martes, 5 de septiembre de 2023

La mercancía más preciosa (Jean-Claude Grumberg)

 


"Eso es la única cosa que merece existir en las historias y en la vida verdadera. El amor, el amor ofrecido a los niños, a los propios y a los de otros. El amor que hace, a pesar de todo lo que existe y de todo lo que no existe, el amor que hace que la vida continúe"

Según la RAE, un cuento es una "narración breve de ficción". Y, según la misma RAE, ficción es "invención, cosa fingida". "La mercancía más preciosa" se autodefine como "un cuento", un relato breve... ¿de ficción?

Hay mucha literatura sobre la IIGM, el holocausto y los campos de exterminio. A mí nunca me parece suficiente, por mucho que se haya escrito. Creo en lo de que olvidar la historia es condenarnos a repetirla.

Grumberg opta por dos voces: la del narrador que está ficcionando una historia y la voz de la propia historia en sí. ¿Cuál es el objetivo? En el epílogo Grumberg niega la mayor: lo que cuenta no es una historia verdadera. Usa la acumulación por si no queda claro:

"No hubo trenes de mercancías atravesando los continentes en guerra para entregar urgentemente esas mercancías tan perecibles. Ni campos de reagrupamiento, ni de internamiento, ni de concentración, ni tampoco de exterminio. Ni familias dispersadas en humo al término de su último viaje. Ni cabellos cortados, recuperados, embalados y después despachados. Ni el fuego, ni la ceniza ni las lágrimas, nada de todo esto es verdad"

El texto sigue llenos de "Ni..."

No, nada.

La ironía es evidente, más aún si tenemos en cuenta que el padre y el abuelo de Grumberg fueron detenidos y deportados en París delante de él. Su intención es inequívoca: luchar contra la ceguera y el olvido a través de, vamos a llamarlo así, una ficción verdadera y real que ponga en la picota a los negacionistas y a los ciegos (de mente).

¿Es un cuento "La mercancía más peligrosa"? Sí, lo es. ¿Podría leerlo un niño? tal vez, pero seguro pueden leerlo adolescentes como una forma de conocer la historia, la verdad, sin que se les ponga el corazón como un puño ni aterrorice. Así que también está al alcance de esos adultos y experimentados lectores que huyen de la temática del holocausto porque "ya la vida es bastante dura".

No es fácil contar la verdad sin asustar. Creo que exactamente ese es el mérito de este cuento en el que al final lo que prevalece es la fuerza del amor a los niños. La vida por encima de la muerte. Pero va más allá de eso. Si quieres ir más allá, claro.

Grumberg me ha parecido un narrador excelso, no es sencillo hacer un cuento sobre el horror del holocausto y plantearlo casi como un cuento de hadas pero, a la vez, no ocultar la realidad. Los recursos utilizados (la voz del narrador "externo", la ironía, la despersonalización, los elementos fantásticos...) están tan bien ensamblados que cumple su objetivo a la perfección. Proporcionar alivio sin distraernos de lo espeluznante y la maldad.

Nos cuenta tal vez algo improbable pero lo hace como si estuviera todo el tiempo advirtiéndonos: "ficción, eh, es ficción" (guiño, guiño, guiño). Qué parte es ficción y qué parte es realidad está en manos del lector. Grumberg hace su tarea y la hace muy bien, "La mercancía más peligrosa" es una pieza de orfebrería, delicada y sutil. Y con algo que me parece vital, que es que el lector tiene que poner de su parte: quedarse en la superficie (en el "cuento de hadas") o plantearse cuestiones varias sobre la memoria histórica y sobre la ficción y la realidad.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Antología literaria para regresar a la infancia (VV. AA.)

 


“No soy un loco por solidaridad con los miles de nosotros que, para construir lo posible, también han sacrificado esa verdad que sería una locura”

Antología literaria para regresar a la infanciano sólo nos regresa a la infancia, a algunas infancias, sino a la literatura del siglo XX y a muchos de sus mejores autores. La mayoría de las antologías suelen pecar de lo mismo: una selección de relatos o textos de temática común, dos o tres autores relevantes, universales y que sirven de anzuelo, junto a otros prácticamente desconocidos o de menor relevancia. Habitualmente el resultado suele ser bastante desigual y terminas por darte cuenta de que te has comido mucha paja y que lo realmente jugoso ocupaba poco espacio y no ha saciado tu apetito.

No es el caso. Repito: no es el caso. Es que vean la portada y el listado de autores. En mi caso únicamente me resultaban desconocidos tres: Miguel Torga, Amadou Hapáté Bá y Ernest Martínez Ferrando. De Andréi Platónov no había leído nada todavía y, oigan, qué descubrimiento, que tremendo, tremendísimo sus dos relatos (especialmente “Semión”)

Los niños que fuimos nunca se van, pero se quedan atrapados en el recuerdo manteniendo su pureza y regresamos a ellos para pedirles perdón por no haber conservado la esencia de la infancia. Crecer es perder esa esencia, intentar recuperarla es un destino, mantenerse fiel a esa alegría incorruptible pese a entornos devastadores, la curiosidad, la lógica sencilla, el descubrimiento, el disfrute de lo efímero, el hoy sin mañana, la fantasía sin límites, la inocencia, el alma incontaminada. Pero también la incomprensión, la maldad sin disfraces, el descubrimiento del dolor, el abandono, el hambre, la violencia, el rechazo y el miedo.

Una antología de gran altura, con apenas bajos, y en la que sobrevuela la inefable Clarice Lispector sobre un cielo plagado de relatos de gran calidad, una selección muy representativa del enorme nivel de los autores seleccionados. Mis dieses para esta antología que he disfrutado como la niña que fui y aún conservo: sin medida ni cortapisas. Como si no hubiera mañana y sin miedo a las heridas ni a los charcos ni a las manchas.

miércoles, 30 de agosto de 2023

Hiere, negra espina (Claude Louis-Combet)


La penitencia se revelaba, finalmente, mucho más pesada que el pecado mismo. Y el espíritu, que ama las congruencias, se hallaba desconcertado. Lo verídico de la ficción flaqueaba allí donde imponía, al margen de toda verdad inteligible, la realidad en todo su horror. El poema no podía salvar a su poeta

Ficción verídica o verdad ficcionada, “Hiere, negra espina” es un hermoso homenaje al amor sufriente y afligido, a las relaciones prohibidas, al poeta Georg Trakl y su hermana Gretl y a una relación incestuosa, un amor ilegal que no se juzga, sólo se expone y recrea desde el respeto y la admiración de Combet hacia Trakl.

Algunos libros piden ser leídos a la luz del atardecer, cuando el crepúsculo vespertino proyecta luces y sombras, una magia de colores saturados, iluminación imprecisa y contrastes definidos. Instantes del día que son suaves aleteos de belleza y ensoñación. Lecturas que necesitan, reclaman, una luz espléndida, única, que resplandezca y a la vez se desvanezca.

