profundo, pero nada carente de una prosa bien ejecutada, expresando el sufrimiento con descaro, pero también con belleza, con estética. Kierkegaard cuidaba los aspectos formales de su prosa, a través de la cual transmitía su filosofía.

Por supuesto que es un libro nihilista, es Kierkegaard y su angustia, no puede ser de otra forma, pero con tanto que ofrecernos. Puedes discrepar de algunos aforismos y planteamientos, pero no se pasa de largo por su humor y su profundidad filosófica y mucho menos por la sensibilidad en su prosa.

Todos debemos de ser un poco misteriosos para los demás y para uno mismo, y a mí los misterios de Kierkegaard, sus reflexiones sobre la existencia humana, su humanismo y su diálogo con la persona que sufre siempre me han parecido tan atractivos como instructivos.

martes, 6 de agosto de 2019

Física de la tristeza (Gueorgui Gospodínov)


¿Cómo estás?
¿Cómo estás?
¿Cómo estás?
¿Cómo se responde a una pregunta así?
Cuántas veces se me ha ahogado la respuesta a esa pregunta y, como una burbuja inevitable que asciende para deshacerse, he respondido: “ahí estamos”. Sabiendo que el ahí es un aquí, en la vida, y aceptando ese plural mayestático como una especie de red protectora de mi yo ingrávido, una frágil pero real barrera salvadora: estamos, estamos yo y todos mis yoes. Estamos. Que no es poco. “Ahí estamos”, todo por no responder con un falso, conveniente y complaciente “bien” que contiene todo el peso de la tristeza acallada.
¿Cómo funciona la tristeza? ¿cómo se mueve, se transforma y se explica? ¿cuál es la física de la tristeza? Como el minotauro en el laberinto, así. ¿Hay un hilo que te lleve a la tristeza y la liquide?
“Física de la tristeza” es la narración de la tristeza humana y es la historia de las multihistorias que somos, en este caso la(s) del protagonista y su laberinto por la tristeza, su empatía patológica (¿don o enfermedad?). La empatía como caja de resonancia y a la vez como archivo donde las experiencias emocionales, de los sentidos y de la propia narrativa se mantienen parpadeando. Sin linealidad narrativa caminamos por un laberinto en el que los caminos se entrelazan, se bifurcan, se desvían, se expanden y se contraen tanto en el espacio como en el tiempo.
Una amalgama de ficción y realidad, de verdad y sueños, de historia y mitos cuyos hilos te llevan a ti mismo, como si te leyera a ti y a tus pensamientos. Gospodínov tiene la consideración de facilitarnos altos en el camino, la posibilidad de respirar antes de seguir desentrañando el laberinto, un hilo por el que retomar y desenredar la madeja, desenredarte a ti.
Si la vida corre en exceso la atrapo con palabras, compro historias. Si la vida se tambalea, no dejo de buscar lo sublime y la belleza. Si tiemblo al leer “Física de la tristeza” es porque me mueve toda la tristeza, mis laberintos y mis yoes. Yo somos. Yo fuimos.
No hay nada innecesario en “Física de la tristeza”, como no lo es la imposibilidad de salir intacto del laberinto de la tristeza.
¿Cómo estás?

domingo, 4 de agosto de 2019

Calle de dirección única (Walter Benjamin)


