Páginas: 80
Publicación: 2015
Editorial: Errata Naturae
ISBN: 9788415217930
Sinopsis: «Mi ginecóloga no sabe que voy a escribir un libro sobre mi no-maternidad, tampoco sabe que aparece en él; ella y su cara de desprecio. (…) Escribo sobre mi pequeño dando vueltas en mi sala de espera, sobre mi útero vacío, sobre mi no-concepción, sobre mi ángel de la guarda, sobre Yerma (…) sobre que hemos nacido para ser madres y no lo somos, que nos han parido para ser madres y no lo somos».
La blasfuemiada:
El dedo esboza un inexistente círculo en torno al ombligo con el velado propósito de convertirse en un íntimo viaje al placer. Desde el centro de todo, la mano desciende por el vientre con suavidad, esbozando caricias con la justa proporción de las estrellas.
No pares.
La mano se detiene. Palpa.
Acaríciame. Acaríciate. No palpes. No hurgues.
Ven.
Números. Son 5. Uno de ellos de 7 cm. La extraña matemática del dolor.
Extrajeron 3. Dejaron 2.
Números. Unos dentro. Otros fuera.
Palabra nueva que incorporar al diccionario autobiográfico. En la hoja de la M añado, en rojo, Miomas.
Y el vientre se parte en dos, una frontera trazada chapuceramente desde el ombligo al pubis. A la derecha, lo que ya nunca serás: madre. A la izquierda, lo que siempre serás: mujer. En el centro, un sinuoso y oscuro abismo desde el que gimen las voces de tus decisiones: la de quien dijiste “no”, la de quienes esperaste sin buscar y ya no serán un “sí”.
Una vez elegí yo. Y cada día me reclamas y cada día te nombro, abro la ventana y no pasas por ella. Serás mi sufrimiento, mi cansancio, el ángel blanco que regrese para clavarme su espada. Y otra vez eligió la vida. Y se acabaron ya las posibilidades.
La mirada acusadora. El castigo, tan sutil como innecesario. Nunca un médico ha de ser juez. Jamás debe de castigar a quien ya lleva la condena en el vientre.
Oblicuo: ni horizontal ni vertical. Ni silencio ni grito. Ni horizonte ni cercanía. Ni gloria ni averno. Ni erguida ni doblada. Ni madre ni no-madre. Mujer.
Mujer.
Desde esas entrañas escribo y leo. Partidas. Abismales. Oblicuas.
La imagen:
La imagen que aparece en la portada pertenece a Francesca Woodman, una fotógrafa estadounidense que se suicidó a los 22 años. Sus fotografías en blanco y negro, siempre con mujeres desnudas, siendo ella misma muchas veces su propio modelo, recrean unos escenarios inquietantes y perturbadores. La luminosidad, la preparada atmósfera, el ambiente etéreo de íntima búsqueda y la vulnerabilidad de sus imágenes componen auténticas poesías visuales.
La cita:
Sin duda, un día iba a merecer el cielo de los oblicuos, donde sólo entra quien es torcido (Clarice Lispector, “La hora de las estrellas”)No pocas veces solemos pasar por alto las citas con las que se inicia un libro, salvo que nos parezca decir algo directamente a nosotros. Pero no siempre conectamos la cita con lo que lo que vamos a leer a continuación. Y lo cierto es que no suelen ser elegidas por el autor o la autora por casualidad. Sin embargo, en muchas ocasiones esas citas son el germen, y a la vez el sustento, de lo que vamos a leer. Siempre que un libro se inicia con una cita, me detengo deliberadamente en ella, intentando apresar su auténtico contenido, porque sé que es una baza que se me está ofreciendo para captar con claridad el alma de lo que voy a leer.
Y en este caso es, además, un homenaje a la influencia de Clarice Lispector en la escritura y el estilo narrativo de la propia Belén García Abia.
Por eso, a la cita inicial que nos ofrece Belén, yo añado otra extraída de esta lectura:
… es un cielo oblicuo, donde sólo pueden entrar los que llevan el peso del mundo en su espalda.El libro:
El cielo oblicuo es un libro trasversal (además de oblicuo), puede leerse como poesía, como ensayo, como novela, como diario. Podemos pensar que es un libro confesional, sobre la maternidad, sobre las mujeres, sobre las mujeres que escriben y porqué.
La escritura me desgasta. Escribo que la escritura me desgasta y que odio esta necesidad de contarse a bocajarro, abrir las piernas de par en par.No importa, agitamos el libro y dejamos que se caigan todas las etiquetas. Lo que encontraremos dentro llega tanto a hombres como a mujeres. Aunque es el grito de una mujer feroz, más allá de la maternidad y la no-maternidad, también habla de frases hechas que atraviesan décadas y generaciones y que son auténticas losas. Esas pequeñas pero no insignificantes piedras que nos van (y nos vamos) echando en la mochila, que doblan nuestra espalda, que doblan nuestra vida.
¿Oyes el eco? ¿Oyes las voces? Proceden de tus ovarios. Palabras que te metieron por la vulva.Un libro que es una huida y una búsqueda, una memoria y un olvido, un admitir y un dudar, una certeza y un titubeo, un silencio y un grito, una ira y una calma… Es una voz: la suya, la tuya, la mía. Acerca el oído y deja que Belén te lo susurre. Porque también se puede gritar en un susurro.
Y creces.
La literatura escrita por mujeres está llena de habitaciones cerradas. Tienen a la mujer feroz dentro.(©AnaBlasfuemia)