Cada día tiene su hora de belleza y justo ahí hay que leer “Hiere, negra espina, en la semiconsciencia crepuscular donde espacio y tiempo se confunden y se crea un mundo propio, no atado a lo preestablecido. En el fulgor de un espacio inexplorado, en la ambigüedad de la luz peligrosa en la que algo se desata y se dirige no se sabe si hacia algo luminoso y silvestre o hacia una trampa mortal ávida de carnaza.

No es sólo la historia de la relación entre dos hermanos, es el lenguaje con el que se habla sobre el destino fatal y compartido, como un bello juguete que adquiere una forma tenebrosa una vez que es abandonado, alejado de su objetivo y su razón de ser y que luce sin brillo en una atmosfera de caos y polvo. El irremediable encuentro con el precipicio después de alcanzar la dicha plena, de encontrarse para perderse. Esa fatiga de lo inevitable.

Que no salten las alarmas, no hay juicio moral. No hay vergüenza ni redenciones, solo un destino compartido, secreto e insensato, un devenir hacia el abismo. Y una sensibilidad exquisita en la prosa y la narración de Combet.

Se parecía como una pasión se parece a otra, con su ascensión demoníaca y su caída mortal

domingo, 27 de agosto de 2023

Desconcierto (Richard Powers)


"Curemos lo dañado"

No lo hago intencionadamente, o al menos no lo hago de una forma consciente, pero últimamente (desde hace tiempo ya) muchas de mis lecturas giran en torno a la naturaleza, a cómo (mal)tratamos nuestra "casa" (nuestro planeta) y las consecuencias del trato tan vejatoria al que sometemos a la tierra, a la naturaleza, al mar, al clima. Los libros son bastantes más listos que yo, así que por algo será esta casualidad nada casual. Digamos que hay una sincronía innata entre los libros que me dicen "ahora" y esta lectora obstinada en leer pese al calor, las mil cosas que hacer (a veces sin moverme de una baldosa) y la falta de tiempo.

Tenemos a Theo, astrobiólogo y viudo, que busca formas de vida en el cosmos, el espacio exterior, mientras cría a su hijo Robin. Robin es un niño de 9 años con Síndrome de Asperger, además de varias letras del abecedario: TOC, TDAH... Muchas letras que básicamente suponen la manifestación del desconcierto que padece Robin y que le lleva en ocasiones a descontrolados ataques de ira.

Si hay algo que valoro en las personas con Síndrome de Asperger (mal llamado ahora "TEA") es que son inmunes al aborregamiento y la mansedumbre: tienen criterio propio, ajeno a la influencia social, su lógica es única y distinta a la habitual. Que no los entendamos no quiere decir que su lógica no sea coherente, habitualmente lo es de una forma que es muy difícil de desmontar. Su mente es neurodivergente, no se ajusta a lo normativo. Si no estamos preparados para entender estas mentes ingeniosas (y aprender de ellas), estamos preparados para pocas cosas.

Theo no quiere que su hijo esté sometido de por vida a la medicación, así que le somete a un tratamiento experimental de neurofeedback para que pueda controlar sus emociones: sesiones de entrenamiento con patrones grabados del cerebro de su madre fallecida. Se abren dos tramas (que son muchas más): la relación padre-hijo y la búsqueda de Theo de formas de vida en el espacio exterior, así como su preocupación por el medio ambiente, la astronomía, el cambio climático...

Theo busca en otros planetas, Robin busca en este. El desconcierto de Robin viene de su necesidad de encajar o, mejor dicho, de CONECTAR. Ese paso a la empatía que le proporciona el tratamiento de neurofeedback a la interconexión entre personas le abre la puerta a algo muy grande, un destino colosal del que formamos parte pero que va más allá de cada uno de nosotros, pero al que podemos contribuir, desde esa empatía, para que el mundo sea un lugar mejor. Porque no somos la finalidad, el propósito está más allá de nosotros (curar lo dañado, liberar al ser humano del sufrimiento) porque "todo el mundo está dentro de todo el mundo".

Robin es absolutamente necesario para lo que Powers nos quiere plantear, pero a veces sientes que la voz de Theo se impone cuando quieres seguir a Robin, a su sintonía con lo que le rodea, a su fascinación por nuestro planeta. Los esfuerzos de Theo por ayudar a su hijo conmueven, aunque a veces estés en desacuerdo con él. Resulta difícil conocer el mundo, ya ni te cuento el universo, cuando cada mente en sí misma es un mundo del que apenas atisbamos una pequeña parte. Una mente que muchas veces nos negamos a conocer porque caminar sobre su superficie nos parece más seguro. Pero no es más seguro, sólo es más cómodo.

No cabe duda de que la lectura de "Desconcierto" provoca reflexiones que son necesarias hacer, tanto desde un plano intelectual como moral. También es verdad que es una lectura irregular (o al menos lo ha sido para mí), quizá por esa bifurcación de tramas que no terminan de unirse, sin que haya una bisagra que las reúna y que diversos planteamientos te sacan del ritmo lector, de la fluidez, como una montaña rusa en la que parece que a veces los vagones se separan de sus raíles y se colocan en otros diferentes.

No obstante, he disfrutado de la lectura y me tomo la tarea de coger todas esas ideas dispersas (pero necesarias) para reflexionar sobre ellas, a mi manera: dejando que reposen en mí como una semilla que conoce dónde está plantada y qué recorrido tiene que hacer para crecer. Dejando que la interconexión se produzca porque sé cómo hacerlo.

"¿Cómo vamos a conocer a los extraterrestres si ni siquiera conocemos a los pájaros?"


domingo, 20 de agosto de 2023

El poder del ahora (Eckhart Tolle)


"Si tu aquí y ahora te resulta intolerable y te hace desgraciado, tienes tres opciones: retirarte de la situación, cambiarla o aceptarla totalmente"

"El poder del ahora" es uno de los libros de autoayuda más vendidos y Eckhart Tolle, su autor, un reconocido y prestigioso "guía espiritual" recomendado por muchos personajes famosos de distintos países.

Desconozco el porcentaje que ocupan los libros de autoayuda en el mercado editorial. Pero me temo que se trata de un porcentaje bastante considerable y, lo que es peor: es probable que haya personas cuyas lecturas se limiten exclusivamente a este tipo de libros. Todos nos vienen a decir lo mismo: la vida es aquí y ahora; observa tus emociones y no las juzgues, simplemente reconócelas y aceptalas; no dejes que tu mente te dirija, sé tú quién la dirija a ella... En fin, no me voy a enrollar, más o menos todos tenemos claro los principios básicos que sostienen estos libros de autoayuda. Algunos de esos principios, o más bien el enfoque que algunos autores hacen de esos principios, pueden ser realmente dañinos y tóxicos, he de decir.