A una persona sólo la conoce quien la ama carente de esperanza

Intentar atrapar a Walter Benjamin en un conjunto de palabras y trasladarlo a un post es una tarea que no está a mi alcance. Encasillar este libro en un estilo literario sería hacerle poco a honor a un filósofo, crítico literario y ensayista del calibre de Walter Benjamin. Podría decir que estamos ante un conjunto de aforismos, pero entendiéndolos como huellas, o más bien como pasos que vagan por una calle de dirección única. Y tal vez pareciera que esa unidireccionalidad de la calle nos restringe el paseo. Pero no, lo extraordinario sucede porque Walter Benjamin pone la mirada justamente ahí: “el único remedio es volver la mirada a lo extraordinario, lo único que todavía nos puede salvar
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Podría decir también, y de hecho voy a decirlo, que “Calle de dirección única” es como una constelación, un conjunto de pensamientos y reflexiones que conforman una figura, aunque no tan imaginaria como las constelaciones que observamos en el cielo nocturno. Porque Walter Benjamin construye esa constelación según su propia concepción de la prosa: compone, construye y, finalmente, teje.
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A través de este conjunto de observaciones, recuerdos, reflexiones… Walter Benjamin teje el arte de vagar y perderse como en un ensueño, con ese ritmo zigzagueante del observador, de quien pasea aparentemente sin ninguna meta pero con un claro objetivo de descifrar la historia de la humanidad.
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La narrativa fragmentaria y experimental de “Calle de dirección única” es poderosamente atractiva, pese a la opacidad de algunas de las reflexiones no puedes (ni quieres) resistirte a acompañar a Walter Benjamin e ir descubriendo lo desconocido en lo conocido, desplegar un cerrado abanico en el que nada permanece y todo sucede.

jueves, 1 de agosto de 2019

Tres senderos hacia el lago (Ingeborg Bachmann)


En algún momento hay que parar, todo el mundo tiende la mano a los demás alguna vez, pero eso no significa que, cuando esa situación evoluciona, ahora que recorres tu propio camino tú sola, aún debas sentirte encadenada a una deuda que dejó de existir hace mucho
Ingeborg Bachmann delinea escrupulosa y delicadamente la geografía de las contradicciones y del existir(se). Pasa el dedo por los relieves de los paisajes de su infancia y su vida, delimitando y señalando los pliegues, las curvaturas, los límites y espacios que configuran a la protagonista.
En “Tres senderos hacia el lago”, Bachmann no malgasta ni una palabra y sin embargo consigue múltiples interpretaciones y significados, sinuosos paseos por su lectura. Elisabeth Matrei, la protagonista de esta breve novela, intenta llegar al lago que tan bien conoce pero no encuentra los senderos que siempre le han llevado a él o no consigue finalizar su recorrido. Como un espejo, un reflejo de la propia memoria, tampoco encuentra con facilidad los caminos que la lleven a ella misma, por lo que es necesario volver a la búsqueda y la exploración una y otra vez. En esa búsqueda de un tiempo que fue y que le ayude a configurar el presente y le proporcione un espacio que sea conquistado casi como un refugio, Elisabeth muestra la pérdida de un mundo al que ya no pertenece.
Al igual que los propios recuerdos transcurren en nuestro interior, la estructura narrativa de “Tres senderos en el lago” es un fluir a base de saltos en el tiempo, un acercarse y alejarse de los recuerdos entretejiendo culpas, luchas inútiles, deseos, identidad…
Elegante, muy elegante Ingeborg Bachmann, con una narrativa valiente, sutil, ingeniosa y muy potente. No es la trama, es sus meditadas y sabias observaciones sobre la identidad, la pertenencia, el tiempo y los recuerdos. No podemos volver a la infancia porque todos los mapas se nos quedan obsoletos. Pero un futuro más humano es posible si tenemos la suficiente habilidad moral y ética. Magnífica y espléndida Ingeborg Bachmann.
No te aferres a nadie

lunes, 29 de julio de 2019

Ex Libris (Anne Fadiman)


En los siguientes treinta años me di cuenta de que igual que hay más de una manera de amar a una persona, también hay más de una manera de amar un libro
No recuerdo un momento de mi vida sin un libro cerca. Cuando aún no sabía leer los libros ya estaban ahí como algo vivo, para nada un objeto decorativo, sino como un misterio tentador, una caja de Pandora inalcanzable, el superjuego de magia Borrás que contenía todos los trucos y todo el espectáculo de un fastuoso taumaturgo. Observaba a mi padre leer y sentía que entraba en un universo al que yo no podía acceder (todavía), un universo en el que estaban todas las respuestas y todas las preguntas, todos los mundos, las estrellas y los colores, que allí estaban el océano y el cielo y una tierra desconocida, y que las palabras y las letras eran como hormigas construyendo un futuro al que un día tendría que llegar.
Y llegaron: los libros, la posibilidad de leerlos. Tantos años de relación y no ha habido ni un desencuentro, todo ha sido ese aprendizaje que se me ofrecía desde el inicio, con la conciencia de ser una perpetua aprendiz subyugada por los libros. La relación con ellos va más allá de leerlos. Hay rituales, manías, emociones, complicidades, intercambio, significados, vínculos... Leer es siempre asombroso, un constante descubrir y descubrirse, un vértigo fiel y adictivo.
Es cierto, como dice Anne Fadiman, que hay muchas maneras de amar a un libro. Sobre ese amor, sobre toda la liturgia personal en torno a libros y lecturas, y de una forma muy refrescante y divertida, es de lo que habla este libro en el que no puedes evitar sentirte reconocida en muchas de sus páginas. Porque hay algo cierto: cuando conoces a alguien que (también) lee, hay un hilo rojo extra de unión con esa persona. Un plus. Conocer qué lee y cómo lee pasa a formar parte del descubrir al otro.
Nota: magnífica y cuidadosa traducción de Isabel Ferrer Marrades.

