jueves, 8 de agosto de 2013

Mañana será tierra (Alfredo Álamo)



Título: Mañana será tierra
Páginas: 206
Publicación: 2011
Editorial: Viaje a Bizancio
ISBN: 9788493727284
Sinopsis: Jaume, un militante comunista y cobarde huye de la Guerra Civil Española por los Pirineos, igual que los 550 mil españoles que perdieron la guerra en el año 1939. Jaume el Comunista es internado en el campo de concentración de Argelers, junto a miles y miles de derrotados en las playas de arenas blanquecinas de la costa mediterránea de Francia. Hambre, humedad, frio, disentería, sarna y horror bajo las arenas de la playa. Y luego el mar y sus abismos.

Qué novela más desconcertante: lo que parece una historia basada en la realidad de los refugiados republicanos en Francia al final de la guerra civil, se transforma en… en otra cosa. El relato hasta el momento en que el protagonista se va de Argelers es una descripción más que correcta y muy interesante de los campos de refugiados con todo lo que ello implica: la denigración del ser humano. El retrato de las vivencias de Jaume, el protagonista de esta historia, es probablemente bastante fiel a lo que sucede en los campos de refugiados y, en ese sentido, es una lectura claustrofóbica y oscura. Es un escenario propicio para que el ser humano muestre lo mejor y lo peor de sí mismo, algo que nos hace siempre torcer el gesto de la cara y mirar hacia otro lado, conscientes quizás de que, en el fondo, en cada persona (en nosotros mismos) cabe la capacidad de hacer lo más hermoso y grande, pero también lo más ruin y abyecto.

Cuando el protagonista se traslada (le trasladan) de Argelers a Petit Chatel, un enclave de la Línea Maginot, el relato se vuelve aún más claustrofóbico y horroroso. La narración da una vuelta de tuerca soreprendente y nos sumerge en el descenso a la ¿locura? colectiva de los habitantes de la base de Petit Chatel, y que finalmente se resuelve en una especie de catarsis para el protagonista. No queda claro si hablamos de un proceso de locura o de la introducción por parte del autor de un elemento fantástico o de terror en el relato. Y esta duda es que lo que, finalmente, desestabiliza lo que venía siendo un relato diferente, interesante y atractivo.

Hay quien cataloga este libro dentro del género de terror. Yo tengo un género distinto para Mañana será tierra: desconcertante.

En definitiva, un relato desigual, con una primera parte muy interesante, pero que a partir del traslado a Petit Chatel se vuelve más bizarra (en el sentido de grotesco y extraño). Tal vez le sobre ser tan explícito en determinadas escenas. Pero le doy el valor de lo diferente y arriesgado y, sobre todo, que tiempo después de su lectura es un libro que (inexplicablemente) ha dejado una huella inquietante en mí (y que es la razón por la que finalmente he hecho una reseña de un libro que estaba destinado inicialmente a ir dentro de unas Reseñas Express).

Puede que esta reseña alivie vuestra lista de pendientes, pero puede también que os apetezca arriesgaros. En vuestras manos queda la decisión.



NOTA: Alfredo Álamo, el autor de libro reseñado, ha tenido el detalle y la amabilidad de dejar un comentario en la reseña. Creo que lo que comenta aporta información a la reseña y que es de interés para que tengáis una visión más clara del libro, así que aquí os dejo su comentario:
 (©AnaBlasfuemia)


Gracias por la reseña! Se agradece que se hable del libro unos años después de que saliera al mercado. La verdad es que defines perfectamente la naturaleza del libro y lo que buscaba, aunque desde el principio pensaba hacer un libro de terror y esa fue mi intención durante toda su creación (de hecho quedó finalista del Maracena de Terror).


Una de mis principales preocupaciones era darle un marco histórico riguroso y un estilo narrativo acorde a la época, quizá ese aspecto histórico atrae a lectores que normalmente no se acercan al terror que suelo escribir y entiendo que pueda ser desconcertante. En cuanto a la ambigüedad entre locura y fantasía, es completamente deliberada. La idea era dejar que cada lector siguiera pensando qué había pasado en Petit Chatel, o incluso si Petit Chatel existía realmente.

En cualquier caso, que el libro haya dejado su huella es suficiente, que pueda generar debate literario me encanta
 

 Campo de refugiados de Argelers

sábado, 3 de agosto de 2013

El Cerdo de Vapor (James McClure)



Serie: Kramer y Zondi 01
Título original: The Steam Pig
Traductor: Rafael Marín Trechera
Páginas: 232
Publicación: 1971 (1989)
Editorial: Júcar
Categoría: Novela negra
ISBN: 9788433437105
Cubierta de: Montse Vega
Sinopsis: Una atractiva rubia es asesinada de un modo inusual: un radio de bicicleta atravesándole el corazón, un método que lleva la firma de los bantúes. Poco a poco, Kramer y Zondi seguirán una serie de pistas para tratar de averiguar si fue asesinada y por quién. A lo largo del camino, el lector se encuentra con elementos sutiles y no tan sutiles de los horribles aspectos del apartheid en Sudáfrica.