Sobre el libro de Tolle no voy a hablar mucho: es más de lo mismo, transmitido más o menos con cierta claridad y repetitivo hasta la saciedad como suelen ser este tipo de libros, ya que muchos de ellos utilizan métodos pedagógicos muy tradicionales, como la repetición constante de x ideas como metodología pasiva de aprendizaje (lo que yo llamo indistintamente “método machaca/martillo pilón/gota malaya”).

Puede que "El poder del ahora" ayude a alguien, yo que sé. Qué digo, parece que ha ayudado a muchísimas personas. No es mi caso, aunque me ha venido muy bien leerlo porque a mi autoestima le ha sentado genial: me he dado cuenta que he llegado a muchas cosas yo solita, modo autodidacta ON, únicamente estando ATENTA a lo que me rodea y a mí misma. Observación activa, escucha activa y mucha introspección. El auténtico aprendizaje siempre es activo, pasa por la búsqueda, la comprensión, la curiosidad... En fin, esto ya lo dicen este tipo de libros, no descubro nada nuevo.

Por eso quiero hablar de los llamados libros de autoayuda. El nombre tiene trampa, claro: sólo nos podemos autoayudar nosotros mismos, lo demás es ayuda. Así que empezamos mal. Estos libros son (pretenden ser) una ayuda para que te autoayudes. Si se tiene claro esto, pues lo mismo se avanza algo. Ahora bien, quiero dar otra vuelta de tuerca a este tema. Y es que, tanto en este como en otros libros de autoayuda que he leído, jamás me he encontrado nada que no hubiera visto o conocido ya. ¿Dónde?: pues oye, prácticamente todo está en la Filosofía (esa asignatura tan denostada en nuestro sistema educativo), la oriental y la occidental. En los libros de Historia, de Antropología. Y en muchas novelas.

Iba a decir que llevo leyendo desde que tengo uso de razón. Pero no sé si tengo razón y no sé si la uso. Así que voy a decir que llevo leyendo desde antes de aprender a leer (para eso estaban cómics, tebeos y libros infantiles de dibujos, a los que tenía acceso ilimitado desde el momento en el que nací). Tantos años leyendo no han sido en vano.

En los libros no he encontrado respuestas, he encontrado algo mejor: he encontrado caminos nuevos, puertas, ventanas, más preguntas... También me he encontrado a mí misma (lo sigo haciendo). También, a veces, me perdieron. Y aprendí que tampoco está tan mal eso de perderse para seguir buscando.

¿Dónde quiero ir a parar con todo esto? No lo sé muy bien porque estoy improvisando, la verdad, pero sobre la base de una inquietud. Me inquietan los libros de autoayuda, me inquietan los guías espirituales, gurús y coaches, me inquietan las personas que están perdidas y buscan en estos libros respuestas como quien se toma una aspirina si le duele la cabeza. Me inquieta la comercialización y el marketing que hay en torno a los libros de autoayuda. Me inquieta (tal vez esto que voy a decir no sepa explicarlo bien) que las personas no se den cuenta que si están en una búsqueda de algo que les alivie, es porque algo les daña. Y que esa búsqueda no va a finalizar nunca en un libro de autoayuda (que nunca puede ser un destino). La vida es aquí y ahora, pero la búsqueda es siempre: hay que seguir aprendiendo de forma activa.

Si has llegado a un libro de autoayuda porque lo necesitas, tengo algo que decirte: deja ese libro. Pero no dejes de leer. Lee mucho, lee novelas en las que te puedas encontrar, no esquives nada, lee filosofía (mucha), lee libros, muchos libros, buena literatura. Escucha atentamente lo que el libro te dice y escúchate a ti mismo/a/e cuando estés leyendo. Lee tu alrededor y léete a ti mismo/a/e.

Y si necesitas ayuda, busca un profesional. Sí, de esos con título universitario.

Hay un libro decididamente maravilloso que se llama "Leer el mundo. Experiencias actuales de transmisión cultural", de Michèle Petit, que recoge muchas ideas de lo que intento explicar cuando me refiero a qué significa leer: búsqueda de calma, de narrativa interior, aventurarse en el otro y "domar su ajenidad", aprender a que "lo cotidiano no se reduzca a lo banal" o "encontrar palabras a la altura de nuestra experiencia", porque en definitiva, y siempre en palabras de Petit, "leer sirve quizá ante todo para elaborar sentido, dar forma a la propia experiencia, o a su parte de sombra, o a su verdad interior, secreta; para crear un margen de maniobra, ser un poco más sujeto de su historia; a veces para reparar algo que fue roto en la relación con esa historia o en la relación con otro; para abrir un camino hacia los territorios de la fantasía sin los cuales no hay pensamiento, no hay creatividad"

Leed, leed malditos/as/es, leed mucho. Más y mejor.

jueves, 17 de agosto de 2023

Las retrasadas (Jeanne Benameur)



"Las palabras no tienen razón de ser. Son.

Soy consciente de que estoy leyendo muchos relatos, supongo que con este clima tan tórrido me facilitan mantener mis rutinas de lectura. Con otras rutinas estoy teniendo más problemas para perseverar. Pero creo que es el primer verano desde hace muchos que mantengo un ritmo lector más o menos acorde con el resto del año. Y leer relatos y novelas breves que alterno con novelas más "gruesas" me ayuda bastante a mantener esta cadencia de lecturas bajo el aire acondicionado o en algún paisaje que con más o menos amabilidad me permita respirar esquivando el sol implacable.

Así que "Las retrasadas" cumplía de sobra, apenas 70 páginas de una narración entrecortada, aparentando el ritmo de un flujo de conciencia, construida con frases y párrafos cortos y rápidos que dotan de agilidad el relato sin renunciar a una melodía con la entidad suficiente para dotar de coherencia el relato.

No necesita mucho Jeanne Benameur para construir "Las retrasadas": un pueblo, una madre (que es la "tonta del pueblo"), una hija, una maestra. Unos prejuicios por aquí, un amor inquebrantable que aísla, una obstinación vocacional por allá y voilà, ya tenemos un relato que pone en su lugar la importancia de la educación. Aunque yo diría que el motor real en "Las retrasadas" es, más que la educación, las palabras: el lenguaje escrito que como una crisálida se transforma en lenguaje verbal. Dame un mundo en el que no haya ni un solo niño sin saber leer ni escribir y transformaremos este mundo.

No sería justa con este libro si me quedara aquí, que pensarais que se trata de una maestra que enseña a una niña sobre la que nadie espera nada (es la hija de...). Es más que eso, porque también está ese puente que hay que atravesar para el acceso verdadero a la educación. Y ese puente no se transita esperando que los niños que acuden a la escuela aprendan por el mero hecho de estar ahí. Hay también un recorrido que el adulto tiene que hacer hasta (HACIA) el niño, en este caso niña. Una niña que tiene un mundo (y un muro) construido de silencio y amor, de gestos, miradas y esperas. Ese recorrido implica respeto hacia todas las personas. Y ese recorrido a veces tiene consecuencias.