sábado, 27 de julio de 2019

Silencio (Thich Nhat Hanh)


La felicidad no es posible sin una cierta paz

No tengo paz interior ni quietud. Es lo que hay, no voy a negarlo pero no es lo que acepto. No me conformo. Cada día trabajo conmigo misma para encontrar esa paz y esa quietud. Sé que necesito silencio, ausencia de ruido. Y escucha, mucha, muchísima escucha.
Si digo “silencio” se creará en todos una imagen mental de lo que es el silencio: ausencia de ruido. Seguramente pensemos que todo el mundo coincidirá en lo esencial del concepto. Quizás debamos ahondar entonces en el concepto "ruido".
Este libro nos recuerda qué es exactamente el silencio: el silencio interior, el que desconecta la radio del PSP (Pensar Sin Parar). No es únicamente la ausencia de ruido externo (ruido que muchas veces ya ni percibimos como tal), es la presencia de la plena conciencia, el silencio interior que nos permite la escucha verdadera, sin parloteos mentales que nos impiden existir libres de toxicidades. Silenciar nuestro propio ser para escuchar la belleza, el propio silencio, la espiritualidad, el sonido de la impermanencia. Estar y ser en el presente.
¿Tenemos miedo del silencio?
Práctica de los cuatro mantras:
1.- Querida, estoy aquí para ti.
2.- Querida, sé que estás aquí y soy muy feliz.
3.- Querida, sé que estás sufriendo, por eso estoy aquí para ti.
4.- Querida, estoy sufriendo. Ayúdame, por favor.
Y perder miedo al silencio. Cultivarlo y darle espacio. El silencio es aprender a escuchar. Y a escucharse. No duele. No te dueles.

jueves, 25 de julio de 2019

El reino de las mujeres (Antón Chéjov)


Quiero un amor tan delicado e inmaterial como un rayo de sol
Anna, la protagonista de “El reino de las mujeres”, se siente en tierra de nadie. Ni de aquí ni de allá. Ni de arriba ni de abajo. Ni de los ricos ni de los pobres. No importa que suba y baje escaleras, es irrelevante, no encuentra lugar ni siente que pertenece a nada ni a nadie, todo le aburre y le resulta ajeno porque, ay, si no hay amor, no hay vida. La mujer de final del siglo XIX si no ama y es amada, es un ser incompleto. Anna cree que es una persona inferior y vacía porque únicamente el amor de un hombre dará paz y sentido a su vida.
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A estas alturas no voy a descubrir a Chéjov, un maestro en el relato corto, un valor seguro para cualquier lector. Nunca decepciona, nunca aburre. Artista del realismo narrativo, personifica la sutileza detrás de lo sencillo y habla de lo común sin necesidad de deformarlo ni de ser desmesurado. Un estilo literario nada forzado ni distorsionado, suficiente para sugerir el evidente conflicto y patetismo de Anna.
Con una narrativa mundana y un tono controlado y deliberadamente medido, con Anna en el centro de gravedad, Chéjov ejerce de testigo (que no de juez) y deja al lector el resto. Porque es para el lector, y no para sí mismo, para quien escribía Chéjov. Su habilidad para mostrar lo que apenas parece un boceto, un instante común y cotidiano y hacer de ello algo trascendente y relevante está al alcance de muy pocos.
Los relatos de Chéjov son siempre un espacio inquietante dentro de la zona de confort lectora, hablando de lo complicado desde lo sencillo. En eso Chéjov, y perdonarme el exabrupto, es el puto amo. En “El reino de las mujeres” muestra lo ordinario sin adornos, renunciando al artificio pero no a mostrar las contradicciones y la complejidad del ser humano.
No esperéis tramas ni finales. Imaginaros a Chéjov como un fotógrafo captando una escena de lo más común y corriente. Miráis esa fotografía, una escena más, aparentemente anodina… y sin embargo intuís que hay algo extraordinario, profundo y complejo en ella. Eso es Chéjov, su mirada y su manera de mostrar la realidad.

