«A veces yo me sentía tan solo que me habría gustado que existiera una palabra más larga, más grande, para decir “solo”»
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Bares, qué lugares. ¿Quién no tiene una historia de bar que contar?
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“El bar de las grandes esperanzas” es una mezcla de testosterona y ternura que, sorprendentemente, consigue un cordial equilibrio que convierte al libro en una lectura bastante agradable. Muy norteamericana y varonil, eso sí, pero también hay empatía e introspección, aderezado todo ello de humor. Y alcohol, mucho alcohol.
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Es un libro cariñoso con el lector, no carente de calidad (Moehringer es un narrador ameno). Un libro que hace comunidad, camaradería, que establece redes emocionales y reconcilia con esa idea de los corazones buenos y la solidaridad, en este caso masculina y etílica. No le hace justicia a la figura de la madre, eso es verdad, pero no quiero entrar en ese tipo de debate, especialmente cuando buscaba una lectura ligera, una brisa veraniega para que los días simplemente transcurran. Ya habrá tiempo y espacio para otras batallas.
Lectura entretenida en un momento en el que el cuerpo me pedía mera distracción y un poco de cariño.
A mí también me viene bien ahora un poco de cariño, me lo llevo.
ResponderEliminarBesitos cielo 💋💋💋
Lo leí hace unos años y eché en falta más emotividad. Aun así es una lectura entretenida.
ResponderEliminarBesos
Hola, el titulo hace que me venga a la cabeza una canción de Gabinete Galigari, que decía "Bares, que lugares, tan gratos para conversar, no hay como el calor del amor en un bar...." el libro, no me apetece mucho en estos momentos.
ResponderEliminarLo leí en su día. No recuerdo mucho del libro pero creo que me parece que resultó entretenida. Besos
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