Acceder al mundo cerrado entre la madre y la niña, un mundo construido sin palabras, no será fácil. Porque en el silencio no hay distracciones, todo se intensifica, la vida es más viva. Que las palabras accedan a un mundo en el que el silencio reina puede ser peligroso si no se hace con tacto, con delicadeza. Con el respeto al que antes apelaba. Sí, hay niños que pueden no querer aprender ¿se puede aceptar eso? ¿qué hacer cuando eso sucede? se puede hacer algo muy simple que nos hemos empeñado en ignorar o en hacer muy complejo: se puede ACOMPAÑAR al niño. De nuevo: respetar, no invadir.

"Las retrasadas" es una fábula tierna que, como toda fábula, contiene una enseñanza, nada inocente en este caso, salvo que queramos quedarnos en la superficie de esta conmovedora historia construída como una pieza de orfebrería.

martes, 15 de agosto de 2023

Relatos del mar (VV. AA., comp. de Marta Solís)


"El pesquero parecía suspendido, como por arte de magia, a mitad de camino, en el interior de un embudo de gigantesca circunferencia y prodigiosa profundidad, cuyas paredes completamente lisas habrían parecido de ébano de no ser por la asombrosa rapidez con que giraban y el deslumbrante y fantasmal resplandor que irradiaban, pues los rayos de la luna llena, desde el círculo abierto entre las nubes que he mencionado antes, derramaban su gloria dorada sobre las negras paredes hasta desaparecer en las más recónditas profundidades del abismo" (Edgar Allan Poe, "Un descenso al Maelström")

¿"Relatos de mar"? Allá que voy de cabeza.

Es difícil valorar un libro que, aunque tiene una temática en común, recopila relatos y fragmentos de un total de 45 escritores... y una autora (Emilia Pardo Bazán). Sólo UNA mujer en la recopilación. Y eso que la antología la ha hecho otra mujer (Marta Salís). Vale que en el siglo XIX no habría muchas mujeres que les publicaran, o que escribieran sobre el mar y los rudos y machorros marineros y piratas, pero en la primera mitad del siglo XX ya podría haber caído alguna más. No sé. Que fácil no debe de ser, soy consciente del androcentrismo reinante (también) en la literatura, especialmente en la época que abarca esta antología (1536-1952).

La variedad de relatos (y fragmentos, algo que a mí siempre me echa para atrás, aunque en esta recopilación son minoría) hace difícil tener una sensación unánime y sólida al finalizar las más de 500 páginas de "Relatos del mar" porque ha habido relatos que me han entusiasmado, unos por su calidad literaria, otros por desbloquear en mí los recuerdos de esas lecturas infantiles sobre piratas, naufragios, barcos fantasmas y tráfico de esclavos, y otros por descubrirme autores o textos absolutamente desconocidos para mí. Pero también otros me han sobrado, o me han parecido meramente descriptivos o repetitivos. Así que sí, me han sobrado algunos relatos (más de los que quisiera, pero apenas un puñado en el total) y me han faltado otros.

Por encima de todos ellos tengo que destacar con el que más he disfrutado, "Un descenso al Maelström", de Edgar Allan Poe, un relato potentísimo y muy sugerente sobre la fuerza de la naturaleza. Especial mención también a: Kafka siendo siempre (el gran) Kafka en "El cazador Graco". Hemingway y esa fina descripción de la inutilidad de la victoria en "Después de la tormenta". La sutil complejidad de Henry James en "Un error trágico". Tolstoi, su humanidad y su búsqueda del sentido de la vida en "Los tres eremitas". La fantasía y el terror de Wilhelm Hauff en "La historia del barco fantasma". Nathaniel Hawthorne y sus descripciones líricas en "Huellas a la orilla del mar". El encantador feminismo de Trollope en "El viaje a Panamá". El sorprendente e inevitablemente poético Rilke en "La voz". La rareza fantasiosa de Marcel Schwob en "El mayor Stede Bonnet, pirata por temperamento". Y el relato final "Apuestas", de Roald Dahl, a cuyo protagonista seguramente concederían un Premio Darwin.

En definitiva, tal y como era previsible en una antología tan extensa, que además abarca tantos autores, géneros y épocas, "Relatos del mar" ha sido un vaivén con sus subidas y bajadas, sus cúspides y momentos de esplendor e ilusión pero también su declive, con sensación de chasco y decepción. ¿En conjunto? Me quedo con lo disfrutado, porque estoy muy zen y muy positiva y porque valoro mucho el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de esta antología.

"Marchaos, amigos de antaño, y dejadme escuchar el rumor del mar: una voz melancólica, pero menos triste que las vuestras" (Nathaniel Hawthorne, "Huellas a la orilla del mar")

sábado, 12 de agosto de 2023

Aniara (Harry Martinson)


Yo me preguntaba, pero olvidaba responder. Me soñé una vida, pero me olvidé de ser. Viajé alrededor del todo, pero me olvidé de partir: pues preso estaba aquí, en Aniara

Nunca hasta ahora había leído nada igual a este libro. A esta joya hay que acercarse con delicadeza, tiempo, dedicación y respeto. Y, a ser posible, sabiendo qué tienes entre manos. No siempre la literatura de calidad, excepcional, ha de ser enigmática, compleja, hermética. Pero a veces lo es. Y aun así sabes que es de una belleza única, que entre sus páginas hay un brillo genuino, señero.

¿Cómo describir “Aniara”? Es ciencia ficción, es distopía, es poesía, es épica, es alegoría. Una parábola que sigue inquietando con el paso de los años. Una nave espacial que resulta perturbadora no sólo por su temática catastrofista (en realidad la catástrofe no es el desenlace sino el inicio de las reflexiones) sino porque ponernos en el epicentro de lo inimaginable (pero posible) siempre es angustioso.

Su narrativa, su lírica, es de un simbolismo críptico difícil de encasillar y de traducir a una estética narrativa reconocible. Inevitable que al trasladar este poema épico a otro idioma que no sea el original se pierda parte de su brillo y de ello tiene conciencia su traductora (Carmen Montes Cano) que decidió poner en prosa este poema llamado “Aniara”. Una decisión acertada, he de decir. Martinson crea un lenguaje pleno de significado, lo regenera, aunque con un barniz opaco y espinoso que, sin embargo, no hace más que dotar a “Aniara” de contundencia y de personalidad propia.

El lector de “Aniara”, al igual que la nave espacial eternamente perdida en el espacio, ha de encontrar su propio camino para transitar entre sus páginas y aceptar que hay dificultades intrincadas, casi irresolubles, cuando formas parte del problema.

Qué ínfima y pequeña se vuelve la perspectiva humana ante la infinidad del espacio.