martes, 23 de julio de 2019

Leer para ti (Siri Hustvedt)


Ahora recuerdo lo que había  olvidado. He olvidado pero cómo es posible que recuerde lo que olvido
Si la poesía es también poiesis (creación) no cabe duda de que Siri Hustvedt es una artesana de la belleza, que moldea y da a luz a criaturas extrañas e hipnóticas, con libertad absoluta para crear una estética personal y una métrica que está más cerca del corazón que de la ortodoxia académica.
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Si la poesía es también crear intensas imágenes mentales a través de las palabras, Siri Hustvedt hace un recorrido a la inversa: a partir de imágenes concretas (fotografías) juega y construye un lenguaje del recuerdo, un tenaz ejercicio para diluir el olvido.
Nada más cotidiano que las imágenes fijas de una fotografía: rostros, paisajes, pequeños gestos, espacios, objetos. En ocasiones esas imágenes atrapan la mixtura entre la inocencia captada y la brutalidad escondida, detalles que captan tanto lo ordinario como lo extraordinario. Fotografías inmóviles que se fusionan con el flujo y la vibración de los recuerdos.
Siempre te leeré. Te lo prometo
Nadie sabe cómo y cuánto nos cambia la lluvia porque olvidamos que la pena es muda y que las fotografías persisten mucho tiempo, más allá de su pertinaz inmovilidad y pese a que fuera de ellas todo continúe con fluida e imprecisa celeridad.
Publicada en 1983 “Pensar para ti” es, como bien afirma Eduardo Lago en el prólogo, todo un hallazgo, yo añadiría que para muy admiradores (que es mi caso) de la críptica y embelesada Siri Husdvedt.
Hemos escogido nuestras multitudes
Y las hemos amado como a las cartas y a las cucharas,
A los dedales y a los pequeños pedazos de hilo
Olvidados en el escritorio de un ser querido

sábado, 20 de julio de 2019

El sentido del asombro (Rachel Carson)


Siempre me han encantado los líquenes porque tienen la cualidad de la tierra de las hadas, anillos de plata sobre una roca, curiosas formas pequeñas de huesos o cuernos o de caparazón de una criatura marina

Rachel Carson fue la inspiradora del ecologismo actual, haciendo más que nadie por despertar en la sociedad una conciencia ambiental, y también fue una de las mejores escritoras sobre la naturaleza. Esta ya es toda una carta de presentación de alguien a quien no debería de ser necesario presentar ni descubrir. Espero que la curiosidad os lleve a investigar sobre Rachel Carson y me centro en esta pequeña delicia.

Cuando falleció su sobrina Carson adoptó a su hijo de cinco años y con él se mudó a Maryland. Este libro recoge los paseos que Rachel Carson hacía con el niño explorando y descubriendo los bosques y el mar de Maine.
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He aquí un breve, brevísimo libro (un artículo en realidad) lleno de una intensa sensibilidad y de una belleza acendrada digna de lágrimas de emoción, de esas que dejan una agradable huella que te recuerda por dónde has de pisar.
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Con una prosa sencilla, que podría resonar poética a momentos debido a la potente lírica de la propia naturaleza, Rachel Carson celebra la capacidad de asombro de los niños cuando entran en contacto con la naturaleza, en una evidente invitación a que adultos y niños compartan ese acercamiento sin más instrucciones que pasarlo bien y compartir la fascinación y la curiosidad por lo que nos rodea. Lo importante, más que conocer, es sentir.