Calor y lumbago son una mala combinación. Si además añadimos a esa combinación un calor tenaz e impertinente obtenemos una cruda realidad: me cuesta, me cuesta mucho concentrarme en las lecturas. Pero como optimista recalcitrante la visión positiva es la siguiente: Pese a tanto hándicap y que además he tardado mucho en leerlo, este libro me ha causado muy buenas sensaciones. Os lo cuento.

Pero voy a empezar por lo que más me ha costado: Que había muchos personajes, o al menos eso me ha parecido a mí (que a lo mejor no son tantos, que no los he contado y ya he dicho que me está costando concentrarme). Cada dos por tres tenía que mirar quién era quién y qué pintaba en esta historia. La traducción también se me ha hecho un poco cuesta arriba, aunque sobre todo ha sido por el uso de ciertas palabras, que supongo que son vocablos característicos de la época y determinados grupos sociales, pero que “encajaban” raro al leer.

Llegué a este libro a través de una buena amiga que me recomendó al autor. Soy despistada, pero meticulosa, así que al ver que tenía una serie de libros protagonizados por Kramer y Zondi me dije: hay que empezar por el primero, por favor, un orden, una organización, un algo… Y vaya, parece que está descatalogado. Y en la biblioteca no lo tienen… Cuánta dificultad, señor. Pero una tiene sus recursos, y sobre todo tiene amigos aficionados a la lectura, así que al final pude hacerme con el primero de la serie.

Además de la II Guerra Mundial, otro de los temas que son mi talón de Aquiles (aunque tengo varios talones de esos) es África, especialmente la época del Apartheid, bastante menos conocida que la referida al holocausto nazi.

El cerdo de vapor no es sólo una novela negra, sino también una radiografía de la racista sociedad sudafricana. James McClure, según nos cuentan en una nota introductoria escribió este libro en un momento en el que (textual) “libraba una severa guerra contra el hambre”. Llama la atención, pero no es una situación excepcional, ni siquiera en nuestros días. Lo que me ha llamado la atención es que la escribiera en quince días. Sí, quince días. Casi lo que tardo yo en leerla (bueno, exagero, pero casi una semana sí que he tardado). Si comento este dato es porque cuando lees el libro terminas por pensar que sólo un buen escritor puede escribir un libro así en quince días.

¿Qué me ha gustado de este libro? Muchas cosas, la combinación de humor, ironía, realidad, denuncia social, intriga… Me ha gustado mucho cómo se desarrolla el procedimiento policial. Nada de extras: investigación pura y dura de las de toda la vida, o sea, hablar con unos y otros (por eso aparecen tantos personajes), lógica, sentido común, deducción, inteligencia, capacidad asociativa…

También me ha gustado que aquí los personajes no necesitan de un narrador que nos da masticado el perfil de los protagonistas, ni nos desgrana las situaciones. No es necesario. Los propios personajes se definen, su conducta y sus conversaciones nos muestran sus personalidades, y el propio desarrollo de la historia nos pone en el camino de la trama.

Una novela negra de las de siempre, de las que además los propios crímenes definen la sociedad en la que se producen, en este caso una sociedad dañada por el Apartheid, caótica, cruel, perversa, con muchas deficiencias y mucha ignorancia.

Me estoy enrollando más de lo que tenía pensado. Pero me gustaría hablar de los dos protagonistas de la serie que se inicia con este libro (hasta un total de ocho, de los que hasta el momento sólo existen traducidos al español tres): Kramer es el teniente. Blanco. Afrikáner. Tosco, mal encarado, amargado, individualista, bipolar en su relación con las mujeres… Pero es inteligente, mucho. Y aunque aparentemente no le gusta trabajar en equipo, descubrimos sutilmente que se entiende bien con su ayudante zulú, el sargento Zondi. Zondi es negro. Zulú. Elegante. Lucha contra el racismo con su notable inteligencia, y una estudiada sumisión. En las investigaciones es el encargado de hablar con las personas de color, porque además ha trabajado de criado en casas de blancos antes de ser sargento, con lo que está acostumbrado a fijarse en los detalles.

Y con estos mimbres, engarzados en quince días, James McClure ha escrito una estupenda novela policiaca situada en los años 70 en Sudáfrica. La recomiendo especialmente a los amantes de la novela negra (más allá del frío polar de los países nórdicos, y pese al calor que estamos pasando por estos lares).