Efímera es la dicha: un premio fortuito y pasajero en días soleados. Lejos de la estupidez y la crueldad, brilla en los prados estivales la estrella del verano del amor, la flor del solsticio de verano. ¿No era esa la mejor razón para ser felices y buenos?

miércoles, 9 de agosto de 2023

Desvarío amoroso (Wilhelm Genazino)


En especial quisiera estrechar amigablemente la mano a los ya desfallecidos y agotados […] Nuestras condiciones de vida producen agotamiento de modo continuo, pero no hay suficiente sitio para los agotados. El agotado es una figura estigmatizada. Refleja el sistema que nos domina y lo ridículo de sus promesas

Tengo cierta debilidad por la literatura cuyos protagonistas son un poco la periferia, que viven al margen de la masa y la observan desde fuera. Sea por decisión propia o porque son la pieza sobrante de un puzle en el que no encajan por mucho que lo intenten. Antihéroes imperfectos, con una capacidad analítica tan precisa como, en ocasiones, deformada. Personajes incómodos para el lector por su constante extrañeza, su obstinada desilusión, su permanente inadaptación, su exploración de la angustia vital, su relación asimétrica con la realidad y su tono gris y anodino que, sin embargo, nos inquiere desde su aparente insignificancia.

Todas las historias están contadas alguna vez. Algunas incluso están contadas muchas veces, como ésta de un imperfecto triángulo amoroso y el paso del tiempo. La edad nos cambia, no nos hace diferentes pero aprendemos a diferenciar lo importante de lo irrelevante, que resulta ser mucho más de lo que creíamos. Contado muchas veces, cierto, pero me han interesado muy mucho las maneras de Genazino.

El protagonista de “Desvarío amoroso” es melancólico e hipocondríaco (en lo físico y en lo anímico) y se ve incapaz de seguir manteniendo una relación triangular con dos mujeres sin que la una sospeche de la existencia de la otra y a las que los lectores sólo conocemos a través del protagonista. ¿Por qué decidir?

No ha sido fácil hacerse con la constante voz mental del protagonista. El cinismo del narrador pueden desviarnos de lo conmovedor de su melancolía, lo ingenioso de sus reflexiones, la profunda y crítica mirada a nuestra cotidiana y absurda sociedad, al caos que produce intentar ordenar nuestros sentimientos (lo complicado que es intentar hacer que todo sea sencillo). 

En definitiva, ha sido una lectura tan inesperada como adictiva que me va a llevar a buscar más libros de este autor tan desconocido.

domingo, 6 de agosto de 2023

Las pequeñas virtudes (Natalia Ginzburg)

 


"Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad. En cuanto vemos rotos nuestros sueños, nos consume la nostalgia por el tiempo en que bullían dentro de nosotros. Nuestra suerte transcurre entre ese alternarse de esperanzas y nostalgias"

La inmensa mayoría de manuales, algún que otro libro célebre y gurús de autoayuda: "Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad" (Antoine de Saint-Exupéry), "Todos tus sueños pueden hacerse realidad si tienes el coraje de perseguirlos" (Walt Disney), “Nunca se te da un sueño sin que también se te dé el poder de hacerlo realidad. Sin embargo, tendrás que esforzarte” (Richard Bach), "No te rindas, que la vida es perseguir tus sueños", "Sigue tu corazón y tus sueños se harán realidad"... puedo seguir así hasta el infinito, la idea de que hay que perseguir tus sueños y que si perseveras en ellos los consigues se nos vende por activa y pasiva. Cuánto daño ha hecho "El principito". En fin, a lo que voy, que es a Natalia Ginzburg, escritora honesta como pocas y pocos, que lo que nos dice es: "Los sueños no se hacen nunca realidad". Olé tú, Natalia. Más Natalia Ginzburg y menos coaches e influencers de pacotilla y menos (si puede ser, mejor ninguno) eslóganes dañinos que se lanzan a diestro y siniestro.

No voy a descubrir a Natalia Ginzburg, como acabo de comentar me parece una escritora honesta. Honesta y brillante. Muy reconocible su prosa engañosamente sencilla y transparente, con una precisión psicológica propia de quién es una observadora innata, con una gran capacidad para poner el acento en los detalles, en lo invisible, en lo sobresaliente.

Como se puede ver en la contraportada del libro, "Las pequeñas virtudes" son once textos que abarcan temas diversos. No sobra absolutamente ninguno, aunque hay tres que a mí me han cautivado especialmente: "Retrato de un amigo" (el amigo, ya saben, es otra de mis debilidades: Cesare Pavese), "Mi oficio" y "Las relaciones humanas". Leer a Natalia es un lujo para cualquier lector voraz: su inteligencia, su coherencia, su sensatez, esa mirada limpia y lúcida, esa distancia adecuada de aquello que narra, sin blandir lo emocional como una espada o una red que atrape al lector... todo eso no son pequeñas virtudes, son virtudes grandes, enormes, al alcance de pocos escritores. Y todas las maneja con habilidad, con instinto.

Creo que "Las pequeñas virtudes" es un compendio de ensayos que reflejan muy bien la naturaleza de esta gran escritora, su esencia. Cuando lees a Ginzburg no sólo piensas, sino que repiensas, revisas lo pensado. Nos inquiere con suavidad, con dulzura, pero con contundencia. Y con una ética personal que la convierte en una de esas personas brújula, una guía. Una persona faro.

No hay que dejarse engañar por su escritura aparentemente sencilla. Aunque sus entornos narrativos sean domésticos, cotidianos y su léxico sea familiar y cercano, sin embargo aborda cuestiones de gran complejidad. No es una escritora que se haya escondido porque su compromiso político y su ética personal no se lo permitía.

Hay que leer siempre a personas inteligentes, llenas de sabiduría. Puedes no estar de acuerdo con algunos planteamientos de Ginzburg, no importa, siempre vas a caer rendida a su lucidez, a su argumentación. A su honestidad.

"Y yo no he sabido formarme una cultura de nada, ni siquiera de las cosas que más he amado en mi vida: han quedado en mí como imágenes dispersas, alimentando mi vida de recuerdos y emociones, sí, pero sin llenar el vacío, el desierto de mi cultura"

Sí soy.

sábado, 5 de agosto de 2023

Ítaca (C. P. Cavafis)


 "Cuando la travesía emprendas hacia Ítaca,
pide que sea largo tu camino,
lleno de aventuras, pleno de saberes.
A los lestrigones y los cíclopes,
al enojado Poseidón no temas,
nunca se cruzarán en tu camino,
si es alto tu pensar, si una emoción
delicada en tu espíritu y tu cuerpo anida.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al fiero Poseidón encontrarás,
si no los llevas tú dentro del alma,
si tu alma no los levanta a tu paso.

Pide que sea largo tu camino,
y muchas las mañanas de verano
en que -con qué placer, con qué alegría-
entres en puertos nunca vistos;
detente en los emporios fenicios,
y hazte con sus preciadas mercancías,
nácares y corales, ámbar y ébano,
y aromas sensuales de todas las clases,
cuantos más aromas sensuales puedas;
a muchas ciudades egipcias ve,
a aprender y aprender de quienes saben.