Una delicia que se hace muy corta (su intención era escribir un libro más extenso, pero falleció antes de que le diera tiempo) y que considero imprescindible para redescubrir y volver a conquistar nuestra capacidad de asombro y acompañar a los niños en el suyo cuando descubren las maravillas, grandes y pequeñas, de la naturaleza. Ahí donde no hay pantallas, solo una inmensidad llena de misterios y bellezas por descubrir, compartir y admirar con (y en) todos los sentidos.
El mundo de los niños es fresco y nuevo y precioso, lleno de asombro y emoción

jueves, 18 de julio de 2019

Esto es agua (David Foster Wallace)


Lo de ‘aprender a pensar’ en realidad quiere decir ejercer cierto control sobre cómo y qué piensa uno
Esa es la propuesta de David Foster Wallace en esta conferencia recogida en "Esto es agua": elegir qué y cómo pensar. Tres años después se suicidó.
Y claro, una no sabe qué pensar.
¿Qué nos dice Foster Wallace en "Esto es agua"?:
1.- Que “las realidades más obvias, ubicuas e importantes son a menudo las que más cuestan de ver y las que más cuestan de explicar”. Y por supuesto, existen tantas realidades como personas y como creencias y sentido personal de autoconstruir la experiencia de cada cual.
2.- Que está la arrogancia, porque padecemos de un egocentrismo básico y natural.
3.- Que no prestamos (suficiente) atención a lo que sucede dentro de nosotros.
4.- Que podemos, incluso debemos, controlar cómo y qué pensamos. Elegir la forma de ver las cosas.
5.- Que estamos “extraordinaria, completa e imperialmente solos, día tras día
6.- Que podemos elegir “la compasión, el amor, la unidad última de todas las cosas”
7.- Que la libertad autentica implica esfuerzo, atención, disciplina, preocuparse por otras personas.
8.- Que la libertad conlleva, por encima de todo, enseñar a pensar y vivir de forma consciente.
Y tres años después, insisto, se suicidó. ¿Qué me dice a mí todo esto? Obviamente muchas cosas que no voy a desvelar aquí, no ahora, excepto una: elijo leer a David Foster Wallace, libro a libro. Y, luego, ya veremos.

martes, 16 de julio de 2019

Un domingo en el campo (Pierre Bost)


Aquel sol como un líquido o un polvo, que no se comía los colores, no, es mentira lo que dicen, sino que los volvía vivos, plenos, a punto de estallar, como si cada uno fuera una pequeña criatura que solicitaba caricias, o una palabra que había que comprender
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Una de las cosas que más me agobia en Instagram es la urgencia por la novedad (hablo de libros, claro). Miento, lo que me agobia es la rapidez con la que luego la novedad deja de existir. La vida efímera de los libros. Se nos olvida su perdurabilidad, que siguen ahí, que no por no ser ya novedad deja de ser un libro para ser leído. Y, así, libros magníficos quedan en el limbo, sepultados por novedades, muchas de la cuales tienen una calidad, no voy a decir dudosa (que también), pero sí ligada al único valor de ser novedad.
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Todo esto viene por esas pequeñas joyas que pasan desapercibidas y que, sin embargo, leerlas son un regalo sanador, curativo, que apaciguan y calman. “Un domingo en el campo” es uno de esos libros.
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Qué magnifica radiografía del transcurrir interno, de las distintas realidades y puntos de vista de un mismo hecho o situación. Qué realismo más bello. Qué verdad más verdadera. Que delicia más divertida y tierna. Cuánta resignación ante la inevitabilidad de la muerte que, a más cercana está, más lejos está la estación de tren. Esa lentitud inevitable, pero también consciente, del final de una vida.
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Ingeniosa, irónica y fresca, esta novela es un retrato de las relaciones familiares (también de la vida) con un encanto agridulce, feroz y sensible. La grandeza de los pequeños gestos que no esperan recompensa. ¿Sabéis del valor de esos gestos?

domingo, 14 de julio de 2019

Sobre el amor y la soledad (Jiddu Krishnamurti)