Ten siempre a Ítaca en la mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero sin prisa alguna en el viaje.
Más vale que se alargue muchos años;
y ya en la vejez recales en la isla,
con toda la riqueza ganada en el camino,
sin esperar que te enriquezca Ítaca.

Ítaca te brindó el espléndido viaje.
Sin ella no te habrías puesto en camino.
No puede ya ofrecerte nada más.

Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Con la sabiduría que has alcanzado, con tu experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Ítacas."

(Ítaca, Cavafis)

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Volver, llegando sin llegar, a Ítaca, a todas las Ítacas. Que el camino sea largo y la sabiduría se empape de cada paso consciente de sí mismo y de su huella. Pisando sin pisarse.

Qué añadir a este poema. Nada. El silencio. El goce de disfrutar su lectura mientras llenas tu mente de Ítaca(s).

©AnaBlasfuemia

domingo, 30 de julio de 2023

Un año en los bosques (Sue Hubbell)


Como ocurre con la mayoría de causas nobles, sospecho que todas nuestras opiniones son la mera expresión de un sentido personal sobre lo que es correcto y apropiado

Qué leemos, porqué, cómo, cuándo, incluso a quién o con quién, es algo que con el tiempo no es casual. Una va aprendiendo, dejándose llevar, eligiendo, rechazando, aprendiendo de sus propios hábitos, de sus aciertos y errores y, sobre todo, escuchando sus necesidades. Necesitaba un libro para descansar.

Y descanso, calma y relajación es lo que me dio este libro que relata la experiencia de la autora durante un año viviendo sola en una granja en los bosques de Ozarks. Un año de apicultura y contacto con la naturaleza salvaje (soy incapaz de decir “naturaleza” sin añadir “salvaje”) que a Sue Hubbell le dio paz.

Y a mí me ha dado una lectura agradable, sana, natural, en la que disfruté de las abejas y sus colmenas, los coyotes, la lluvia, las arañas, los murciélagos, las gallinas, los pumas, los ácaros rojos, los chaparrones que asientan el barro…

La alegría de las cosas sencillas sin dar la espalda a las dificultades, la fascinación por la naturaleza, sobrevivir sola, el respeto por todos los seres vivos, la amabilidad con otros puntos de vista diferentes al de una misma… Eso es este libro. Nada más. Y nada menos. No hay mejor libro de autoayuda que la naturaleza.

Oleadas de personas para quienes la vida urbana era demasiado complicada han venido aquí, con la intención de llevar vidas basadas en la sencillez. Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parce abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida

domingo, 23 de julio de 2023

El hijo (Michel Rostain)


 
"La muerte es una máquina de crear arrepentimientos"

Y el arrepentimiento es hijo del sentimiento de culpa, añado.

A ver cómo cuento esta lectura. Verán, me gusta mucho la literatura del duelo. Joan Didion, Paco Umbral, Piedad Bonnet, Chantal Maillard, son algunos de los autores que han abordado su duelo personal y lo han reflejado en libros que para mí son de una belleza increíble. Una belleza muy humana. Entiendo el miedo a la muerte, ¿cómo no entenderlo?, por eso busco en este tipo de lecturas perder ese miedo: porque sé que así viviré la vida con mayor consciencia y conciencia. Si ignoro a la muerte no seré ni estaré plenamente viva. Por eso no evado el tema (también es verdad que a la fuerza ahorcan, pero eso es otro tema). No creo en que aquello que ignoras o invisibilizas, deje de existir.

La segunda razón de porqué llegué a este libro está en la portada: como podéis ver en la foto pone "Premio Goncourt 2011". Os recuerdo algunos de los ganadores de este premio: Proust, Malraux, Gracq, Beauvoir, Romain Gary, Michel Tournier, Modiano, Margueritte Duras, Ben Jelloun, Maalouf, Jean Echenoz, Pascal Quignard, Houllebecq... ¿veis por donde voy, no?

La tercera razón fue algo que me llamó la atención: Michel Rostain nos va a contar el duelo por su hijo adolescente, fallecido de una meningitis fulminante, pero lo va a hacer dándole la voz a su propio hijo fallecido.

Tengo un profundo respeto por la literatura del duelo, porque quien escribe sobre una experiencia tan traumática lo hace desde un dolor tan terrible como íntimo. Compartir esa vivencia me parece de una generosidad infinita. La lectura de "El hijo" no se escapa de ese respeto ni de la inevitable e impactante emoción en un par de pasajes. Pero.

Antes de entrar en ese "pero" a lo emocional y a lo literario, voy a exponer algo que me mosqueó cuando lo comprobé a mitad de la lectura. Y es que me dio por comprobar la lista de ganadores del premio Goncourt y ¡no estaba Michel Rostain! Me quedé anonadada, así que seguí buscando y bueno, sí, lo había ganado, concretamente el "Premio Goncourt... a la primera novela". Ah, vale, miro esta lista y compruebo que salvo a Hélène de Monferrand, a quien se le concedió el premio en 1990 por "Las amigas de Hélóise", no conozco a nadie (disculpen mi ignorancia). Bueno, es una anécdota, pero sentí que me la habían colado o al menos bajado el listón un peldaño.

Anécdota aparte, estaba claro que algo no iba bien: salvo un par de pasajes en los que la emoción es inevitable, la lectura de "El hijo" era de ese tipo de lectura estancada, farragosa, que tienta abandonar. No lo hice porque por alguna extraña razón hay libros (cada vez menos) que me empeño en terminar aunque sepa que su destino final no va a ser perdurar en ninguna de mis abarrotadas estanterías. Puedo decir que han sido, como mínimo, dos las razones por las que este libro ha sido un "no" para mí:

1) La voz del hijo fallecido. Algo que había sido un ingrediente atractivo resultó ser el mayor de los obstáculos durante toda la lectura. Porque todo el tiempo es, en verdad, la voz del padre. Por múltiples detalles: porque aunque Rostain intente que, al ser la voz del hijo fallecido la que nos habla, queden reflejados los duelos tanto del padre como de la madre, esto no es así. Todo el tiempo es el duelo del padre. Incluso añadiría algo más, y esto puede sonar un poquito cruel: los hijos adolescentes son siempre un poco desconocidos para sus padres, algo muy normal en ese periodo vital en el que se suele sentir a los amigos como más familia que tu propia familia. Esto no implica que un adolescente no pueda tener una relación maravillosa y cercana con sus padres, pero habrá también aspectos que solo compartirán con sus amigos y no con ellos. Y ese "hueco" está muy patente en "El hijo" porque, aunque Rostain lo intenta, no es capaz de saber qué ni cuánto desconocía de su hijo, lo cual no ayuda a que la voz narrativa funcione. Creo que literariamente le vino grande esa elección.

2) Mientras leía, sobrevolaban en mi cabeza algunos de los libros leídos sobre el duelo, pero hay uno que lo hacía especialmente: "Ahora" de Brigitte Giraud, un libro (que me gustó muy mucho) que escribió a raíz del fallecimiento de su pareja en un accidente de moto. Acudí a mí misma: releí lo que había escrito en el blog sobre esa lectura. Y así fue cómo conseguí entender la segunda razón por la que me estaba defraudando la lectura de "El hijo": la liturgia de la muerte. Algo que Giraud consigue reflejar de una forma más fluida y directa y además con un manejo de las voces narrativas mucho más eficaz. Giraud 1- Rostain 0

Curiosamente, a Brigitte Giraud le han concedido el Premio Gouncourt en 2022 por su novela "Vivre Vite", que en España ha traducido la Editorial Contraseña y que es un libro escrito 20 años después del fallecimiento de su pareja, a raíz de la venta de la casa que habían comprado juntos, momento en el que decide "hacer por última vez un balance".

Qué cosas, ¿verdad?. El libro de Giraud ya está en mi punto de mira. El de Rostain, que, ojo, no deja de ser un libro muy digno, lo dejaré en algún lugar en el que espero que quien lo encuentre sepa apreciarlo mejor.


jueves, 20 de julio de 2023

Algunas formas de amor (Charlotte Mew)

 


Perdóneme si, habiendo encontrado una voz, hago mal uso de ella. Creo que la vida es muy larga. Si fuese más corta el heroísmo sería posible, pero es larga; sólo podemos ser mártires, y el peor martirio no es el sufrimiento, sino la aniquilación; y la muerte más profunda no es morir, sino sobrevivir a la vida

Posiblemente haya tantas formas de amor como personas. Es más, la misma persona puede amar de distintas maneras según a quien ame. El amor y sus infinitas variables. Pocas cosas hay tan universales como el amor y, sin embargo, pocas admiten tanta variedad.

El amor puede ser silencio, compasión, entrega, egoísmo, imposición, belleza, superficialidad, sexo, pasión, posesión, sufrimiento, gratitud, caos, alegría, violencia, reconocimiento, soledad, multitud… El amor puede ser insoportable y, a la inversa, puede ayudarnos a soportar. Puede ser una cosa y su contraria. Una ecuación que puede ser injusta. El amor no entiende de reglas ni normas, ni siquiera de números: puedes amar a uno o a una, a dos, a tres, a una misma, a esta, a aquel o a aquella, a todos y a nadie. A la vez, a destiempo, por orden o incluso por desorden. Y todo será amor si es verdad. Quizás esa es la única certeza: si es mentira no es amor. Todo lo demás, cabe.

Charlotte Mew nos muestra en este (muy interesante) libro de relatos algunas de las caras de amor, no todas (¿quién puede escribirlas todas?). Y lo hace con la prosa por excelencia del amor: la poética. Una prosa íntima, equilibrada y elegante para hablarnos de algunas formas de amor que atraviesan épocas y siglos porque siempre conectarán con las emociones de quien alguna vez amó.

Si algo está claro es que el amor, en cualquiera de sus múltiples formas, no es una línea recta. Diría que el amor es hasta irresponsable, además de ciego. Y que el amor, como la vida, puede oscilar entre lo breve y lo longevo pero no alcanzar lo eterno.

"Veo dos puertas; una conduce a ti y la otra más allá de ti, pero cuál es la que señala el dedo divino, eso no lo veo"

domingo, 16 de julio de 2023

Aberración estelar (Gilbert Sorrentino)


Las fotografías, por excluirlo todo salvo la décima de segundo en que se toman, mienten siempre

Y esta frase, que se carga de un plumazo los cimientos de muchas redes sociales y sus correspondientes "influencer" (conozco pocas palabras que me rechinen tanto), es un perfecto resumen de lo que es este libro.

No es que “Aberración estelar” sea una fotografía, no, sino que más bien nos muestra todo lo que se excluye de una fotografía (y de la vida en general). Y es que el problema, lo que hace tan compleja la vida, es precisamente todo eso que excluimos de ella. Lo que no se ve, pero ES. De hecho, lo que se ve es consecuencia directa de todo aquello que no se ve. Algo que ya mostró John Williams en su sutil y magistral “Stoner”.

Pero hasta aquí la comparación entre ambos libros, porque luego cada autor toma caminos distintos. Y aunque para mí “Stoner” es sublime y es un libro top (al menos en mis preferencias), reconozco que lo que hace Sorrentino es también una enorme genialidad debido sobre todo al despliegue de recursos narrativos y estilísticos. Si “Stoner” es la culminación de lo natural y sencillo, “Aberración estelar” es un desparrame de técnica, juego literario, ingenio y estrategia narrativa.

La historia que se narra es simple. El problema es que todo lo que nos incumbe a los seres humanos NO es sencillo porque lo retorcemos y porque dominamos a la perfección el arte de hacer complicado lo fácil. La discrepancia entre lo que vemos y la realidad es inevitable, pero tendemos a obviarla (y esto sí es evitable). A mí constatar esa discrepancia, ese salto al vacío, es algo que me explota la cabeza constantemente. Y de eso va este libro y por eso tenemos que reconstruir lo que Sorrentino nos ofrece.

La trama es casi insignificante, aquí lo esencial es la forma literaria, el juego que propone Sorrentino, su interferencia en lo que cuenta, el engaño literario, la ruptura de las convenciones literarias y la manipulación de Sorrentino que mejora de forma notoria la experiencia lectora de una historia convencional, casi un folletín... si no pasara por manos del autor.

Hay libros que valoro por lo emocional (lo personal), otros por lo literario (su "estética" y recursos) y otros que aprecio hasta la exaltación porque aúnan ambas cosas. Este lo he estimado por lo literario, absolutamente destacable.

jueves, 13 de julio de 2023

El sendero de los nidos de araña (Italo Calvino)


Yo creo que nuestro trabajo político es éste, utilizar incluso nuestra miseria humana, utilizarla contra sí misma, para nuestra redención, así como los fascistas utilizan la miseria para perpetuar la miseria, y utilizan al hombre contra el hombre

Hay autores por los que siento un afecto especial, una lealtad inquebrantable, que me formaron como lectora. Están en los inicios de mi trayectoria con los libros, en esas lecturas por las que deambulaba muy verde y virgen de todo, con libros que posiblemente me quedaban grandes pero que, a su vez, me hacían crecer. Hay muchos autores y autoras en esos inicios. Italo Calvino es uno de ellos.

Tocaba volver a él y quise hacerlo con una relectura de la que es considerada una de sus obras menores, la primera novela que escribió. Pero claro, hablar de obra menor de un autor de la talla de Italo Calvino es hablar de un muy buen libro. Además ahora he apreciado muchísimo mejor el prefacio que el propio Calvino hizo en 1964, 17 años después de la primera edición. Y es que el prefacio me parece una genialidad exquisita, llena de giros generosos, un regalo de esos que nos hacen algunos escritores sobre su propia obra.