Tan solo cuando la mente está realmente en calma, cuando no espera, no pide ni exige, no busca ni posee nada, cuando no es celosa, no teme ni ansía, cuando está realmente en silencio, sólo entonces es posible amar
Quiero aprender a estar/ser sola, en silencio, y por eso este libro no debiera estar aquí. Sus valores representan todo lo contrario de lo que implica moverse en las redes sociales. Pero por eso lo traigo, como recordatorio. Para acudir aquí cada vez que quiera tomarme el pulso, saber a cuánta distancia estoy en mi aprendizaje, conocer la medida exacta de mi “yo”, verlo empequeñecer hasta que desaparezca y haya adquirido el conocimiento propio necesario para renunciar a él y alcanzar, por fin, el verdadero amor.
No es necesario estar de acuerdo con todas sus afirmaciones pero basta captar la esencia de su mensaje para saber que Krishnamurti nos está facilitando una brújula, unas coordenadas para liberar la mente, un mapa para comprender lo que hace llaga y cómo evitar la hemorragia.
Desprenderse del “yo”, de los deseos, los prejuicios y la vanidad, liberar el pensamiento… No es tarea fácil, nadie lo ha dicho. Amar no es fácil, las relaciones no lo son ¿quién dice que fuera a ser sencillo el camino hacia el amor verdadero, que no sea necesario alcanzarlo sin empaparnos de soledad hasta el tuétano? El amor es libre cuando amas a una persona sin desear nada de ella. No desear nada de nadie. Por ahí comienza el camino del amor.
La herida es la imagen que uno tiene de sí mismo
Pensar de una forma sana; romper los patrones que nos embotan; evitar la comparación, la indiferencia, la posesión, la vanidad. Aprender a amar la soledad, comprenderla para comprenderse a uno mismo, observar sin elegir, deshacer el miedo con la misma herramienta que lo crea: la mente.
Se trata de observar la soledad para que ella se revele a sí misma, y la soledad no se revelará a sí misma si uno huye, tiene miedo o se resiste
No huir. No resistirse.

jueves, 11 de julio de 2019

La soledad de la compasión (Jean Giono)


Esta noche, mientras te escribo, el sol acaba de ponerse en un estallido de sangre. Yo no he leído jamás el mito primigenio de la muerte del sol en los libros. Lo he leído en el gran libro, ahí fuera
Aunque me gustan los libros poliédricos, cosmogónicos, torrenciales y que penetran con lucidez en la penumbra del ser humano, sin embargo de vez en cuando necesito lecturas de apariencia más mansa y amable, bajar los decibelios sin que ello implique pérdida de calidad literaria. Y así, estos relatos de Giono me parecieron (y han sido) una buena opción, un oasis amable no carente de sentido ni mensaje y que no minimiza la necesidad de expandir mi universo personal.
Veinte relatos que tienen en común el amor de Giono por su tierra, la naturaleza y el medio ambiente, también por la honestidad y la bondad de algunas personas. El paisaje que nos rodea siempre nos transforma y, sin embargo, no es un elemento al que agradezcamos en la misma medida que nos aporta. Quizás la inabarcabilidad de la naturaleza nos asuste y por eso tendemos a domesticarla y dominarla. Giono no, él amaba la naturaleza y respetaba sus leyes. Sufría el sufrimiento de la tierra e intentaba una cura para la naturaleza, una salvación para el hombre. Esto implica aceptar lo salvaje y lo cruel, no pretender domar la tierra sino colaborar con ella.
La compasión no solo es difícil, sino también solitaria para quien la padece como consecuencia de la crueldad del mundo. La compasión difícil, como bien nos dijo Maillard, implica un diálogo y un encuentro entre quien la siente y quien la provoca. En estos relatos de Giono ese encuentro nunca se produce, de ahí la soledad. Pero Giono es un escritor amable al que le gustaba compartir la armonía y belleza de su tierra y que siempre tenía presente las alegrías simples y cotidianas. Un escritor que era capaz de ver en los ojos de las cabras miradas de compasión y dolor, escuchar cantar a las colinas o gemir a las montañas “como si el viento estuviera cargado de hierbas de mar