Escrita al finalizar la II Guerra Mundial y con un estilo neorrealista (inhabitual posteriormente en Calvino), a través de la voz de un niño, Pin, nos adentramos en la resistencia italiana, el mundo partisano que Calvino conocía bien puesto que perteneció a las Brigadas Partisanas Garibaldi. Pin es un niño huérfano, un niño viejo que vive con su hermana y al que todos le dan la espalda. Un niño que se comporta como los hombres de la taberna, por su boca salen obscenidades, insultos, chistes, bromas pesadas. Y canciones.

Los otros niños no lo entienden y los grandes se ríen de él. Pin es un rufián que, al igual que aquellos que se burlan de él o le ignoran, sólo intenta diluir la soledad, deshacer sus carencias. Porque más allá de consideraciones sociales y políticas, “El sendero de los nidos de araña” es también una reflexión sobre las carencias y sobre cómo éstas conforman nuestra identidad.

Llegar a no tener miedo, ésta es la meta última del hombre"

¿Y yo que cada vez tengo más (miedo)?

jueves, 6 de julio de 2023

Siete plantas (Dino Buzzati)

 


El verano en La Mancha es agotador. Inhabilita. Nos deja las madrugadas y las primeras horas de la mañana para realizar cualquier actividad que implique gasto de energía (deporte, compras, gestiones en la calle, limpieza de la casa...). A partir de ahí: el letargo, el sofá, el ventilador, el aire acondicionado, las persianas bajadas. Modo ameba activado. Cuesta activarse cuando te pasas el día más cerca de los 40º que de los 30º y las noches más cerca de los 30º que de los 20º. Muy ingrato, el verano manchego.

Todo esto viene porque a mí este calor excesivo, contundente, me afecta de muchas maneras (ninguna buena) y una de ellas tiene que ver con mis lecturas. Mi capacidad lectora (también) se ralentiza y la enjundia de los libros que escojo para leer también se suaviza. Busco con más frecuencia libros cortos y más ligeros. Por eso escogí "Siete plantas": es corto (de hecho es un cuento, o un relato, como quieran llamarlo) y se lee prácticamente de una sentada. Pero, ojo, ligero no es lo mismo que superficial. La sintaxis de "Siete plantas" es sencilla, sin necesidad de peroratas, cháchara ni palabrería ni atavíos grandilocuentes. El estilo de Buzzati es elegante, de apariencia ligera pero de ánimo contundente, en plan colleja inesperada.

Giussepe Corte llega un día, de buena mañana, a un sanatorio de siete plantas especializado en la enfermedad que padece. La manifestación de la enfermedad en Giussepe es leve, por lo que ingresa en la última planta, la séptima. A mayor gravedad de la enfermedad, vas descendiendo en las plantas del sanatorio, siendo la primera planta en donde están ingresados los enfermos terminales.

"Giuseppe Corte se propuso por ello no transigir acerca de los derechos y no ceder a la molicie de la costumbre"

Di que sí, Giuseppe, con los derechos no se transige, dónde vamos a parar. Como decía Eduardo Galeano: "Los derechos humanos no se mendigan, se exigen". Mal vamos ya que haya que exigirlos. No tendría que ser necesario. Pero, ay, Giuseppe, el sistema, ¡EL SISTEMA!, nos devora... Y si queremos evitarlo, hay que hacer caso a Don Eduardo Galeano: exigir, EXIGIR, nuestros derechos (el derecho a la vida, al acceso a la información, a la salud, a la libertad, a la seguridad personal...). Mendigarlos no basta. Porque si los mendigas te puedes encontrar de repente en la planta baja de un sanatorio, cuando empezaste en la séptima.

El sistema sanitario ha tendido, y tiende, a burocratizarse tanto que asumimos con pasividad que la deshumanización es un coste necesario para que el sistema sanitario funcione con eficacia. Error, claro, y no baladí. Buzzati construye con maestría una alegoría sobre la naturaleza humana manteniendo el equilibrio entre el realismo y la fábula. Que Buzzati era muy kafkiano, eh, así que lo de plantearse el sinsentido de la realidad era para él como el respirar.

Y así es cómo una lectura que pretendía ser "ligera", terminó siendo un darle vueltas a si la esperanza a veces nos perjudica. Porque claro, la esperanza va de la mano con la espera. Y, a veces, la mejor esperanza no es esperar, sino actuar.

Una lectura esencial en cualquier época del año. Absténganse hipocondríacos y pusilánimes. Ah, las ilustraciones de Juan Berrio nada invasivas, acompañan el texto sin estridencias y creando el clima necesario para esta angustiante historia.

domingo, 2 de julio de 2023

Manual para mujeres de la limpieza (Lucia Berlin)


¿Sabes una cosa que he aprendido en la vida? La mayoría de la gente no se fija en nada, y si se fija, no le importa

Esto va así: cuando los demás estáis de vuelta, entonces yo voy allá donde habéis estado. Y sé que habéis estado ahí, en ese espacio ahora solitario que estuvo ampliamente habitado por vuestra presencia observadora, escudriñando donde ahora solo queda un lugar desértico y escucho el silencio allí donde clamó vuestro aplauso. 

Toda esta retórica para deciros que por fin llego a este libro por el que tantos y tantas habéis pasado hace tiempo. Que la unánime alabanza que supuso Lucia Berlin provocó que me mantuviera al margen, expectante, porque me desenvuelvo mal en multitudes, fiestas y celebraciones, pero es que me mareo con facilidad cuando hay mucho ruido y me resulta difícil discernir entre la melodía y el estrépito. Necesito el silencio como contraste para escuchar más activamente.

Así que cuando la fiesta acaba o está ya en sus últimas sacudidas, llego yo. Con cierta timidez porque me impone mucho la juerga y las celebraciones masivas. Me aturde, aunque envidio la capacidad del disfrute multitudinario, ese festivo hermanamiento. Y así, ligeramente apocada, con la incómoda sospecha de si voy a ser el bicho raro que no alcance a ver lo que tantos han visto y no encuentre el entusiasmo adecuado, empecé la lectura.

Y quizás fuera ese respeto al aplauso común, al reconocimiento global, pero me costó. Las expectativas, Ana, me decía. Pero dónde estaban ya las expectativas si el tiempo las había borrado hasta casi la extinción. Terca soy un rato y eso hace que a veces aflore en mí una virtud de la que carezco: la paciencia. Así que bajé la persiana, quedamos mano a mano Lucia Berlin y yo. Y nos encontramos, claro que sí. La encontré, encontré a Lucia Berlin y me pareció tan hábil, tan rápida, tan eficaz. Me enterneció, me llegó sin estruendo, con mucha inteligencia. Admiré su resistencia, su humor fino que nunca pierde la cara a la realidad, el insaciable apetito de vida, la melancolía y sensibilidad soterradas tras una aparente ligereza, la sutileza emocional y su divertida y desordenada energía.

Me uno al mancomunado aplauso.